The bottom Priest

Sinopsis

Louis, un pecador por excelencia que necesita confesarse. Harry, es un sacerdote y puede que también un pecador. LT / HB Smut Feminización/ palabras mal sonantes Leer bajo responsabilidad propia ¡Espero les guste!

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

1/4

--Pueden ir en paz—


Pronunció dando por finalizada la misa, cerró aquella vieja biblia que leía todos los días desde que era un niño y, cuyos versículos (en su mayoría) podría recitar de memoria.


Dirigió su verdosa mirada a las grandes puertas de la iglesia, viendo partir a los feligreses, que como cada domingo asistían fielmente a misa.


Luego de ordenar y guardar la biblia, bebida y comida sagrada, se despidió de loa jóvenes monaguillos, emprende camino a su celda*, donde le aguardaba la carta que le daría vía libre a la vida, que hasta hace poco descubrió,  realmente quería vivir.


Se había sentido mal durante toda la eucaristía, tan hipócrita y ansioso. Hablando de “sinceridad y fidelidad “, vistiendo aquella sotana negra que amó vestir alguna vez, pero que actualmente sentía, quemaba tanto su piel como su alma. Y  estando frente a todas aquellas personas que se dirigían a él como “su santidad”, Dios sabe que él es todo menos santo.


Caminaba de forma lenta, con la cabeza gacha; y perdido en sus pensamientos, más específicamente, en sus recuerdos.


Desde pequeño adoraba acudir a misa con sus padres y hermana, amaba lo hermoso de la palabra de Dios, soñaba con algún día ser quien diera aquellas palabras a quienes asistían a misa, era un niño con un amor inmenso por la religión e incluso llego a servir como monaguillo, en algún punto su familia llego a pensar que con el pasar de los años, empezaría a descubrirse a sí mismo y lo que quería realmente, no porque dudaran del amor que Harry sentía por la religión, sino porque, todos quisimos ser algo de pequeños y esos deseos de ser, cambiaban con los años.


A pesar de eso, no fue una sorpresa cuando el no tan pequeño Harry de 23 años había tomado los tres votos sacerdotales, pobreza, obediencia y castidad, que en lo religioso, según los consejos evangélicos, son el imitar la vida de Jesucristo, y obligarse a cumplir los votos es profesar, y al hacer esto, se deja de ser novicio para ser profeso, consagrando así, su vida al servicio religioso.

6 años después de tomar sus votos y haberse convertido oficialmente en el padre Harry Styles, y de haber servido fielmente esos años en la parroquia en la cual paso su niñez, específicamente en Holmes Chapel.


Fue asignado a un pequeño pueblo, tras el fallecimiento del sacerdote anterior, lleno de felicidad llego a una linda parroquia cercana a Doncaster, fue recibido por los creyentes con los brazos abiertos, sintiéndose pleno.

Para el sexto mes de haber llegado a aquel hermoso lugar, fué cuando por primera vez en su vida, sintió algo distinto a su amor a Dios, aunque no había dejado de amar al padre celestial y su palabra. Aprendió a creer y amar algo más.


Alguien más.


Fue un 28 de septiembre exactamente, una noche luego de haber oficiado la última misa de réquiem*, que generalmente, eran oficiadas los días de semana en las tardes. Ese día en particular la iglesia (que generalmente era cerrada temprano), tuvo sus puertas abiertas, Harry había sido solicitado por uno de sus feligreses al confesionario, aunque no era común que las personas se confesaran a esas horas, la casa de Dios siempre estaría abierta para sus hijos, y el noble sacerdote de ojos verdes y rizos castaños, dispuesto a escuchar y consolar a sus queridos feligreses.


Ese día en especial, Harry se había sentido extraño. Luego de salir temprano en la mañana a su visita rutinaria al orfanatorio, a dar clases de catecismo a los pequeños. Y pasar obligatoriamente, frente a aquel enorme local, que muchos podrían llamar un sitio de perdición y pecado, no es que tuviese problema alguno con aquel enorme bar o que considerara aquel negocio algo malo, era simplemente que, al pasar, cruzaba su mirada con una de las pocas personas que nunca había puesto un pie en la iglesia, un hombre de quien había escuchado hablar demasiado en el poco tiempo que llevaba viviendo allí,  nada positivo y nada que el haya tomado en cuenta, eran rumores y él, una persona de fe y con la creencia de que, el único que puede juzgarnos es Dios, no sobre pensaba en ellos, no conocía a ese hombre, lo que había vivido o algún aspecto de su vida.


Louis Tomlinson


Se había grabado su nombre, y la intensidad de su mirada. Allí la razón de sentirse extraño, había visto a ese hombre muchas veces en su recorrido al orfanato, y nunca había tomado el tiempo de detallarlo, pero esa mañana, había caminado tan lentamente al verlo, no había logrado despegar su vista de aquellos ojos azules, y no pudo evitar recorrer todo su rostro, deteniéndose en sus labios, cuando el hombre que se veía apenas un par de años mayor que él, recorrió sus belfos lentamente con su lengua. Y el embelesado había imitado aquello, apresurando su paso cuando el hombre sonrió cínicamente.


Logro cumplir con sus tareas ese día sin contratiempos, pero en su mente seguían aquel par de zafiros y aquellos delgados y rosados labios, había tomado un tiempo para hablar con dios y logro calmar su mente y eliminar aquellos pensamientos.


Pero cuando al dirigirse esa misma noche a cerrar las puertas de aquel templo de oración, y un pie interponiéndose entre el marco, impidió que lograse su tarea., se sorprendió ciertamente, pero mayor fue su sorpresa al ver de quien era aquel pie intruso, y los pensamientos que había logrado contener y clamado a dios no volver a tener, salieron a flote, sintiéndose nervioso y con un repentino calor en todo su ser.


El padre Styles, se quedó en silencio por un momento, observando al hombre a penas un poco más bajo que él, esperando que, dijera alguna palabra.


Louis Tomlinson.


El hombre lo miraba, esa misma mirada de siempre, de una forma tan intensa que lograba ponerle los vellos de punta, lo hacía sentir nervioso por alguna extraña razón, no entendía porque esa forma en que le miraba, hacía que sintiese su piel caliente. Sobre todo tus mejillas, sentía sus mejillas como si estás estuviesen expuestas al sol.


Luego de lo que se sintió como una eternidad, Harry, carraspeó y decidió hablar.


—Buenas noches, Señor Tomlinson.— Habló con su voz suave, y observó como el hombre frente a él, mordía su labio.— Estaba a punto de cerrar la iglesia pero, la casa de Dios siempre estará abierta para cuando sus hijos la necesiten. ¿Puedo ayudarle en algo?.


El ojiazul sonrió y asintió pero no dijo nada, solo dió la espalda a el hombre de la sotana y cerró las puertas de la iglesia para luego volver a mirar a Harry, quien sentía algo extraño en el estómago.


—Quiero confesar mis pecados, padre— Dios, que estás en los cielos– pensó Harry, al escuchar aquella voz que provocó un leve temblor en sus piernas.


—Y-yo, Claro, hijo. Vamos —Dijo e hizo una señal para que el caballero frente a él le siguiera cuando empezó a caminar en busca de su sotana, se detuvo y dirigió su mirada hacia al ojiazul, cuando escuchó la risa de este.


—Mierda, ¿Hijo, enserio?—  exclamó Louis y continúo riéndose, pero se detuvo al ver la expresión de Harry al decir lo anterior, básicamente estaba con los ojos muy grandes y su linda boquita semi abierta —Perdone, padre. Es que, se me hace gracioso que me llame hijo, cuando evidentemente, soy mayor que usted que no debe tener más de 23 años.—la voz de Louis era burlona, al igual que la sonrisa que permanecía en su rostro.


—Esta bien, no se preocupe.— la voz del ojiverde era baja y flaqueaba, el hombre frente a él lo hacía sentir y pensar cosas que no entiende.— no creo que mi edad sea relevante pero, son 28. Ahora, acompañeme para que pueda confesar.


—Oh, no estamos muy distantes en cuanto a edad, solo 4 años.—siguio Louis, mirando los labios del contrario, ignorando lo último.


—¿La confesión?— Harry ya estaba de los nervios, quería dejar de sentirse extraño y la mirada de ese hombre sobre sus labios no estaba ayudando.


—Oh, si.— El ojiazul observó detalladamente el rostro de Harry, deteniéndose en sus caderas y preguntándose internamente, ¿Cómo mierda la vestimenta de sacerdote le hace ver tan caliente a ese hombre.


—¿Vamos?— preguntó señalando nuevamente el espacio donde se realizan las confesiones.


—No creo que sea necesario, este lugar es perfecto.


Solo entonces Harry de dió cuenta que se encontraban a unos pasos del confesionario y cerca al altar justo enfrente a las imágenes de los angeles y de Jesús en la cruz.


—Pero nor- —


—Tiene una boca tan bonita, padre.— dijo interrumpiendo lo que sea que Harry fuera a decir. —Tiene unos labios gruesos y malditamente rosados.


—Señor Tomlin.—


—Llámame papi.—Dijo y luego nego con la cabeza — Maldita sea. Me tiene tan mal, padre.


—¿Que-e está di-iciendo?.— tartamudeo el ojiverde con las mejillas rosadas y al borde del desmayo. —Debe-e re-espetarme y la casa de Di-ios.


Louis y ignoró todo lo dicho por Harry y se acercó lentamente a él, cada paso que él avanzaba era uno que Harry daba para mantenerse lejos y con un poco de cordura, sus pensamientos no le estaban ayudando en nada.


Su boca también es bonita

Sus labios son muy rosas y delgados


Sacudió su cabeza, él no debería de estar pensando esas cosas de nadie. Él nunca había tenido ese tipo de pensamientos ni siquiera quiera antes de iniciar el sacerdocio.


—La casa de Dios, está siempre para cuando sus hijos lo necesitan, ya se lo dije pero, si no necesita nada o va a hacer su confesión, le agradezco que se retire.—hablo suavemente pero con seriedad, Harry.


—Quiero confesarme, padre. Por eso estoy aquí—el castaño lamió sus labios antes de continuar.— He sido un gran hijo de puta, he mentido, he traicionado e incluso he disfrutado de los más bajos placeres con personas comprometidas—Harry escuchaba atentamente, y por la misma extraña razón que aún no descifra, lo que escuchaba le provoca un vacío en el estómago.— Pero, nada de lo que he mencionado se compara al pecado que quiero cometer. Nada se compara a querer cogerme malditamente duro, al hombre frente a mi, nada se compara al deseo de tenerlo temblando debajo de mí, de hacerle conocer un paraíso mejor, al que su Dios promete.—Para ese punto los ojos de Harry parecían querer salirse de sus cuencas, no tenía claro si era por lo que estaba escuchando o por el tirón que sintió en su pene al escuchar todo aquello.— He pecado, padre. En pensamiento, palabras y obras. He pecado tanto y no me arrepiento pero, desde que usted ha llegado a este maldito pueblo, me he vuelto aún más pecador, Y todo ha sido su culpa, por ser tan malditamente hermoso, es pecado desear a alguien cuyo amor es profesado a Dios. Es pecado que mis pensamientos sean entorno a usted, es pecado tener la necesidad de poseerlo. Es un maldito pecado desear arrancar sus gemidos. Soy un maldito pecador que quiere que un sacerdote esté de rodillas y que por primera vez, no esté dirigiéndose a su Dios. Es jodidamente pecado querer verlo con mi polla en su boca, atragantandose con ella, quiero pecar y que usted peque conmigo. Quiero follarlo como la perra que sé, usted es.


Harry estaba estático, su mente era un torbellino de pensamientos, sus mejillas están sonrojadas, su pene semierecto (lo cual lo asustó, jamás le había pasado aquello, ni siquiera en su adolescencia). Su corazón latía desbocado, todo aquello solo le estaban incitando a saltar sobre Louis, pero era imposible, él no debía pensar o sentir de esa manera por otro hombre, no, no debería sentirse así por nadie.


No le escandaliza que sea un hombre insinuando una relación entre ellos, siempre ha considerado que el amor es hermoso y que el género, clases sociales no influyen en él e incluso ha tocado el tema en misa. Lo que realmente le escandaliza es, que él es un sacerdote con devoción, que nunca había sentido atracción sexual o romántica hacia nadie en 28 años. Lo único que siempre ha amado es su religión, a su Dios y feligreses. Y ahora, un hombre cuya mirada le quema la piel, y cuya voz le provoca no solo un temblor en las piernas sino que también lo lleva a un estado en el que es todo lo que quiere escuchar, le este diciendo tales cosas y que él las esté considerando, le escandaliza al máximo.


—B-basta, ya no diga esas cosas, yo no. N-no es posible.—Louis miraba a Harry, notaba lo nervioso e incómodo que se sentía, estaba por disculparse e irse cuando bajo su mirada y el pequeño bulto entre las piernas del contrario, lo animó a continuar.


El ojiazul se acercó suavemente a Harry, y mirando directo a sus ojos le dijo.


—Su santidad, es posible, claro que lo es.— dirigió su dedo índice hasta rozar suavemente sobre la zona íntima del ojiverde, causándole un pequeño espasmo y arrancando un gemido celestial del bonito sacerdote.— Maldición, eres una toda una perra necesitada, ¿No es así, preciosa?—A Harry, le gustó,no sabe porque pero se sintió bien al ser feminizado.—No es así?, ¿Lo quieres?.


—Y-yo, no p-podemos, esto n-no debería d-de. U-usted no debería decirme esto, no debería estar aquí.—Harry dió varios pasos atrás, trato de ser firme, de ir en contra de lo que claramente su cuerpo quiere.


—Pero lo quiere, ¿No es así?.—El ojiazul volvió a acercarse al dueño de sus deseos.— Sé que lo quieres tanto como yo, claro que lo quieres, tu respiración es errática y si me acerco un poco más podría escuchar el latido de tu corazón. Tus mejillas están tan rosaditas, tu labio está hinchado porque llegas un rato mordiendolo.—Hasta ese punto el sacerdote notó que había tenido su labio atrapado entre los dientes.— Tu pene, esta ansioso porque lo toque, ¿Verdad?.


—Y-yo— tartamudeo el ojiverde.


— Tú, quieres que te empotre en este jodido altar y te haga mío, lo sabes y lo sé.—La voz de Louis era ronca y sonaba lleno de exitación.— Quieres que, te tome, quieres sentirte malditamente lleno por mí, que te folle jodidamente duro.—se acercó hasta que su respiración rozó la mejilla del menor.


Las piernas de Styles temblaban y su pene termino por endurecerse. No sé había dado cuenta de que, había estado asintiendo a todo lo que el mayor decía hasta que, dejó salir un gemido fuerte y necesitado Cuando Louis, estuvo tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.


—Pero, no lo haré.— continúo el de ojos azules.— No voy a follarlo, hasta que diga que quiere ser mío.


—L-Louis, y-yo— eran la primera vez que llamaba al mayor por su nombre, le gustó y el contrario amo su nombre solo porque sonaba en voz de ese hombre de aspecto angelical.


—Dígame, padre, ¿Quiere ser mi perra?.— Susurró justo en el oído del menor y fué todo lo que Harry necesito para mandar todo al carajo.


Perdóname, Dios mío.


—Si.—


La sonrisa de Louis fue tan brillante, que Harry solo pudo pensar en que, esa sonrisa podría parar guerras e incluso iluminar el lugar más oscuro.


Y Harry no sabía porque pensaba eso, solo sabía que, después de años de servicio religioso. Anhelaba pecar, quería tan malditamente mal que Louis fuese su pecado.


—Si, ¿Qué?.— preguntó el ojiazul con cinismo ensanchando su sonrisa.


Harry recordó, lo que antes había dicho el mayor.


—Llamame papi—.


Sus mejillas se sonrojaron más (si, fue posible) y pronunció.


—Si, papi. Quiero ser tuyo, quiero ser tu p-perra.—


Eso fué más que suficiente para tener a Louis devorándo su boca.


Le besaba con hambre, chupando sus labios y dejando pequeñas mordidas, Harry se dejó hacer, era su primer beso después de todo. Movía su boca con timidez, sin lograr seguir el ritmo del mayor, quien mordió un poco más fuerte el labio inferior del cura y dejo un firme apretón en el trasero de este, sacando un gemido quedito.


Se separaron tras la falta de aire, permaneciendo con sus frentes juntas y la respiración acelerada.


—Voy a tomarme mi tiempo contigo, preciosa.— ahí estaba de nuevo, Louis le estaba tratando como a una chica y nuevamente el cosquilleo en su estómago se hizo presente .


Louis se alejó un poco e inicio a sacar las prendas de Harry, casi desesperadamente, necesitaba ver más, tocar cada centímetro de piel.


Quitó la sotana, la camisa y quedó fascinado con lo hermosa y blanquecina que era la extención de piel frente a sus ojos. No se contuvo y, empezó a repartir pequeños besos y mordidas desde el cuello del ojiverde, bajando lentamente hasta el abdomen ajeno.


El ambiente estaba cargado de exitación, en aquel sitio sagrado solo se escuchaban los jadeos y bonitos gemidos de aquel hombre de paz, del sacerdote más caliente que Louis haya visto jamás, de ese hermoso rizado de ojos verdes que le fascinó desde la primera vez que le vio.


Continúo besando sin dejar un rincón sin recorrer, durante todo ese tiempo ignorando los bonitos pezones del rizado, quería dedicarle especial atención así que luego de dejar pequeñas mariquitas en el pecho y abdomen contrario, se dedicó a chupar esos lindos botoncitos.


Harry era un desastre para ese punto, gemía sin contenerse, en su mente no había lugar para nada que no fuera el placer que estaba sintiendo. Ni siquiera se detuvo a comprobar que la puerta estuviese bien cerrada o sugerir a otro lugar. Solo estaba perdido en el placer, en su mente solo resonaba una palabra, más.


Más, quería más de toda esa sensación deliciosa.


Un fuerte gemido abandonó los labios del ojiverde y todo su cuerpo dió un poco espasmo, después de que, el mayor mordiera su pezón izquierdo.


—Mmm, y-yo, me siento r-ra.— no puedo terminar de hablar porque sintió una humedad en sus pantalones, no era tonto sabía lo que era, más nunca había tenido esa sensación, jamás había tenido un orgasmo, nunca había expulsado semen.


Louis, había logrado que se corriera sin llegar a tocar más allá de sus pezones, y claro que, el mayor estaba orgulloso de ello.

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Celda*: Habitación de los sacerdotes, novicios y monjas.


Misa de réquiem*: Estás misas se ofician por aniversario de muerte (algunas personas las confunden con los novenarios).