Capítulo 1
Eran las 4 de la mañana. No solía despertar a esa hora, pero podía jurar que había escuchado el timbre del departamento.
Pensó que quizás se había despertado en medio de un sueño; intentó volver a dormir. Pero no, efectivamente era el timbre del departamento; suspiró, el único que podía tocar su timbre a esas horas era Chris.
Se levantó, apesadumbrada, no entendía porqué siempre debía recurrir a ella en circunstancias así, lo más probable era que su fiesta hubiese terminado y estuviera peleado con Jennifer y por eso la opción para pasar la noche era su departamento. Se puso de pie a pesar de su pesadumbre, porque después de todo era Chris, para ella siempre sería su amado Christian, aunque tuviera otra pareja, aunque él supiera que ella estaba enamorada de él y hubiese descartado la posibilidad de estar con ella bajo el pretexto de que era "demasiado buena" para él.
Algo adormilada aún caminó hacia la puerta del departamento, arrastrando los pies llegó a la entrada y abrió. Y ahí estaba él, con aquellas suaves ondas de su cabello oscuro cayendo sobre sus ojos del mismo profundo negro y aquella sonrisa de medio lado con hoyuelos con la que siempre lograba obtener lo que quería, de ella, de todo el mundo.
- Hola Emi, buen día... - le dijo. Utilizaba aquella frase cada vez que aparecía de madrugada por aquel departamento.
- ¿Es en serio, Christian? ¿Ya peleaste de nuevo con ella? - preguntó mientras avanzaba de vuelta a su habitación sintiendo la mirada de su "amigo" recorrerla por completo, solo en ese momento recordó que apenas llevaba puesta una polera de tirantes y sus bragas, pero ya era tarde para cubrirse. Además, Christian la había visto de esa manera en muchas ocasiones.
- No peleamos... pero ella está de fiesta con sus amigas y para mí la fiesta acabó por hoy... - suspiró Christian observando las curvas de su "querida amiga", aquella dulce chica enamorada profundamente de él, pero que temía corresponder, por el único hecho de que ella era extremadamente pura y adorable, temía dañarla, pero si seguía viéndola en ropa interior se olvidaría de todo daño y no la dejaría escapar - ¿por qué no sales conmigo un día?
- Porque no soy tan salvaje, ya te lo he dicho y, Christian, para mí estas no son horas para mantener conversaciones... el sillón es todo tuyo - le dijo señalando el sillón pequeño de la pequeña sala de estar de su pequeño departamento. Ella continuó tranquilamente su camino hacia su pequeño cuarto. Pero unos pasos seguían tras ella - Christian... sabes que no vas a dormir en mi cama, no junto a mí.
- Vamos, hermosa... solo voy a dormir, no soporto tu sillón, apenas cabe la mitad de mí en él... vamos Emi, por favor...
- Sabes que odio que me llames así, o usas mi nombre completo o nada, Christian...
- Y sabes que odio los sillones, vamos... tengo que dormir bien, mañana tengo turno en el trabajo.
- Dormirás con tu ropa puesta, mirando hacia la pared y me dejas dormir en paz... apenas soporto tu olor a alcohol...
El obedeció levantando las manos en señal de rendición. Si hubiese hecho caso a sus instintos y se hubiese dejado llevar por las copas demás que traía encima la hubiese tomado en aquel mismo sillón que tanto odiaba. Pero esta vez respetaría su espacio, respetaría aquel espacio que ella le cedía cada vez que a él se le ocurría pasar la noche en su departamento. En el otro escenario, que tanta tentación le causaba, sabía que ella cedería, sabía que ella no se negaría a acostarse con él, pero ella quería más de lo que él podía darle. Con ese pensamiento, más las copas que traía de más, en un minuto se quedó dormido.
Envuelta y apretando las sábanas a su cuerpo, Emilia luchaba por volver a dormir, pero no lo lograba. No con el cuerpo de Christian tan cerca del suyo y estando ella casi desnuda. Si él le hubiese insinuado hacer algo más que sólo dormir, ella hubiese aceptado, aunque lo que ella deseaba era hacer el amor con él, estaba segura de que solo hubiese tenido una buena noche de sexo y nada más. Sintió tristeza pensando en aquello, ella aún permanecía ilusionada con tener una relación con Christian, desde el primer momento, desde aquella vez que lo conoció al ingreso de la universidad y él se acercó a conversar con ella. Era tan diferente en aquel entonces, un muchacho dulce y gracioso, le atraía su capacidad de liderar y guiar personas, tenía una forma de hablar en público que captaba la atención de cualquiera, no por nada había terminado siendo presidente de la federación de estudiantes. Desde su punto de vista, frente a aquellos recuerdos, Emilia estaba segura de que estuvieron a punto de ser una pareja, solían caminar de la mano juntos por el campus, salir juntos a comer y pasaban muchas horas en compañía del otro, pero por alguna razón nunca pasó nada más allá de eso y algo les detuvo, dejándolos estáticos en el punto en que aún estaban.
Ahora cada uno seguía sus caminos, pero siempre paralelos, y el suyo en particular, seguía girando en torno a él. Ella apenas se había dado la oportunidad de tener una pareja pasajera en todo aquel tiempo. Una sola pareja en 6 años, pero Christian siempre estaba ahí, siempre algo ocurría con él que terminaba esperándolo. Algo en la superficie de su cerebro y muy profundo en su corazón le decía que debía poner una distancia de aquel sentimiento y de aquella persona, consejo que su amiga Romina también le daba a diario. Porque él no era nada de ella, nada más que un amigo, y ella debía continuar su vida, por más difícil que fuera.
Christian tenía una relación con Jennifer desde hacía varios años, para ser precisos 4 años, y aunque parecían vivir en universos completamente bizarros, éstos por alguna razón encajaban y funcionaban, así que ella podía gozar de estar con él. Además, tenían cosas similares, ambos disfrutaban las fiestas, la vida nocturna, ambos tenían la misma profesión y compartían espacio de trabajo. Pero, Jennifer sabía lo que había entre Christian y Emilia, todo el mundo podía ver esa tensión constante entre ellos; ese enamoramiento que hacía salir chispas en el lugar en que se encontraban juntos. Pero a Jennifer le importaban poco, pues finalmente él había optado por ella, quien parecía ser la mejor opción, la más acorde a lo que él deseaba, a lo que buscaba en y para su vida: nada serio y nada formal. Y Jennifer solo se limitaría a disfrutar de aquello, pues tampoco buscaba nada más.
Cuando Christian comenzó a revolverse algo inquieto a su lado de la cama, ella se giró para verlo. Nunca entendería como él no podía corresponderle. Se quedó observándolo por unos segundos, dormido, para ella tan perfectamente atractivo que sintió deseos de llorar sabiendo que nunca lo tendría realmente. Tomó su almohada y una cobija y se fue al sillón de su sala y ahí esperó a que saliera el sol, sin poder conciliar el sueño realmente.
Mantuvo sus ojos cerrados, forzándose a dormir, hasta que finalmente un roce en su mejilla la hizo despertar de su falso sueño. Abrió los ojos con lentitud y aquella figura conocida estaba arrodillada junto a ella, había depositado un suave beso en su mejilla, cerca de su boca.
- Buenos días belleza... - le dijo sonriendo y con el cabello mojado escurriendo por sobre el suelo, al parecer se había duchado y ella no había escuchado nada. Quizás en sus esfuerzos por dormir lo había logrado por algunos minutos.
- Buenos... - Christian no la dejó terminar y subió al sillón de un movimiento ubicándose sobre ella y entre sus piernas. Él apenas llevaba una toalla enrollada en la cintura por lo que podía sentir su masculinidad presionando y ahora las gotas de agua escurrían por su cabello directamente al rostro de Emilia. Se fue acercando lentamente a su rostro y depositó un beso en cada una de sus mejillas, para luego estampar sus labios sobre los de ella, comenzando a besarla apasionadamente. Emilia estaba completamente confusa, como solía ocurrirle. No era la primera vez que Christian y ella sucumbían a aquella tensión entre ellos y terminaban enredados. En situaciones así su mente se perdía en las sensaciones que Christian despertaba en ella. Ese deseo exuberante y arrollador. Él comenzó con la punta de sus dedos a tocarla por todos aquellos lugares que podía alcanzar, deteniéndose en aquellos que la hacían gemir de forma delicada, guiándose primero por la curva de su cintura, subiendo hacia sus costillas hasta alcanzar la redondez de uno de sus pechos y apretarlo; luego trazando una línea desde sus pezones hasta el centro de su feminidad, utilizando todos los caminos posibles por sobre y debajo de la ropa. Ella solo correspondía arqueándose de placer, siempre ansiosa por recibir más, más de la situación, más de él. Pero como siempre y tan repentino como comenzaba, Christian se alejaba, se vestía y se marchaba, dejándola en estado de shock por minutos, intentando comprender qué había sucedido y qué significado tenía.
Emilia siempre llegaba a la misma conclusión, no era más que él cayendo en la tentación que ella le despertaba y no era más que sí misma correspondiendo, más bien, entregándose a aquel encuentro que la llenaba de extrañas sensaciones, una mezcla de emociones difíciles de procesar; era tristeza, era arrepentimiento, vergüenza, culpa, deseo y satisfacción a la vez.
Así, como cada vez que sucedía, ordenaba sus pensamientos y su ropa y se metía a la ducha fría, que era la única forma de aclararse, puesto que ella y Christian nunca hablaban de lo que sucedía, simplemente pasaba y se borraba, o al menos parecía suceder así en la mente de él, porque en la de ella se guardaba cada sensación, cada roce, cada sentimiento.
Cuando terminaba de arreglarse para ir a trabajar, Romina hacía su entrada al departamento y siempre parecía presentir que algo le ocurría, por lo que solo se limitaba a mirarla con una ceja enarcada y las manos en la cintura.
Romina reprobaba la relación y la presencia de Christian en cualquier espacio de la vida de Emilia y del departamento que compartían, siempre discutían cuando se enteraba que él había pasado la noche ahí, y al parecer a él le encantaba hacerlo cuando ella estaba de turno en el hospital, porque nunca lograba topárselo para enfrentarlo. Si tuviera esa oportunidad, Romina le diría unas cuantas verdades, incluidas aquellas que ya le había dicho a Emilia, sobre cómo la utilizaba y se aprovechaba de su debilidad para hacerla caer en situaciones que no hacían más que dañar su corazón.
La combinación del enamoramiento de Emilia, la relación abierta de Christian y Jennifer, y la atracción de Christian hacia su amiga podían llevar a eventos desastrosos. Si tan solo su amiga se diera cuenta de la realidad de Christian, todo sería diferente.