The Fragmented Destiny

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Sinopsis

Tras un escape inesperado, Fran, un chico que ha pasado por experiencias peores que los castigos del inframundo, intenta mejorar su vida convirtiéndose en un héroe para ayudar al inocente; sin embargo, su camino como futuro salvador estará lleno de desafíos que deberá resolver junto a sus aliados antes de que una gran tragedia amenace su nuevo modo de vida. ¿Quieres acompañar a Fran en esta encrucijada donde luchará por su futuro? ¿Crees estar listo para los horrores que él enfrentará en busca de un mejor destino? Descúbrelo al leer: The Fragmented Destiny.

Genero:
Action
Autor/a:
TulipMask07
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo: Tormentos del pasado. Parte tres.

Todo era oscuro, tan oscuro entre jadeos lamentables de un puberto que pasaba de calle en calle sin ver hacia atrás; de lejos unas explosiones se escuchaban, algo que presenció dicho muchacho y que le hizo correr aún más rápido de lo que ya lo estaba haciendo.

¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué?

¿Por qué no pude tener una vida normal?

¿Por qué no puedo ser libre?

¿Qué había de malo en mí?

¿Qué tenía que no me quisiste?

¿Fui tan malo?

A lo lejos se escuchaban gritos aterradores representando el sufrimiento puro, sonidos de golpes que explicaban la causa de esos gritos y sobre todo, lo que el muchacho no deseaba voltear a mirar: Gente sufriendo, pidiendo auxilio antes de que se escuchara una explosión de gran magnitud.

Gotas de una sangre azul combinadas con sudor caían del rostro del chico, quién con un rostro demacrado, un cabello totalmente blanquecino que se había manchado de sangre roja, el mismo color de sus ojos. Su andar aumentaba en busca de una nueva esperanza.

— Quiero ser libre, quiero ser libre. — Repetía entre jadeos viéndose salir de sus ojos lágrimas de desesperación mientras avanzaba más rápido al correr.

Arriba de la colina que él quería cruzar había dos personas cuidando la zona con unos trajes carismáticos.

— Oye, alguien se acerca. — Dijo uno de ellos, señalándole a su compañera al que venía delante.

— ¿Crees que sea uno de ellos? — Preguntó la fémina hacia su compañero. — El que escapó. —

— Debe de ser, mira las heridas abiertas en sus brazos. — El hombre comenzó a caminar hacia adelante. — Ha estimulado demasiado su gen, debe de ser él. Vamos a erradicarlo. —

— No, espera. Tenemos que tratarlo con cuidado. — La mujer se acercó rápidamente hacia su compañero y le sostuvo el hombro. — Déjamelo a mí. —

— Está bien. — Se hizo para atrás con un rostro amargo dejándole a su compañera todo.

El albino tras subir la colina con mucho esfuerzo cayó del golpe al sentir como su cuerpo ya no respondía bien, quedándose en el suelo unos cuantos segundos para descansar entre jadeos pesados.

— Oye, chico. — Llamó la mujer dando suaves pasos hacia adelante.

El rostro cansado del chico se puso totalmente pálido al escuchar una voz femenina sintiendo como su cuerpo temblaba.

¿Qué pasa Frani? ¿No te gusta?

Un aura rojiza cubrió el puño izquierdo del albino, quién se levantó permaneciendo con la cabeza baja.

— Oye Fource, retrocede. — Corrió hacia su compañera con preocupación por esa aura extraña que apareció en el chico.

— Calma, EarthLand, lo tengo todo bajo control. — Fource volteó a ver a su compañero para que él esté seguro, a lo que él se quedó quieto.

¡Vamos, vamos! ¡Así!~

La fémina comenzó a caminar un poco más rápido, aproximándose fácilmente hacia el albino.

— Oye, amigo. Calma, ¿si? Nosotros te vamos a proteger, ¿Lo entiendes? Todo estará bien, sabemos por lo que has pasado y solo queremos ayudarte. — Fource se agachó enfrente de él sosteniendo sus dos hombros para reconfortarlo.

¡Sigue! ¡No pares! ¡Esto es oro!

El albino seguía con la cabeza baja en total silencio, a pesar de eso, se veía como toda su aura se concentraba en su puño izquierdo mientras su cuerpo temblaba suavemente por sus recuerdos.

— Nos hemos enterado de lo que te hizo, sé que fue un infierno pero no tienes porque tener miedo, todo estará bien. ¿Okay? Fuiste un buen chico, fuiste totalmente valiente, estoy orgulloso de ti. — La joven le regaló una cálida sonrisa, esperando que el mismo se sintiera mejor.

Fran, realmente eres un buen chico. Eres tan lindo, si que eres mi mascota favorita.

El chico alzó la mirada de golpe mostrando en su expresión total tristeza, coraje y una culpa interna junto con lágrimas, sudor y sangre bicolor que seguían pintando su rostro de miseria.

— Tranquilo, todo estará bi- — La fémina dejó de hablar de golpe al sentir una fuerte patada en el pecho por parte del adolescente, haciendo que le suelte de los hombros por inercia.

¡Quiero ser libre!

Fource miró como un puño cubierto de un aura rojiza y sangre se aproximaba directo hacia su rostro, aceptando que no podía hacer nada a tiempo para evitarlo.

— ¡Fource! — Gritó EarthLand, corriendo donde su compañera para intentar salvarla.

Pero el compañero de la fémina no fue lo suficientemente rápido, el chico le propinó un colosal golpe en el mentón a la mujer. La fuerza bruta del golpe hizo que la mandíbula de aquella acabara por desencajarse y el mismo impacto le mandara unos metros lejos.

El rostro ahora desfigurado de Fource comenzó a sangrar por el golpe, haciéndole caer al suelo unos cinco metros lejos del niño, esta vez totalmente inconsciente.

— ¡Ahg! — Un fuerte grito apareció en el albino al dar el golpe, cayendo de rodillas al suelo mientras se sostenía el brazo izquierdo con fuerza.

Un gran dolor comenzó a aparecer por todo el cuerpo del chico, desde su cabeza, pecho, estomago, piernas y sobre todo brazos comenzaron a doler y él a gritar por el dolor. Así mismo, más heridas comenzaron a abrirse en la extremidad de aquel, haciéndole liberar sangre roja de forma involuntaria, inclusive por la boca.

— ¡Desgraciado! — Con toda la ira del mundo, EarthLand se había acercado hacia el muchacho para darle un fuerte golpe en el rostro.

El cuerpo del golpeado cayó unos metros atrás por la fuerza del ataque, aun gritando de dolor por todo lo que le estaba pasando a su cuerpo.

El héroe volvió a correr hacia aquel, subiéndose encima de él para golpearlo directo en la cara.

— ¡Maldito mocoso! — Gritó al propinarle el golpe en el rostro. — Ella te quería ayudar. ¿¡Por qué hiciste eso!? — Le volvió a dar un golpe.

Varios golpes fueron dados por toda la cara del menor, mientras que este aún resistía el dolor de su cuerpo, solo le quedaba resistir los golpes a la par que sangre salía de su nariz y boca por estos.

— ¡Solo queríamos tu bienestar, imbécil! — Gritó otra vez el héroe dándole un fuerte golpe en la cara.

El chico soltó un fuerte quejido por todo el dolor que sentía por dentro. Varios gritos salieron de su dañada garganta por todas las sensaciones dolorosas que se repartían en su cuerpo sin piedad alguna.

Un aura rojiza comenzó a cubrir al albino mientras gritaba cada vez más por el incesante dolor.

EarthLand se levantó y retrocedió al ver aquello, agachándose para tocar el suelo y estar alerta.

— Y-ya...¡Basta! — Gritó el infante al levantarse con un rostro enojado y ensangrentado.

— ¿Basta? Ven aquí y hazme parar. — Le retó EarthLand en un tono frío, apareciendo una pared de piedra del suelo que a los pocos segundos soltó grandes picos de piedra directo hacia su enemigo.

Los picos iban disparados directamente hacia el albino, quién aun teniendo el aura roja decidió quedarse quieto.

Desde los ojos del infante todo se veía borroso, poco a poco se iba perdiendo la consciencia. El ataque del héroe llegó de forma efectiva llegando a perforar uno de los brazos del chico y sus dos piernas.

— ¡AHG! — La visión borrosa de él se volvió clara al momento de sentir el dolor de aquel ataque, cayendo otra vez al suelo, está vez sin siquiera poder levantarse.

— Por desgracia no puedo matarte, pero si tendrás un castigo severo por esto. — El héroe decidió acercarse hacia él para sostenerlo del cuello de su traje.

Los ojos apenas abiertos del menor vieron una sombra acercarse a él, algo que acabó por despertarlo. Con unos ojos y expresión llena de odio, el chico renació sosteniendo con sus dos manos el brazo con el que el héroe le estaba agarrando.

EarthLand quedó sorprendido, sobre todo, al sentir la fuerza con la que el chico apretaba, llegando a causarle un gran dolor por el que se quiso separar de él forcejeando con fuerza.

— ¡Suéltame! — Habló preocupado al sentir como sus huesos eran rotos por el niño, apunto de usar su otro brazo para defenderse.

El albino alzó su pierna izquierda dando un fuerte gritó de dolor dándole una colosal patada al héroe en el pecho al mismo tiempo que soltaba su brazo.

La patada fue tan potente que acabó mandando a volar al héroe varios metros arriba en el suelo, viéndose sangre sobresalir del traje que en el pecho estaba recientemente roto por el golpe.

El chico cayó al suelo de rodillas tras realizar esa acción. Poco a poco, su vista volvió a ponerse borrosa, cerrando sus ojos para por fin descansar en paz.

Sin embargo, a los segundos se presenció en la zona un grito totalmente desgarrador acompañado de una mirada de temor puro. En los brazos, piernas y estómago del albino comenzaron a abrirse más heridas que le dejaron brotar sangre por montones. Tanto fue el dolor de dicho suceso que el afectado acabó por desmayarse segundos después para ponerle fin a su sufrimiento.

En ese intervalo de segundos pudo escuchar una risa femenina bastante conocida por él, algo que le hizo querer moverse, pero sin lograrlo.

— (Otra vez no, solo quiero ser libre...) — Fueron las palabras que resonaron en la cabeza del chico como último deseo al saber de quién se trataba.

EarthLand cayó dos metros alejado de su anterior enemigo totalmente inconsciente y con sangre brotando suavemente de su boca, nadie estaba en condiciones para seguir peleando.

Tiempo después, entre pesadillas, tormentos del pasado y dolores pertenecientes al mismo infierno, el albino abrió sus ojos para darse con la sorpresa de que arriba suyo había un techo, cosa que lo alarmó totalmente.

Rápidamente se levantó de la cama donde estaba, quejándose suavemente del dolor al moverse de una forma tan brusca.

— No te muevas tanto, curar tus heridas fue muy difícil. — Una voz grave de alguien que también estaba en esa habitación resonó al ver lo que hizo el joven.

El de cabello blanquecino volteó a ver dónde provenía esa voz, intentando ponerse en guardia con sus dos brazos, pero solo logró sentir más dolor, razón por la que volvió a quejarse.

— Creo que eres sordo o alguien muy tonto. — El hombre soltó un suspiro, levantándose de la silla donde estaba sentado. — Venga, chico. Dime tu nombre. —

Solo hubo silencio por parte del menor aun manteniéndose en guardia por más que le dolía estarlo.

Otro suspiro salió del adulto, quien sacó de su bolsillo una identificación para lanzársela a él.

La identificación llegó a caerle en la cara al chico, quien bajó la mirada para verla.

— Hamaki Kemuri. Hombre de 27 años, actualmente soltero, no dono órganos, no transfiero sangre, trabajo de maestro y soy solo un ciudadano de la ciudad de Kori alejado de la capital de Terra. — Habló directamente aquel hombre, alguien de cabello rubio ceniza con ojos naranja mientras prendía un cigarro que tenía en sus labios. — Puedes verificarlo ahí. —

El chico miró la identificación con detenimiento, todos los datos que el hombre decía eran correctos.

Luego de prender su cigarro y soltar un poco de humo, decidió volver a mirar al muchacho. — Ya no te hagas de rogar y dime tu nombre. —

— N-no tengo. — Habló en voz baja el albino teniendo la mirada en el suelo.

— ¿No? Uh, que problema. — Hamaki se acercó hacia una pequeña mesa, sosteniendo un plato para entrégaselo al chico.

El niño se le quedó mirando confundido por el plato, desviando la mirada sin saber de que se trataba.

— Es una hamburguesa de Butaushi. De seguro te estás muriendo de hambre, anda, come. — Insistió el rubio, a lo que él chico sostuvo la hamburguesa. — Eso es. Come y luego hablaremos. —

Mientras que Hamaki iba a sentarse otra vez en su silla y fumaba, el de cabello blanquecino se quedó viendo la hamburguesa aún inseguro.

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta la carne de Butaushi? Si quieres voy y te preparo un sándwich de mermelada. — Mencionó el rubio sin ningún problema.

El niño negó con la cabeza, dándole una suave mordida a la hamburguesa con miedo.

Tras masticar lentamente y al final tragar, el rostro del muchacho se vio repleto por lágrimas que salían de sus ojos.

— Estás...¿Llorando? — Preguntó Hamaki preocupado por lo que presenciaba a pesar de que en sus expresiones no se demostraba más que seriedad.

— E-está...deliciosa. — Dijo intentando dejar de llorar, pero no podía, solo dando otra mordida a su hamburguesa mientras sonreía débilmente.

— Ya veo. — El hombre se levantó de su asiento. — Disfrútalo, niño. Ahora vuelvo. — Dijo saliendo de la habitación con tranquilidad.

Hamaki caminó tranquilamente hasta la cocina donde se propuso a servir un vaso con agua de un recipiente, mirando una foto que tenía al lado al momento de hacerlo.

Era de una mujer hermosa de cabello naranja, quien sonreía teniendo girasoles en sus manos, al verla, el hombre solo pudo soltar un suspiro y dejar su cigarro al lado, este ya se había acabado.

— Espero que él pueda ser nuestro Alex, cariño. — Tras otro suspiro, decidió prender un cigarro más y sostener el vaso con agua ya lleno para llevárselo al chico.

Cuando Hamaki abrió la puerta, se encontró con el chico sin nada en sus manos y la boca totalmente llena.

— Ten más cuidado o vas a atragantarte, amiguito. — Habló el hombre con una suave sonrisa, extendiendo su mano para darle el vaso con agua.

Con la mirada desviada de la vergüenza, el chico decidió sostener el vaso con agua para tomárselo de una forma apurada.

Hamaki solo miró al chico con atención, el cuál a los segundos comenzó a golpear su pecho porque se había atorado.

— ¿Qué? ¿No puedes pasar? — Acercándose, el rubio parecía suavemente preocupado por el menor.

El joven solo empezó a golpear su pecho con fuerza varias veces hasta que logró pasar, soltar un suspiro de alivio al hacerlo.

Hamaki lo acompañó durante el suspiró con el mismo sentimiento, sacando otro cigarro de su cajetilla para prenderlo. — Vaya, veo que has pasado por mucho, ¿eh? — Tras decir eso, poco a poco se fue sentando hasta quedar al lado del albino.

El chico aún no muy convencido por su acompañante, se puso del lado contrario de la cama.

— Así que no tienes nombre, ¿eh? — Hamaki se le quedó mirando por un momento. — ¿Qué tal si te llamo Alex? —

Al escuchar la propuesta, el albino miró con disgusto al mayor y negó nervioso con la mirada.

— ¿No te gusta? Uh, otro problema. — Un nuevo suspiró sobresalió del mayor al escuchar eso. — ¿Tienes alguna idea de cómo debería llamarte? No puedo decirte por apodos toda la vida. —

El muchacho bajó la mirada, apretando la tela de su camisa con un semblante que denotaba tristeza combinada con miedo, con sus dos manos temblando de forma nerviosa.

Hamaki solo se quedó callado al ver las reacciones del chico, esperando algo que al parecer iba a decir.

— M-mi verdadero nombre es...F- — Antes de siquiera decir su nombre, el joven sostuvo su estómago con mucho miedo.

El mayor solo se le quedó viendo por unos momentos, soltando un poco de humo a un lado.

— F...r...— Arcadas comenzaron a escucharse en la voz del pequeño, quien se retorcía de dolor en su sitio por cada letra que decía.

— Hey, calma. Creo que es mejor que no lo digas. — Hamaki sostuvo el hombro del chico, prefería no escuchar nada al ver cómo se ponía.

— F...r...a...n — Tras decir estás últimas palabras entre grandes arcadas, el albino acabó vomitando en el suelo frente de la cama.

Al quitar su cigarro de la boca y ver aquella escena, el rubio se levantó y volvió a sostener el hombro del menor cuando había acabado de vomitar.

— L-lo...l-lo s-siento. — Habló el chico escupiendo dónde había vomitado.

— Cálmate, ¿si? Ven, vamos a qué tomes agua o te laves los dientes, yo voy a limpiar esto. — Hamaki se levantó y sostuvo el brazo del chico para levantarlo.

El albino siguió al mayor con un poco de dolor de todo el cuerpo, solo mirando la casa con vergüenza.

Era acogedora, una casa común con papel tapiz alrededor de las paredes, pocos cuadros dónde había personas que él no conocía, gran ventilación en el techo y todo estaba ordenado, muy ordenado.

El rubio le llevó directo hacia el baño dónde el chico decidió entrar a lavarse los dientes.

— Ahí hay un cepillo extra, es de color rojo. Con eso bastará. — Explicó Hamaki en la puerta del baño con tranquilidad.

El albino asintió suavemente, sosteniendo el cepillo para empezar a lavarse los dientes con tranquilidad.

— Tu verdadero nombre es Franklin Sewing, ¿verdad? — Hamaki soltó aquella “bomba” sin siquiera pestañear un poco.

Fran, quien seguía cepillandose solo pudo escupir la espuma de su crema dental, comenzando a toser con fuerza.

— Sé que no es un buen momento para decírtelo, pero sé un poco de ti. — El hombre se metió al baño, a lo que aun tosiendo el chico quería escapar.

Fran intentó huir, sin embargo, Hamaki le sostuvo del brazo con fuerza para que no pudiera ir a ningún lado.

— Franklin, sé que fue duro. Yo soy profesor, pero también un psicólogo. Voy a ayudarte, ¿me dejas hacerlo? — Hamaki puso una de sus manos sobre la nuca del muchacho para acercarlo hacia él.

Fran solo se veía con un rostro asustado, inseguro, miserable, deseando huir con los ojos llorosos.

El rubio ceniza le acabó dando un abrazo al joven, a lo que él sustituyó su semblante anterior por uno confundido y sorprendido.

— Necesitas ayuda, el calor de una persona, el apoyo incondicional de alguien, ¿no es así? Tranquilo, estarás bien. Déjame ayudarte, por favor. — Susurró Hamaki mientras mantenía el abrazo, a lo que su contrario solo comenzó a lagrimear.

Fran apretó con sus manos la ropa del mayor, hundiendo su rostro en el pecho de aquel que le quería brindar apoyo, sollozando sin querer parar en algún momento.

— S-si quiero s-su a-ayuda, s-señor H-hamaki. — Tartamudeo el joven con una voz rota entre sus lagrimeos.

Hamaki sonrió con suavidad y le dio unas cuantas palmadas en la espalda al albino. — Ya, ya. Todo está bien. —

Tal parece que la integración de un desconocido a una casa solitaria traerá muchas alegrías a la vida de varias personas. Fin del prólogo.