Yuta

Sinopsis

Dongyoung ha crecido en la pobreza más absoluta y siempre ha deseado una vida mejor. Nunca había imaginado que un día sería condenado a la pena capital, ni que un vampiro inmortal lo rescataría para conducirlo más tarde hacia la muerte. Dongyoung le entrega su cuerpo, pero se jura que jamás le dará su corazón. Vampiros/Adap.

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
Xuxi 🍜
Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Castillo

Helvita, fortaleza de los

Vampiros

de la Horda.

Invierno ruso en épocas pasadas.



—¿Qué nueva humillación nos traerá el día de hoy?—Sana pregunto a su hijo, Yuta, cuando los guardias los escoltaban ante el vampiro conocido como Yixing— el rey de los Vampiros de la Horda. Y el padre de Yuta. Aunque sólo tenía nueve, Yuta se dio cuenta que el tono de su madre sostenía un rasgo de imprudencia. —¿Y por qué estas despierto?,—exigió, como si él pudiera explicar las maneras abruptas de su padre.


La convocatoria había llegado al mediodía, mucho más allá de su hora de acostarse.


—No sé, Madre, —murmuró mientras se ajusta la ropa. Había tenido sólo unos segundos para vestirse.


—Estoy cansada de este trato. Un día él me empuja demasiado lejos, y lo lamentara.


Yuta la había oído por casualidad quejarse con su tío Kun sobre las diatribas y coqueteos del rey, de su conducta cada vez más extrañable en voz baja le había confesado.


Kun mi amor sobre tu hermano, no soy nada en este reino, excepto una amante maltratada, aunque yo era la heredera del trono de Dacia.

—Kun había tratado de consolarla, pero ella dijo: —

sabía que sólo estaría con él hasta que su corazón dejará de latir. Ahora me pregunto si él tiene un corazón en absoluto. Hoy sus ojos verdes claro estaban en llamas con una luz peligrosa

.

Estaba destinada a ser mejor que esto.

—Con cada uno de sus pasos, las pieles se extendían sobre sus hombros balanceándose hacia delante y hacia atrás. Los faldones de su vestido escarlata crujieron, un sonido agradable que siempre asociaba con ella. —

Y tú, también mi príncipe.


Ella lo llamó "

príncipe

" pero Yuta no lo era. Al menos, no en este reino. No era más que el bastardo de Yixing, uno en una larga lista de ellos.


Siguieron a los dos guardias por las escaleras tortuosas a las habitaciones privadas del rey. Las paredes estaban cubiertas con oro y húmedas, por el frío. Afuera una tormenta de nieve golpeaba el castillo.


Candelabros en la pared alumbraban el camino, reflejando llamas vacilantes sobre el metal, pero nada podría aliviar la penumbra haciéndose eco en estos corredores.


Yuta tembló, deseando estar de vuelta en su cama caliente con su nuevo cachorro dormitando sobre sus piernas.


Una vez que llegaron al vestíbulo, afuera de los aposentos de Yixing y los guardias empezaron a abrir las crujientes puertas de oro, Sana paso sus manos alisando sus elaboradas trenzas y alzó la barbilla.


No era la primera vez, que Yuta pensabaque parecía un ángel de antaño.


En el interior, revistiendo la pared del fondo, se alzaba una ventana altísima de cristal embutida con incrustaciones de símbolos de las artes oscuras. Los vitrales mantenían afuera la luz del sol débilmente visible a través de la tormenta y hacia un temible telón de fondo para la silla del rey.


No es que el imponente vampiro necesitara algo para parecer más temible. Su construcción era más como la de un demonio, sus hombros eran más amplios que una tabla, sus puños eran como yunques.


—Ah, Sana Daciano se digna a obedecer una citación, —Yixing dijo desde la cabeza de la larga mesa del comedor. Cada noche, sus ojos parecían crecer más rojos, su brillo carmesí se destacaba contra su cabello de color negro que caía sobre su frente.


La docena de cortesanos sentados con él se quedaron viendo a Sana con disimulada malicia. Por su parte, ella retrocedió los labios hacia atrás para darles un destello de sus colmillos. Encontraba a estos cortesanos debajo de ella y no hacia ningún secreto de ello. Sentado a la izquierda del rey estaba el tío Kun de Yuta, que parecía avergonzado.


Yuta siguió la mirada de Sana al asiento a la derecha de Yixing el lugar depezar a honor reservado para ella. En el comedor los platos cubiertos con restos de comida estaban extendidos ante ella.


Ocasionalmente, los vampiros jóvenes se alimentaban de lo de la tierra, consumiéndolo, además de sangre. ¿Tal vez otro de los bastardos de Yixing llego a Helvita a vivir entre ellos?


El corazón de Yuta saltó. Podría establar amistad con él, podría tener un compañero Como hijo bastardo del rey, no tenia ninguno; su madre lo era todo para él.


—¡Es tarde!, —dijo Sana. —Todos deberían estar en cama a esta hora odiosa.


Yixing parecía Silenciosamente advertir a Sana, pero ella no le prestó ninguna atención, exigente dijo, —¿Qué quieres, Yixing?


Después de beber profundamente de una jarra de hidromiel mezclada con sangre, Yixing se limpió con la manga sobre sus labios.


—Ver a mi altiva Mistress1 y a su débil bastardo. —El rey contempló a Yuta. —Ven.


—No lo hagas, hijo, —Sana dijo entre dientes en Dacian.


Yuta respondió en el mismo, —Iré, quiero, ahorrártelo.—Como siempre, él haría todo lo posible para protegerla, no importando lo débil que sabía que era.


En su expresión, la ansiedad luchaba con el orgullo.


—Debería saber que Yuta Daciano nunca se agacharía detrás de los faldones de su madre, incluso ante el rostro de un tirano con los ojos rojos.


Cuando Yuta se acercó a comparecer ante el rey, Yixing sacudió la cabeza con disgusto.


—¿Todavía no puede trazarte, verdad?


El rostro de Yuta era impasible cuando respondió: —Todavía no, mi rey.—No importaba lo mucho que intentara teletransportarse, nunca

tenia éxito. Sana le había dicho que el rastreo era un talento que llegaba tarde a los Daci, ellos habían limitado esa capacidad cerrando su reino.


Ella consideraba que la incapacidad de Yuta era otra señal de que él la tomaría después como ella, no como un simple Vampiro de la Horda.


Yixing tomó el brazo delgado de Yuta, apretándolo.


—Demasiado frágil, ya veo.


Yuta estaba desesperado por crecer más, con impaciencia comía alimentos de la tierra. Él anhelaba ser tan formidable como su padre guerrero, por ninguna otra razón que la de proteger a su madre. No es que la princesa Sana necesitara de protección.


—Por todos los dioses, me avergüenzas, muchacho. Debería haberte retorcido el cuello, ejecutarte al nacer.


Yuta escuchaba estas críticase manera rutinaria, se había acostumbrado a ellas. Su madre, sin embargo, no. Con un alarido, Sana cogió rápidamente una jarra de sangre, arrojándosela a Yixing. Esta rompió un cristal negro detrás de él, desencadenando un rayo silencioso de luz. Los cortesanos sisearon, dispersándose por toda la cámara. El rayo dio a centímetros del codo inmóvil de Yixing antes de que un criado diurno se apresurara a rellenar el agujero con un paño arrugado.


—Mi hijo es perfecto. —Sana le enseñó los colmillos, sus iris verdes se volvieron negros por la emoción. —Con excepción

de que lleva tú estampa en la cara. Por suerte, heredó la mente aguda de mi linaje real. ¡Está lleno de astucia, una marca de los Daci!


Yixing también le mostró los afilados colmillos, sus ojos brillaban, incluso más rojos.


—¡Tientas a mi ira, mujer!


—Como tú tientas a la mía. —Sana nunca se echaba atrás ante él.


Siempre que Yixing golpeaba, ella le devolvió el golpe dos veces. Sana le había dicho a Yuta que los Daci eran fríamente lógicos, gobernados por la razón. Al parecer, Sana la Audaz era la excepción. Furiosa como la ventisca que rugía afuera, ella incitaba a Yixing para llamar su atención, azotándolo con su lengua espinosa cada vez que él miraba hacia la noche. Ella había admitido una vez ante Yuta que su padre soñaba con encontrar al vampiro que finalmente sería la pareja de Yixing, que haría latir su corazón por toda la eternidad. Su realeza legítima que llevaría a sus verdaderos herederos. 


Sana se alisó las trenzas, una vez más, luchando claramente con su temperamento rebelde.


—Te burlas de tu hijo a tu propio riesgo, Yixing.


—¿Hijo? Yo no lo reclamaría como tal. Este muchacho no se comparará con mi verdadero sucesor —Otro trago a su jarra. —De eso estoy seguro.


—Yo también. ¡Yuta será superior a cualquier otro hombre en todos los sentidos! ¡Es un Dacian!


Yuta vio este cambio con profunda inquietud, Recordando la advertencia que su tío kun le había dado una vez a Sana: —Incluso Yixing puede ponerse celoso de tus conocimientos y fuerza. Debes someterte antes de que su amor por ti se convierta en odio.


Yuta sabía que la advertencia de su tío se había hecho realidad. Yixing parecía cruel.


—Crees que tu especie es mucho mejor que la mía…


Una mujer ebria se tambaleaba en la sala de la cámara privada de Yixing. Una mujer mortal. La mandíbula de Yuta se aflojó, e Sana presionó el dorso de la mano sobre su boca. La mujer estaba vestida como una reina, su vestimenta era tan rica como la de la propia Sana. ¿Era ella la que había cenado a la derecha del rey?


—¿Una humana?—El shock de Sana se convirtió rápidamente en ira. —¡Te atreves a traer a uno de esos animales enfermos a mi casa! ¿Cerca de mi único descendiente?—Ella caminó hacia delante para empujar a Yuta detrás de ella. Aunque los vampiros adultos eran inmortales, Yuta seguía siendo vulnerable a las enfermedades.


—La humana es Nayeon, mi nueva Mistress.


—¡Mistress!—, Sana exclamó. —Más bien una mascota. ¡Su especie vive en casuchas de tierra, duermen entre el ganado!


Yixing saludó a la mujer, y ella con coquetería serpenteo hacia él.


—Ah, pero ella tiene un sabor a vino y miel.—Se volvió hacia su hermano. —¿Lo tiene ella, Kun?


Kun dirigió una mirada culpable a Sana. Tirando de su mascota en su regazo, Yixing se burló.


—Deberías probarla, Sana. —Él desnudó el brazo pálido de la mortal.


Los ojos de Sana se agrandaron. —¡Extraer sangre directamente de su piel! No hundiríamis colmillos en un ser humano o en cualquier otro animal. ¿Debere traerte a los cerdos para que los perfores?


Ellos apartaban la vista, mirándose los unos a los otros, sus expresiones decían algo, pero Yuta no pudo descifrar exactamente lo que decían.


Finalmente, Sana habló :—Yixing sabes que hay consecuencias, sobre todo para alguien como tu…


—Mi especie reverencia la Sed, —dijo Yixing, —veneran tomar sangre.


—Entonces, veneran la locura, porque eso es seguramente lo que seguirá.


Ignorando la advertencia de Sana, perforó la muñeca de la mujer, haciéndola gemir.


—¡Eres repugnante!—Sana bloqueado la vista de Yuta, pero él estaba fascinado por esta visión, viendo a escondidas alrededor de sus faldas. Una vez que había terminado de alimentarse, Yixing libero el brazo de la mortal, y luego la besó de lleno en plena boca, provocando un grito de indignación de Sana. —¿Qué bebas de su piel es bastante asqueroso, pero aparearse con su cuerpo? ¿No tienes vergüenza?


Él rompió el beso.


—Ninguna. —Se lamió los labios, y la mortal se rió, girando el cabello de Yixing alrededor de su dedo.


—¡Esto es despreciable. No me haré cargo, ya no!


—Y ¿qué vas a hacer al respecto?


—Dejaré este lugar salvaje para siempre, —declaró. —Ahora, mata a tu nueva mascota, o volveré a Dacia.


—Ten cuidado con los ultimátums, Sana. No te agradara el resultado. Especialmente desde que no puedes encontrar tú patria.


Sana le había explicado a Yuta por qué el reino de Dacia había permanecido en secreto durante tanto tiempo. Los misteriosos Daci viajaban en una niebla de camuflaje. Si abandonaban esa niebla, los Dacian nunca podría trazarse a casa por su cuenta, y los recuerdos de su ubicación se desvanecían.


Con la primera vista de Yixing, Sana había perdido su corazón, siguiéndolo de regreso a Helvita, dejando tras de sí su propia niebla, su familia, su futuro trono.


—La encontraré, —ella afirmó ahora. —Así me cueste la vida, entregaré a Yuta al Reino de Sangre y Niebla, una tierra donde reinan los inmortales civilizados.


—¿Civilizados?, —Yixing se rió, y los cortesanos siguieron su ejemplo. —¡Esos demonios son más brutales que yo!


—¡Macho ignorante! ¡No tienes ni idea de lo que hablas! No puede comprender nuestras formas, lo sé porque traté de enseñártelas.


—¿Enséñamelas?—Él dio un puñetazo sobre la sustanciosa mesa. —¡Tu arrogancia será tu ruina, Sana! ¡Siempre crees que eres mejor que yo!


—¡Debido a que—yo—lo—soy!


En ese momento, los cortesanos se quedaron en silencio. Con los dientes apretados, Yixing ordenó: —Retira tus palabras descuidadas, o al atardecer te lanzare a ti y a tu bastardo afuera en el frío.


Yuta tragó, pensando en el fuego en su habitación, sus rompecabezas queridos encima de su escritorio, sus juguetes esparcidos por la alfombra de piel caliente en el suelo. La vida en Helvita podría ser miserable, pero era la única vida que había conocido.


—Discúlpate, madre, —silenciosamente se lo pidió a ella. En cambio, ella enderezó los hombros.


—Elige, Yixing. La fétida humana o yo.


—Pídeme perdón y trata de hacer las paces con mi nueva Mistress.


—¿Pedir?—Sana se burló. —Nunca. ¡Soy una princesa Daci!


—¡Y yo soy el rey!


—Deja a Sana, hermano, —murmuró Kun. —Esto se pone tedioso.


—Ella tiene que aprender su lugar.


—Para Sana.


—¡Suplica el perdón de Nayeon!


Cuando la mortal le lanzo a sana una mueca victoriosa, Yuta sabía que él y su madre estaban condenados.



Un Mes Más Tarde


—Alimenta ese odio, Hijo. Que arda como una forja.


—Sí, Madre, —Yuta rallado, sus respiraciones se empañaban mientras caminaban a través de acumulaciones de nieve hasta sus rodillas.


—¡Es lo único que nos mantendrá calientes!—Los ojos de Sana brillaban con resentimiento como lo habían hecho desde que Yixing les ordenó salir de Helvita.


Esa noche, Yuta había escuchado el más ligero tropiezo en la respiración Sana, había visto un destello de sorpresa. Ella sabía que se había equivocado. Pero había sido demasiado orgullosa para remediarlo, e inclinarse ante una humana. Ni siquiera por mí.


Toda la corte se reunió en la entrada del castillo para ver a Yuta y a la arrogante Sana ser expulsados con sólo la ropa sobre sus espaldas. Para morir en el frío. Ellos habrían perecido hace mucho tiempo si Kun no hubiera deslizado las monedas a Yuta.


El cachorro de Yuta lo había seguido, con los ojos muy abiertos y tropezando con sus propias patas, presa del pánico trato de llevarlo con él. Mientras que Yuta se quedo viendo incredulidad, Yixing agarro al perro por la nuca, rompiéndole la espalda. Con el sonido de las risas de los vampiros de la corte, el rey había arrojó a la criatura muerta a los pies de Yuta.


Sólo una de nuestras mascotas muere, este día.


Los ojos de Yuta se habían anegado, pero Sana le siseó: —

Nada de lágrimas

,

Yuta

!

Utiliza tu odio en contra de él. ¡Nunca olvides la traición de esta noche!


Para Yixing, ella gritó: —

Te darás cuenta cuando sea demasiado tarde

...


Ahora ella ausente murmuró, —En el momento en que lleguemos a Dacia, tendré tu alma tan amarga como el frío que trata de matarnos.


—¿Cuánto tiempo más nos llevara?—Tenía los pies entumecidos, el vientre vacío.


—No sé. Sólo puedo seguir mi anhelo a ese hogar en Dacia.


Como ella le había dicho a Yuta, su padre, el Rey Suho, gobernaba aquel reino, una tierra de abundancia y paz. Está encerrado en piedra, escondida en el corazón de la

montaña. En el interior de una elevada caverna mil veces más grande que Helvita había un castillo negro majestuoso, rodeado por fuentes deslumbrantes de sangre. Los súbditos del rey llenaban sus baldes cada mañana.


Yuta apenas podía imaginar un lugar así.


—Después de todas nuestras andanzas, creo que estamos cerca, Hijo.


Esa primera noche, cuando habían caminado por el bosque que rodeaba la sanguinaria y aterradora Helvita, ella temía que Yuta no a travesara la noche helada. Una y otra vez, trató de teletransportarlos a Dacia, sólo para ser devueltos al mismo lugar.


Él había sobrevivido; ella se había agotado.


Ahora estaba demasiado débil para trazarse, por lo que avanzaban laboriosamente hacia otra aldea, uno que podría proporcionarles un granero para protegerse de la letal luz solar del día que se aproximaba.


Desafortunadamente, cada aldea estaba llena de inmundos mortales.


Ellos siempre veían la belleza de Sana y el corte extranjero de su ropa con asombro. entonces sospechaban. Yuta recibía su parte de atención por sus penetrantes ojos dorados y su cabello rojizo escarlata siempre que se derramaba por debajo de su gorro. A su vez, Sana ridiculizaba sus sucios cuerpos, montados por piojos y su lenguaje simplista. Su desprecio por los mortales seguía creciendo, abasteciendo de combustible el suyo.


Cada noche, antes del amanecer, dejaba oculto a Yuta mientras cazaba. A veces, volvía con las mejillas rojas de sangre, y no había triunfo en sus ojos. Un tajo en la muñecapodía llenar una taza para él también. Otras veces, ella estaba pálida y taciturna, maldiciendo la traición de Yixing, lamentando su situación. Otra salida del sol, cuando se estaba quedando dormido, la había oído murmurar: —Ahora dormimos con el ganado, y debo beber de la carne...


Sana redujo la marcha, sacudiendo la cabeza alrededor.


—¿Nos están siguiendo, Madre?—Los humanos de la última aldea habían sido más hostiles que cualquier otros, arrastrándose detrás de ellos, incluso en el desierto.


—No lo creo. La nieve cubre nuestra pista rápidamente. —Caminaba trabajosamente, diciendo, —Es hora de tus lecciones.


Durante el viaje de cada noche, lo instruía en todo para sobrevivir entre los humanos,


—Beber del mismo sólo te matará de hambre, y nunca hasta la muerte. La etiqueta Dacian: los estallidos de emoción se considera la máxima grosería, por lo que, naturalmente, ofenderías mi linaje.


Y siempre le extraía promesas para el futuro, ¿como si ella pensara que pronto iba a morir?


—¿Qué debes hacer cuando seas mayor, mi príncipe?


—Vengar la traición en contra de nosotros. Destruir a Yixing y tomar su trono.


—¿Cuándo?


—Antes de que él encuentra a su pareja.


—¿Por qué?


Yuta diligentemente respondió: —Una vez que encuentre a su pareja predestinado por la sangre, él se hará más poderoso, incluso más difícil de matar. Y él engendrará un

heredero legítimo con su pareja. Los Vampiros de la Horda no seguirán al bastardo de Yixing, mientras viva su verdadero sucesor.


—Debes estar completamente seguro de que la Horda te jurará lealtad. Si tu esfuerzo por reclamar la corona fracasa, te aniquilaran. Espera hasta que seas el más poderoso.


—¿Tendré que llevar los ojos rojos para luchar contra él?


Ella se detuvo, inclinando la cabeza.


—¿Qué sabes de tal asunto?


—Cuando un vampiro mata a su presa mientras bebe, se vuelve más poderoso, pero la sangre mancha sus ojos.


—Sí, porque él bebe de lo más hondo, hasta el fondo del alma. Esto trae fuerza pero también sed de sangre. Yixing se ha convertido en uno de los Caídos. —Ella añadió vagamente, —Y será aun más tortuoso. Para él, en particular.


—¿Por qué?


Ella le dio a Yuta una mirada de valoración, como si decidiera algo sobre él.


—No pienses en esas cosas, —finalmente dijo, haciendo su tono ligero. —Nunca mates cuando bebas, y nunca tendrá que preocuparte por ello.


—Entonces, ¿cómo voy a... —se sonrojó de vergüenza. —¿Cómo seré lo suficientemente fuerte como para matar a Yixing?


Sana lo alcanzó, presionando sus manos en contra de sus mejillas congeladas, levantando su cara.


—Olvídate de todo lo que has escuchado de tu padre. Cuando seas mayor, los guerreros inmortales temblaran de miedo, mientras que los demás se desmayaran a tu paso.


—¿En verdad, Madre?


—Estas perfectamente formado y crecerás hasta ser un Dacian magnífico, un vampiro para ser temido. Especialmente una vez que sangres. —Miró detenidamente hacia el cielo nublado, la nieve salpicaba su cara. —¿Y tu pareja?—Sana encontró su mirada una vez

más. —Será incomparable. Una verdadera realeza ante la que incluso yo me posaría.


Él entorno los ojos como si estuviera bromeando, pero su porte era serio. Yuta esperaba encontrarle rápidamente. Sabía que cuando se desarrollara por completo, poco a poco su corazón detendría su ritmo, sus pulmones dejarían su respiración. Cuando se convirtiera en un caminante muerto Vampiro, no sentiría ninguna necesidad por nadie.


Su tío una vez había tiraron bajo su barbilla y le había dicho: —Sólo cuando olvides lo que te pierdes en la cuna de unos suaves muslos, encontrarás a tu pareja, y te devolverá la vida.


Yuta no se preocupaba por el lecho, pero la idea de su corazón deteniéndose le horrorizaba.


—¿Cuánto tiempo pasara hasta que le encuentre?


Ella miró lejos, diciendo en un tono extraño, —no lo sé. Podría llevarte siglos. Pero lo que sí sé es que serás un buen y fiel rey para tu pareja. —Entonces ella le preguntó:—¿Y qué vas a hacer cuando poseas el trono de la Horda?


—Aliarme con tu padre, uniendo a los Daci y a la Horda bajo un blasón familiar.


Ella asintió con la cabeza.


—Suho es el único en quien puedes confiar. No en mis hermanos, o hermanas, con sus intrigas y complots. Únicamente en mi padre. Y, por supuesto, puedes confiar en tu pareja.


¿Pero todos los demás?


—Debo usarlos y desecharlos, no preocuparme por ninguno, ya que ellos no importan nada.


Acurrucó su dedo índice debajo de su barbilla. —Sí, mi inteligente hijo.


Pasaron los siguientes kilómetros de esta forma, con ella enseñándole las intrincadas costumbres de los Daci mientras trataban de ignorar el frío.


Un cielo encapotado amenazaba con más nieve; las garras del alba atravesarían la oscuridad en cuestión de horas.


Yuta se estremeció, sus dientes y colmillos de bebé castañeaban.


—Silencio, —susurró Sana. —Los humanos nos siguen. —Ella olfateo el aire. —¡Dioses, su olor me agravia!


—¿Qué quieren?


Ella murmuró, —Darnos caza.


—¿D—donde podemos ocultarnos?—Estaban en un amplio valle con altas mesetas al este y al oeste. Los mortales avanzaban por el norte. Las montañas se alzaban lejos al Sur.


Ella miró a su alrededor con desesperación.


—Tenemos que llegar a las montañas. Creo que es donde encontraremos el paso que conduce a Dacia. —Le dio un empujón. —¡Ahora corre!


Lo hizo, tan rápido como pudo, pero la nieve estaba demasiado alta sobre la tierra, cegado por los copos que llovían con demasiada rapidez. —Nunca lo lograré, ¡Madre!


Agarró su brazo e intento trazarse con él. Sus formas se desvanecieron brevemente, pero no desaparecieron. Apretando los dientes, lo intento una vez más, en vano. Liberándolo, ella lo giró en su lugar, buscando una vía de escape. Entonces se calmo, escuchando. Sus ojos se ampliaron.


—¡Padre!, —ella gritó, el sonido resonó a lo largo del valle. —¡Estoy aquí! Tu Sana está aquí.


Nadie le respondió.


—¡Padre!


Los mortales a la distancia daban gritos mientras se acercaban.


—¿Papá? —ella se balanceaba sobre sus pies, su expresión... perdida. —Sé que te sentí y a los demás.


Yuta entonces lo supo. Inmortales de gran poder habían estado aquí. ¿Por qué no rescataron a su princesa?


Lagrima carmesí se deslizaron por su hermoso rostro cuando ella cayó sobre sus rodillas.


—Estábamos tan cerca. —La orgullosa Sana comenzó a cavar en la nieve, usando sus garras para apuñalar las capas permanentes de hielo.Incluso cuando se arrancó las garras y sus dedos comenzaron a sangrar, siguió cavando.


—¿Qué tan bajo te he llevado, Yuta. Cuando me recuerdes, no te acuerdes de esto. Con cada puñado de hielo, un agujero crecía. —Tú eres el hijo de un rey, el nieto de un rey. ¡No lo olvides nunca! —Cuando la piel de sus dedos comenzó a desprenderse, trató de ayudarla, pero ella le dio una palmada en las manos, parecía a punto de enloquecer.


Finalmente, lo metió en el pequeño hoyo que había hecho.


—Ven. Ocúltate aquí.


—Tengo que hacerlo más profundo, Madre. No hay suficiente espacio.


Ella susurró, —hay suficiente espacio. Me aseguraré de que estés a salvo.


Sus ojos se abrieron. ¿Tenía la intención de luchar contra ellos?


—Trázate de aquí sola, — le dijo, aunque sabía que probablemente estaba demasiado débil incluso para eso.


—¡Nunca! Ahora, ¿cuáles son sus votos para mí?


—Madre, yo…


Ella chasqueó sus colmillos, sus iris se volvieron negros.


—¡Tus votos!


—Tomar la vida de Yixing. Apoderarme de su trono.


—¿En quién vas a confiar?


—En nadie más que en tu padre y mi pareja.


Más lágrimas cayeron.


—No, solo en tu pareja, Yuta. Suho y los Daci nos abandonaron el día de hoy.


—¿Por qué?


—Llevamos a esos mortales muy cerca. —Ella dio un sollozo. —Él eligió el secreto valioso de su reino sobre nuestras vidas. Debo pagar por mi insolencia, por mi falta de astucia. Ellos hacen un ejemplo de mí.


El pánico estalló dentro de Yuta.


—¿Cómo te encontrare? ¿Qué hago?


—Una vez que los humanos se vayan, mi familia vendrá por ti. Si no, harás todo lo necesario para sobrevivir. Recuerda todo los que te he enseñado. —Empujo su manga por encima de su brazo. —Bebe, Yuta. Te hará lo suficiente fuerte para soportar los próximos días.


Negó con la cabeza en confusión. —No puedes perder sangre.


—¡Obedéceme! —Ella se mordió en la muñeca. —Inclina tu cabeza hacia atrás y parta tus labios.


De mala gana, lo hizo, y ella levantó el brazo sobre su rostro vuelto hacia arriba, por encima de su boca. Su sangre era rica, rápidamente alejo el frío. Ella lo hizo beber hasta que la corriente había decaído a un goteo, hasta que el hielo se formo sobre la herida.


—Ahora escucha. Los llevare lejos de ti, los distraeré. Ellos me tomaran a mí…


—¡Nooo! —Él gritó.


—¡Yuta, escucha! Cuando me capturen, la necesidad de protegerme se elevará dentro de ti. Debes ignorarla y permanecer aquí. No hagas caso de tu instinto y confía en tu fría razón. Como no pude hacerlo con Yixing. Como falle en hacerlo mil veces. ¡Júrame esto!


—¿Quieres que me oculte? ¿Que no te defienda contra esas criaturas?


Lagrimas de desconcierto brotaron.


—Sí, esto es precisamente lo que quiero. Hijo, tu mente es la más brillante que he conocido. Utilízala. No repitas mis errores —se apodero de su barbilla. —Hay un último voto que debes a darme. Un voto al Lore de que no dejaras este sitio hasta que los mortales se vayan.


—¿Al Lore? ¡Era un voto irrompible! —Él quería poner una barandilla, negarse a esto.


¿Cómo podría no defenderla?


Ella levantó su barbilla.


—Yuta, te... suplico esto.


¿Una princesa Daci suplicando a uno como yo? Sus labios se abrieron en estado del shock. Las palabras brotaron de ellos.


—Yo lo juro por el Lore.


—Muy bien. —Ella presionó un beso frío en su frente. —Quiero que nunca, nunca seas puesto en este punto tan deplorable de nuevo. —Sobre sus protestas frenéticas, comenzó a enterrarlo en la nieve. —Conviértete en el rey que naciste para ser.


—¡Madre, por favor! ¿C—Cómo puedes hacer esto?


—Porque eres mi hijo. Mi corazón. Haré lo que sea necesario para protegerte. —Sus miradas fijas se reunieron. —Yuta, cualquier cosa digna en mí comenzó contigo.


Se negaba a creer que sería la última vez que la vería, rechazo decirle a su madre cuánto la amaba…


Ella susurró, —lo sé, —entonces lo arropo en la nieve.


Calentado por su sangre, yacía acurrucado, temblando de miedo por ella. Sus ojos se movían, sin ver nada.


¿Había arrastrado sus pies, corriendo hacia atrás de nuevo en dirección de los mortales?


Con el tiempo, oyó su lucha a la distancia, sentía las vibraciones de varias pisadas. De lo que debían de ser docenas de humanos rodeándola.


Apretó los puños, luchando contra el frenético anhelo de salvarla.


Sin embargo, Yuta estaba impotente obligado por su promesa y minado por su debilidad.


Sus gritos ahogados de frustración se convirtieron en lágrimas ardientes cuando oyó el sonido de cadenas, los gritos apagados de ella. Los sonidos guturales de los hombres. Había sido criado en Helvita bajo el reinado malvado de Yixing, Yuta sabía lo esos mortales le estaban haciendo.


Mientras luchaba para no vomitar la preciosa sangre con la que lo había dotado, decidió que se convertiría en un Caído, consumiendo la fuerza de otras

criaturas. Podría crecer loco por la sed de sangre; nunca volvería a estar desvalido otra vez.


En lo que debieron ser horas más adelante, los gritos de ella se callaron. Una vez más,

sus ojos se movieron. Creyó ver un hilo de humo, entonces el olor a carne quemada. Al amanecer. Sus gritos se renovaron. Mientras se quemaba, le gritó en Dacian, —¡No lo olvides nunca, mi príncipe! ¡Véngame!—Otras palabras siguieron, pero no pudo distinguirlas. Luego sonidos ininteligibles... gritos desesperados.


Con el sonido de sus gritos, lloró, repitiendo sus votos una y otra vez, añadiendo uno nuevo.


—Quemar al r—rey... Daci vivo...



Mi cordura fallará mucho antes de que se haga mi voluntad. Por suerte, la única cosa más interesante que tiene un loco es un ser implacable.”



Yuta Nakamoto Daciano,

El enemigo de los antiguo.






“¿

Yo, una magnolia de acero?

¡Acero, mi culo!


[Riendo, luego, bruscamente, serio.]


Prueba con el titanio”


Kim Dongyoung "Doyoung"

Experto en chicos, en invertir la psicología y en evadir la ley.





La diferencia entre tú y yo es que mis

acciones no tienen consecuencias para mí.

Eso es lo que me convierte en un dios.”


Ten el segador del alma,

Deidad de sangre,

Sagrado protector de los vampiros, Dios de la muerte divina.