Capitulo 1. Chico traficante
El parque "Hausto" era lindo, agradable, no quedaba tan lejos de mi departamento así que venía cada que podía a disfrutar del lugar. No hacía nada más que estar sentada en una banca respirando la paz que este me brindaba.
Tomé con fuerza la bolsa de plástico que llevaba en mano y me encaminé para comenzar a cruzarlo. Era uno de los parques más grandes y lindos que tenía la ciudad.
Era sin duda un lugar al cual recurrir si querías estar en paz y lejos de malos pensamientos, cualquiera podía visitarlo, incluso ese azabache que comenzaba a visualizar a la distancia.
Joel Gusman.
El
chico traficante
para los camaradas.
Apodado así por la primera vez que lo vi en clase, bueno, lo notaba.
Había pedido permiso para salir al baño cuando en realidad había bajado para dar un paquete bastante sospechoso, a decir verdad, a unas alumnas de primer grado. Cómo buena alumna que cumple al pie de la letra las reglas avisé a dirección y a los maestros. Ese mismo día nos llevaron a la oficina de la directora y resultó que ese paquete era nada más y nada menos que toallas femeninas para su hermana de primer año.
El chico desde ese día comenzó a odiarme.
Y aunque el sentimiento era mutuo, no era por la misma situación.
──¡Hola, chico traficante!
Me senté a su lado en la banca con una sonrisa de oreja a oreja, tenía un libro en manos y su mochila a un lado. Era malditamente reservado y estudioso que no me sorprendería que llevara sus libros al baño.
Puso cara de pocos amigos y dio un gran suspiro sin quitar la vista del libro.
──¿Qué quieres? ──preguntó seco, me acerqué a él y le eché un vistazo al contenido, rápidamente me apartó──. ¿Se te perdió algo o qué?
──Te vi muy solo así que vine a hacerte compañía.
──Yo estoy muy bien solo ──hizo énfasis en la última palabra.
──Nadie tiene que estar solo, incluso alguien tan odioso como tú.
Recargué mi espalda en la banca y eché la cabeza hacia atrás, viendo algunas aves volar por los árboles.
──Tú eres la odiosa ──pasó de página y volvió a concentrarse como si no estuviera ahí──. Solo tú logras sacarme completamente de quicio.
Lo volteé a ver y pude admirar mejor su perfil, su mandíbula era adornada por dos lunares, sus labios de grosor medio hacían ver su nariz aún más fina y ni hablar de sus pómulos bien marcados.
Oh
.
──Gracias ──solté con una risita para regresar mi vista a los árboles──. Es parte de mi encanto.
Él rodó los ojos.
──¿Es que acaso no tienes otra cosa que hacer?
Negué.
Estar en mi apartamento se me apetecía como el demonio, pero molestar al chico traficante se me hacía más placentero. Sabía que no me soportaba en lo absoluto, pero me divertía ver como intentaba contestar a cualquier cosa que le decía sin inmutarse.
──No, molestarte es realmente entretenido.──hice una mueca──. Aún más entretenido que ver una película o jugar un videojuego.
──Ah, gracias por el dato innecesario.
Saqué el celular y comencé a escribirme con Nolan, mi hermano, quien milagrosamente se volvía a acordar que tenía mi número cada mil años.
"
te mandé comida y otras cosas al departamento, no mueras de hambre porque no tengo tiempo en mi agenda"
Quise reír pero me contuve.
"Gracias, si muero dejaré una nota para que no te avisen"
Lo leyó casi al instante, pero ya no contestó.
──¿No te irás? ──Negué viendo aún mi teléfono──. Vete, no me puedo concentrar bien contigo aquí.
──No te estoy poniendo una pistola en la cabeza para que no puedas, tonto.
──Ya vete a tu casa.
──Si tú te vas conmigo ──dije con un toque coqueto.
Él bufó y giró hacia mí con el ceño fruncido. En estas 2 semanas que llevaba molestándolo, no me había percatado del color de sus ojos, un lindo color verde casi perceptible.
Que bonitos ojos tiene, compadre.
──Ten pudor, por dios.
──Siempre estoy pensando en ti, ¿sabes?──bostecé viendo a algunas personas caminar con sus mascotas por ahí──. Tengo que tener un buen insulto o al menos saber contestar a cada cosa que me respondas.
──Lo mismo digo.
Me atraganté con mi propia saliva.
──¿También piensas todo el tiempo en mí?
Sonreí acercándome peligrosamente a él, pareció percatarse de lo que había dicho y se alejó negando con una cara cómica que me hizo soltar una gran carcajada.
──¡¿Qué?! ¡Claro que no!
──Admítelo ──dije mientras acariciaba la fría banca con uno de mis dedos──. Yo no juzgo.
──Lo decía por... ¡ay, olvídalo!
──¿Pero, si vamos a ir a mi casa o no?
Volteó como el exorcista con los ojos rojos de la furia.
──Eres tan molesta como un barro en la cara ──dijo disgustado, dejando el libro a un lado concentrándose en mí ──. En serio, eres molesta, tan molesta que si me dieran a escoger entre saltar de un edificio y tú, definitivamente saltaría del edificio.
Igual yo, chico traficante.
──Ay, que quejoso me saliste.
Me puse de pie y comencé a caminar alejándome de él con aburrimiento. Retiraba lo dicho, se me apetecía más estar en casa acostada haciendo absolutamente nada.
Este hombre también podía sacarte de quicio con esa boca que se traía.
Ambos teníamos un extraño odio el uno por el otro. Éramos diferentes, si. A él le gustaban unas cosas a las que yo realmente no le encontraba ni cola ni cabeza, y yo tenía un cierto toque de pesada extravagancia que lo sacaba de quicio.
¿Cuando comenzó a cambiar todo?
⋆