SIN NOMBRE

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Existe otra realidad muy distinta a la que podemos ver y tocar. Un lugar donde nada es lo que parece

Genero:
Drama/Other
Autor/a:
Carlos Ivan
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Sin Nombre

El hospital de niños de Santa Martha Acatitla, es uno de tantos con graves carencias en el país. Con el recorte del presupuesto, a duras penas alcanza para pagar el agua y la luz.

Aún así, el staff se las ingenia para darle una atención medianamente digna a sus pacientes.

En el ala oriente hay una sección para niños discapacitados y al fondo, un cuarto pequeño que comparten cuatro curiosos inquilinos de tiempo completo.

Uno es Bou, o por lo menos así le dicen. La mayoría de los niños aquí, no tiene un nombre propio. Son niños abandonados, que además tuvieron la mala suerte de nacer con alguna discapacidad.

Bou es un tipo duro de tan solo doce años. Esta paralizado de la cintura hacia abajo, aunque eso no le impide poner en aprietos a las enfermeras. Tiene leucemia AML (mieloide aguda), al igual que sus compañeritos de cuarto.

La siguiente es Stibi. Stibi es una niña sorda que no acepta un “No” por respuesta y hace caso omiso a cualquier comentario negativo. Tiene la energía de un cachorro de leopardo y una mirada que lo respalda.

El tercero es Chaca, un chico callado y tímido. En realidad es mudo; bueno, casi mudo. Emite una especie de gemidos apenas perceptibles. El único que puede interpretarlos es “Dark Void Entity”.

El sí que es un personajazo. Lo llaman así por un programa de tele que alguna vez una enfermera les tradujo. Tiene catorce años y es el más grande del grupo. “Ent” le dicen, a veces “Enti” de cariño.

Ent es raro, muy raro, más raro que el resto. Muchas veces dice cosas sin sentido. Los demás no saben si lo hace adrede para molestarlos, o simplemente está loco. Nació ciego y es el más enfermo; pobre, aunque tiene los demás sentidos súper desarrollados. Especialmente el olfato, puede oler la cena mucho antes de que llegue, huele hasta la gelatina verde que sirven algunos viernes.

- Ent, Enti, oye, si tú, el darketo melancólico con delirios de grandeza ¿Cuál es el menú para hoy? – dijo Bou acostado, rascándose con ambas manos detrás de la cabeza –. Estos piojos están matándome… no se crean, es broma… ¿o no?

- Hoy tenemos… – dijo Ent - un suculento budín de carne con zanahoria, papas, espinaca, especias…

- O sea sobras de la semana -interrumpió Bou

- Esperen, hay algo más… un poco de talco, creo

- Gim num num – dijo Chaca

- No Chaca – contestó Ent -, no creo que el talco sea para comer, esperen hay más…

- ¿Qué es? – preguntó Bou

- Mierda, es mierda…

En ese momento se abrió la puerta y entró Esther, la enfermera de la noche. Cargando un bebé, para sorpresa de todos.

Atrás, se apresuró a entrar el chico de mantenimiento, arrastrando con fuerza el carrito de comida, para hacer funcionar sus ruedas. Encima venían amontonados, cuatro platos de unicel con el budín de sobras, ya algo frío.

- Necesito cambiarle el pañal- dijo la enfermera, en cuanto cruzó la puerta

- ¡No!, no, no, ¿qué es esto? – exclamó Bou

- El es su nuevo compañerito, ¿no es divino? – dijo la enfermera

- Justo cuando pensábamos que la vida no podía ser más miserable – replicó Bou

- Está precioso- dijo Stibi con señas, saltando de un lado a otro para poder verlo-. ¿Puedo tocarlo?

- Solo si tienes las manos limpias- dijo Esther, frotándose las manos para que Stibi pudiera entenderla

- Escúchenme muy bien, no lo voy a permitir – dijo Bou -. Aunque sea lo último que haga. ¡Es él o yo, me entienden! ustedes dicen…

Después de una larga conversación, mientras esperaban que llegara la cuna, finalmente el bebé se quedó dormido y Bou entendió que sería inútil seguir discutiendo. La enfermera se despidió dándoles las buenas noches y dejo un bonche de pañales sobre la cómoda junto con dos biberones.

Bou estaba tan molesto que ni siquiera quiso probar la cena.

- ¿Qué nombre le vamos a poner? – preguntó Stibi, encogiéndose de hombros y señalando al crio

- Yo digo que sea Estorbo – dijo Bou

- Ni si quiera sabemos si es hombre o mujer – dijo Ent

- Pues levántenle la cobija - dijo Bou haciendo señas a Stibi

- Mnm nm mm– dijo Chaca

- No le vamos a poner Chaca – replicó Ent, tu eres Chaca, el no puede ser Chaca.

- Me da exactamente igual que nombre le pongan mientras nos deje dormir – replicó Bou

- ¡Estrella! – dijo Stibi, tiene cara de estrella. ¡Lucero mejor! – dijo con señas

- Vamos a dejarlo sin nombre– dijo Ent muy serio

- ¿Por qué? Dijo Bou, encogiéndose de hombros y doblando las manos hacia afuera para que Stibi pudiera entender

- Por que… – Ent se quedó pensando un segundo-. Chaca tiene razón, el bebé podría llamarse Chaca también. Da exactamente igual. No importa cómo se llame. No necesita un nombre. Nadie necesita un nombre. Los nombres son absurdos.

- Ya vas a empezar otra vez – dijo Bou -, lo que me faltaba, me rindo, este no es mi día. Apaguen las luces, no quiero oír una palabra más

- Lo entenderías si te pusieras en los zapatos de Stibi. ¿Crees que a ella de verdad le importan los nombres? pues claro que no. Nunca ha escuchado uno. Para mí tu no eres un nombre, tampoco una imagen, eres un olor. Un olor que cambia constantemente y esos cambios me dicen mas que mil palabras.

- No quiero escucharte, en serio, no estoy jugando. Me importa dos pepinos. ¡Apaguen las luces con un demonio!

- Sé cuando estás llorando en las noches, no necesito verte, ni oírte. Lo sé por el olor que tienen tus lágrimas.

- Si, ya todos sabemos que tienes nariz de perro ¿y? ¿eso qué?

- También sé porqué lloras, casi puedo ver tus pensamientos, oler tu mente.

- No me digas, bravo, - Bou empezó a aplaudir - no se requiere ser un genio. Lloro por lo mismo que lloramos todos aquí. Porque estamos jodidos. Hubiera sido mejor nunca haber nacido. Nadie nos ha querido nunca y nadie nos va a querer. Nunca vamos a salir de aquí. Estamos condenados a una muerte lenta y dolorosa; porque, para acabarla de fregar, no han llegado las malditas medicinas.

- Supongamos que tienes razón. – contestó Ent -. Entonces ¿qué propones? Te escucho. No oigo nada. Es muy fácil quejarse, y ¿qué vas a hacer al respecto?

- Precisamente eso, nada

- Ese es tu problema. Ya te has dado por vencido, puedo olerlo, el miedo te corroe y estás llevándote entre las patas a Stibi y a Chaca.

- Di lo que quieras, me da exactamente igual. Seguramente ya falta poco para que no tengamos que aguantarte

Chaca abrió los ojos al máximo, Stibi pudo atar cabos con lo poco que alcanzó a leer en los labios de Bou. Contrajo el estómago como si le faltara el aire y se llevó las manos al rostro.

- Bou, todo está en tu mente – dijo Ent, tomando un largo respiro -. Déjame decirte algo: Existe otra realidad… La realidad no es lo que parece. La realidad no es lo que puedes ver y tocar. La realidad está en tu mente pero no son tus pensamientos. Tú no eres tus pensamientos. Existe otra realidad, justo enfrente de tus narices, pero no la quieres ver. Voy a confiarte un secreto: La realidad es un lugar…

- ¿Cuál es ese lugar?- interrumpió Bou

- Es un lugar donde no se entra caminando, es el lugar donde descubres quién eres

Bou no dijo nada más. Se sentía un poco arrepentido. Nunca le había importado conocer a sus padres. Tal vez a eso se refería Ent con “descubrir quién eres”. Por otro lado, ¿dónde estaría aquel lugar? Todos los lugares deberían ser iguales para Ent, ya que no podía ver.

- Mnm nm – dijo Chaca

- Déjalo – contestó Ent, todos estamos cansados y tenemos miedo. Claro que es por las medicinas. Esperemos que lleguen pronto, de lo contrario, no se que vamos a hacer. A ti te tocaba hoy, ya lo sé. A mí hace nueve semanas.

Hubo un silencio amargo y largo, del tipo que duele, del que da miedo. Da miedo pensar y quisieras poder escapar de la mente.

Después vino la nada y era mucho mejor. Un vacío absoluto, sin principio y sin final. Un sueño obscuro y profundo. Hasta que apareció el llanto. El llanto de un bebé. Entonces despertaron.

- No es posible- dijo Bou - ¿Qué han pasado, tres horas? Alguien calle al mocoso

Chaca despertó a Stibi y ella intentó calmarlo sin éxito.

- No es posible – seguía repitiendo Bou, retorciéndose entre las sábanas

- Nadie va a venir hasta que amanezca – dijo Ent - tenemos que hacer algo. Pásenme al niño.

Stibi colocó con cuidado al crío sobre el torso de Ent, quien se había incorporado a medias para sostenerlo. En cuanto estuvo en sus brazos, dejó de llorar.

Todos se sorprendieron y aún mayor fue su asombro, al ver que entonces Ent comenzó a llorar y eso confundía mucho al niño.

Esperaron un poco para no entrometerse en la calma que se había apoderado del cuarto.

- ¿Perdóname Ent, - dijo Bou - no fue mi intención lastimarte, ya sabes… soy un idiota

- No estoy triste, al contrario, estoy feliz – contestó Ent

- Entonces ¿por qué lloras?

- Del lado contrario del hospital, pegado a la salida, hay un crematorio. Ahí es donde queman a los muertos. Cada vez que queman a alguien puedo olerlo. Sus cenizas entran por la ventana hasta mis pulmones y se quedan dentro de mí. Ahora son parte de mi cuerpo.

Hizo una pequeña pausa hasta que pudo recomponerse y continuó.

- El olor es insoportable, huele a muerte. Y ahora ese olor, es el mismo que yo tengo. En cambio este niño, es todo lo contrario. Huele a vida, a una vida nueva. Cuando lo tuve en mis brazos, sentí que volví a nacer

- Cuánto lo siento Ent, no lo sabía – dijo Bou

- Cuando salga de aquí, – siguió Ent -voy a escalar la montaña más grande que pueda y a trepar a la rama mas alta de un árbol, para oler el bosque. Ese es el aire más puro que jamás haya imaginado. Tal vez de ahí pueda alcanzar a oler el cielo. Tal vez entonces pueda limpiar mi cuerpo, tal vez pueda sanar

El bebé observaba todo con asombro, sin llorar, sin embargo no quería dormirse. Agitaba sus brazos regordetes simulando ser un ave.

- Vamos a contarle un cuento mientras toma la leche, a ver si así se duerme – dijo Stibi con señas - yo empiezo: Había una vez, cuatro niños muy enfermos, que nacieron encerrados en una prisión obscura donde nadie podía ver. Con el paso del tiempo, sumidos en la obscuridad, empezaron a perder la vista. Excepto uno que podía ver a través de las sombras. El les hablaba del mundo allá afuera, un lugar mágico lleno de fantasía y color. Tú sigue Bou

- Un lugar fuera de las tinieblas. Un lugar donde no existe el miedo ni el dolor. Un lugar donde no hay peleas. Un lugar donde podrían descubrirse a si mismos y verse al espejo por primera vez. Tú sigue Chaca

- Mmmn mnnn nnnm

- En ese lugar encontraron un espejo inmenso y transparente. Un espejo de marco dorado, un espejo de luz donde al fin pudieron reconocerse y descubrir sus alas – tradujo Ent

El bebé se quedó dormido. Stibi lo depositó en su cuna. Apagaron las luces y se fueron a dormir, al sueño que ellos mismos crearon en conjunto.

Al cabo de una hora y media se comenzó a escuchar un golpeteo. Parecía ser la tapa de una olla con agua hirviendo.

Sin querer despertar, Bou abrió los ojos y vio a Ent convulsionándose. Empezó a gritar con todas sus fuerzas para pedir ayuda. Stibi corrió hacia la puerta, que estaba cerrada con llave. Chaca golpeaba en la ventana y el bebé intentaba ayudar llorando a todo pulmón.

No tardaron en llegar las enfermeras corriendo con la camilla. Amarraron a Ent para que no pudiera hacerse daño y salieron a toda velocidad dejando la puerta abierta.

Stibi y Chaca intentaron correr detrás en un alarido, luchando con uñas y dientes; gimiendo como animales, al tiempo que un guardia de seguridad les cerraba el paso.

Pasaron seis largas horas y comenzaba a amanecer. Pegaron sus rostros a la rendija de la ventana por donde entraba el aire, esperando oler las peores noticias.

En eso, un sutil aroma empezó a hacerse presente y poco a poco fue tomando fuerza, inundado cada rincón de la habitación. Era el olor propio del aire y de las nubes. El olor del agua pura. El olor del viento que baja por los cerros acariciando las copas de sus árboles. El olor del bosque que no conocían más que en sueños.

- Es Ent - dijo Bou

- Mmmn mnnn – dijo Chaca, extendiendo las manos al costado

- Así es - dijo Stibi – está volando

El aire se frotaba contra ellos de forma tímida, como lo hubiera hecho Ent en un abrazo para despedirse.

Se sintieron libres por primera vez, y ese sentimiento ya jamás los abandonaría. Nunca más cruzó por su cabeza la idea de morir ahí adentro. Sabían que de una forma u otra, algún día saldrían de ahí. Pues juntos podían hacer cualquier cosa.

Y así fue.

Después de algunos años, finalmente salieron, totalmente limpios y fueron a buscar a Ent.

No les tomó mucho tiempo. Encontraron un lugar perfecto en la cima de una gran montaña, como el había dicho.

En verdad existía otra realidad. Un lugar sin miedo y sin dolor. Un lugar donde ya no pasarían hambre. Un lugar donde Stibi podía oír y Chaca podía hablar. Un lugar donde Bou salía a correr todas las mañanas y Ent les contaba historias por la tarde.

Un lugar donde eran una familia. Un lugar donde el pensamiento deja libre a la imaginación para unirse con el aire. Un lugar sin nombre.

.