Prodigios de Garia

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Sinopsis

Ailana Crimson, una prodigio en todo el esplendor de la palabra, tendrá que aliarse con varios más si busca cumplir su objetivo. Viviendo una vida normal y tranquila hasta aquel incidente, donde su vida comenzó a obtener más sazón, encontrando a más como ella en su camino. Buscar el cristal de Selene ha sido su misión, con sus aliados, ¿lo logrará?, ¿o le será imposible encontrar tal valioso cristal?

Genero:
Fantasy/Drama
Autor/a:
Scarlett
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Nacer, crecer, reproducirse y morir.

Un ciclo del que me eh cansado, criar niños solo para que te cuiden cuando estés viejo me parece algo egoísta, tal como lo es crear vida a tu imagen y semejanza para ser alabado.

Me entrene en las mejores 8 disciplinas para vencer a cualquiera que se ponga en mi camino.

Esgrima, Kendo, Taekwondo, Tiro con arco, Ajedrez, Boxeo, Karate, Natación.

No recordaba nada, y no cuestionaba nada, hasta aquel insistente, me propuse una meta.

Encontrar el cristal de Serene, sí, esa ha sido mi misión desde aquel día, desde mis 6 años.

Aún no lo consigo, y si necesito volverme aún más fuerte, lo haré, a como de lugar.

Aún necesito la ultima disciplina... dominar la magia.


La pequeña niña de largos y azabaches cabellos no poseía expresión alguna, esta se mantenía quieta, no se había movido ni un centímetro desde hace tres horas.

Las lágrimas del cielo caía, empapando su ropa, sus cabellos se pegaron a la ropa y piel de la pequeña.

Una luz se aproximó a La Niña, aún así, no sintió nada.

—Ella... ¿llego por mi?— pensó para sí misma sin expresión o sentimiento alguno por La situación en la que se encontraba.

—Ailana, ¿Qué haces aquí?, ¿Dónde están tus papás?— preguntó una voz masculina.

Oh, no es ella... entonces... ¿qué hago?— pensó para sí la pequeña de 6 años.

Un hombre se bajó del auto, miró a La Niña con preocupación y lastima, la tomó en sus brazos y La llevo hasta al auto.

—Estas helada— comentó mientras mil y un escalofríos recorrían su cuerpo, cada átomo y célula de su cuerpo lo sintió, un escalofrío.

Ailana permaneció en silencio, como las últimas tres horas... bajo la lluvia.

—Iremos al hospital, no es normal que estés helada, después hablaré con Kelly y Lake— declaró mientras dejaba con suavidad a La Niña en el asiento vacío del copiloto.

El hombre desconocido abrochó el cinturón de seguridad de La Niña, suspiró, sabía de sobra que su sobrina no haría nada, era demasiado... manipulable.

—Ellos... me dejaron... dijeron que mi hermano estaba por nacer, y no tenían tiempo de dejarme con alguien...— explicó sin emoción alguna.

Tristeza, Enojo, Rencor... nada... ni una emoción estaba a flote con aquella niña de cabellos azabaches.

—Madre dijo "Quédate aquí, tu papá y yo volveremos cuando tú hermanito nazca"— repitió la infante.

El hombre apretó el volante de aquel automóvil de color gris, estaba furioso, su rostro se tornaba rojizo y sombrío por la ira.

—Vamos al hospital— declaró.

El hombre se abrochó el cinturón de seguridad y encendió el coche, condujo al hospital.

—Ven, vamos con un doctor— habló con suavidad, su tono era dulce y amable, en sus manos estaba una pequeña manta abrigada, para su única sobrina.

Ailana no pronunció nada, desabrochó su cinturón y dejó que su tío rodeara su cuerpo con aquella manta que tanto amaba.

Tío y sobrina se dirigieron al hospital, el hombre se encontraba preocupado por la salud de su sobrina, aún no sabía exactamente cuántas horas había estado la infante bajo la fría lluvia.

Ailana se mantenía en silencio, pero su cuerpo hablaba por ella, el frío no era mucho, pero la lluvia lo potenciaba en gran medida.

Una recepcionista miró a los familiares, el hombre, cabellos castaños y ojos azules, la infante, cabellos azabaches y ojos verdes.

—Señor, ¿A qué a venido usted?— preguntó la recepcionista.

—Mi sobrina, creo que tiene hipotermia, su temperatura es más baja de lo normal— explicó el hombre.

—Déjeme comprobar— pidió la recepcionista.

Usando un termómetro, se comprobó la temperatura de Ailana, efectivamente, esta tenía hipotermia.

—Estuvo al rededor de tres horas bajo la lluvia, ¿usted es el tutor?— preguntó La recepcionista.

—No, yo solo la encontré bajo la lluvia y la traje aquí, deme las indicaciones que debo seguir— pidió el mayor.

—Bien, solo debe...— habló la recepcionista.



—¿Enserio?, abandonar a Ailana en la lluvia, solo porque Adam estaba por nacer, eso es caer bajo, Kelly— pensó aquel hombre con mal humor.

Ailana estaba dormida, se había dormido cuando recepcionista le estaba dando las indicaciones a su tío.

El auto se estacionó cerca de una casa, no era grande, pero tampoco pequeña, con cuidado salió del auto con La Niña en brazos.

Al entrar fue recibido por su novia.

—Que bueno que llegaste, Aarón— habló la mujer.

—Me alegra ver que estás bien, Vane, llevaré a Ailana a su cuarto— comentó el hombre mientras caminaba aún con su sobrina en brazos.



La pequeña niña se quedó sola cuando su tío regresó con Vanessa, su pareja.

—Hola— saludó una voz desconocida.

—Hola, Titánide— saludó La Niña con una pequeña sonrisa.

—Veo que conoces lo que soy, muchos me tratan como diosa— aclaró la mujer de cabellera castaña y larga, atrás de ella, un hermoso can color negro.

—Y eso es errado, Usted es hija de la titánide Asteria— habló La Niña.

—Veo que sabes mucho— comentó la de daga en mano.

—Solo sé lo necesario sobre usted y sus compañeros, también sobre el reino donde vivo y sus leyendas— respondió la niña.

—Excelente— habló otra mujer.

—Bienvenida, Diosa de la primavera oscura— saludó con cortesía La Niña.

—Educada, me agrada La Niña— habló la voz de un hombre.

—Dios del inframundo, veo que acompaña a su pareja, me alegra mucho verlos juntos— Saludó nuevamente con cortesía.

—Mmm, y yo que creí que La Niña no tenía sentimientos, ahora incluso esta sonriendo— habló un hombre de casco dorado.

—Dios de la Guerra, no esperaba verlo por aquí— admitió la infante.

—Eso no es importante, niña, que mi presencia no te asombre, concéntrate en descifrar el acertijo que hemos dejado en su habitación— habló Ares.

—Recuerda que debes resolverlo a toda costa— habló esta vez, Perséfone, la Diosa de la primavera oscura.

—¿Ailana?, ¿Ailana estás ahí?— preguntó Aarón.

Los Dioses desaparecieron, con pequeñas reverencias como despedida, cada uno se fue a su lugar.

—Aquí estoy, Tío— respondió La Niña.

—Ven, vamos a cenar— habló el mayor.


El tiempo vuela, en un segundo pasan incontables cosas, en un minuto pasan aún más maravillas.

Mirando una Foto nos damos cuenta de los años que han pasado, nos damos cuenta de que el tiempo no se detiene, los años no serán en vano, los años seguirán corriendo, aún si alguien los encierre.

Ailana lo sabe perfectamente, y es por eso que no ha dejado de fortalecerse.

—¿Ailana Crimson?— preguntó un profesor.

—Aquí— respondió la de ojos verdes.

La academia Asturias, una prestigiosa escuela donde solo pocos entran, una academia extracurricular, en aquella academia solo se admiten personas de 15 a 23 años, y Ailana ya estaba cerca de su ultimo año, el mas difícil.

—Crimson, a mi oficina— pidió la directora a través de un altavoz.

Ailana se levantó de su asiento, sin pronunciar palabra, salió de su salón, recorrió los grandes y largos pasillos hasta llegar a la solitaria y sombría oficina de la directora.

Estar en la oficina de La directora daba escalofríos, la temperatura de ese lugar parecía ser incluso más fría que el congelador de la cafetería.

—Toma asiento— habló la sombría voz de la directora.

Ailana hizo lo pedido sin protestar o emitir sonido.

—Ya deberías saber el porque estás aquí, mira, no sé qué haces, pero siempre puedo sentir una presencia cerca tuyo, y siempre llegas acompañada por algún perro negro o un gato— habló con seriedad la directora.

—Solo es casualidad, Directora Aileen, yo no tengo nada que ver con esas minorías— opinó la menor.

La directora suspiró, sabía que Ailana no admitiría nada, aquello la hacía un poco más curiosa.

El misterio siempre rodeaba a Ailana, era curioso ver cómo está era una prodigio de nacimiento pero también ocurrían cosas algo extrañas cerca de ella.

—Bien, te tomaré la palabra— declaró la directora. —Pero, serás transferida a otro grupo— comentó la directora mientras enlazaba sus dedos entre sí.

—¿Otra vez?— preguntó Ailana.

—Si, veo que no te es fácil acoplarte completamente a un grupo— habló la directora.

—Pero me llevo bien con Lynette— opuso la menor.

—No es a lo que me refiero, tú la toleras y la consideras una compañera, lo que yo busco es que tú no estés sola, quiero que tengas un grupito en el que te sientas bien, además, de acuerdo a tu nivel, serás cambiada al grupo C-7, allí estarás mejor— declaró la directora.

—Pero en ese salón solo hay 6 alumnos— reprochó La adulta.

—7, contigo, mira, tal vez no te guste el cambio, pero ellos son una mejor opción para ser amigos que los del B-2, ellos tienen tu misma edad y también tu nivel, por alguna razón— opinó la directora.

Ailana suspiró, no seguiría luchando por una razón inútil.



Ailana suspiró con notoria molestia al escuchar el timbre de aquella academia.

Con enojo regresó a su casa, poniendo una amable y hermosa sonrisa falsa cuando alguien la saludaba.

Ailana ingresó el código de la cerradura y está de abrió, entró sin mirar atrás.

Camino por los pasillos, cocina, sala, y finalmente, su cuarto.

Ingreso en aquella habitación con un letrero color morado y que en letras doradas estaba escrito el nombre de Ailana.

Una vez en su cuarto se dispuso a hacer su tarea, que era poca, pues había pasado la mayor parte del día en la oficina de la directora.

—No te detengas, aún tienes que conocerlos, ya descifraste nuestro acertijo, pero falta encontrar el objeto— habló ella, Hécate.

—¿A quiénes debo conocer?— preguntó Ailana.

—Ya lo verás— respondió la titánide antes de irse al tal había aparecido.

Ailana suspiró, odiaba los acertijos, a ella no le gustaba darle muchas vueltas a un asunto, para ella, lo mejor era hacer las cosas con improvisación.


—"𝒮𝑜𝓎 𝒶𝓁𝑔𝑜 𝒸𝑜𝒹𝒾𝒸𝒾𝒶𝒹𝑜, 𝓂𝓊𝓎 𝒸𝑜𝒹𝒾𝒸𝒾𝒶𝒹𝑜, 𝓈𝑜𝓎 𝓊𝓃 𝓂𝒾𝓃𝑒𝓇𝒶𝓁, 𝓎 𝓈𝑜𝓁𝑜 𝑒𝓁 𝒽𝑒𝓇𝑒𝒹𝑒𝓇𝑜 𝑜 𝒽𝑒𝓇𝑒𝒹𝑒𝓇𝒶 𝓅𝑜𝒹𝓇á 𝑒𝓃𝒸𝑜𝓃𝓉𝓇𝒶𝓇𝓂𝑒 𝓎 𝓊𝓈𝒶𝓇 𝓂𝒾 𝓅𝑜𝒹𝑒𝓇"— repitió aquel acertijo. —La respuesta es fácil, El cristal de Serene es un mineral y la leyenda dice que solo el heredero a La Corona podrá obtenerlo y usar su gran magia, por eso es codiciado, lo resolví hace 14 años— habló con orgullo.