Prólogo
Noviembre 1994.
Cercanías de los bosques de Nagoya.
Se reportó un grupo de hechiceros oscuros, quienes usan su poder para ganar dinero a través de las maldiciones.
La orden llegó de los mandamases de la hechicería y se procede a eliminar a todos los miembros de aquella familia, sin excepción.
Una mujer corría entre adentrándose en el sagrado bosque, un grupo de hechiceros de primer grado había atacado a toda su familia, incluido a su esposo, el ataque fue sorpresa y sin explicación alguna.
Ahora ella había escapado aprovechando la oportunidad que su, ahora, difunto marido le había brindado, pues entre sus brazos llevaba a su pequeña hija, una niña de apenas 3 años, heredera de su clan y sus rituales.
Una niña que no tenía ni la menor idea de lo que ocurría.
-Tal vez si voy con el clan Kamo...- susurró jadeante la mujer, pero era una estupida idea, ninguno de los tres clanes los ayudaría, porque ni siquiera sabían de su existencia y además ella era una mujer extranjera.
Freno en seco al ver frente a ella a uno de los hechiceros que peleaba contra su esposo, tembló levemente y respiraba agitada, no había escapatoria.
-¿Por qué nos hacen esto?- cuestionó molesta, por suerte su hija dormía.
-Ustedes son hechiceros oscuros...- dijo con simpleza el hechicero.
-¡No!- se apuró a decir. -¡Se equivocan... esta familia siempre ha servido a los mandamases!- explicó atónita, acaso ¿todo se trataba de un mal entendido?
-Si eso fuera así, ¿por qué fueron ellos quienes nos mandaron?- se burló, para la mujer era evidente que él sabía la verdad, la mujer se arrodilló.
-¡Te lo ruego... deja vivir a mi hija!- suplico bajando la cabeza.
-Hay una orden...
-Mi hija ha despertado su energía maldita y sus rituales... sólo tiene tres años...- aquello pasmo al hechicero. -Un niño... siempre es un lienzo en blanco...
"Perdóname (t/n)..."
Fue su último pensamiento.