Clanes de Sangre (GoYuu)

Sinopsis

El clan Itadori era famoso por ser los mejores recipientes para maldiciones del mundo, su nieto Yuuji necesitaba protección por ende su única opción fue casarlo con el hechicero más poderoso del mundo.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Yonkou
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

"No hay nada más corrupto que los mismos clanes de hechicería”.

Al menos eso fue lo que siempre le dijeron desde que tiene uso de razón. Satoru Gojo nació como el heredero del clan Gojo, el primero en ser alfa, en heredar la técnica de infinito y también tener los seis ojos de su clan desde hacía más de 200 años. Todo eso, junto.

Fue una celebración gigante en el mundo de la hechicería, así como una maldición para muchos, todos aquellos que se beneficiaban de las maldiciones, de lo que estas hacían a las personas inocentes en el mundo lo vieron como una amenaza y las maldiciones como su némesis. Su nacimiento marcó un antes y después en el balance de poder entre las maldiciones y hechiceros. Vivió los primeros años de su vida sabiendo la importancia de su sola existencia en ese mundo y la responsabilidad que eso conllevaba.

Nunca le temió a ello, demasiado seguro de sus propias habilidades, demasiado seguro de poder lograr proteger a aquellos que amaba si tenía qué. Lamentablemente el mismo mundo le enseño que incluso él; que tenía un poder sobrehumano a comparación de todos los que lo rodeaban, podía perder a alguien.

Lo vivió en carne propia cuando su mejor amigo y la chica con la que este se casaría; también su amiga, fueron asesinados a causa de otro clan. Mató al culpable en una pelea sumamente difícil sí, pero igualmente los perdió, la sangre resbalo desde su mentón hasta el suelo, el dolor quemó su garganta y su pecho.

El odio hacía esos bastardos que manipulaban el mundo de la hechicería solo creció más, con cada pequeña cosa de la que se daba cuenta debido a su posición. Con cada muerte de personas debido a la avaricia de poder de algunos.

Sí, Saroru Gojo nunca tuvo muchas ganas de ser la salvación de los humanos pero desde el momento en donde perdió a aquellos que quería, realmente cayó mucho más a profundo en el poder que tenía en sus manos para cambiar ese mundo de una manera positiva.

Algo loco, pero bueno, nunca le interesó tener un pensamiento limitante.

—Gojo-sama, estamos listos para irnos —le dijo el chófer del carruaje que los llevaría al territorio del clan Itadori.

Asintió, con una pequeña sonrisa, estirándose un poco antes de ponerse de pie, a sus 25 años ya era el líder de su clan con demasiados pocos parientes aún vivos y todos odiándolo por no llevar una manera de gobierno más “tradicional”.

Así que se podría decir que Satoru estaba solo y estaba bien con ello. Sus alumnos usualmente le daban la compañía necesaria. No quería tener parásitos pegados a él.

—Yuuta-kun, mira que apuesto te ves —dijo, llevando las dos manos juntas con una alegre sonrisa en su rostro.

El susodicho evadió la mirada con vergüenza, esa yukata azul envolviendo su cuerpo y sus feromonas nerviosas a su alrededor. Satoru no tenía pareja y no pensaba en tener una, estaba totalmente feliz teniendo encuentros de vez en cuando plenamente físicos, pero hasta ahí.

¿Una pareja que sería perseguida para ser asesinada al igual que él solo por estar a su lado? No, gracias. Por ende; Yuuta, un alfa que había llegado a las puertas de su clan casi muerto, poseído por una maldición terriblemente poderosa y que él había casi criado como un hijo, era su heredero.

Yuuta era poderoso, algún día podría llegar a ser tan poderoso como él y Satoru se enorgullecía de ello. En él también estaba el futuro de la hechicería y su cambio.

—Espero que el líder Itadori no sea como dicen los rumores —susurró Yuuta, subiendo al carruaje con pereza.

Satoru sonrió de lado antes de subir también, dejando unas cuantas ordenes en su ausencia para el clan.

—¿Qué dicen del viejo?

—Dicen que es sumamente sobreprotector de su nieto y que ha rechazado a todos sus pretendientes. —Yuuta suspiró ya cansado antes de si quiera llegar a su destino—. No quiero hacer un viaje en vano.

—Ah, pero está vez aceptará —respondió Satoru, totalmente seguro.

Yuuta alzó una ceja confuso—. ¿Por qué?

—Porque está vez son los tres grandes clanes los que quieren desposar a su nieto. No dirá que no a eso si es inteligente y, por lo que veo, lo es. —Satoru sonrió, los ojos celestes vendados siguiendo la expresión de entendimiento de su alumno.

—Entiendo... —Yuuta perdió la mirada en la ventana y él, ante todo, se sintió mal.

Una fea disconformidad se posó sobre su estomago, haciéndolo hacer una mueca que pasó desapercibida por Yuuta. Sabía que el alfa no quería casarse o tener hijos, al menos no con un total extraño.

Satoru no estaría tan interesado en el omega de los Itadori si no fuese porque era el recipiente de Sukuna. Itadori Yuuji, famoso recipiente del más famoso bastardo de la historia.

Los ancianos estaban locos tratando de matar al pobre chico, su abuelo era poderoso, pero Gojo entendía lo que quería. El viejo no iba a vivir para siempre y aunque el chico fuese fuerte, que no lo dudaba, el dejarlo solo y desamparado siendo un omega en un mundo con reglas tan estúpidas, aún más siendo el recipiente de Sukuna, sería condenarlo a la muerte.

Tenía que quedarse bajó la protección de algún clan si quería vivir aunque sea a los 30 años.

Itadori Yuuji era valioso, sí. Quería tener a Sukuna de su lado para ganarle la jugada a los ancianos, pero también quería ayudar al chico, si se iba con el clan Zenin sería tratado como esposo tradicional que solo esta ahí para servir a su alfa y si se casaba con el clan Kamo sería aún peor.

Noritoshi Kamo era un bastardo que hacía experimentos para crear bebés mitad humano y mitad maldición. Si ese pobre chico caía en sus manos sería igual que dejarlo desprotegido de por vida.

Solo de pensarlo hacía que las uñas rasgaran las palmas de su mano.

—Si esto no fuese tan importante te permitiría casarte con Inumaki-kun.

Su heredero se tensó, bajando la mirada para asentir antes de verlo a los ojos con aquella azules estristecidos, pero firmes. Satoru sabía que Yuuta jamás le llevaría la contraria.

—Lo sé Gojo-san. No se preocupe, por favor. Es un honor para mí servirle a la persona que me salvó la vida.

Satoru negó y acarició los cabellos oscuros mientras reía—. No lo hice por eso, mocoso. Ah, ¡Mira, ya llegamos! ¡Los árboles de cerezo son tan lindos!

Era cierto, en el camino se vieron los hermosos árboles de cerezo que bañaban todo el camino de entrada del clan Itadori. El viento haciendo volar a cada uno y dejando el aire oliendo dulce.

Satoru parecía niño con juguete nuevo y fue Yuuta el que tuvo que tomarlo del hombro para que bajara del carruaje.

—Sensei, ya llegamos... —Podía escuchar las voces de los demás líderes y herederos desde el carruaje.

Satoru asintió al fin dejando de ver por la ventana y su expresión cambió a esa que siempre tenía cuando quería humillar a alguien peleando. Yuuta suspiró.

—¿Tu eres el que se casara con el chico? Dale un respiro, apenas y se te levanta.

Molestar a Kamo era algo que le daba un placer enorme, ser el alfa más poderoso ahí también le dio orgullo y no tardó en presentarse como el líder del clan más poderoso.

Las verdades hay que decirlas, pensó, sonriendo mediante las feromonas de los otros se volvían más violentas. El sabio y líder Itadori Wasuke, un hombre de avanzada edad, cabello canoso y en ese momento expresión divertida tomó su mano con fuerza agradeciendo su llegada ahí.

El terreno del clan era mucho más hermoso fuera del carruaje, el viento fresco, la vegetación que rodeaba el lugar, los mismos árboles de cerezo que también estaban fuera estaban adentro dejando caer pétalo por pétalo en el arenoso suelo.

Era pacifico y hermoso. Tanto como la voz que se escuchó disculpándose y el muchacho que llegó frente a ellos después de eso.

Satoru se tensó por varios segundos, un fuerte olor a melocotón y cerezo inundó sus fosas nasales y unos hermosos ojos miel bajo cabellos tan rosados como los cerezos, lo miraron. Le tomó más tiempo del que le gustaría admitir reconocerlo como Yuuji. Itadori Yuuji, ese chico brillando en amabilidad con una gran sonrisa en su rostro. Ese era el recipiente de Sukuna Ryomen.

Fue un golpe en el estómago. Reconocer que quería a ese omega, que quería hacerlo su pareja solo con segundos de conocerlo, lo hizo sentirse como un pervertido. Luego entendió que el chico y él eran compatibles en olor, probablemente él oliese tan bien para el chico como viceversa. Eso no ayudaba.

Con cada pequeña acción de Yuuji, sus ganas de conocerlo más, de entenderlo más y de pasar más tiempo con el crecían casi ahogándolo. Un sentimiento fuerte que lo hizo prestar atención a cualquier molestia que el muchacho pudiese tener, haciéndolo reír y hablar sobre Sukuna.

—Es un poco molesto a veces.

¿Molesto? El chico le estaba diciendo que la maldición más poderosa del mundo simplemente era... ¿molesto? Rio, no pudiendo evitar halagar a Yuuji justamente, no esperó que él se sonrojara así y su olor se volviese más dulce en felicidad logrando que sus feromonas respondieran.

Demonios, ¿Qué estaba haciendo?

—El proceso de selección para escoger quien se casará con mí nieto será una batalla.

Al instante la mayoría de alfas frente a él sonrieron, el viejo Zenin diciendo que todo se podía arreglar con una pelea y Toji diciéndole que le patearía el trasero. Una inmensa posesividad llegó a él cuando los ojos avellana de Yuuji bailaron nerviosos sobre todos los invitados.

No quería que el muchacho se casara con nadie más.

—¿Usted peleara Gojo-san? Tengo entendido que es su heredero el que pelearía.

Y era así, nunca en la vida imaginó verse en la situación de querer tener una pelea por el derecho de casarse con alguien, pero la vida era rara y siempre lograba sorprenderlo de millones de maneras.

Sonrió grande antes de hablar—. Esa era la idea, pero... —sus ojos se encontraron con los felices de Yuuji que al parecer sentía lo mismo que él—, creo que cambié de opinión.

—Yuuta-kun ¿Te molesta? —Él negó con alivio, Satoru no se sorprendió. Al menos el chico podría casarse con quien realmente quería.

—Y usted, ¿Itadori-san?

El anciano solo negó, pudo notar que estaba más qué feliz con cómo las cosas habían terminado y sonrió. El anciano, sin duda, era inteligente. Quería al chamán más fuerte protegiendo a su nieto.

Y el chamán más fuerte sin duda quería a su nieto.

La primera pelea fue penosamente fácil, el pobre chico no tenía ninguna oportunidad con él y él simplemente se sentía cada vez más impaciente por ganar la mano del hermoso omega que lo veía al lado de su abuelo.

—El siguiente combate será el clan Zenin vs el clan Gojo.

Toji llegó a él y supo que sería diferente al chico del clan Kamo, no tenía nada de energía maldita lo cual le dificultó mucho el encontrar su presencia tan acostumbrado a que sus ojos siguieran la energía. Fue una batalla feroz en donde tuvieron que pelear fuera de la casa del anciano Itadori.

Toji Fushiguro se movía con rapidez, esquivaba y devolvía cada golpe que él le daba de una manera salvaje que no había visto desde hacía mucho. Lo hizo sonreír grande con la sangre saliendo de su boca, tenía mucho de no sentir esa adrenalina en su cuerpo.

Yuuta era fuerte, pero probablemente hubiese perdido si peleaba contra Toji. Fue hasta que ambos quedaron frente a frente, con las respiraciones aceleradas, que escuchó ese preocupado “Gojo-san” de parte de Yuuji, respiró hondo, totalmente seguro de lo que haría.

—No puedo perder, Toji.

—¿Qué mierda?

—Rotación Imaginaria: Púrpura.

Su ataque más poderoso salió de sus dedos en un chasquido, de una manera que hizo temblar todo el lugar e incluso la lluvia detenerse por un momento, debido al cambió en la presión del aire que el ataque provocó. Cuando el humo se fue, encontró lo que esperaba, un Toji sangriento apenas de pie con la espada que muy pronto cayó al piso.

No lo mató, pero sin duda perdería alguna extremidad. Llevó la mano a su costado curando una de las heridas que el pelinegro había dejado.

—¡Clan Gojo gana!

Valió la pena, pensó. El anciano Itadori dándole la mano de su nieto era una de las pocas cosas en su vida de las que no dudó.

Pasó esa misma noche en el terreno del clan Itadori junto a los Zenin, Naobito Zenin esperando a que Toji se recuperará de las heridas. El clan Kamo se fue apenas la selección terminó, maldiciendo tanto a Satoru como a Yuuji de una manera que no le sorprendió viniendo de un bastardo como Noritoshi.

Yuuta estaba profundamente dormido en el futón, así que se permitió salir de la habitación, sus pies desnudos sobre la fría madera del piso y el viento relajando su cuerpo. Se iba a casar. Shoko se iría para atrás, probablemente exigiendo que le dijese dónde estaba el verdadero Satoru Gojo.

Rio antes de que ese dulce olor llegará de nuevo a su nariz.

—Yuuji-kun, buenas noches —susurró, él bajó su mirada dando unos cuantos pasos hacía Satoru con un kimono blanco de dormir adornando su esbelto cuerpo.

Satoru tuvo que evadir la mirada del desnudo hombro del chico y de la manera en que la fina tela dejaba poco a la imaginación.

—Gojou-san... disculpe el molestarlo, solo... —dudó en seguir—, estaba caminando porque no puedo dormir.

Satoru llevó su mirar al cielo estrellado.

—Estás nervioso, ¿Es por mí?

Yuuji negó con rapidez, pero podía notar que así era en el temblar del cuerpo delicado.

—Mañana te irás a un clan desconocido, a casarte con un tipo que parece misterioso y es el alfa al que le tendrás que dar herederos, olvidando toda la vida tranquila que has tenido aquí. — Yuuji lo vio sorprendido, Satoru solo sonrió—. Es normal estar nervioso, Yuuji-kun.

—No quiero que se sienta ofendido... usted... me gusta. —Eso le provocó una reacción que no esperó, su corazón latiendo rápido, Yuuji estaba más rojo que un tómate—. Me gusta mucho... es solo que...

—Sigo siendo un desconocido —terminó por él y Yuuji asintió.

Tal vez las cosas no iban a ser tan cuento de hadas como pensó por un momento, estiró el brazo para acercarse a Yuuji y tomarlo de la cintura, acercó su cuerpo a él con delicadeza. El aroma natural de Yuuji lo hizo morder su labio para no enterrar su boca en el cuello que olía como al cielo, Yuuji solo lo tomó de los hombros viéndolo nervioso, pero igual de afectado. Los ojos ámbar nublados y las mejillas rosadas.

—No pensé que encontraría al omega para mí cuando vine aquí —susurró, Yuuji veía cada expresión de su rostro con total concentración—. Yuuji-kun, tu también me gustas. Mucho.

Él solo se sonrojo más y Satoru tuvo que detenerse de besarlo.

—Prometo no obligarte a hacer nada que no quieras —dijo firme al final, por fin alejándose con una gran dificultad que tuvo a su alfa gruñendo, quejándose de alejarse del chico. Más la sonrisa agradecida de Yuuji lo detuvo y lo dejó mudo.

—Muchas gracias... Gojo-san.

Sí, la vida tenía maneras raras de sorprenderte