Ⅰ
-Me duele verte así, cariño...-Le dijo el mayor a su novio, mientras que el menor se ponía vendas, intentando una vez más cubrirlos golpes que había dejado su padre.
-Lo siento.-Se disculpó.
-Ey, está bien... No tienes porque disculparte.-Decía mientras se acercaba a abrazarlo por la espalda- Deberíamos irnos, por favor. Ven a vivir conmigo y con las hermanas.-Murmuró.
-No puedo, sabes... Que no podría dejarlos amor, igualmente ellos nos encontrarían.
-Y entonces? No podemos esperar más tiempo, mira como te dejó ahora... y si esa loca inventa algo más? -Ambos voltearon a verse en el espejo que tenían a delante de ellos.
-Tal vez pueda cambiar... -Gaho volteo a ver a su chico. -Por favor, dame tiempo...
Woojin suspiró, no podía negarle nada al menor.
-Está bien... solo ten cuidado, sí?-Woojin agarro la mejilla de Gaho y unió sus labios con los de su novio dándole así un pequeño beso. Al separarse el menor sonrió.
-Gracias...
Woojin sonrió.
-Bueno, ya me tengo que ir, si no quiero que las madres me descubran.-Rió.
-Claro, con cuidado.
Woojin salió por la ventana, con ayuda de un árbol que estaba cerca bajó. No sin antes sonreírle una ultima vez a su amado.
El padre de Gaho a esas horas tendría que seguir encerados en su oficina o algo similar, y su madrastra echada en el sofá, así que no tenían porqué preocuparse.
Gaho, volteo a ver a su espejo, volviendo a ver su cuerpo, lleno de moretones que no había acabado de cubrir con las vendas. Nunca le diría a su novio, pero a veces no le gustaba su cuerpo por eso.Odiaba su cuerpo.
No recordaba porqué o cuando sus mayores dejaron de amarlo, bueno, su padre. Aunque nunca lo había demostrado mucho, Gaho apreciaba el mínimo afecto que le daba. Aunque eran más los malos momentos.
La primera vez fue cuando era su padre lo empujó causando que se pegara en su cabecita con un mueble, no dejaba de llorar y eso molestó a sus padres, ganándose así unos cuantos golpes y perdiendo la cena de esa tarde.
Unas cuantas ocasiones similares después, aprendió que no debía molestar a sus papás por nada en el mundo. Creyó que todo estaría bien, pero poco a poco notaba como sus padres ya ni siquiera lo miraban, al menos que necesitaran algo, o alguien... al quien golpear. ¿Qué podía hacer un niño de nueve años en ese momento?
Solo aprendió a ocultar sus moretones para evitar que sus maestros preguntaran, a sus padres les molestaba que sospecharan lo que hacían con él.
Su vida comenzó a deteriorarse poco a poco, ya ni siquiera se sentía una persona, pero dejó a sentirse así por un chico que había conocido, era un chico alegre, amable y lindo, su nombre era Woojin. Su primer amigo y amor. Por supuesto, los abusos seguía, pero ya no se sentía mal al recordar la bella sonrisa del chico...
Los pensamientos del joven tuvieron que detenerse al escuchar como su padre lo llamaba.
-Se supone que a esta hora está ocupado.-Pensó preocupado. Y corrió a ver qué necesitaba su padre.
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Quizás sus padres era unas personas un poco crueles, sin embargo la gente de su pequeño pueblo no lo era. Esta vez, su padre lo había mandado al orfanato de las hermanas. Tenía recuerdos muy lindos de ese lugar.
-Gahooo-Corrió a abrazarlo la madre mayor al verlo entrar a su despacho.-¿Por qué siento que no te he visto en años? ¡Haz crecido tanto!-Chilló de alegría.
-Madre, también me da gusto verla-Dijo algo adolorido e incomodo por los golpes, sin embargo sonrió, no quería preocuparla...
-Te sientes bien, cariño?
Pero no funcionó.
-S-Sí, pero ayer me caí en las escaleras... -Mintió.
-Otra vez? Ten cuidado sí?
-”Claro, una vez más la escusa de las escaleras, nunca falla.“-Pensó Gaho.-Está bien.
-Qué traes en la mochila hijo? -Preguntó curiosa mientras volvía a su silla.
-Oh, es verdad. Mi padre dijo que trajera esto-Y sacó unos papeles y los dejó en el escritorio.
-Agradécele de mi parte por favor.
-Sí, claro. -Dijo para luego completar en su mente- ”Lástima que nunca me quiere cerca"
-Oh, también las hermanas hicieron unos deliciosos postres para que pases por la cocina de regreso. -Dijo antes de que Gaho se dirigiera a la puerta.
-Gracias.-Susurró mientra sonreía.
Luego salió de la habitación.
A Gaho le encantaría ver una vez más a su novio, en este momento estaría en el jardín, ayudando a las hermanas con sus plantas, o también pasar por la cocina y saludar a las mayores y tomar un postre.
Hace tanto que no visitaba ese lugar, pero no podía. Su padre solo lo dejó salir poco tiempo, apenas alcanzaría a llegar si iba corriendo, y si no llegaba, le cerrarían la puerta. Y cuando sus padres quisieran la abrirían para luego castigarlo.
Así que al salir comenzó a correr a la casa, y para su buena suerte, llegó cinco minutos antes. ”Mi padre no me dejaría afuera“, suspiró exhausto.
Estaba subiendo su porche cuando se dio cuenta de la existencia de unas bellas flores, eran azules, algo sencillas, pero sin duda bellísimas. Sonrió y entró a la casa.
Al entrar a la casa se cruzó con su madrastra.
-Gaho, por Dios, haz algo, pareciera que soy tu sirvienta.-Se acercó y tomó al menor del brazo, algo fuerte y lo arrastró hasta la sala, hecha un desastre por cierto.
-Limpia todo esto y luego prepara la cena. Tú cenarás en tu habitación, no te quiero ver. -Luego salió de ahí, quizás iría con si padre para inventar otra cosa y lo castigaran. Rogaba para que no fuera eso.
-”Me pregunto porque jamás me quiso“. -Pensó el menos antes de poner a limpiar el desastre. Y próximamente la cena.
Al terminar, fue a la oficina de su padre para decir que la cena estaba ya lista. Tocó la puerta y al entrar se encontró a la mujer casi desnuda encima de su padre.
-Y-Yo lo siento, la cena está lista... perdón.-Y salió corriendo de ahí.
-”Oh vamos Gaho, a este punto esto ya debería ser normal para ti, esa mujer siempre está encima de papá." -Discutía con sigo mismo mientras tomaba su cena (ya había servido la de sus mayores) y corría a su habitación.
Pero al salir de la cocina se cruzó con sus mayores. Su padre tenía la camisa desabrochada mientras que la mujer ya desnuda con una bata algo corta. Gaho solo desvió la mirada y siguió caminando.
-Ey, qué te pasa? te dije que no te quería ver mocoso.
Gaho tembló solo volteo lentamente y cuando estaba por pedir perdón sintió como aquella mujer le daba una cachetada, mientras su padre entraba a la cocina como si nada. Pero claro, como lo había olvidado? A su padre ya no le importaba.
-La próxima te irá peor, ahora vete. -Dijo fríamente, se volteó y corrió tras el señor.
Y Gaho solo siguió caminando un poco shockeado a su habitación.
Al llegar solo cerró la puerta y se tiro ahí, “¿Por qué...?”
Tiró el plato a un lado y se hizo bolita, soltando algunas lagrimas y sollozando.
“¿Por qué no me quieren?”
“¿Hice algo mal?”
“¿Por qué?”
Gaho a veces se preguntaba la razón por la cual cambió su vida, se lo preguntaba una y otra vez, aunque nunca encontraba una respuesta. Unos minutos después se levantó, comió un poco y se hecho en su cama, durmiéndose al instante, y entrando en un profundo sueño.