Aventura de Fin de Semana

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Sinopsis

Frankie Spencer, de Chicago, estaba sentada en un bar cuando conoció a un desconocido que se ofreció a resolver todos sus problemas. Su querida abuela estaba a punto de perder su casa si no conseguía el dinero para pagar los impuestos atrasados. Criada por ella, Frankie tenía que encontrar la manera de salvar el hogar de la anciana. Ricco Santoro, un multimillonario de 29 años, vio a Frankie y, al notar lo angustiada que estaba, decidió acercarse. Tras escuchar su dilema y con el deseo de llevarla a la cama, le propuso una solución: un acuerdo que beneficiaría a ambos. Si ella aceptaba tener una aventura de fin de semana con él, le daría el dinero para salvar la casa de su abuela. Frankie aceptó, pero las cosas no siempre son lo que parecen. No tenía idea de que su mundo estaba a punto de ponerse patas arriba y del peligro que encontraría. Pero, ¿surgirá el amor o Ricco solo buscaba sexo y nada de una relación a largo plazo?

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
tamlaura1
Estado:
Completado
Capítulos:
27
Rating
4.9 24 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Después de recibir una llamada de su abuela, Francesca, a quien todos llamaban Frankie, se quedó tamborileando los dedos sobre la barra. Su copa de vino blanco estaba casi vacía. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no notó cuando un hombre se sentó a su lado hasta que él habló. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba llorando hasta que el desconocido le tendió un pañuelo.

—¿Por qué una mujer tan hermosa está aquí sentada sola y llorando? —le preguntó él con un marcado acento italiano.

Ella lo miró. Era alto y vestía un traje caro, con un Rolex en la muñeca. La observaba con los ojos azules más sexis que había visto en su vida. Con su cabello oscuro y su piel morena, parecía un dios griego. Sin embargo, por su acento, era evidente que era italiano.

—Lo siento, pero no tengo la costumbre de contarle mis problemas a desconocidos. —Ella giró la cabeza con la intención de ignorarlo, pero él era muy persistente.

—Mi nombre es Ricco Santoro. ¿Y el suyo? —Él le tendió la mano para saludarla.

Ella la aceptó y, a regañadientes, le dijo su nombre. —Soy Francesca Spencer, pero todos me dicen Frankie.

—Mucho gusto, Frankie. Ahora que ya no somos desconocidos, puede decirme qué le preocupa. ¿Qué es lo que la tiene tan mal? —preguntó él mientras le hacía una seña al camarero para pedir una bebida para los dos.

Cuando Ricco entró al bar y la vio sentada sola, se sintió atraído por ella de inmediato. Llevaba un vestido negro corto que resaltaba cada curva de su esbelto cuerpo. Tenía el cabello rubio recogido en una coleta. Él no pudo evitar pensar que se vería mucho mejor suelto. Era una mujer espectacular y él supo que tenía que conocerla.

«Bueno, ¿por qué no decírselo?», pensó ella. No era como si fuera a volver a verlo nunca más. Tras contarle la historia, él se quedó muy callado. Ella notó que él meditaba lo que acababa de escuchar. Luego, él le dedicó una sonrisa que le iluminó el rostro.

—Tal vez yo pueda ayudarla.

Ella se echó a reír. —A menos que pueda darme veinticinco mil dólares, no creo que pueda ayudarme.

—No. No le voy a regalar el dinero, pero tengo un trato para usted —dijo él, mirándole los labios.

Frankie sabía que debía levantarse e irse, pero sentía curiosidad. —¿Qué clase de trato?

—Tenga una aventura conmigo.

Ella lo miró para ver si estaba bromeando. No estaba segura de haber oído bien, así que lo observó con el ceño fruncido. —¿Qué dijo?

—Tenga una aventura conmigo, solo por este fin de semana —dijo él con una sonrisa.

—¿Me va a pagar veinticinco mil dólares por pasar un fin de semana con usted? —Ella se puso en pie con los ojos echados fuego por la rabia. Tenía muchísimas ganas de darle una bofetada en esa cara de engreído—. No soy una prostituta. Si eso es lo que busca, seguro que encuentra una mucho más barata.

Ella intentó marcharse, pero él la agarró del brazo. Ese contacto le provocó un escalofrío por toda la espalda. —Sé que no es una prostituta. Yo no quiero a una de esas.

—Suélteme ahora mismo —le espetó ella.

—Hacer el amor conmigo valdrá la pena. Puedo hacerla sentir cosas que solo ha imaginado en sueños. Usted necesita el dinero y yo quiero un fin de semana de sexo, sin compromisos. —Él le entregó una tarjeta y le susurró al oído—: Piénselo y llámeme. Me voy a Vegas en dos días y me encantaría que viniera conmigo.

Él se dio la vuelta y se fue, dejando a Frankie allí parada con la boca abierta. El aliento de él en su cuello y la forma en que le acarició el brazo la dejaron sin aliento.

Esa noche regresó a casa y la sensación de aquel hombre se quedó grabada en ella. El simple roce de su mano le encendía el cuerpo y la ponía húmeda. Avergonzada, tiró la tarjeta sobre la mesa de la cocina. Se desvistió y se metió en la ducha. Pero no dejaba de pensar en aquel extraño y en su propuesta. ¿De verdad podría hacer algo así? No tenía dudas de que el sexo con él sería increíble; era un presentimiento que tenía.

A la mañana siguiente, llamó a su abuela para ver cómo estaba. La anciana intentaba hacerse la fuerte, pero Frankie notó en su voz que estaba preocupada. Si no pagaban en unos días los impuestos atrasados que su abuelo no pagó durante años, le quitarían la casa.

Frankie no podía permitir que eso pasara, no después de todo lo que su abuela había hecho por ella. Así que tomó la decisión y llamó al Sr. Santoro.

—Sr. Santoro. Ya me decidí, lo haré. Pero antes de irnos, el dinero debe estar en la cuenta de mi abuela de inmediato.

—Considérelo hecho. Pasaré a buscarla el viernes por la mañana, digamos a las 8 en punto.

Le temblaba la mano mientras le daba su dirección. Ahora solo tenía que inventar una mentira para explicarle a su abuela de dónde venía el dinero. No podía decirle la verdad bajo ningún concepto. A su abuela se le rompería el corazón si se enteraba. Sabía que aceptar dinero por sexo estaba mal y que eso la convertía en una prostituta. Pero no es que fuera a hacerlo de nuevo, y era para salvar el hogar de su abuela.