Good Girl

Sinopsis

Yuuko solo ha conocido el sufrimiento.

Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Good Girl


...Como si todo, como si nada...


Ya estaba cansada, las lágrimas rodaban por sus mejillas sin ánimo de detenerse, estaba rota de alguna manera o de muchas maneras, aún había cosas que no se podía contestar ella misma y tenía miedo de preguntar a otra persona.


—Quítate la ropa— Su padre hablo con una sonrisa en tanto terminaba de acomodar la cámara sobre el tripié.


La niña apretó los labios, no quería hacerlo pero sabía que si desobedecía empezaría a golpearla. Apenas hace un par de meses su madre los había abandonado y desde hace días él le había encomendado hacerse cargo del papel que la mujer dejó atrás.


El hombre resopló con molestia tirando de la mano de la pequeña hasta colocarla frente suyo, de un tirón le bajo los pantalones para después empujarla contra la cama.


—N-No quiero— sollozo en voz baja.


—Las niñas buenas no le deben decir que no a los adultos— le dio un puñetazo en el estómago y luego llevó sus labios hasta la boca de la pequeña —¿Eres una niña buena?


La peli negra lloró con más intensidad, su padre se alejó unos momentos en tanto encendía la cámara.


—Hoy voy a grabarte, mis amigos quieren verlo y alguien me ofreció dinero por la película— la tomo de la blusa y rompió la hilera de botones dejando ver su pecho.


Sintió miedo, no quería que nadie la viera, le avergonzaba todo eso y se culpaba a si misma por lo que le estaba pasando —Por favor... no.


El hombre no dijo nada, se limitó a tomarla de los hombros para empujarla frente a la cámara y quitarle la ropa que tenía de más. Recorrió su cuerpo lentamente con las manos y su boca, ella seguía llorando provocando su furia. Dejó ir un suspiro antes de acertarle un golpe fuerte en la mejilla —No llores, las niñas buenas no lloran cuando las tocan.


Se mordió la lengua en un intento por mandarse callar a sí misma y sus ojos se perdieron en el cielo razo de la habitación, sintió a ese hombre entrar en ella haciéndola más miserable. De nuevo emitió un chillido y la palabra «Basta» llenó habitación, el hombre de nuevo se mostró molesto.


—Las niñas buenas obedecen a su papi— esta vez la sujeto del cabello lanzándola contra la pared, su cabeza rebotó y sus ojos se nublaron, solo veía una luz que se fue apagando poco a poco.






Cuando despertó todo estaba en silencio y las luces de la habitación se encontraban apagadas, trato de no hacer ruido sentándose en la esquina de la cama mirando por la ventana del pequeño apartamento, se preguntaba porque su madre no la había llevado con ella y la había dejado con un extraño.


Escucho un sonido y voces provenientes del otro lado de la habitación.


—Ella está adentro.


—De verdad está bien si la golpeó un poco antes de cogerla.


—Siempre que pagues, puedes hacer lo que quieras con ella.


La puerta de la habitación se abrió dejando ver cómo un segundo hombre extendía algo de dinero para luego cerrar la puerta a sus espaldas, se abalanzó hasta ella y cuando sus ojos se toparon con los suyos pudo ver el infierno.


La sujeto de cabello haciéndola abrir la boca para poder tener una felación, casi de inmediato sintió los dedos del hombre pellizcando su piel y retorciéndole las manos tan fuerte que pensó que sus huesos se estarían rompiendo.


—Buena niña— deslizó su mano por la mejilla siguiendo las líneas de sus lágrimas —Eres adorable, no puedo creer que estoy con una niña de primaria— saco su teléfono intentando fotografiarla.


Ella estaba asustada, tanto que ni siquiera podía emitir objeción o sonido, el corazón le estaba dando punzadas de dolor y todo el cuerpo temblaba.


—Di que me amas— le ordeno.


Arrugo las cejas, ella no comprendía su petición, era más que claro que ella no tenía ese sentimiento y si ella le decía que lo amaba era malo, era aceptar que él le gustaba y que quería tener una relación con esa persona. Guardo silencio temerosa.


—Pequeña perra, dilo— la pateo en las costillas haciendo que diera vueltas por el suelo hasta chocar contra la pared.


—Te amo— sollozó apretando los ojos, quería que todo terminara de una vez y para siempre.


—Le pague mucho dinero a tu padre, así que te voy a gozar toda la noche, princesa— la arrastro de los pies hasta dejarla más cerca de la cama, luego la levantó cómo si fuera una muñeca dejándola caer sobre el colchón con brusquedad. Se quitó los pantalones tomando su cinturón, le excitaba golpear a las mujeres y cuando le habían ofrecido una niña de primaria supo que era la oportunidad de su vida, tomó el objeto por la parte de los orificios para poder golpearla con la hebilla, el primer golpe había ido a parar en su brazo, el segundo en su pierna, el tercero en la cabeza y los sucesivos buscaron camino por todo su cuerpo. Ella gritaba de dolor, nadie nunca la había golpeado tanto.


—¡Hey!— la puerta fue golpeada y abierta lentamente —Dijiste golpearla no arruinarle el cuerpo, ¿Quién va a querer utilizarla después?


—Te pagaré más— el sujeto rodó los ojos acercándose hasta sus pantalones, los tomó del suelo buscando su billetera.


La niña miro de nuevo a la ventana y luego cómo los dos hombres discutían en la puerta, había entendido que nada mejoraría, todo iría para peor, su madre en definitiva no regresaría y sentía un frío terrible cómo si la muerte estuviera cerca suyo.


Tomó la lámpara al costado de la cama y corrió hacia la ventana arrojándola para luego saltar entre los cristales, estaba desnuda, golpeada y los vidrios le habían terminado por cortar el cuerpo pero debía correr, correr tan rápido cómo le fuera posible, no quería morir en ese lugar, no quería vivir de esa manera.


Escucho un sonido fuerte y miró atrás, el hombre también había salido para perseguirla. Siguió su camino aunque no tuviera a donde ir, quería escapar.


—¿Que intentas hacer? perra.


Dejó de respirar al sentir que la levantaba en brazos sujetándola con fuerza. Ella no quería volver y en definitiva ella no quería morir.


—¡Auxilio!— soltó un grito que se repitió varias veces, pataleó y lanzó golpes esperando que ello funcionara.


El hombre se echó a reír —¿Quién va ayudarte mocosa? Es más de media noche y estamos en un barrio igual de jodido que nosotros. Esta es la vida que te ha tocado; debes aprender a hincarte, abrir la boca y aceptarlo.


—Por favor... ayúdenme— habló soltando lo que le quedaba de aliento, cerró los ojos y de pronto su cuerpo se fue en picada contra el pavimento.


—Deja a la niña— había un hombre de cabello y ojos azabaches.


—Metete en tus asuntos— intento objetar pero pronto otro hombre de cabellera blanca y ojos púrpuras le dio una patada que lo redujo al suelo.


—¿Que te crees que le haces a una niña?— tomó el cigarrillo que llevaba entre los dedos utilizando la frente del desgraciado cómo cenicero, tras escucharlo gritar dio de nuevo una patada, luego otra y otra hasta que pudo ver la sangre correr de su cuerpo.


El rostro del sujeto estaba perdiendo forma y por un segundo ella ya no lo reconoció.


—Onii-chan... ya... por favor— Pidió abalanzándose hacia él.


El peli blanco la miro mordiéndose el labio, en verdad él no quería dejar de golpearlo —Mierda este tipo... quiero matarlo.


—Basta Waka, ella no debe de ver eso... ni escucharlo — el de cabello negro sonrió colocándole la chaqueta que llevaba sobre los hombros —¿Estas sola?


La pequeña asintió.


—¿Cómo te llamas?


—Yuuko.


—Vamos a llevarla a la policía— propuso el más alto.


La pequeña lloró tan pronto como escuchó aquello.


—Tú no estás en problemas, es para que nos ayuden a encontrar a tus padres.


Lentamente levantó su dedo incide apuntando al hombre en el suelo —Mi madre dijo que él era mi padre. Me dejó con él y se marchó.


—Llama a la policía— la mirada púrpura se volvió sombría, se giró de nuevo y volvió a patear el cuerpo en el suelo.


—Onii-chan— ella volvió a sujetarlo por la espalda —Detente o te meterás en problemas.


—Maldita sea— gruño, trato de respirar, nunca en la vida se había sentido más molesto, más asqueado y con más deseos de matar a alguien. Posó su mano sobre la cabeza de la niña —No me meteré en problemas. ¿Qué tal si miras a otro lado?


—Wakasa, no lo hagas— advirtió el de cabello negro abrazando a la niña y sacando un teléfono del bolsillo —Estoy seguro que Yuuko se sentiría muy triste de que esto termine de ese modo.


El albino hizo una mueca de cansancio para después recargarse en la pared y encender otro cigarrillo, la niña ya estaba bastante traumatizada, no es cómo que pudiera matarlo y salir corriendo dejándola a su suerte.


Los tres se quedaron en silencio mirando la sangre en el suelo. Yuuko estaba asustada apretando con fuerza las mangas de la chaqueta, no sabía que pasaría con ella y la incertidumbre la estaba quemando de dentro hacía afuera, más pronto de lo esperado escucharon el sonido de las sirenas de la policía, todo parecía ir en cámara lenta. Yuuko observaba pasar a las personas, algunos hablaban con los dos chicos que la ayudaron, otros se llevaban al hombre dentro de una ambulancia.


—Hola— una mujer se paró frente a ella, tenía gafas y una carpeta en la mano —Te llevaré a un lugar seguro pequeñita.