Sin cara

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Muchos de nuestros demonios habitan en las calles oscuras con peligros ocultos entre sombras, otros se esconden en las mentes podridas de tu seres queridos y luego encontramos a los peores. Aquellos que habitan en sitios tan atrayentes que no te das cuenta del peligro hasta que estás consumido de el. En el caso de Hazel su peor peligro se encontraba entrelazado entre su mente y pedazos de su pasado. Siempre había preparado su vida para huir de estas situaciones que ella tildaba como la causa de su muerte prematura, jamás pensó que obligarse a sentir este miedo paralizante iba a ser el motivo de poder encontrar alguien que la haga sentir la protección que su cuerpo añoraba y su mente necesitaba.

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
Leri Ro
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

                                    Hazel


No quería tildar a mi psicóloga como una irracional, pero sinceramente su "terapia de exposición " sonaba como un motivo obligado para terminar mi sufrimiento en manos de un infarto adolescente.


— No me refiero a que vayas a un callejón con falda corta buscando a algún maleante, Hazel. —Mi cara debe estar revelando mi pensamiento referente a su ilógica idea. — Estoy sugiriendo que no dejes que el miedo te consuma, quizás ya estas lista para permitir un poco de peligro en tu vida. —


La necesidad de chasquear en desaprobación se ve evitada por mi necesidad de ser cordial, pero es que no puedo entender su supuesta solución. Yo no tengo un miedo irracional, solo acciones irracionales. Pero sinceramente el miedo a que te asesinen siempre me ha parecido el néctar de la supervivencia, mi problema decae en como acciono para evitar mi muerte prematura.


— ¿De qué otra forma podría lograr exponerme a este miedo? No es como si pudiera sentirme así a las dos de la tarde en algún área concurrida. — Su ceja alzada me da a entender que sabe que sí me ha pasado pero aparto su expresión de sabelotodo. — Me refiero a que. Son situaciones diferentes, a veces siento miedo en lugares llenos de luz del día pero no sabría como buscarlo por mi misma. — Y es que generalmente cuando me abarca este miedo insano suele ser por alguna proximidad que pueda resultar en mi muerte, no cualquier situación.


Bueno, si. Quizás cualquier situación.


Ella deja su estúpida libreta con anotaciones que sé que deben ser hablando de lo estúpido que le parece mi trauma inventado - según ella - y que muestro una severa inconformidad a mejorar. A estas alturas me cansa la sola idea de volver a terapia, no veo un avance en mi. Solo veo más miradas de escrutinio que revelan una intensa necesidad de juzgar todas mis acciones.


Solo vienes para calmar el miedo de tus padres, me logro repetir una y otra vez en mi mente.


—Luego de escuchar como hablabas la semana pasado de la visita de tus... Amigas, al lugar ese de los sustos. Me pareció una excelente idea para que puedas empezar a aprender experiencias que, aunque puedan causar mucho miedo, no podrán hacerte daño. — Luego de terminar su párrafo practicado, sin dejar escapar su recelo ante mis amistades. Deja un folleto de una nueva inauguración de otro Scape room.


No consigo gestionar ninguna expresión, realmente mi mente se siente en blanco como una hoja a instantes de que alguien la apriete con fuerza para dejarla arrugada y sin sentido.  Lo único que puedo hacer es rascar con disimulo mi cuello, intentando que mis uñas pasen un poco la gruesa tela de mi blusa de cuello alto para poder sentir un poco mis cicatrices.


Sé que ella no ha notado que hago esto cuando me siento llevada a una situación en la que no tengo control, para ello debería importarle y a ella solo le interesa que mis padres hagan llegarle sus cheques semanales.


—No siento que esté preparada para eso. — No he ido a muchos psicólogos en mi etapa adulta. De adolescente solía cambiar con la misma facilidad con la que cambiaba los canales del televisor, pero luego de entender que realmente no podía hacer que alguno entendiera lo que mi niña interior no sabía expresar; decidí quedarme con la señora Peterson.


No fue mi mejor elección, pero estaba cansada de volver a recrear ese día ante cada cara nueva, ante cada situación y especialmente a que no me creyeran del todo. La señora Peterson sin duda tampoco me cree, pero no busca excavar más allá de lo que sea aceptable para su colegio de psicólogos y en ese momento me pareció que era lo que necesitaba.


Y después de tantos años se me ha hecho incorrecto buscar cambiarla. Todos me decían que para ayudarme yo debía hablar más de ese día, pero yo no podía, aún no puedo y mientras no esté lista para recordar. No estaré lista para que me crean.


Sin embargo, mis años de experiencia en la profesión mental me han dejado en constancia que los psicólogos no obligan, no empujan. Respetan el tiempo de sus pacientes y saben entender cuándo no están listos para ser llevados a eso. Aunque una parte de mi sabe que a la señora Peterson no le importa mucho respetar ese permiso mental que debo conceder, suelo usar esto como única ventaja en sus terapias.


—Yo si y creo que ambos sabemos que soy la que sabe de estos temas. — Mi ojos se cierran en señal de renditud pero no estoy de humor para discutir, y menos para que le haga una llamada a mis padres preocupandolos de como me niego a mejorar.


Ya lo ha hecho.


—Como te he dicho antes, el camino más fácil es dejar tu seguridad en manos de Dios. — Si es posible que la sangre hierva en señal de molestia, podría explicar la sensación que se expande debajo de mi piel al escuchar de nuevo su discurso. —Que vivas con este miedo solo nos hace saber que no confías en su poder, pero eso lo respeto y por eso me parece que emplear la terapia de exposición sería lo mejor que podamos hacer. — La voz de la señora Peterson combina con la intención de sus palabras. Una voz bañada en hipocresía religiosa y tonos de desdén, con tonos agudos más elevados de lo normal que no combinan con su piel pálida y figura delgada pero sí, sin duda con su melena rojiza.


Roja como mi cara debido a mi ira.


—Supongo que si es en bien de mi salud mental. — No quería que el cansancio fuera tan notorio en mis últimas palabras, pero no pude evitarlo. Realmente estoy cansada de esta maldita terapia.


No quiero alargar más la sesión así que solo me limito a asentir lo que me diga y prometer que haré una visita al sitio que me asegura poder salir en los titulares de la semana.


Jóven es hallada muerta luego de no haber aguantado la presión y sucumbir a su presión arterial en medio del scape room más nuevo de la ciudad


Estoy seguro que eso no ha pasado, pero por lo menos podré morir dejando un precedente en mi nombre. Quizás no fui famosa en vida, pero por lo menos lo seré en mi muerte.


Mis amigas no toman bien la noticia. Siempre han insistido en que cambiar de psicóloga podría hacerme bien en mi salud mental. En especial Sami, que es la mayor cuidadora de nosotras.


—Dejame hablar con mis padres. Son exitosos médicos y te podrían recomendar un psicólogo realmente competente. — Este discurso de Samara ha sido repetido tantas veces que incluso podría recitarlo sola en mi habitación.


Gil se encuentra terminando algunos trabajos, pero incluso en su ocupado horario puedo ver la preocupación por mis sesiones.


—Sinceramente, Hazel. Nunca he entendido porqué sigues con ella. — Está tan ocupada revisando el libretico de su agenda que apenas puede dedicarme una mirada. Pero la preocupación en su voz no se escapa — pero si me dicen para ir, yo iría. No te dejaremos solas —


Volteo a ver a Lamia, que por los hombros caídos y su respiración relajada se ha sumido en los brazos de Morfeo. Siempre ha tenido una gran capacidad de quedarse dormida.


—De eso no hay duda, ni siquiera te dejaremos sola. Solo que — Y mira en dirección de Gil sin tener una mirada devuelta y luego a Lami, teniendo como respuesta un suave resoplido que me produce un calma segura. Ya quisiera yo dormir así. Un supiro rendido sale de Sami — Supongo que nada. Cuando Gilli pueda, vamos al nuevo lugar, dicen que los chicos parecen modelos detrás de esas máscaras. —


Eso podría motivarme. Oye no hay un asesino detrás de esos horribles trajes, solo un guapo chico dispuesto a seducirte.


Espero que solo eso pase por mi mente.


Samara termina de arreglar su bolso y se dispone a salir de la zona, lo más seguro para llegar hacía su idiota novio.


—Espera — grita Gill, aunque no deja de anotar cosas en su agenda. — Mi carro se encuentra en mantenimiento y tengo que llegar veinte minutos antes al trabajo para tener tiempo de terminar mi proyecto de empresa. — Mierda, pero eso es para la semana que viene.


— ¿No tenemos que entregarlo en una semana. — No puede ser que se me olvidó, incluso lo tengo anotado en mi agenda online ¿Se me habrá olvidado?


Gillian suspira en molestia terminando de anotar los últimos detalles, supongo. Agarrando así todo lo que necesita para el día de hoy y quizás incluso el de mañana.


— Esta semana tengo horas libres, si puedo hacerlo. Podré tener tiempo de ir al scape room y quizás dormir ocho horas el domingo. — Hoy es martes quiero decir, pero siempre he sabido que el sueño en la vida de Gillian no es prioridad, tampoco comer y a veces incluso bañarse pasa a segundo plano


Samara busca mi mirada con la preocupación tatuada como una segunda piel, pero solo me encojo de hombros en señal de costumbre. Gillian es orgullosa para aceptar nuestro dinero y es lo suficientemente ambiciosa  para estudiar en una universidad que supera con creces sus pequeños sueldos. Incluso teniendo cuatro trabajos, a veces no llega a los montos.


A pesar de que vive en mi apartamento y generalmente no se encarga de nada en la casa. Es la única ayuda que ha aceptado y siempre intento que nunca vea alguna factura suelta, y así no se vea obligada a pagar algo.


Ni siquiera lo pago yo, sino mis padres que siempre han estado emocionados por ayudar a Gillian.


A Lamia no tanto.


—Bueno solo te daré la cola, sí te comes algo conmigo — Gil niega mientras revisa su agenda - lo cuál suele indicar que no tiene tiempo para eso - toda su vida se rige por esa agenda — O dejas que te compre algo —


Es linda la insistencia de Samara, pero todos sabemos que Gil no dejará recibir *limosnas* y su exhaustivo sistema de ahorro tampoco le permitirá comprarse la comida.


— Si, esta bien — Murmura admirando el piso como si tuviera escrito las respuestas de la vida.


Eso es raro, en pocas ocasiones nos ha dejado brindar algo de comida.


— ¿Cuándo fue la última vez que comiste — Dice Lamia con murmuros adormilados. A duras penas se ha levantado, pero la preocupación entre nosotras en un punto importante de nuestra amistad.


Gillian ignora la pregunta de forma espontánea, haciendo todo tipo de acrobacias para salir de la forma más rápida del lugar. Lo que solo puede significar que hoy no ha comido absolutamente nada.


Miro el reloj apuntando las cinco de la tarde con una culpa magistral. Debí haberle preparado la comida antes de salir a mi sesión del infierno.


Sin embargo no da ninguna explicación antes de obligar a Samara a que salgan del área, con intenciones de que no tenga que responder esa pregunta. Mi pecho se contrae ante la idea de saber que debe estarse muriendo de hambre, pero lo menos Samara ya se encargará de solucionar eso.


—Cada día acepta más trabajos — Los ojos azules de Lamia me reflejan una ira interna que me hace llegar el instinto materno que todas tenemos con Gil, y conmigo en mis sesiones de pánico. — Te lo juro que podría darle la mitad de mi sueldo sino fuera tan orgullosa. Trabajar para ayudar a Gil me daría un motivo más para levantarme de la cama, uno que no sea solo la renta —


Sonrió ante las extrañas motivaciones que elevan la vida de mi amiga.


—Y la comida. — Le recuerdo con un poco de dureza. Gil no come por falta de tiempo, Lamia no lo hace por falta de ganas. — Igual sabemos que ella no aceptará el dinero, y respecto a la renta. Podrías vivir aquí gratis y así tener un poco más de sobrante —


Un chasquido de fastidio hace camino de su boca llenando toda la habitación con notable cansancio. El estado obligatorio de ella.


—La renta es la única obligación que me motiva a no dormir todo el día. Prescindir de ella solo me haría renunciar con mayor rapidez. — Un tirón de decepción me abunda el estómago, como un jalón que intento no se refleje en mi cara.


Lamia siempre ha sido así desde que la conocí en la escuela. Hija de padres normales, poco interesados en el destino de su hija, quizás fue por eso o por la pereza que realce en su ser pero cada instante desde que la conozco ha vivido su vida sin una motivación.


Sin un hobbie.


Ni siquiera un crush de telenovela que la haga suspirar.


Al terminar la secundaria sus padres le revelaron que no tenían dinero para su universidad, y sus vagas notas no permitieron que pudiera aspirar a alguna beca. Las tres nos sentimos mal por ella en ese momento, incluso creamos un plan para poder hacer que estudiará, pero ella solo nego la ayuda y murmuro con pesadez que no había nada en la universidad que le gustará.


Tiempo después se dio cuenta que tampoco le gustaba el trabajo, pero se obligó a tener una renta qué pagar y así no vivir siempre dormida en su cómoda cama.


Y es que la única motivación de Lamia es tener un lugar para dormir.


Sin más nada que decir me alejo de ella al ver que nuevamente se esta dejando caer en los brazos del sueño. Si alguna vez ella conociera a Morfeo quizás pudiera enamorarse por primera vez en su vida.


Ya en la soledad de mi cuarto, permito que mis miedos invadan mi mente. Preparándome para lo que podría encontrar en ese maldito scape room.