CAPITULO I
Pequeño e invisible es como me siento en este mundo. Y no puedo evitarlo.
Elevo mi cabeza buscando en las estrellas recuerdos felices de mi vida, y casi no encuentro; pero me quedo apreciando su resplandor.
¿Qué puedo esperar de la vida cuando todo parece estar en mi contra?
Mi padre nos abandonó cuando era pequeño y mi madre se volvió a casar. Me alegré por ella, pero me sentí abandonado. Así que solo tomé mi maleta y salí de la casa que me vio crecer para vivir por mi cuenta.
No tengo amigos; odié la hipocresía que descubrí en la mayoría. Y ni hablemos de amor: en la última relación que tuve, descubrí a mi novio y a mi mejor amigo entrar a un hotel tomados de la mano. Ese día, que no llegó a dormir, me embriagué y lloré con el corazón roto. A la mañana siguiente limpié mis lágrimas, bloqueé sus números en el celular y salí del departamento con todas mis cosas, sin siquiera dejar una nota.
Hoy vivo en un complejo de departamentos a cinco cuadras del mar, así que este lugar se ha vuelto mi favorito.
El horizonte es hermoso al anochecer; soy mi única compañía. Abrazo mis piernas y continúo disfrutando la vista.
En esta época del año el mar es abandonado por la gente que solo busca su calidez; yo soy todo lo contrario.
Ahora disfruto estar solo, pero desearía tener a alguien que compartiera estos momentos apartados del mundo tanto como yo.
Suspiro viendo una vez más el horizonte mientras siento la brisa del mar envolver mi rostro. Pienso en cómo será mi vida dentro de unos años; desearía tener una bola mágica para saber si en algún momento seré feliz. Varias lágrimas ruedan: odio ser tan sensible y llorón.
—¿Sabías que los colores que percibimos tienen que ver con la longitud de la onda de la luz que emite el sol? El tamaño de esa onda varía según la distancia de la Tierra con respecto al sol. Eso explica que el horizonte cambie de tonos a lo largo del día.
Una hermosa voz me saca del trance. Sorprendido, volteo y me doy cuenta de que a mi lado está un chico alto, vestido todo de negro, con un sombrero de pescador y la mirada clavada en el atardecer.
—No lo sabía, pero hacen magia todas esas ondas de luz —respondo con la voz quebrada, regresando a ver la postal.
Él se agacha, recargándose en sus piernas. Volteo y me limpia las lágrimas con una sonrisa que apenas logro ver. Sus manos me causan una inexplicable paz.
—¿Te gustaría tomar algo caliente? Hace mucho frío. Vivo ahí —apunta una cabaña a la orilla del mar, con humo saliendo de su chimenea.
—Pero no lo conozco.
—Me llamo Jungkook, ¿y tú?
—Jimin.
—Mucho gusto, Jimin. Ahora que nos conocemos, ¿te gustaría tomar algo caliente en mi cabaña?
Es raro que un extraño te quiera llevar a su casa. ¿Y si es un psicópata? Varios escenarios llegan a mi mente. Va, qué más da, igual nadie extrañaría mi ausencia. Además, hay algo en él que me inspira confianza y, por otro lado, muero de frío.
—Vamos —le sonrío.
Extiende su mano para levantarme. La tomo y me estremezco al darme cuenta de lo grande que es en comparación con la mía.
Caminamos rumbo a su cabaña mientras nuestros pies se hunden en la arena conforme avanzamos. El sol se ha ido y la noche ya nos cubre con su hermoso manto.
—Adelante —abre la puerta y me cede el paso.
El lugar es hermoso, sencillo y muy cálido. La chimenea arde con leña al rojo vivo; me acerco y caliento mis manos por varios segundos. Recorro el lugar con la mirada y descubro un gran ventanal frente al mar. Está lleno de cojines y cobijas: parece que pasa mucho tiempo en ese espacio.
—Es una pena que ya esté oscuro, seguro el mar se ve hermoso desde aquí —exclamo desde el ventanal.
Volteo a ver al chico, que se ha quitado la chamarra y el sombrero. No debería, pero me doy cuenta de que tiene buen cuerpo y, aunado a su cabello largo, lo hace verse muy sexy.
Me quito el abrigo y el gorro de mi cabeza, dejando mi cabello rubio un poco alborotado.
—Sí, es hermoso lo que veo desde aquí —no deja de mirarme.
Me sonrojo y sonrío. ¡Me está coqueteando! Muero de emoción.
—Toma asiento.
—Sí, gracias.
—¿Chocolate, café o té?
—Amo el chocolate.
—Entonces será chocolate —avanza a la cocina mientras me siento en el piso cerca del gran ventanal.
—¿Por qué vienes solo todos los días, Jimin?
—¿Cómo lo sabes?
—Porque aquí vivo y cada vez que veía ocultarse el sol, ahí estabas tú.
Rayos, empezamos fuerte, aunque dudo en contestar la verdadera razón.
—Amo ver el atardecer. Si por mí fuera, viviría a la orilla del mar para ver también el amanecer.
Escucho una risa y me volteo a verlo.
—¡Vaya! Y pensar que me decían loco cuando le dije a mi familia que me vendría a vivir al mar para disfrutar de esas postales.
—Debe ser padrísimo vivir aquí.
—Sí, es mi lugar favorito en el mundo.
—Cambiando de tema, ¿a qué te dedicas, Jungkook? Si se puede saber —sigo la plática curioso, sin formalidades.
—Soy escritor.
—Qué bien, pues estar apartado del mundo te debe ayudar mucho con eso de la inspiración.
—Sí ayuda, pero… ¿cómo te explico? Hago libros un tanto especiales.
Me quedo pensando en qué tipo de cosas escribe, mientras se acerca dándome la taza humeante. Veo uno de sus brazos tatuado hasta la mano y me derrito al instante. Se le ven tan sexys que tomo la taza con ambas manos para rozar con una la tinta en su piel. Sonríe y se sienta a mi lado con su café.
—Cuéntame de ti, Jimin. ¿Qué te gusta hacer, estudias o trabajas?
—Bueno, me encanta el dibujo y me dedico a realizar ilustraciones para una editorial.
Doy un sorbo al chocolate, cerrando los ojos por el placer que me provoca su sabor. Reacciono ante mi acción y los abro rápido, dándome cuenta de cómo Jungkook se muerde el labio inferior. Por unos segundos me pierdo en sus hermosos ojos. Nunca había conocido a un chico que me robara el aliento en tan poco tiempo.
—¿En serio?
—Sí, amo ese trabajo.
—¿Y qué tipo de ilustraciones has realizado?
—De todo tipo: cuentos, novelas, historietas o hasta publicidad que necesita la editorial.
—Vaya, quién diría que un chico como tú disfrutara eso.
—¿Como yo?
—Sí, eres un chico muy bello, y saber que te dedicas al dibujo es algo lindo.
Me sonrojo por completo. ¿Es una declaración? Na, imposible.
—¿Qué edad tienes, Jimin?
—Voy a cumplir 28.
—¡Guau! Te ves mucho más joven.
—Eso dicen. ¿Y cuál es tu edad, Jungkook?
—Cumpliré 26.
¡Ja!, está chiquito, pienso.
—Aparentas más años.
—¿Me veo viejo? —hace un hermoso puchero.
—No viejo, pero sí unos años mayor que yo.
—Menos mal, ya me habías asustado.
—Y dime, Jimin, ¿por qué llorabas cuando te hablé? ¿Alguien te hizo daño? Perdona mi atrevimiento, pero me gustaría ayudarte si tienes algún problema.
Es difícil hablar con alguien que apenas conoces de lo solo que te sientes, pero su carita curiosa me inspira a contarle más sobre mí.
—La verdad me sentía solo, ya sabes, uno de esos días malos que a veces se tienen.
—Es normal sentirse así de vez en cuando, pero yo te veo sollozar casi todos los días y me preocupaba ver esa linda carita triste.
¿Todos los días? ¿O sea que me estaba espiando? Elimino ese pensamiento.
—Bueno, vivo solo desde que mi madre se casó. No tengo amigos ni pareja, así que he estado algo deprimido por mucho tiempo —bajo la mirada. Al fin saqué mi pesar.
—¿Hace mucho dejaste de tener novia?
—Mmm, varios meses, pero era novio.
—¿Puedo preguntar por qué se separaron?
—El idiota me engañó con mi mejor amigo.
—¡Caray! No puedo imaginar lo difícil que fue para ti.
—Horrible, pero eso ya lo he dejado en el pasado.
—Me alegra saberlo.
—¿Y qué hay de tu padre?
—Nos abandonó cuando yo era pequeño.
—¡Oh!, lo lamento.
Toma un mechón de mi cabello y lo acomoda tras mi oreja.
—Pues desde ahora puedes contar conmigo.
Le regalo una sonrisa en agradecimiento y cambio de tema.
—¿Qué hay de ti, Jungkook? Cuéntame.
—Yo también estoy solo, así lo decidí. Odio a la gente doble cara, por eso me alejé del mundo. Necesitaba disfrutar de mi soledad y hacer lo que más me gusta: escribir y ver el mar en todas las estaciones del año.
—¿Y tienes novia?
—No. Hace más de un año anduve con un chico que resultó ser heterosexual y me dejó por una chica.
—¡Oh!, debió ser duro.
—No tanto. Yo ya sospechaba algo y cuando me dijo sobre sus sentimientos hacia esa chica, simplemente lo dejé ir.
—Qué maduro de tu parte.
—No te creas, a mi edad aún hago berrinches cuando un diálogo no encaja bien en un capítulo.
—Jaja, no te imagino haciendo corajes.
—Ni querrás verme, porque luzco adorable cuando lo hago.
—Sí, seguro.
Hace un berrinche y un puchero. Confirmo: se ve adorable.
—¿Ves? ¿A poco no me veo lindo?
Sonrío y muevo mi cabeza afirmándolo.
—Quiero hacerte una propuesta, Jimin.
Abro los ojos un poco sorprendido.
—Dime.
—¿Te gustaría pasar la noche aquí? Así podrías ver el amanecer —da un trago a su café.
Toso al sentir el chocolate atorado en mi garganta. Él voltea preocupado y golpea suave mi espalda.
—Fui muy atrevido, lo siento. Es solo que me gustaría que disfrutaras de la vista por la mañana.
—¿Cómo crees? ¿Y si soy un loco que tal vez termine asesinándote?
—¡Jajaja! Claro que no, alguien tan lindo no me lastimaría. ¿O desconfías de mí?
Dudo en responder.
—Es que es tan sorpresivo esto, que no sé qué decir.
—La vida solo la vivimos una vez y siempre debemos tener el valor de intentar cosas nuevas. Tal vez eso falte en tu vida para empezar a ser feliz, Jiminshi.
¿Cómo podré ponerme de pie después de escuchar ese apodo que me ha derretido por completo?
—Tienes razón, necesito ser más aventurero. Bueno, me encantaría quedarme y ver el amanecer.
—No se diga más. En un momento te muestro mi recámara; desde ahí podrás ver la hermosa vista.
—Pero yo creí que desde aquí lo haría.
—En esta época, desde aquí se puede ver el anochecer, pero desde mi recámara se aprecia el amanecer.
—¡Oh!, no había pensado en eso. No quiero ser una molestia, no puedo dejar que duermas en otro lado que no sea tu cama.
—Entonces dormiremos juntos.
Abro mi boca ante sus palabras, con un visible tono rojo en mi cara.
—Tranquilo, dormiré en la sala, no te asustes
—acaricia mi mejilla, dejándome aún peor.
—Pero vas a tener frío.
—Ok, entonces me dormiré abrazado a ti.