Capítulo 1
La noche era oscura y silenciosa en aquel callejón solitario. Un gato negro paseaba despreocupadamente, saltando sobre cajas de cartón y revolviendo bolsas de basura en busca de algún alimento. De repente, al pasar frente a un espejo abandonado, el gato detuvo su marcha y retrocedió asustado al notar algo extraño en la pisada que había dejado en la polvorienta superficie. Y así comenzaba a hacerse evidente la verdad que se ocultaba detrás de las apariencias, la verdad de que este mundo tenía algo más allá de lo que el simple humano podía ver.
Sin darle tiempo a escapar, la creatura de aspecto neblinoso, agarró al animal del cuello, apretándolo tan fuerte que el quejido del animal se ahogo al instante.
—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? —dijo paseando su mirada en el gato, acariciando con su nebuloso dedo el pecho blanquecino del mismo—. Un famoso Cait Sidhe —la mirada aterrada del animal no se apartaba de los dos orbes amarillos que flotaban en la oscuridad, el fantasmagórico ser soltó una carcajada lunática—, no sabes cuánto me excita el miedo —aflojó un poco su agarre mientras una nariz parecía formarse para después olerlo con obsesión—. ¿Algo que quieras decir antes de tu muerte?
—¿Por... qué? —muy a duras penas pudo decirlo; al ser sostenido prácticamente por una nube, el pobre gato ni siquiera podía clavar sus garras en algo, por lo que simplemente era ahorcado en el aire.
Se escuchó un leve quejido de ira, la nube volvió a apretar su agarre, esta vez sin contenerse, el gato intento aferrar sus garras a lo que sería un brazo, intentando soltarse del agarre, siendo en vano.
—¡No debe de haber un porque... —su agarre se apretaba cada segundo, hasta que el tronar de la garganta felina lo trajo de vuelta—. Bien, otro cuerpo inútil.
De entre las nubes un rostro humanoide emergió, con los ojos amarillentos y la boca abierta de par en par, revelando un vacío sin fin que parecía succionar todo lo que había a su alrededor.
El cuerpo del gato empezó a encogerse y el brillo blanquecino de su alma comenzó a salir de su boca y a ser absorbido por el ente. Una vez absorbida el alma del gato hada, el ente se introdujo por los orificios faciales del animal, causando que su cuerpo volviera a la normalidad, pero con una apariencia más oscura y siniestra.
Con un último movimiento, el ente se arrancó los ojos del animal y los sustituyó por unos orbes amarillentos, que parecían brillar con una malvada intención. Sin perder más tiempo fue a buscar su próxima víctima.
Deambulando por la ciudad, el gato se detiene al escuchar a un ebrio maldecir y pelearse con el aire mientras caminaba, su sonrisa felina llegó al límite y se acercó al pobre hombre.
El borracho se detuvo frente al gato y lo vio por unos segundos, el alcohol inhibió su sentido común por lo que se agachó a la altura del gato, poniéndose de cuclillas.
—Y a ti, ¿qué te tiene tan sonriente?
—El haber encontrado un cuerpo perfecto, eso es lo que me tiene tan sonriente.
De un salto cayó sobre su trasero, alejándose lo más posible del minino que le acababa de hablar; se chocó contra un poste; el miedo se apoderó de su cuerpo, cortándole de golpe la ebriedad.
—¡¿Qué carajos eres?! —fue entonces cuando se percató de que los ojos del animal eran simplemente unos orbes amarillos flotantes—. ¡Aléjate!
—¿O qué? —preguntó divertido, acercándose con pasó tranquilo—. No puedes matar algo que ya está muerto.
El borracho se desmayó del horror, justo antes de que Malphas brincara sobre su presa, una patada lo sacó volando. Al reincorporarse se encontró con un ángel, Malphas se extrañó al ver las alas del ser divino, ya que sabía que ellos no debían de mostrarlas.
El gato saltó ágilmente hacia el ángel, tratando de rasgar sus alas con sus garras. El ángel esquivó hábilmente los ataques del felino y contrarrestó con puñetazos y patadas precisos, pero el gato poseído no se rindió. Con un rápido movimiento, se abalanzó sobre el ángel, tirándolo al suelo y sujetándolo por el cuello con sus afiladas garras.
El ángel trató de liberarse, pero la fuerza del gato era impresionante. En ese momento, el gato notó algo en el cuello del ángel, un collar con un dije, en forma de gota, de cristal con un símbolo sagrado. La presencia del objeto hizo que el ente que lo poseía saliera del cuerpo del gato de manera violenta, y en un abrir y cerrar de ojos, arrebató el collar del ángel.
El ángel, sin su collar, comenzó a desvanecerse en el aire mientras su alma escapaba hacia el cielo rápidamente. El cuerpo sin vida del gato finalmente se hizo cenizas y el ente por fin tuvo una forma humana. Admiró su cuerpo, creado por el collar, y volteo su vista al borracho aún desmayado. Sin pensarlo mucho, se llevó el cuerpo del hombre y simplemente desapareció del lugar.