El niño y el muñeco maldito"
AÑO 0 DE LA MALDICIÓN DE EUNH
O
—¡TE ODIO, EUNHO, TE ODIO! —gritó la mujer enojada con lágrimas en los ojos—. JAMÁS DEBISTE JUGAR CONMIGO.
—Yo jamás te prometí nada, ni siquiera una relación o exclusividad —respondió EunHo calmado. No era la primera vez que le pasaba algo así. Le sucedía dos o tres veces al año que tenía que romper con una mujer que no comprendía todas las cosas que habían sido claras desde el principio. Él no buscaba amor. Encontraba a una mujer que le gustaba, la seducía y la llevaba a la cama. Por más que lo intentaba, ninguna le ganaba el corazón y no podía enamorarse de ellas.
—DIJISTE QUE ME QUERÍAS —continuó la pecosa mujer, mientras se acercaba al hombre.
—Sí, te quería en mi cama y quería estar entre tus piernas, nada más.
La mujer se quedó quieta mientras miraba a Kim EunHo. Empezó a murmurar unas palabras, mientras su mirada se volvía cada vez más trastornada y perdida. Después volvió a gritar.
—TE MALDIGO, KIM EUNHO. TE MALDIGO A SER UN JUGUETE, COMO TÚ JUGASTE CONMIGO. TE MALDIGO A ALIMENTARTE DEL DOLOR Y SUFRIMIENTO. A QUE MUERAS UNA Y OTRA VEZ, PERO QUE JAMÁS PUEDAS DESCANSAR EN PAZ. JAMÁS PODRÁS VOLVER A CAUSAR DOLOR O ESTARÁS CONDENADO A SER UN JUGUETE PARA SIEMPRE.
Después de eso, todo se volvió negro para Kim EunHo. Cuando volvió a abrir los ojos, era una muñeca con cabellos de lana amarilla y un vestido rosa en un jardín de infantes.
Era lunes por la mañana, justo en el horario de inicio de la jornada. Un tropel de niños entró por la puerta y fue directo a los juguetes. Dos niñas se pelearon por la muñeca que representaba a EunHo. Un niño se unió al forcejeo y la muñeca se rompió.
Mientras lo tironeaban, Kim EunHo hubiera deseado gritar que se detuvieran, decir que dolía o simplemente usar su fuerza de hombre adulto y apartarlos. Pero era imposible. Estaba atado al cuerpo inerte de una muñeca, no debería haber sentido, pero lo hacía como si fuera un cuerpo humano.
Sentía como si los músculos de sus brazos se fueran a desgarrar, cada hilo que se cortaba equivalía a un hueso roto. Un humano habría perdido la conciencia del dolor pero la maldición no le concedía ese privilegio.
Posteriormente, una de sus piernas empezó a desprenderse, lo que conllevó a que parte de su estómago se abriera, sintiendo como si los órganos interiores se moviesen antes de caer al suelo.
Finalmente, la última niña arrancó su cabeza, todo se volvió negro y se despertó en otro cuerpo de muñeco, un oso marrón con una gran cinta azul atada al cuello.
En ese momento, un niño lo abrazaba llorando con fuerza, allí comprendió la parte de la maldición donde se mencionaba que se alimentaría del sufrimiento, sentía el dolor del niño y esto le daba fuerza, vitalidad, vida. ¿Acaso podría romper la maldición y volver a ser humano?
AÑO 27 DE LA MALDICIÓN DE EUNHO
En otra parte del país, ajeno al sufrimiento del muñeco maldito, un hombre, el joven señor Lee, subía las escaleras de la casa de su amada. Se había enamorado de Clara desde el primer momento en que la vio. No había sido el momento más glorioso y especial, pero había sido su momento.
Sabía que la madre de su novia no iba a estar en la casa. Así que podrían pasar la noche juntos, como hacían cada vez que la señora salía de la casa.
Tocó la puerta y su hermosa Clara abrió. Su nombre coreano era MinYeon, pero ella prefería el nombre occidental y él lo respetaba.
Llevaba un vestido de tul color rosa pastel con algunas fresas que resaltaba en su pequeña y dulce figura. Pero sus ojos estaban cubiertos de lágrimas.
—¿Qué ha pasado, mí dulce Clara? —preguntó consternado el hombre mientras abrazaba a su novia.
—Estoy embarazada —murmuró pegada a su pecho con un nudo en la garganta.
Él sabía el motivo de su dolor. Su madre había sido madre soltera, un hombre había jugado con ella y le había roto el corazón dejándola sola con su hija.
—Cásate conmigo —propuso él con resolución.
—No es tu obligación, sabes que mí salud es muy débil. Vas a tener que cuidar de mí y del bebé.
—Estoy dispuesto a hacerlo. Quiero cuidar de los dos. Mi trabajo es suficiente para mantenernos y pagar a alguien que haga las cosas de la casa. Tú deberás estar tranquila y cuidar de nuestro hijo o hija.
Estuvieron esos tres días preparando la boda hasta que la madre de Clara llegó y le dieron la noticia. Una semana después estaban felizmente casados y vivían juntos.
El embarazo de Clara fue de alto riesgo, pero gracias a los cuidados cariñosos y abnegados de su madre, todo salió bien. Nació un hermoso bebé al que llamaron JiHo Lee.
Un año después del nacimiento de JiHo, su abuela falleció. Eso rompió el corazón de su madre ya que habían sido muy unidas durante todos esos años.
El día del cuarto cumpleaños de JiHo, él y sus padres fueron al centro comercial para comprar cosas para la habitación de su nueva hermana, ya que su madre estaba embarazada de una niña de cuatro meses. A pesar de las insistencias de su madre, a JiHo no le gustó ningún juguete en el lugar.
Cuando salían del centro comercial para volver al auto, JiHo vio en el estacionamiento un muñeco maltrecho y manchado de aceite de auto. Por suerte, sus padres le permitieron llevárselo. Al llegar a casa, su madre lo lavó con mucho cuidado y lo reparó.
Tres meses después, su madre entró en trabajo de parto, pero ni ella ni su hermana sobrevivieron.
El señor Lee quedó devastado y JiHo ya no lo reconocía.
AÑO 32 DE LA MALDICIÓN DE
EUN
HO
Era de noche y el pequeño JiHo estaba escondido debajo de las sábanas, temblando de miedo ante cualquier sonido que pudiera venir desde el pasillo, principalmente, los pasos de alguien que se acercara.
Tuvo que apretar las piernas, con miedo de que su padre lo bañara, porque siempre le dolía al frotarlo. Suspiró aliviado cuando escuchó que los pasos se alejaban hacia la habitación de su padre, pensando que esa noche se había salvado. Pero pronto sintió que los pasos volvían y que su padre se paraba frente a su puerta.
JiHo deseaba creer que ese no era su padre, que era un monstruo que había ocupado su lugar y que solo quería causar destrucción.
A medida que su audición se agudizaba, escuchó que el señor Lee se quitaba el cinturón y bajaba la cremallera de su pantalón. JiHo apretó con más fuerza las sábanas, deseando habérselas agarrado mejor para que su padre no pudiera quitárselas.
En el escritorio del niño, Kim EunHo, el muñeco que JiHo había rescatado del estacionamiento, observaba todo, como todas las noches del horror. Podía ver al pequeño tembloroso e inútilmente tapado en su cama, mientras sollozaba y se estremecía como un animalito. Cuando el señor Lee abrió la puerta, el niño comenzó a sollozar con más fuerza.
El señor Lee se acercó con la cremallera de su pantalón baja y se sentó en la cama junto a JiHo, buscando su cabeza. Cuando la ubicó, sonrió con malicia y satisfacción.
Con una mano, se sacó su flácido miembro de la ropa interior y comenzó a darse placer. Con la otra mano, levantó la sábana y bajó los pantalones y la ropa interior del niño de un par de tirones.
—Esta noche vas a hacer feliz a papá, JiHo—, dijo orgulloso, escupiendo en su mano antes de acercar un dedo al pequeño—. Debes relajarte, estoy seguro de que no quieres lastimarme.
Antes de que el dedo pudiera entrar en JiHo, EunHo se movió y tiró unas lapiceras al suelo.
El señor Lee se sorprendió un poco y el muñeco quedó inmóvil.
EunHo había estado alimentándose del sufrimiento de los niños hasta que se había vuelto lo suficientemente fuerte como para controlar el cuerpo de los muñecos que ocupaba. Sabía que si dejaba que JiHo fuese abusado esa noche, acumularía la fuerza suficiente para volver a ser un hombre de carne y hueso. Además, JiHo era nieto de la mujer que lo había maldito, pero también era su nieto y había un límite en el tipo de sufrimiento que podía soportar.
Cuando el señor Lee estaba a punto de volver a intentar abusar del niño, EunHo tiró un sacapuntas y, como el hombre no lo miró, habló imitando la voz de su difunta esposa.
—¿Qué estás haciendo?—, preguntó el padre, mirando confundido a su alrededor. Tapó al niño y permaneció alerta a cualquier sonido mientras EunHo permanecía inmóvil.
Cansado de esperar, el padre destapó a su hijo y se acomodó detrás de él, dispuesto a abusar de él, sin importarle si lo lastimaba.
En su desesperación, EunHo agarró la alcancía de lata de JiHo y se la tiró al señor Lee en la cabeza. Cuando el padre se alejó del niño, EunHo agarró una maceta, un regalo que Clara le había hecho al niño, y también se la lanzó a la cabeza.
Cuando el señor Lee lo miró, EunHo se asustó, porque si lo destruían, no sabía qué muñeco reemplazaría su lugar y JiHo necesitaba ayuda desesperadamente.
Del otro lado del escritorio, EunHo vio un lápiz y corrió hacia él. Cuando el señor Lee saltó sobre él, solo pudo gritar: —JiHo, corre a la casa de la señora de enfrente. ¡Corre, corre!—. La voz de EunHo era una mezcla entre la suya propia y la de Clara.
Afortunadamente, JiHo lo entendió y corrió fuera de la habitación sin quitarse toda la ropa. EunHo aprovechó la distracción del señor Lee y le clavó el lápiz en el ojo.
—Jamás podrás causar dolor de nuevo o serás condenado a ser un juguete para siempre—, recordó las palabras de la bruja que lo había maldecido.
Sabía que aunque el señor Lee lo merecía, le estaba causando dolor físico, pero no le importó. Sabía que nunca podría volver a ser humano.
Mientras el hombre caía al suelo gritando, EunHo agarró una lapicera y le clavó en el otro ojo. El maldito hombre murió asfixiado después de que EunHo empujara una goma con forma de oso hasta su garganta.
Permaneció de pie, viendo cómo el hombre moría asfixiado, y suspiró aliviado.
La vecina asustada abrió la puerta y vio a JiHo con la ropa medio baja.
—¿Qué pasó, pequeño?—, preguntó asustada mientras miraba hacia la casa del niño. El niño sollozaba y no podía hablar, tratando de acomodarse la ropa al mismo tiempo que evitaba que la mujer lo tocase para ayudarlo. Quería proteger su pequeño cuerpo de manos extrañas. Ya le habían hecho demasiado daño.
La mujer entendió lo que había sucedido sin necesidad de hablar. Hizo que el niño entrara y cerró la puerta con llave. Lo llevó a la cocina y preparó un chocolate caliente antes de dárselo para beber.
Estaba llamando a la policía cuando escuchó gritos provenientes de la casa del vecino.
La policía estuvo investigando durante semanas, sin entender qué había sucedido. Era imposible que un niño pudiera haber hecho algo así. Además, se constató mediante cámaras y testimonios de vecinos que cuando JiHo huyó de la casa, su padre todavía estaba vivo. Sin embargo, nunca pudieron resolver el caso.
Como no tenía ningún familiar vivo, la vecina que había ayudado a JiHo lo adoptó, junto con EunHo.
EunHo nunca volvió a hablar con JiHo y fingió ser solo un muñeco. Acompañó al niño durante muchos años más.
Título real: "El niño, el maldito y el muñeco"