Parte Única │恋の予感

Itadori Yuuji ha sido profesor de Hogwarts durante tres años, encargándose de la clase de encantamientos. En esos años jamás tuvo inconvenientes con los estudiantes, su personalidad carismática le ha permitido relacionarse cordial con las jóvenes proezas del mundo mágico, mientras que su perfil estricto —mostrado en raras ocasiones— infundió respeto hacia él. Adicional a eso tiene la reputación de ser uno de los magos más fuertes.
Sin embargo, la debacle de su ordinaria vida en el colegio comenzó de manera inopinada, lanzándose velozmente como un torpedo y derrumbando las paredes de una habitación en lo más profundo de su dócil corazón. El preludio de una amalgama de sentimientos y dilemas. La calamidad tiene por nombre Gojo Satoru, un mago talentoso lleno de arrogancia; camina por los pasillos del colegio con porte seguro y exudando vibras de superioridad que consiguen darte un escalofrío.
La primera vez que Itadori lo vio fue antes de la ceremonia de selección. Los de primer año debieron ser guiados hacia el Gran Comedor por Yaga-sensei, por tanto, está confundido de que un chico (tal vez de unos doce años) deambule solo por el pasillo.
—Oye, ¿estás perdido? —Utiliza una voz meliflua y segura, no quiere que el niño se alarme y lo vea como una amenaza.
Las nevadas hebras se sacudieron lentamente a la vez que dirigió su mirada hacia él.
Itadori contuvo una exclamación de asombro cuando contempló el mismísimo cielo en los ojos del niño. Era el azul más resplandeciente que ha visto, incluso más que el zafiro. Tonalidades de blanco y negro se mezclaron perfectamente también.
En ese instante, una leve punzada lo sacó de su estupor. No era doloroso, sino cálido.
«¿Qué fue eso?».
—Aquí estás. —Itadori y el niño observaron a un hombre de barba y gafas acercarse—. Te dije que no te quedaras atrás. —Regaña al niño y éste chasquea la lengua—. Andando o perderás la ceremonia. Lo mismo para ti, Itadori.
—¡Sí, lo siento, Yaga-sensei!
Los tres se apresuran en ir al comedor.
Cada estudiante es nombrado por El Sombrero e Itadori apenas da un vistazo al niño que se encontró en el pasillo. El adulto supo que iría a la casa Slytherin antes que el Sombrero Seleccionador lo anunciara en voz alta. Llámenlo corazonada. Yuuji no lo reconoció rápidamente porque nunca vio su rostro, pero está informado sobre el chico: sangre pura, perteneciente a uno de los clanes más poderosos de la hechicería, talento nato y heredero de una inmensa fortuna (o eso había dicho Kugisaki horas atrás cuando se enteraron que un Gojo se inscribió este año). La mayoría de profesores no dudaron que el chico será el mejor de su generación.
Masticando una varita de regaliz, su curiosidad por el nuevo miembro de Slytherin no es retenida. Precavidamente voltea a su izquierda, enfocándose en la cabellera blanca de Gojo. El espionaje no pasa desapercibido por sus mejores amigos, Fushiguro y Kugisaki, quienes golpean levemente sus costados con los codos.
—¿Interesado en el chico Gojo? —pregunta Kugisaki sin observarlo.
Su cara se ruboriza de vergüenza por ser descubierto.
—Creo que todos lo estamos.
—Exclúyeme de eso —dice Fushiguro, sorbe un poco de jugo de calabas y le echa un vistazo a la nueva serpiente para enseguida fruncir el ceño—. No estoy interesado en un hijo varón.
—Yo tampoco. Estoy segura que será un matón y un dolor de cabeza —Kugisaki concuerda—. En realidad, puedo imaginar que las palabras «sangre sucia» saldrán regularmente de su boca. —Añade airadamente.
Itadori se pone rígido con aquella expresión que desprecia, y varios recuerdos de su época estudiantil se proyectan frente a él. La imagen de Junpei siendo acosado por Mahito le revuelve el estómago y su apetito se ha esfumado.
—Es demasiado pronto para juzgarlo. Quizás él sea diferente.
El optimismo en su voz se desliza como la mantequilla, a pesar de no haber hablado con el chico, piensa que no es malo.
Sus amigos lo miran inexpresivos.
—Eres tan blando —sueltan al unisono.
Ofendido por el comentario, el pelirrosa no les responde.
Más temprano que tarde, Yuuji confirma que las conjeturas de sus amigos no son equivocadas. Ve en los rostros de los profesores y de algunos estudiantes lo hastiados que se encuentran. Y la fuente de estrés es la misma: Gojo Satoru.
No es testigo del comportamiento egocentrista de Gojo los primeros años. Entonces, cuando el adolescente está en su cuarto año, Itadori se prepara mentalmente para su martirio.
Sin embargo, nunca llegó.
A diferencia de las otras clases, Satoru nunca le llevó la contraria ni tampoco intentó resaltar su inteligencia para dejarlo como un maestro mediocre —como hizo con el resto—. Sorprendentemente, el muchacho siempre fue respetuoso y sin intenciones de ir en contra de su autoridad. Si los estudiantes estaban confundidos con el inusual comportamiento, Itadori estaba perdido.
—¿Qué carajos hiciste, Yuuji? Ese pequeño bribón casi me saca canas el año pasado y a ti te lanza flores —Nobara dice apáticamente, caminando a su lado por los pasillos. Su cabello corto balanceándose con gracia.
—No hice nada. Él simplemente es amable conmigo.
—¿Acabas de usar el adjetivo «amable» y Gojo en la misma oración? —Megumi sacude la cabeza—. Jamás creí que eso fuera posible.
Vagamente, Yuuji se pregunta si la animosidad de sus amigos hacia el joven Gojo es por la tradicional rivalidad entre Gryffindor y Slytherin. Admite que en el pasado los tres tuvieron roces con algunas serpientes. Pero no por eso despreció a los estudiantes de esa casa; Yuki-senpai y Choso-senpai siempre se mostraron amistosos e ignoraron la enemistad con los leones.
«Todos los de Slytherin son malos». No, no es así. Y su madre, quien perteneció a Ravenclaw, es prueba suficiente.
—Probablemente entendió que su terrible actitud debía cambiarla. —Esboza una sonrisa.
Nobara y Megumi se paralizaron.
—¿De qué estás hablando? —exclamó la mujer—. Únicamente es así contigo. Los demás profesores todavía luchan con las migrañas marca Gojo.
—Y los estudiantes siguen sin soportarlo. Geto Suguru e Ieiri Shoko forman su círculo social aquí. Aunque ocasionalmente Nanami y Haibara le hablan, pero esto es más porque a Gojo le gusta hacerle bromas a Nanami.
Itadori no sabe que responder. Honestamente, él no tiene la más mínima idea que sucede con Satoru. ¿Qué es lo que lo diferencia para que el trato del adolescente sea afable? Esa noche duerme con muchas dudas.
Itadori posee dos células cerebrales y ninguna le ayudó a descifrar lo que está ocurriendo frente a sus narices.
Infortunadamente, su experiencia en el campo amoroso es nula. Por lo que es bastante ajeno en ese asunto. Cualquiera que sea cercano a Satoru lo captaría al instante, pero el dulce e ingenuo Yuuji no.
Creyó torpemente que Satoru quería superarse más rápido cuando le pidió tutorías. Empero, eso era una excusa y el verdadero objetivo es pasar más tiempo con él. Tampoco cuestionó cuando Satoru lo invitó a cenar en Nochebuena, el jovenzuelo le dijo que tenía discrepancias con su familia y prefirió no pasar las vacaciones de invierno con ellos. En esto no mintió, pero su motivo de quedarse fue precisamente pasar Navidad con su profesor. Hubo más situaciones que indicaron tácticas de conquista (que Itadori interpretó equivocadamente con la actitud juguetona de Satoru). Escenas de celos, como la vez que Satoru se puso rojo de la ira al enterarse que Itadori tuvo una cita con una de las profesoras. No fue una cita. Yuuji acompañó a Nobara a un restaurante recién inaugurado, y él no desperdiciaría la oportunidad de degustar platillos; ningún romance ocurrió entre ellos esa tarde.
El profesor ignoró olímpicamente lo evidente.
Y a raíz de eso, Gojo —cansado— decidió confesarse de una manera peculiar.
—Estoy enamorado de ti, Yuuji-sensei. —Las gafas de sol fueron retiradas minutos antes para exponer sus sentimientos. Sinceridad, anhelo y pasión rielando al mismo tiempo en los iris aguamarina. El rubor en sus mejillas lo hace ver adorable.
Una confesión, apresurada e improvisada, desde el corazón, pero con una atmósfera incómoda para Itadori. Cualquiera que entrase justo ahora se escandalizaría por la escena: Itadori acostado en el piso del salón de clases y Satoru encima mientras le sujeta las manos por arriba de su cabeza.
Los engranajes de su cerebro se bloquean y lo único que sale de los labios de Yuuji es:
—Mierda.
Transcurre el tiempo y Gojo está en su séptimo año.
Luego de la confesión, Itadori hizo lo que un adulto responsable haría. No obstante, el rechazo meramente logró que Gojo siguiera insistiendo y Yuuji pensó que el enamoramiento sería pasajero.
Error.
Actualmente se encuentra sentado en la silla detrás de su escritorio. Los estudiantes se marcharon y Satoru aprovechó el momento de privacidad. Descaradamente, se sienta en el regazo de su profesor, sin preocuparle el mar de problemas que surgiría si los pillan.
Es un pequeño bastardo.
—No te entiendo —dice en tono de reproche el estudiante, sus lentes deslizándose unos centímetros y revelando sus hermosos ojos—. ¿Por qué insistes en alejarme cuando es evidente que yo te gusto? Eres un libro abierto para mí.
»Niégame que existe algo entre nosotros. —Baja su voz a una octava y Yuuji suplica en silencio que sus honestos ojos marrones dejen de delatarlo.
«¡Calma tus sentimientos de puta, Yuuji!».
Exteriormente, el profesor se veía inmutable ante la posición que se encuentra, sin embargo, su corazón latía con emoción de tener tan cerca al astuto joven. Y es que es cierto, a Yuuji le gusta Satoru. Fueron tantas veces que aseveró que nunca se fijaría en su estudiante, pero fue débil. Satoru consiguió colarse en su corazón, ni siquiera tuvo que esforzarse mucho.
Aun así, callara sus sentimientos y continuara rechazando al joven. Salir con un menor de edad es el menor de las consecuencias. Porque hay un problema mayor. En el mundo mágico, el clan Gojo es demasiado influyente y no querrán que un Itadori se involucre con uno de sus miembros. Desde que se descubrió que su madre, Kaori, era una mortífaga, la familia fue repudiada y vista con desconfianza. Ella murió, pero las consecuencias de haber sido una seguidora de Voldemort la tuvieron que pagar su esposo y su hijo.
Trae a su memoria los malos ratos que sufrió en su época como estudiante. Los venenosos insultos de Mahito. Fushiguro y Kugisaki defendiéndolo. Profesores juzgándolo con la mirada. Días difíciles que no quiere revivir.
Esfuerzo y tenacidad lo impulsaron a ser quien hoy es.
Lástima que existe gente que todavía crucifica a la familia Itadori.
—Gojo eres un adolescente con hormonas calientes, tu encaprichamiento por mí se terminará. —Yuuji intenta una vez más razonar con él, cosa inútil, porque el chico no se rendirá; es así de testarudo—. Deberías ver a personas de tu edad y dejar de insistir en este tema. Además, recuerda que soy tu profesor.
—¿Entonces, por qué tu corazón late con fuerza? ¿Por qué tus mejillas están rojas? ¿Por qué no me has apartado de tu regazo? ¿Y por qué dijiste eso sin mirarme a los ojos? —Maldita sea, el joven es un dolor de trasero con sus cuestionamientos acertados—. Dos meses, Yuuji-sensei. En dos meses seré mayor de edad y me graduare pronto, y no podrás darme esas excusas.
Enojado y dolido, él se levanta y se dirige hacia la salida del aula.
—Tu familia no lo permitirá.
El albino se gira y retira sus lentes oscuros en un movimiento ágil y elegante, expresando determinación.
—Por ti, enfrentaré cualquier riesgo, Yuuji.
El Torneo de los Tres Magos finalmente comienza. De la Academia Beauxbatons los representa la señorita Iori Utahime; del Instituto Durmstrang, Aoi Todo y de Hogwarts, Gojo Satoru. En una charla posterior, Gojo le despotricó a Yuuji que Utahime es muy molesta y Todo es un raro que parece estar colado por una idol.
A Yuuji le pareció extraño que Aoi preguntara por el tipo de mujer que le gusta a Satoru. Y luego su rostro se tiñó de carmesí cuando Satoru le dijo que el único para él es Yuuji-sensei.
La antipatía hacia el joven Slytherin permanecía ahí por parte del alumnado, asimismo, la envidia y los comentarios mordaces de que otro estudiante debió ser el campeón del colegio no se hicieron esperar. No obstante, todos concordaron que ganar el torneo es una prioridad, por lo que los estudiantes —a regañadientes— apoyaron a Satoru.
Itadori se sintió orgulloso y le deseó lo mejor al adolescente. Se encontraba en su último año y si ganaba la copa, será una grandiosa despedida digna de un Gojo.
El mago revisaba unas tareas y, de pronto, la puerta del salón de clases se abrió. Satoru ingresó con postura osada, expresión seria y un fuego en esos orbes celestes.
—Itadori-sensei. —La espalda del mencionado se irguió de inmediato. Desde el inicio, su estudiante jamás lo llamó de esa forma, siempre optando por su nombre de pila, así que Yuuji intuyó que lo próximo que saldría de los labios del albino presagiaba un remolino que destruirá el gramo de moralidad que todavía conserva—. Si gano el Torneo de los Tres Magos, usted saldrá conmigo.
Satoru ya cumplió los dieciocho, Itadori no puede usar la misma excusa de la edad. Y la relación profesor-estudiante terminara pronto.
Un hombre sensato hubiera puesto fin a esta situación desde el momento que Gojo se le declaró, pero Itadori fue egoísta y permitió que los sentimientos de Gojo crecieran. Abrazó fuertemente los elogios de su estudiante, se aferró a la falta de espacio personal y guardó en su memoria la confesión de amor como su mayor tesoro. Colocándolos en esta situación.
Las emociones abrasadoras desataron un desequilibrio en sí mismo, intensa calidez en su rostro y su alma fue desnudada por manos aún inexpertas.
Destrozar el corazón del adolescente o renunciar e irse de Hogwarts son las únicas opciones escritas en su papel moral, pero lo que sale de su boca es su anhelo más profundo y secreto.
—Está bien.
Satoru parpadeó anonadado, asimilando las palabras de su profesor. E instantes después su sonrisa brillante iluminó su hermoso rostro juvenil.
—¡Sí!
El chico dio un saltó eufórico, desdibujando una sonrisa tierna en los labios del adulto.
El hechicero salió corriendo del aula con una motivación vehemente para ganar el torneo.
Cuando Yuuji le contó esto a sus amigos, ellos tomaron todo su autocontrol para no golpearlo. La conferencia que también le dieron pudo durar más si Itadori no hubiera huido.
—Deja de lucir como un cachorro herido, Yuuji. —Nobara lo regaña en voz baja.
Itadori intenta cambiar su semblante, aunque no pueden culparlo de estar tristemente decepcionado de no ser la persona con la que Gojou está bailando. Su estudiante es atractivo, eso es claro, pero esta noche con ese traje azul oscuro (que Yuuji jura que vale más que sus órganos) se ve absolutamente magistral. Un auténtico príncipe azul.
Quiere tanto cambiar de lugar con Shoko.
Varias canciones entonadas después, Itadori finalmente desvía su atención de su amor-no-tan-secreto y se dirige a la mesa de los dulces. Suelta un silbido impresionado por la variedad de golosinas y la escultura de hielo.
Casi escupe el hidromiel que está bebiendo en el instante que una mano se posa sobre su espalda baja.
—¿Te cansaste de ser miserable, Yuuji-sensei? —Satoru expresa en tono socarrón cerca de su oído. La diferencia de estatura le da ventaja al joven e Itadori se siente muy pequeño de repente.
—¿A qué te refieres? —Con cuidado se zafa del agarre de Satoru. Le ordena a su torpe corazón que deje de latir como si estuviera en una maratón.
—Eres tan fácil de leer. —Coge una varita de chocolate y mirando fijamente a su profesor añade—: El torneo terminara pronto, tienes que ser paciente, sensei.
Lo último que le da Satoru es una sonrisa petulante y un guiño.
Yuuji queda estupefacto.
Su estudiante acaba de devolvérsela. Bastante justo, si se lo preguntas.
—Touché —susurra, y le da otro trago al hidromiel.
La banda comenzó a tocar, fuegos artificiales estallaron en el cielo nocturno. Los estudiantes de la casa Slytherin fueron los primeros en ir hacia Satoru, quien se encuentra tumbado en el suelo, sosteniendo la Copa de los Tres Magos. Suguru y Shoko lo ayudan a levantarse y se contagian de la gran sonrisa de Satoru. Alguien anuncia al chico como el ganador del torneo y Yuuji contempla a una distancia prudente cómo Gojo es elevado por dos compañeros, la gente a su alrededor vitorea felizmente mientras que las cámaras enfocan sus lentes sobre el ganador.
El mar glacial de Satoru se conecta con la dulce miel de Yuuji, el muchacho descaradamente le guiña un ojo y deja que sus compañeros lo arrastren para la celebración que se llevara a cabo dentro del colegio.
En horas de la madrugada, Satoru busca a su amado profesor y éste lo lleva a escondidas a su habitación. Si Itadori tenía que decir algo, no pudo hacerlo. La palabrería sobra en el lugar. Finalmente, es Itadori quien se acerca a Satoru y se avienta a sus brazos para sentir cómo labios de su estudiante se aferran a los suyos, devorándolos con famélica pasión. El ferviente momento desconectó sus pensamientos, perdiéndose dichosamente entre los toques a su cuerpo.
Apenas se quejó cuando ambos cayeron sobre la cama, el cuerpo del joven aplastando el suyo.
La cabeza de Satoru se levanta; pómulos sonrojados y labios suaves por el protector labial se destacan de su cincelado rostro.
—¿Eso significa que estamos saliendo? —Sus apoteósicos ojos temblaron con desasosiego—. ¿O faltaras a tu palabra, sensei?
—¿Por quién me tomas? Nunca haría eso. —Sonríe—. También te amo, Satoru.
Juntan sus bocas nuevamente, Yuuji se sujeta fuerte a la espalda del adolescente, temiendo que sea una ilusión. Y Satoru está en una situación similar, negándose en dejar ir al hombre mayor que ha capturado su joven corazón.
—¡Cásate conmigo, Yuuji!
En su infancia conoció a Miyamura-san, el dueño de la tienda de mangas que solía ir, el amable anciano creía vehemente que los déjà vu provenían de sus vidas pasadas. Hoy Itadori puede refutar la creencia del anciano porque el déjà vu que está experimentando le recuerda aquel día en el salón de clases cuando Satoru le propuso salir si ganaba el Torneo de los Tres Magos.
¿Estás seguro de poder manejarlo?, Nobara y Megumi tuvieron esperanza de que reconsiderara salir con el joven Gojo hasta el final. Sin embargo, él no cambió de decisión.
No me interesa quien sea. Pero si es un idiota lo aplastare como una cucaracha, la manera del cascarrabias de su abuelo aceptando su relación.
Las acciones de tu madre no deben obstruir tu felicidad, Yuuji, su padre comprendió la situación, y lejos de alarmarse por relacionarse con un Gojo, Itadori Jin solamente quiere la felicidad de su hijo.
Satoru tiene diecinueve años, graduado del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y actualmente está viviendo en un departamento junto a su pareja que es trece años mayor que él. Ambos decidieron abandonar el mundo mágico y ahora viven como un muggle. Satoru estaba cansado de las exigencias y pleitos con su familia y Yuuji se sintió más cómodo sin gente juzgándolo a sus espaldas por culpa de su madre.
Yuuji vislumbró a su joven novio arrodillado frente a él con una cajita de terciopelo rojo que contiene un anillo de oro blanco con un zafiro oval rodeado de una roseta de diamantes antes de devolver su atención a los documentos que estaba firmando en el sofá. Consiguió un trabajo como asalariado con ayuda de su senpai, Setsuko Sasaki. El trabajo es agotador, pero el dinero vale la pena.
Todavía firmando, Yuuji se dirige a Satoru.
—Termina tu carrera y vuelve a preguntarme.
Satoru hace un puchero y se ve terriblemente desilusionado por la respuesta pendiente.
No obstante, él ya imaginaba que sucedería eso. Bueno, al menos lo intentó y la próxima vez que se reúna con Suguru y Shoko los atormentara con su propuesta de matrimonio fallida.
—De acuerdo. —Hace un puchero.
Itadori sonríe internamente. Satoru es un mocoso mimado, arrogante e infantil. Y, con todo, lo escogió y no se arrepiente en absoluto.
Gojo guarda la cajita en uno de sus bolsillos y a continuación coge los papeles de su pareja para lanzarlos a un lado. Se puso de pie y jaló los brazos de Itadori para encaminarlos hacia el dormitorio.
Está triste y quiere sexo por sus sentimientos heridos.
Por otro lado, Yuuji se regañó por olvidar que su pareja siempre toma represarías follándolo crudamente sobre el colchón.