La llegada
A las 4 de la mañana nos metíamos en el coche para emprender el viaje a casa de mi padre, nos esperaban varias horas por delante de camino haciendo alguna parada para descansar. Con un termo lleno de café y otro de leche, empezamos el camino sin más. A las dos horas paramos en un área de servicio a descansar y estirar las piernas para que no nos dieran dolores más tarde. Repostamos, compramos más café, leche y algún bollo para comer algo y volvimos al coche. Emprendimos de nuevo el viaje. A las 2 horas siguientes llegábamos a casa de mi padre. Llamamos al timbre y la gran verja de color morado se abrió. Seguimos el camino hasta la entrada, no es por alardear, pero nunca le ha faltado dinero. Llegamos a la puerta y allí estaba mi padre, junto con su guardaespaldas Drave. Apague el coche y bajamos ambas.
- ¡Papá! - como una niña pequeña de nuevo, grité y fui corriendo a los brazos de mi padre mientras Drave me sonreía, y Aris nos miraba con esa sonrisa de oreja a oreja que quita el aire, por este momento tan “familiar” como ella lo llama.
- Hola pequeña. - respondió mi padre dándome ese enorme abrazo de oso que me extraía todo el oxígeno del cuerpo - ¿Cómo ha estado mi reina?
- Ahora... mismo... con... falta... de... aire... papá - Conteste como pude.
Papá me soltó enseguida para que pudiera volver a recuperar el oxígeno que me había quitado con ese abrazo. Aunque mi padre no lo aparente, es un hombre bastante mayor, pero se conserva muy bien, y aunque no se tiñe el pelo, tiene un cuerpo bien entrenado y conservado que le dan un aire de hombre fuerte y muy varonil.
- ¿Y cómo os va todo por esa ciudad vecina? - preguntó cogiéndome de la mano.
- Muy bien papá, la gente es muy maja y saben ver donde hay trabajo bien hecho - sonreí sintiéndome orgullosa por el trabajo que hacía.
- Aris - mi padre llamó la atención de mi pequeña monstruito- Cariño, ¿Qué haces qué no vienes a darme un abrazo? ¿Es que acaso ya no me quieres? - preguntó mi padre haciéndose el ofendido y el triste.
Aris empezó a reírse a carcajadas. Cuando consiguió recuperar el aire, miro a mi padre y contestó:
- Alejandro, se perfectamente cuando las lágrimas son de mentira, en eso debo darle las gracias a tu hija, sois tal para cual, conociendo a uno es suficiente para conocerlos a los dos, aunque digamos que a ella se le da un poquito mejor fingir que está dolida. - su comentario con un tono sarcástico oculto tras una carita de ángel que nunca ha roto un plato causó que en ese momento, todos estallamos en risas tras el comentario. La pequeña que se acercó a mi padre a darle un abrazo y un beso en la mejilla.
Cuando cesaron las risas saludamos a Drave que estaba detrás de mi padre intentando aguantar la risa a causa de las palabras de Aris.
Entramos todos a la casa juntos, hablando y riendo, cuando me percaté que la casa estaba demasiado tranquila.
- Papá ¿dónde está todo el mundo que no escucho ni un ruido? - pregunte mirando a todos lados.
- Cariño tranquila, todo el mundo está en sus cosas. No te preocupes, recuerda que sigue siendo día laboral.
Es verdad, estaba aquí por algo urgente e importante, pero las demás personas no habían cambiado nada de su día a día.
- Papá, ¿Podemos ir directos a tu despacho y empezar lo antes posible? - pregunté mirando de frente a mi padre que noté como se ponía serio y rígido, y eso no era nada bueno.
Nos indicó que camináramos a su despacho y así lo hicimos. Al llegar, Aris se acomodó en uno de los sofás y mi padre junto con Drave y conmigo, nos acercamos al escritorio. Me senté al igual que él y Drave se quedó de pie detrás de la silla de papá.
- Abie, seré muy breve, puesto que todo lo que necesitas saber está en este maletín - se levantó, fue a su caja fuerte y de allí sacó un maletín blanco que me entregó - Aquí tienes toda la información que vas a necesitar para prepararte, tienes que empezar lo antes posible, sabes que tienes tu oficina para verificar todo el papeleo que necesites, tu habitación está preparada para que te encierres en ella, Aris tiene su habitación también preparada. Sé que te gusta que te cuente las cosas antes de darte los documentos y todos los informes, pero esta vez no puedo hacerlo, más que nada, porque este encargo no es mío, es de un conocido, estos documentos se te están siendo entregados sin haber sido vistos por nadie que no seas tú o el dueño de ellos, para contactarte en cualquier momento que desees con él, dentro del maletín tienes un teléfono e información de contacto del cliente. Ahora te dejaremos para que hagas tu trabajo y te acomodes, han sido muchas horas de viaje y estaréis cansadas - dijo mirándome. Asentí y decidí retirarme del despacho.
Me encontré con Aris en las escaleras y ambas subimos a nuestras respectivas habitaciones, nuestras maletas se encontraban en ellas, decidí dejar la maleta para después. Me senté en mi cama y abrí el maletín. De él saqué un móvil bastante bueno, un sobre que supongo contiene la información sobre mi cliente, una carpeta bastante grande donde supongo viene toda la información que me será necesaria y varios sobres de colores que no entiendo para qué son. Decidí seguir después con esto, necesitaba una ducha y la necesitaba en este mismo momento. Guardé todo dentro del maletín de nuevo y cogí mi maleta, la abrí y saque lo necesario para el baño y un pijama corto pero muy cómodo. Decidí pasar por el cuarto de Aris. Llamé a la puerta y entré. La encontré vaciando la maleta con toda tranquilidad. Me acerqué a ella y la abracé por la espalda.
- Aris, voy a ir a la ducha, ¿te quieres venir conmigo?
- Mmmm, sí, también necesito un baño y me gusta que me des masajes en la espalda y me laves el pelo - me sonrió y se separó para coger la ropa y lo necesario para el baño.
Después de bañarnos, decidimos bajar a la cocina a comer algo decente, pues en todo el día solo habíamos comido bollos de gasolinera y café. Llegamos a la cocina y nos encontramos con María, ella era la cocinera de la casa, llevaba tantos años en esta casa que para mí era como mi abuela.
- Hola María, cuánto tiempo, ¿cómo va todo?
La cara de María cambió de un momento a otro en cuanto nos vio entrar por la puerta de la cocina. Vino corriendo, literalmente, y nos abrazó como si no existiera un mañana.
- Hay dios mío, ¡pero si son mis dos niñas! ¿Qué hacéis aquí? ¿Cuándo habéis llegado? ¿Cómo os trata la vida en la ciudad? - empezó a preguntar sin pararse a coger aire siquiera.
- Muy bien María, veníamos a ver si podíamos comer algo, llegamos hace nada, nos duchamos pero estamos hambrientas, ¿crees que podemos picar algo hasta la hora de comer? - pregunté poniendo mis manos en el estómago para exagerar mis palabras.
- Pues claro princesas, hay tarta de frutas, tarta de chocolate y croissants hechos de esta mañana, aunque si queréis os hago algo más de comer - dijo con una gran sonrisa.
- Pastel de chocolate - contestamos Aria y yo a la vez. Nos miramos a los ojos como el par de cómplices que somos y nos echamos a reír haciendo que María de uniera a nosotras también.
- ¿También queréis café o preferís un vaso de leche? - preguntó María
- Yo quiero un vaso de leche por favor María, y si puede ser fría mejor - contestó Aris
- Yo por mi parte prefiero un café con leche pero cargado que no me quiero dormir - contesté recordando todo el papeleo que me esperaba por leer.
Nos sentamos en la mesa mientras María nos servía el pastel. Empezamos a comer mientras esperamos las bebidas, la de Aris fue la primera pues no tenía preparación apenas, excepto por las cucharadas de azúcar que a ella le gustaban, a mí en cambio, me sirvió a los pocos minutos una taza extra grande de café con leche.
- Te prepararé en tu despacho la cafetera y te dejaré la leche para que te vayas haciendo sin tener que bajar hasta aquí para servirte un vaso tras otro, que nos conocemos y pasas más tiempo por las escaleras que sentada - María me miraba a los ojos. En ese momento le sonreí sabiendo que lo que decía era nada más y nada menos que la pura verdad.