Prólogo
La cabeza punzaba de una forma tortuosa.
Una luz comenzaba a molestarme, jamás abría las cortinas así que lo primero que pensé es que mi abuela quería que la ayudase en algo. Gire en la cama intentando alcanzar una almohada para cubrirme la cara, no sentí el borde y al alcanzar una almohada esponjosa me di cuenta de que no era la mía, la cama era grande y… mucho más cómoda que cualquiera en la que había dormido.
—¿Mm…?
Intentaba poner mi cerebro a funcionar, pero si ni siquiera los ojos me querían responder ¿Qué le podía exigir a mi cabeza cuando esto parecía una bomba de tiempo que en cualquier momento explotaría? Dolía cada punzada, lo juro.
No se cuánto tiempo paso para que mis oídos captenan el sonido del agua correr. Me tallé los ojos y senté abruptamente cuando grabé el inicio de la noche.
La pijamada.
Una notificación de Instagram.
El comentario de esa estúpida chica al inicio de semana.
Vestidos, maquillaje, un auto.
Música, alcohol, chico lindo.
Baje la mirada con miedo, pánico mas bien. Inhale con fuerza, lo necesite, pase saliva, levante la sabana solo para corroborar —o retrasar— lo que en el fondo ya sabía. Estaba desnuda.
—No, no, no, no… oh, Dios, por favor que no —Mamá me va a matar! Y luego a revivir solo para seguirme torturando y que cumpla con el castigo que seguramente se postergara hasta que muera o me mantenga sola… ¡Es mi fin!
Pensé todo eso sin dejar de mirar un punto fijo de la pared de enfrente.
Estaba medio ida por lo que consumí en la noche, pero también estaba preocupada.
«Mierda, mierda, mierda»
De pronto, el agua dejo de correr, minutos después la puerta se abrió tanto como mis ojos cuando dieron con los abdominales de esa deidad. Los pulmones dejaron de funcionar por varios segundos.
Lo recorrí de pies a cabeza, sin disimular, en cuanto salió por completo y deleito mis ojos, seco mi boca y acelero mi corazón… ¿o era mi entrepierna? No sé con exactitud pero definitivamente me despertó.
Aunque lo que más me cautivo sin duda, fueron sus ojos oliva.
Después de haberme dado un banquete con su cuerpo, reaccione y no supe si impresionarme más por saber que me acosté con ese monumento o porque reaccionara completamente al verlo en lugar de cuando tome conciencia de lo que ocurrió anoche.
«No te despiertas por un futuro castigo pero si por una tableta de chocolate blanco… estas mal »
Pase la mirada por el cuarto, las paredes eran blancas con algunos detalles en gris, pero en general no transmitían nada, parecía ser un hotel; gire buscando mi móvil, no estaba cerca.
—¿Qué hora es? —pregunte con voz rasposa. Tenía mucha sed.
—Las una vez.
«Dios, quiéreme tantito ¿sí? »
—Demonios —murmura parándome, tenía que llegar a mi casa a más tardar las doce pero antes debía ir con Martina por mi ropa. Me queje un poco por el ardor en el vientre.
Al pasar por su lado intente disimular, no quería verme débil pero era difícil, así que fingí que era por la resaca llevándome una mano a la cabeza, dudo que me creyera, era más que obvio —por la evidencia en las sabanas— que lo que tenía era “pos desvirginación”.
Una vez dentro del baño pasé de largo el espejo yendo directamente a la ducha, lo necesitaba, estuve bajo el agua fría por lo menos cinco minutos, tal vez más.
En cuanto el agua hizo contacto con mi cabeza recordé avisarle a Helena que me iría con él. Que me lo quería coger y prenderme de su polla… guarrada y media para un alcohólico adolescente con las hormonas a flor de piel.
Estaba aturdida, me sentí completamente molida. Ya había probado diferentes bebidas alcohólicas, bajo la supervisión de mamá, pero esto no tenía comparación.
No me sentí mal por perder mi virginidad con un completo extraño, en realidad nunca pensé en hacerlo con alguien especial, hasta ese momento no había llegado nadie y no esperaba que sucediera estilo película estadounidense, por lo que mi plan era hacerlo con un completo extraño pero estando ya en la universidad, he ahí la falla, me faltaba un semestre para salir del bachillerato.
No sabía que sentir, estaba confundida con toda la situación, pero no me encontré asustada… bueno, asustada de mi mamá pues si pero no de él, no me hizo nada que no quisiera, con ese hombre cualquiera quisiera hacerlo, considere la idea de pedirle repetir, para esta vez sí guardar el recuerdo pero ya era tarde y con el alcohol saliendo de mi sistema era mucho más penosa.
La vergüenza por caminar desnuda me invadió, no duro mucho, tenía más cosas en que pensar.
Salí y me envolví en una toalla blanca, grande.
Frente al lavabo, la imagen que me devolvió el espejo era para asustarse. Maquillaje corrido, ojeras de mapache…
El cuerpo entero me dolía como si me hubiera enfermado. Sabía que era todo por la resaca, mamá me había dicho de los efectos, así que no me sorprendí.
Puse un poco de pasta dental en mi dedo y lo pasé por los dientes para medio matar el olor y que este no matara a otras personas hasta llegar con Martina. Me enjuagué la boca lo mejor que pude.
Volví al cuarto pensando que lo más seguro es que el adonis ya se hubiera marchado, para mi completa sorpresa este estaba ahí, acostado en la cama con el brazo cubriéndole los ojos.
Nerviosa, escaneé el piso buscando el vestido verde que Martina me había prestado, tirado al lado de un mueble, junto a mis pantis azules y calcetines. Los tenis estaban junto a la puerta. Queria irme rapido.
—No te voy a comer —dijo observándome fijamente, sosteniéndose sobre sus codos—. No repito así que no te preocupes —Me molesto, no le hice ningún reclamo o comentario alguno porque asumía lo que hice como para aguantar que me rebajase a un platillo u cosa que no mereciera la pena después de una “probada”.
Voltee a verle desafiante. Estaba que me moría por la resaca pero no moriría sin reclamarle.
—En primera no estoy huyendo de ti y en segunda, niñito mimado ni ganas me quedaron —gracias a su comentario las hormonas se habían tranquilizado o eso esperaba.
No supe que expresión puso ya que seguí con mi labor, colocándome el calzado.
—¿Usaste condón? —pregunte buscando el móvil.
—Borracho, pero no idiota.
—Precavido… lo de idiota ya lo ha confirmado.
—Qué genio.
—Si, como sea —respondí tomando mi móvil el cual tenía varias llamadas perdidas de las chicas— Bueno, bye, extraño odioso —me despedí.
No fue hasta que estuve fuera del hotel que le marque a Martina, por suerte Helena le aviso anoche que me iría con alguien sino que me hubiera tenido que disculpar toda una semana por dejarla preocupada, le dije que llegaría a su casa en quince minutos para cámbiame
Antes de tomar un taxi pase a una farmacia para comprar la pastilla del día después, tenía unos billetes en la funda de mi móvil que fueron suficientes para ello y un taxi hasta la casa de mi amiga.
No me confié la palabra de ese sujeto. No recordaba aun todos los detalles, y si por alguna razón se le olvidó el condón, yo iba a terminar con una cría, él no. Cruel pero cierto.