Capítulo 1
Todas las tardes acostumbro a mirar el atardecer desde la estancia del balcón, me gusta imaginar que entre las nubes podría haber una ciudad escondida, muy estúpida mi ocurrencia verdad?, Pues resulta que en el pequeño pueblo en donde vivo, sucede algo único en las tardes, las nubes bajan hasta tocar las montañas, a veces pareciera que bajaran solo a buscar algo o a alguien y luego suben hasta marcharse, es algo tan maravilloso que cada vez que observaba las nubes, me encontraba con la misma ocurrencia que sin darme cuenta vagaba todos los días por mi mente, y cuando más lo imaginaba, más sentido para mí tenía "Un mundo entre las nubes" es tan sencillo imaginarlo, lo difícil es tener la valentía suficiente de creer que sea real.
En el pueblo Hamterland hay maravillas en todas partes, las calles y las casas son pintorescas, que parecen sacadas de una época antigua en dónde las personas andaban en carrozas elegantes y usaban vestidos de lino fino, las personas respetuosas y amables, siempre te reciben con una sonrisa cálida en su rostro, pero una de las cosas más interesantes, son las montañas, da la impresión de un cuerpo yaciendo allí que fue olvidado miles de años atrás de alguna época ominosa. Hamterland pase a ser un pueblo pintoresco también tiene sus misterios, se decía que las nubes bajaban ciertamente a buscar algo en alguna parte escondida de aquella montaña, habiendo sabido esto, me dió gozo que mis imaginaciones pudieran ser reales y gracias a eso empezaba a imaginarlas con mayor frecuencia.
En esta tarde había pensado en ir a caminar por el pueblo, pero antes de salir, sonó la puerta "seguro debe ser un vecino" fue lo que pensé, abrí la puerta y me encontré con la señora Marcela, Es una señora muy simpática, tiene un aire de amabilidad y de comprensión, cualquiera que la mirase de lejos notaría su apariencia tan elegante y tan pintoresca, cuando las personas hablan con ella se dan cuenta de su buen gusto por la música y su amor por la repostería, a cada sitio que va siempre lleva los postres más exquisitos y su sonrisa tan sincera y amable, adoro sus postres pero sobre todo sus visitas, ella es muy risueña y siempre trae las mejores galletas que he probado en mi corta vida
—¡Hola Dina! He venido a traerte un Brownie de chocolate, te he visto en el balcón y pensé "¿Que mejor que un Brownie y un buen atardecer?" Así que vine a traerlo, espero que lo disfrutes, no te quedes mirando mucho las montañas o te harás parte de ellas— comentó con un ápice de diversión mientras me lo entregaba
—Muchas gracias señora Marcela— le dije,
y con eso se marchó.
Con el brownie en mis manos, preferí no salir y volver a mi pasatiempo favorito, tomar café y observar las montañas mientras me pierdo en los pensamientos de la vida, creo que no hay nada mejor que eso, después de todo mi rutina diaria no es tan entretenida, solo es ir a trabajar en la floristería de mis padres hasta un poco más del medio día y ayudar algunas veces a la señora Marcela, ahora que lo pienso, trabajar en la floristería es entretenido y un poco melancólico por todas las parejas que van, pero también da felicidad el saber que se está ayudando a personas a enamorar al amor de su vida o eso es lo que quiero pensar. Mis padres abrieron la floristería con el fin de ayudar a otros a hacer felices a su pareja, después de todo mi padre conquistó a mi madre regalándole una flor de tulipán todos los días hasta que se hicieron pareja, esa historia siempre me hace feliz
Habiéndome terminado el mouse, me vestí para ir a la panadería del pueblo, había escuchado que horneaban un muy buen pan, así que fui a comprar para la cena
—buenas tardes, quiero comprar dos panes y 500 gramos de queso por favor— dije.
Un trabajador se volteó, se veía un poco mayor que los demás trabajadores
—Por supuesto señorita, ya se lo traigo —dijo.
Me quedé viendo el local, era un poco pequeño pero muy acogedor, combinaba muy bien con el lugar
—Aqui tiene— dijo.
Me extendió las bolsas "Gracias" dije y me fui, mi casa queda colina arriba así que mientras se subía se podía apreciar el paisaje del lugar, desde arriba se puede apreciar todas las casas del lugar, camino mientras veo como el sol se esconde, ver eso se convierte en un vicio, así como sucede con el vino o el alcohol que, las personas se embriagan hasta no tener conciencia, ¿Se han preguntado la razón de eso? Sucede que, algunas personas lo hacen por despecho, otras por tristeza, otras por enojo pero, la mayoría de las veces es porque sienten culpa, en mi caso, me embriago con cada puesta de sol por cada amistad perdida y es como si los rayos del sol me hablasen y me dijesen "justo cuando crees haber perdido el atardecer más inexorable, llega uno nuevo y borra el anterior. No me olvides y guárdame en tu corazón" dudo que haya algo más inexorable que eso.
Llego a mi casa, saco las llaves y entro en la oscuridad de aquella sala tan acogedora, enciendo las luces y dejo los panes y el queso en la cocina, luego fui a tomar un baño, me relajo y vuelvo a la cocina a hacer mi cena, guardo lo que quedó de queso en la nevera y me voy hacia el balcón a leer un libro, me adentro en la historia imaginando que cada suceso pasa por el entorno de la habitación, donde se escuchan serenatas e trágicas historia romanticas, el amor no es una de mis prioridades en estos momentos, pero sería lindo imaginar tener un romance como en todos los libros que he leído, veo la hora y me levanto para irme a dormir, no sin antes lanzar una última mirada de devoción hacia el paisaje montañoso
mientras observo con la poca luz que entra de mi habitación, puedo observar una luz que se mueve entre las montañas junto con algo que lo sostiene, y va caminando hasta desaparecerse en la misma, abrí tanto los ojos como me lo permite mis párpados, he quedado atónita, me bombardean muchas amociones a la vez "Miedo, felicidad pero sobre todo confusión" cómo es posible que pueda haber algo de tal tamaño viviendo en las montañas? Esa noche terminé con muchas preguntas y dudas rondando por mi cabeza a tal punto que el sueño se me hizo algo muy lejano de conseguir, vi la hora y apenas era de madrugada, decidí levantarme con una decisión en mente que tal vez cambiaría mi vida por completo, agarre un morral y empaque todo lo necesario para el viaje, no sé cuándo volvería pero de algo estaba segura, no regresaría hasta no descubrir que era eso.