Capítulo 1
Este capítulo va dedicado a todas esas personas que se toparon con alguien que sin pensarlo se volvio parte de sus vidas
— No aguanto el dolor de cabeza— Expresa Noa masajeando su cien.
— Te recomendé no beber tanto anoche. — le digo mientras bajamos del bus.
— No volveré a tomar— añade resignada de manera dramática.
— Eso dijiste la última vez.
— Lo sé, el alcohol es como el ex jamás superado, digo lo dejaré y siempre vuelvo a caer, solo quiero ser un poco dramática.— Me río un poco por su gran comparación.
La brisa de la tarde golpea mi rostro, pero no de forma agradable, trae consigo un montón de hojas de tinta rojas y amarillas, me cubro el rostro evitando que me golpee directamente, maldito otoño.
Llegamos al instituto de artes escénicas, donde solemos tener clases por la tarde. Nos despedimos en la puerta y cada una tomó rumbo a su clase, yo fuí directamente al salón de baile. Te
— Brossete, llegas tarde. — me informa la profesora apenas me ve entrar.
Me quedo en seco y me giro lentamente quedando en una distancia prudente, — Lo sé, lo sé, no volverá a suceder, se lo prometo.— le suplico tratando de convencerla de dejarme en la clase.
— Necesito que ambas salgan de mi salón, de inmediato, si sigo haciendo excepciones con ustedes todos creerán que podrán hacer lo mismo— sabía que esto pasaría, ya había tenido dos faltas durante el mes, y esta era la tercera, pero no solo se refería a mí, también a otra persona.
Miro a un lado de la puerta y detalló que está Sinaí, su expresión es divertida, como si estuviera aguantando las ganas de reírse, y no me sorprende, esto ya le ha pasado en otras ocasiones, después del discurso de la profesora solo nos salimos al patio del instituto, pero Sinaí se aburrió de estar tanto tiempo sin hacer nada más que hablar, que decidió escabullirse en algunas clases que estaban por comenzar, yo la seguí hartada de estar sin hacer nada durante este tiempo.
Abrimos algunas puertas donde nos burlamos de los profesores mientras ellos estaban de espaldas, casi nos cachan pero nada que no pudiéramos resolver corriendo.
— Tu ve a esa puerta, yo iré a la del piso de arriba — me avisa caminando en dirección a las escaleras.
Me acerco a esta y veo que es el salon de canto, Noa me matará si me ve aquí, abro despacio la puerta tratando de no hacer ruido en absoluto, veo a Noa de espaldas hablando con un chico de ojos negros, su mirada hipnotiza, este de inmediato capta mi presencia y me mira de arriba abajo sin ningún tipo de pudor hasta que llega a mis ojos y le doy una mirada tan fría que de inmediato voltea hacia otro lado.
— Oh, entra, aún faltan algunos minutos para empezar, estamos practicando.— me invita el profesor, el pánico me invade, todos voltean a mirarme, la cara de Noa me hace mucha gracia.
Pero ya no hay vuelta atrás, entro al salón y cierro la puerta, Noa de inmediato viene hacia mí, y si las miradas mataran, probablemente estaría muerta.
— ¿Que creés que haces aquí? — ella sabía que tenía clases de baile, lo cual su mirada deja reflejada la pregunta.
— Llegué tarde por tu culpa — le recuerdo — y no me dejaron entrar, entonces quise venir a molestarte un rato.
— B odias cantar en público.
— ¿Y que pasa con eso, Noa? No me pondrán a…
— Veo que hay chicos nuevos, por favor pasen adelante. — la mirada de Noa lo dice todo, me pondrán a cantar.
— Salvame, Noa.— le susurro
Me dirijo al frente junto a otros chicos, mierda, mierda y más mierda, todo por seguirte el juego Sinaí. Veo al chico mirándome fijamente como si estuviera esperando que me dé cuenta, en otro momento lo hubiera mirado mal, hasta le hubiera gritado que si se le había perdido una igualita, pero en estos momentos me están matando los nervios, se que haré algo vergonzoso, siempre lo he hecho, veo al chico reírse un poco sobre su mochila poniéndose de pie hablando con Noa, para luego marcharse.
Bien ahora soy la burla de otro imbécil, minutos después cuando es mi turno de presentarme, la alarma de incendio suena botando agua por todos lados provocando que nos evacuen, la sonrisa aparece en mi rostro, me salve.
Salí a paso lento del instituto a pesar de que todos estaban corriendo, mi cabello junto a mi ropa estaban empapados, llegó a la salida y me encuentro al novio de Noa, al parecer no fuí a la única que corrieron de su clase, un olor entre dulce y quemado llega a mis fosas nasales, Saúl me sonríe de manera inocente sacando un envase que parece que lleva un pastel dentro, — Dañé el horno de una cocina, pero pague todos los daños.
— Cuando te darás por vencido y dejaras de intentar intoxicar a la gente.
— Ja ja, graciosa, pruébalos te aseguro que te encantarán, no todos están quemados. — me ofrece, y dudo pero al final accedo con curiosidad.
Como el primer trozo y hago mueca de disgusto, — ¿De verdad están tan mal?
Antes de poder responderle alguien me empuja desde atrás provocando que el pastelito cayera de mis manos, pongo los ojos en blanco y me giro enfurecida para poner en su lugar a la persona descuidada que me empujó.
— ¿Por qué no te fijas por donde caminas? Imbécil— le gritó a este que está de espaldas en conjunto a otro grupo de personas.
Este se voltea y veo que es el mismo chico del salón de canto— Y ¿Por qué mejor dejas de creer que la entrada hace parte de tu universo?
¿De qué carajos estaba hablando? Volteo a mi derecha y puedo ver qué claramente estoy casi en todo el medio de la puerta, Oh, de igual manera es un imbécil. Lo vuelvo a mirar.
— Supongo que no te enseñaron modales en tu casa.
— Oh créeme que sí, pero mayormente soy caballero con las mujeres — hace una pausa mirando a todos lados — y yo no veo a ninguna cerca.
Hijo de pu** — ¿Caballero? Yo no veo a ninguno.— lo miro de arriba abajo con desprecio.
— Niñata.
— Imbécil.
Me volteó indignada, cojo otro pastelito y lo meto a mi boca, no está tan mal, ¿Cuanto tardará Noa?
— Hola cuchurrumi, te demoraste. — Saúl se levanta pasando a mi lado, saludando de manera empalagosa a su novia, mi amiga.
— Hola, amorcito, les quiero presentar a alguien. — Noa todos los días llega con alguien diferente para presentarnos, no me sorprende— Me ayudo a salvar a Bro, de una humillación tremenda.
Oh, eso es nuevo.
Me giro para darle las gracias por haberme salvado de esa situación, pero mi rostro cambia radicalmente a uno lleno de fastidio, ojos negros.
— Mucho gusto, Nathanael.