Yo, el pecador

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Sinopsis

Jules Cotán es un confesor atormentado por pecados ajenos y un poder incontrolable que lo hace morir y renacer repetidamente. En busca de redención, confiesa sus culpas en una carta misteriosa. ¿Cómo expresará por fin sus culpas?¿Le llegará esta carta a su próximo yo? (CUENTO)

Genero:
Thriller/Fantasy
Autor/a:
Nika_Kne.
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Yo, el pecador

Para quien quiera oírme.

Las aclamaciones de la gente son normales, la gente a quien alaban no son normales, ya que naturalmente, una persona que puede hacer cosas extraordinarias no es normal, y por lo tanto, se suponía que sus acciones no podían ser más que extraordinarias. Un visitante lo explicó de la mejor manera posible:

—Ellos están destinados a aliviar la carga de este mundo de gente inmunda, pecadora y sobre todo, para nada altruistas.

Y como él, muchos amaban a estos carismáticos personajes, ellos, portadores de disfraces y poderes increíbles eran modelos a seguir para cada uno. Pero ser modelos a seguir no significa que seas alguien bueno, depende de quien decidas imitar, claro está. Sin embargo, te hace pensar sobre qué harías en su lugar, tu propósito e incluso podría ser divertido hacer un disfraz, un nombre secreto, quizá conseguir armas y hacer justicia por cuenta propia: Todo esto vendría en un paquete todo incluido, con un gran descuento de golpes y humillación. Un precio justo, verdad? Y sin una fuerza que mantuviera el orden más allá de esos seres alabados era imposible de controlar.

El punto es que todos se volvieron locos, ¿si? No es tan difícil de entender.

Y ahora, he me aquí sentado en la parroquia levantando la mirada para ver un lugar devastado por el tiempo, por las nuevas creencias, por los nuevos autoproclamados “dioses”. Yo creo sin embargo que no todo está perdido, por eso sigo aquí, frente a una estatua en ruinas. Algunas veces llegan aquí personas encapuchadas y escondiendo cada centímetro de su rostro, yo adivino quienes son y ellos me confiesan sus pecados. Y no solo son ellos, sino también los que compran la idea de ser “héroes” como les llaman, admiten cada cosa que han hecho, a veces me alegro con y por ellos, de verdad, pero no puedo evitar quedarme callado cuando escucho, en ocasiones, sus historias tristes y sobre cómo les parece imposible ser como sus modelos a seguir.

Siento como pierden el tiempo de sus vidas en ciertas cosas que quisieran hacer, en lo que quisieran ser o por qué lo son o quiénes, sin embargo, en silencio solo escucho y doy mi dictamen.

Pero hoy he de confesarme con ustedes muchas cosas en las que he fallado en mi papel religioso: Nunca he roto mi silencio respecto a otras personas, pero sí he sentido odio hacia los demás porque aunque sienta que ellos realmente están locos por intentar ser quienes no son, en vez de abrazar su propia existencia, me entristece ver que quienes tienen deseos de cambiar este mundo sean tan repudiados por el mundo que quieren cambiar. He odiado por muchas otras razones, el no poder aprovechar ciertas cosas; También he envidiado. Además, he de confesar, y con mucha vergüenza, que poseo también una habilidad, un poder si así prefiere llamarlo. Pero a diferencia de estos seres de gran magnificencia que opacan a los demás con sus habilidades y, en la mayoría de los casos, sus opiniones con respecto a ayudar al prójimo era para con ellos; Yo poseo una habilidad que solo me salva a mí y al arrepentimiento de mis propios pecados. Y por último, lo que para mí es uno de mis grandes errores en mi día, es sin duda: El asesinato.

¿A quién? A mí mismo, a mi yo de ayer.

Todo, todo lo malo que he hecho ha sido despertar para morir. Hoy es mi último día, pero sigue siendo el primero. Es algo circunstancial de mí mismo, no puedo evitarlo, y estoy seguro que ninguno de los demás pudo nunca, de ser así ese diario diría algo al respecto y tendría, al menos, una página arrancada, como si de arrancar una mala hierba se tratara. Pero yo no puedo más, este sentimiento de culpa, quiero terminar este ciclo interminable. Pero es injusto que suceda así, de manera que les relataré cómo sucede y ustedes pueden juzgar como mejor les parezca:

Yo despierto. Camino por el bosque hasta encontrar la cabaña 44. Toco la puerta. Lo saludo. Lo mato. Me pongo ropa. Conduzco hasta una playa. Lo tiro esperando que la corriente no lo traiga de vuelta. Conduzco a casa. Me cambio de ropa. Me dirijo a la parroquia. Saludo a todos. Fumo unos cigarrillos antes del almuerzo (Cosa que intento no hacer, no quiero incrementar el número de pecados en un solo día). Entro en esa caja de madera. Escucho sus pecados incesantes. Vuelvo. Y muero. Y luego, yo despierto y vuelvo a morir. Es una vida tan monótona. Pero yo no he escrito esto para que solo me paren, sino porque confesar mis pecados de tal manera que ya no me vea obligado a morir por todos estos pecados que recaían en mí, pensé que quizá esto podría alivianar la carga y que no venga la muerte por mí esta vez; Lo feliz que yo sería. Porque no puedo más con este miedo de morir; Oh, olviden la carga moral, eso no importa, a mí me importa vivir un día más y quedarme aquí. Así que la habilidad tan cruel que cargo, todo por estos pecados recaídos en mí. Si ustedes no fueran tan egoístas, si ustedes se lo guardan, si ha ustedes los mataran todos los días por sus pecados, ¿No sería bueno?

Jules Cotán



Él dejó caer un sobre frente a una pequeña estructura azul. Luego, se echó a correr y se escondió en su cabaña, esperando. Por otro lado, un hombre de uniforme azul y de gran porte se acercó, sin ver quien había dejado ese sobre marrón en el suelo. Se puso de pie y miró todos hacia todos los lados. Entonces se echó a reír.

—Jules llegó de nuevo. ¿Cómo es que este hombre no se cansa?

Un hombre igualmente uniformado pero regordete se encontraba masticando una dona rosa.

—Es que... —Se calló un momento para tragar la dona— Ese tipo debe estar loco.

—¡Ya quisiera tener poderes para saberle saber que es un fastidio!

Lanzó la carta hacia el riachuelo más cercano, donde la hoja salió de su sobre y las palabras se desprendieron, rodeando el bosque con las palabras.

El cielo se oscureció y el sonar de las campanas avisaron la media noche.

Toc Toc Toc

Él abrió la puerta. Una sombra se abalanzó sobre él con sus manos como armas y esperó no más que unos pocos segundos. Mientras él moría veía a este hombre igual a él. Jules sonrió.

—Bienvenido.

FIN