Adelantando el Tiempo

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Sinopsis

La historia es parte de nosotros, para que sucediera múltiples personas debieron romper lo considerado correcto en la época. Tres imperios, los cuáles se encuentran dispuestos a avanzar a grandes pasos. Cada uno, se centra en un ámbito, avance medicinal, político y comercial. Esto con el objetivo de poder incorporarlo a sus sociedades y a medida de que se expandan logren inculcar su cultura en más territorio. Horrorosamente, la traición es algo que llega cuando menos te esperas. Y los lazos del romance que atan a todo ser humano, incluso durante la peor catástrofe pueden lograr confundirte cuando menos lo esperas. ... Recordar que esto es puramente ficción.

Genero:
Adventure/Romance
Autor/a:
Ellah
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Prólogo

Ingrid, nueve años de edad

Un vestido lila con delicados detalles de encaje cubría mi cuerpo. Margareth, una chica de servicio peinaba mi cabello en trenzas. —Se ve hermosa, señorita— Dijo y tomó mi mano invitandome a girar. Riendo lo hice. —Gracias Marguii.— Apodo con el cual la llamo desde que tengo uso de razón.— Por cierto, ¿quién vendrá?—Pregunto.—Mamá y papá siempre prefieren dejarme fuera de estos encuentros, dicen que soy muy pequeña para estar ahí.—Frunzo mi ceño. —¿Recuerda que sus padres han tenido una alianza con un imperio?—Asiento.—Hoy han recorrido el imperio y vendrán a cenar para conversar sobre eso.—Toma mi mano y me guía fuera de mi habitación.—Tienen dos niños y una niña, más o menos de su edad. Creo. —Ohhh.—Mis ojos se encuentran brillosos al pensar en tener nuevos amigos. Margareth me acompaña hasta la entrada de la sala de estar del palacio, donde se encuentran mis padres esperandome. Papá se agacha a mi altura y voy corriendo hacia él. —Te ves preciosa, cariño.—Dice para luego acariciar mi cabeza y plantar un beso en mi coronilla. —Gracias papi—Digo con una enorme sonrisa. Luego voy donde mamá y de igual forma la abrazo. —Mami, cuando grande quiero ser como tú.—Ella sonríe y acomoda un mechón rebelde detrás de mi oreja. —Ya eres como yo, linda.—Dice y besa mi cien de dulce manera.—Y recuerda que eres mucho más fuerte que yo.—susurra en mi oído. —Señor y señora Thirwall—me mira—señorita, los invitados ya se encuentran en la entrada.—Avisa nuestro mayordomo, Franco. Salimos tras él, camino al recibidor. —Espero te comportes, Ingrid, ya hemos tenido disgustos en las visitas de los de Puxirith. No quiero revivirlos con los Reforian.—Adivirtió papá.—¿Escuchaste? —Si. —Más te vale. Al llegar, papá se adelantó a saludar junto con mamá. —Es un placer tenerlos aquí.— Dicen mis padres cuando estrechan sus manos con los señores y deben inclinarse para saludar a los más jóvenes. —Ella es nuestra hija. Saluda.—Me dice mamá. —Hola, soy Ingrid.—Digo sonriendo. —Soy Richard, mi esposa es Isabelle.—Los mayores estrechan sus manos conmigo con una tierna sonrisa en cara. —Y nuestros hijos, preséntense.—La señora habla. —¡Holi! Soy Elena, ¿seamos amigas?—La chica se abalanzó a abrazarme. —Parece garrapata.—Dice el chico más alto mirándome. —¿Disculpa? Corro a la chica, llamada Elena y me paro con la espalda recta frente al tipo. —Disculpada.—Lo miro mal. —¿Cómo me llamaste? —¿Eres sorda? Te dije garrapata.—Le saqué la lengua. —Garrapata será tu abuela.—Bufé. Iba a responder algo cuando los adultos ríen. —Serán mejores amigos con el tiempo, puedo verlo.—Dice mamá. —Me disculpo de igual forma por Elliot.—Dice Isabelle avergonzada. —No te preocupes, Ingrid es igual. —Disculpa a mi hermano, es algo... Especial.—Dice una voz atrás mio. —Ya lo veo. —Soy Marcos, un gusto.—Estira su mano. —Un gusto Marcos, soy Ingrid.—Me sonríe de dulce manera y puedo jurar que me acalore, mis mejillas se sentían calientitas. Margareth entró a la sala y avisó que la cena se encontraba servida. Durante esta, los adultos hablaban sobre temas aburridos del manejo de sus pueblos y como todo cambiaría para mejor gracias a su alianza. Al terminar la comida, fuimos al jardín ya que papá y mamá nos dijeron que hablarían cosas de grandes. —¿Qué edad tienen?— Pregunto. —Yo tengo 10, Elliot y Marcos 12, Elliot es mayor por unos meses.—Responde Elena. No era la mejor en los números, pero no me daba el cálculo. —¿Cómo?... —Soy adoptado, básicamente—dice Marcos. —Oh. Perdón-—me corta. —No te preocupes. Elliot se encontraba sentado con mala cara, hasta que empezamos a jugar al atrape. Esa noche no solo se formó una alianza política para mi pueblo. También conocí a personas que me ayudarían en mi proceso y me amarian.