Parte Única.
JiMin detuvo su paso arrastrando su mirada en dirección a la casa de al lado, la pequeña vivienda de un solo piso siempre estaba llena de gritos por las mañanas y por las noches; aquella mañana no era la excepción.
—¡Púdrete, viejo de porquería! —gruñó el pelinegro cerrando la puerta de forma brusca atravesando el jardín con rapidez.
JiMin soltó un suspiro retomando su propio paso ignorando los alaridos que el padre de su vecino soltaba al haberse asomado saliendo en ropa interior y camiseta en la entrada de la casa.
—¡Deja que te agarre, mocoso de mierda, te enseñaré a respetarme! —el pelinegro alzó su dedo medio en dirección al hombre sin girar a verlo —. ¡Te partiré ese maldito dedo, hijo de puta!
—¡Fue tu esposa, imbécil! —gritó de regreso, acelerando su paso. JiMin giró la cabeza notando al mayor a su par —. Buen día, Park.
—Jeon —asintió hacía el pelinegro, Jungkook le dio una mirada de arriba abajo sonriendo socarronamente antes de dejarlo atrás con su paso veloz —. Siempre son lindas las mañanas acompañadas de los gritos de tu padre.
—No es mi padre —fue lo que dijo para continuar su camino.
JiMin no dijo nada al respecto, permitió que el chico se adelantara manteniendo su lento ritmo sacando los auriculares de su bolsillo dispuesto a escuchar música hasta que viera el complejo institucional.
¿Qué era Jungkook para JiMin?
Nada, absolutamente nada.
En el instituto no se hablaban, JiMin era un chico solitario que odiaba la atención sobre él, prefería permanecer en lugares recónditos del establecimiento como las zonas verdes donde las copas de los arboles lo protegían o la biblioteca en la sección de fantasía donde nadie nunca iba.
Por el contrario, aunque Jungkook no era precisamente popular, siempre estaba acompañado de dos revoltosos chicos a los cuáles les gustaba meterse en problemas. Jungkook era problemático, pero inteligente, sus notas eran bastante sobresalientes a diferencia de su comportamiento temperamental y muy déspota. JiMin entendía el porqué era así, sin embargo, a veces le parecía que era su forma de desahogar lo que no podía en casa.
De todos modos, no era su problema. Ellos no eran amigos, mucho menos conocidos, eran simplemente… vecinos.
Desafortunados vecinos en un barrio de porquería donde la delincuencia, las drogas, las peleas de pandillas y más eran el pan de cada día. Se saludaban por costumbre, tal vez, por cortesía o curiosidad, pero nunca hablaban más allá de eso.
Sacudió la cabeza, poniéndole play a la música se concentró en la melodía tratando de dejar a un lado cualquier idea que su mente haya tenido sobre el pelinegro, no debería tener pensamiento alguno sobre Jeon Jungkook. JiMin muy bien sabía que, entrometerse con Jungkook era simplemente para acarrear problemas; el mayor tenía un gran cartel en su frente que decía dilema, y JiMin no estaba en condiciones de cargar más cosas en su pesada maleta.
Jeon Jungkook debía quedarse fuera de sus límites.
Con eso en mente, llegó al instituto listo para otro día de porquería en aquel lugar de mierda.
A lo lejos, Jungkook observó al bonito castaño llegar con sus típicos auriculares sobre sus orejas y su mirada aburrida plantada en el camino sin prestarle atención a nada en particular.
Sus ojos lo escaneaban de arriba abajo siguiendo su caminar, al menos, hasta que un empujón le hizo desviar su mirada del precioso chico para centrarla en el causante de su irritación.
—¿Qué? —gruñó.
Taehyung rio. —¿A quién miras, acosador?
—¿Qué vergas te importa, chismoso? —el pelirrojo se encogió de hombros manteniendo una sonrisa burlona y cuadrada sobre su atractivo rostro —. ¿Dónde está Yoongi?
—No vendrá hoy —la sonrisa de Taehyung se borró —. Su madre tuvo problemas con un cliente anoche, ya sabes cómo es gatito; fue a buscar al hijo de perra y tuvo que pasar la noche en la comisaria.
Jungkook sonrió burlón. —¿No fuiste a hacerle compañía a tu noviecito?
Taehyung gruñó dándole un empujón ignorando la carcajada burlona de su mejor amigo, Jungkook comenzó a caminar ignorando los improperios que salían entre dientes de la boca del pelirrojo.
—No somos novios, sólo jodemos cuando tenemos ganas —declaró en tono agrio, Jungkook blanqueó los ojos.
—Son una mierda de pareja —señaló, Taehyung abrió la boca dispuesto a refutar —. Se celan, son exclusivos, pasan todo el tiempo posible juntos, se ponen apodos de mierda; en fin, menos mal no son novios —siguió burlándose.
Taehyung resopló. —Tú cállate, mejor dime, ¿cuándo le dirás al castaño ese que quieres romperle el culo?
—¿A quién quiere romperle el culo, Jeon? —el pasillo se quedó en silencio ante la fuerte voz del peliblanco.
Jungkook cerró los ojos contando hasta diez, buscando en su interior la paciencia suficiente para no asesinar a su otro amigo. Abriendo los ojos se encontró con la mirada inquisidora del castaño, sus miradas se mantuvieron por unos segundos fijas sobre el otro hasta que JiMin la alejó continuando con su camino por el pasillo.
Ignoró las miradas curiosas y de repudio que recibió enfocándose solamente en el delicioso andar de su vecino.
Quería clavarse tan duro en aquel precioso culo.
Aunque, no estaba seguro de sí JiMin se lo permitiría, algo en Jungkook le decía que sí, sólo debía presionar los botones correctos del solitario chico.
—Hobs —sus ojos regresaron a sus amigos en el momento en que la silueta del castaño se perdió entre los estudiantes del pasillo —. Vuelve a decir algo como eso en voz alta, y te juro que arrastraré tu cuerpo amarrado a mi moto por toda la calle principal de la ciudad, ¿he sido claro?
Hoseok abrió de manera amplia los ojos escuchando las carcajadas jocosas de Taehyung resonar por los pasillos mientras retomaban su paso en dirección al salón de clases para su primera hora del día.
—Eres un hijo de puta, Jeon —se quejó el peliblanco con su cuerpo encogido en una pose derrotada —. Soy tu mejor amigo, ¿cómo puedes amenazarme de muerte?
—Porque lo eres, es porque te amenazo de muerte —dijo sin tono manteniendo su mirada en el camino esperando volver a ver al castaño —. Y deja de decirme hijo de puta.
—Pero eso eres —siguió quejándose.
Taehyung detuvo sus carcajadas, sosteniéndose el estómago mientras se secaba las falsas lagrimas que había soltado debido a la estridente risa.
—Demonios, sí que me reí —suspiró con una sonrisa perezosa plantada en su rostro —. Además, tú no eres su mejor amigo, idiota, soy yo.
Jungkook blanqueó los ojos. —Bésenme el pene, y decidiré quién es mi mejor amigo.
Los dos hombres hicieron una mueca de asco sacándole una sonrisa divertida al pelinegro.
—Ni hablar —musitaron los dos chicos al tiempo.
Ingresaron a su respectivo salón, Jungkook vio prontamente al castaño recostado sobre el escritorio con la cabeza escondida entre sus brazos en una de las esquinas de la sala. Tenían cálculo, una de las pocas materias que compartían juntos. El pelinegro sonrió dirigiéndose a su fiel sitio acompañado de los dos idiotas que se daban empujones entre sí tras de él.
Le gustaba cuando tenía clases con el castaño, de ese modo, podía observarlo sin pudor alguno durante la hora mientras el castaño lo ignoraba completamente concentrado en tratar de entender lo que dictaban. Jungkook no tenía ese problema, él podría fácilmente dormirse o ignorar el programa educativo del día y aun así su cerebro absorbería la información, estudiar siempre había sido algo simple para él. Pero, por lo que podía ver, para el castaño el estudio no era sencillo.
Dejando caer su maleta sobre el espaldar del asiento, soltó su cuerpo sobre la silla cruzando sus brazos en el escritorio para recostarse en el con su cabeza en dirección al castaño. Cerró los ojos cuando éste giró hacía él, haciéndose el desentendido de su intensa mirada, Jungkook sabía que JiMin sentía sus miradas; a veces se las regresaba no con la intención de que se detuviera, si no, con curiosidad. Casi como si le pareciera extraño que le mirara con tanta atención.
Tal vez JiMin no sabía que Jungkook estaba completamente fascinado con el castaño desde que lo vio mudarse a la casa vacía de al lado, y aún más cuando ingresó el primer día del segundo semestre del ciclo escolar.
Probablemente, iba siendo hora de que JiMin lo supiera.
Con eso en mente, decidió que era buen momento para tomarse una siesta. No había podido hacerlo por culpa de su padre, un gruñido se atascó en su garganta con el recuerdo de su progenitor. Soltó un suspiro ignorando la conversación de sus dos amigos dispuesto a perderse en el mundo de los sueños por un rato.
—Oye Park —JiMin se giró ante el llamado de su compañero de trabajo, Namjoon traía su cabello negro rapado cubriéndolo con un gorro gris mientras una paleta de fresa paseaba en su boca —. Mark quiere verte.
JiMin apretó los labios. —¿Ahora qué?
Namjoon se encogió de hombros, soltando un suspiro dejó las cajas a un lado en el suelo saliendo del almacén dentro del local hacía la parte trasera a la oficina del gerente.
Mark era un hijo de puta que gustaba de acosarlo, JiMin lo había puesto en su lugar en un par de ocasiones, sin embargo, el hombre todavía insistía en querer meterse dentro de sus pantalones. En todo caso, JiMin estaba seguro de que podría ser él quien follara al hombre —claro, si le gustara el tipo o si le gustara follar— de todos modos, comenzaba a hartarse del sujeto. No es como si JiMin pudiera darse el lujo de renunciar, de algún modo, necesitaba pagar sus cuentas.
JiMin vivía solo, su padre nunca había estado presente en su vida y su madre había fallecido cuando él tenía seis años. Había pasado por casas de acogida, aun así, cuando cumplió quince decidió que estaba harto de todo ello y escapó de su última casa. La pareja de ancianos no era mala con él, no obstante, sabía que en el momento en que cumpliera la mayoría de edad sería desechado por el gobierno como si fuera basura. Antes de que eso sucediera, logró conseguir un trabajo de medio tiempo —claramente ilegal— en una pequeña tienda que le sirvió bastante bien para ahorrar el suficiente dinero durante dos años hasta que pudo pagar un arriendo decente y cambiar de empleo.
Mark era una astilla en su día a día, pero el dinero que recibía de la tienda de conveniencia era el suficiente para alguien solitario como él; aun así, realmente estaba cansándose de ello.
JiMin se detuvo frente a la puerta de la oficina del gerente, tomando una inhalación profunda levantó su puño golpeando suavemente la madera esperando que del otro lado le permitieran ingresar.
—Pase.
Tomando valor, abrió la puerta ingresando a la habitación dejando abierto. Hizo una reverencia mirando con gesto inexpresivo al hombre sentado tras el pequeño escritorio. Su camiseta roja se veía graciosa en su delgado cuerpo, puesto que, se veía era de unas tallas más grande que él.
—¿Me necesitaba, gerente?
—Te he dicho que me llames Mark, JiMin —el castaño torció el gesto, molesto, por su exceso de confianza para con él —. Lo siento, Park —carraspeó.
JiMin asintió. —¿Qué sucede?
—¿Qué tal si cierras la puerta y tomas asiento? —JiMin se cruzó de brazos mirando inquisitivo al hombre —. Para platicar más cómodos.
—Estoy bien así —dijo con tono tosco —. Tengo cosas qué hacer, ¿puede ser breve, gerente?
Mark hizo una mueca. —Quería hablarte sobre un aumento.
—Un aumento —repitió, sus ojos inevitablemente se estrecharon sobre el hombre cuando éste asintió con una sonrisa —. ¿Por qué obtendría un aumento? Llevo un par de meses trabajando aquí.
—Exactamente, y ese par de meses has sido un empleado ejemplar, Park —Mark giró sobre su silla haciendo un gesto ligero con la mano como si le restara importancia a las razones —. ¿Acaso no quieres el aumento?
—Claro —se encogió de hombros manteniendo su postura medianamente agresiva —. Pero sigo sin comprender por qué, hay empleados que llevan más tiempo que yo y no han recibido un aumento, gerente.
Mark se quedó en silencio por unos minutos mirándole fijamente, JiMin le sostuvo la mirada con la misma intensidad, pero viéndose completamente desapasionado por la guerra de miradas. El castaño estaba acostumbrado a que lo siguieran con la mirada, sobre todo, un pelinegro de personalidad problemática; aunque, había una gran diferencia entre la mirada de este hombre y aquel.
A JiMin no le incomodaba la mirada de Jungkook como si la de Mark.
—Por eso quería que cerraras la puerta y tomaras asiento, Park —musitó con aparente aburrimiento —. Puede ser discutible, pero creo que necesitas el aumento.
—¿Usted cree? —JiMin frunció el ceño —. ¿Qué le hace pensar eso?
Mark apretó los labios, como si el comentario se le hubiese escapado antes de que pudiera detenerlo. JiMin descruzó los brazos girando su torso para mirar tras de él hacia el negocio, un par de clientes paseaban por los pasillos de la tienda con dos trabajadores esperando pacientemente en caja.
Nadie más rondaba por allí cerca.
Tomando otra respiración profunda, se acercó a la puerta entrecerrándola, regresó sobre sus pasos apoyando sus manos sobre el espaldar de la silla frente al escritorio inclinándose hacia adelante. Mark amplió los ojos con sorpresa mirándolo fijamente con la boca ligeramente abierta.
—No sé qué clase de persona cree que soy, gerente, pero si me está ofreciendo un aumento a cambio de algún favor que no tenga relación alguna con el trabajo, entonces lo declino —murmuró manteniendo su mirada estoica sobre el rostro ajeno —. No necesito ese dinero.
—Park…
—Será mejor que se detenga —exigió enderezándose en su altura para dirigirse a la salida de la oficina —. Si tengo que reportarlo, lo haré y si tengo que renunciar, no me importa.
—Soy el gerente, ¿quién le haría caso a la palabra de un empleado cualquiera sobre la del gerente? —se burló con cinismo el hombre —. Sólo piénsalo, JiMin, podrías recibir un mejor sueldo si hicieras lo que yo te pidiera.
JiMin se burló. —Qué ingenuo, gerente.
Salió de la habitación ignorando los llamados del hombre, JiMin apretó sus puños enervado, lleno de cólera y malestar. Tendría que esperar a que el mes terminara para recibir la visita del dueño del local y dar su renuncia esperando con ello, poder obtener su sueldo completo y su liquidación.
Suspiró caminando hacía el almacén con la intención de retomar su trabajo. Le faltaban par horas para terminar su turno, así que, trataría de mantenerse fuera del radar de Mark; estaba seguro de que el hombre estaría molesto por haberlo rechazado y además haberlo dejado hablando solo.
Sería mejor mantenerse lejos.
Namjoon se detuvo a su lado cuando lo vio descargando cajas, su mirada se paseó por el área acercándose lentamente a él; JiMin arqueó una ceja en su dirección regresando su mirada a su labor. El moreno suspiró soltando las cajas que llevaba a un lado de él fingiendo trabajar.
—¿Qué quería?
—¿Tú qué demonios crees? —murmuró entre dientes ignorando la mueca de incomodidad que se formó en el rostro del moreno —. El imbécil me propuso un aumento.
—¿Un aumento? —su ceño se frunció por unos segundos antes de que una resplandeciente sonrisa se asomara en sus labios mostrándole dos hoyuelos —. Pero si esa es una gran noticia, Park, deberías estar feliz.
JiMin rodó los ojos. —Entonces dile a Mark que quieres que te rompa el culo a cambio del aumento.
Su tono fue bastante tajante, pero suficiente para hacerle entender al moreno las razones de su enojo y malestar.
—Oh.
—Sí, oh —repitió en un gruñido —. Ese maldito precoz no me deja en paz desde que comencé a trabajar aquí.
Namjoon se removió en su sitio mirando en todas las direcciones, sus manos se movieron nerviosas hasta acomodar su gorro jugueteando con el palo de la ya consumida paleta entre sus labios. JiMin le dio una mirada extrañada continuando con su tarea.
—No eres el primero —mencionó finalmente.
JiMin se detuvo, girando a verlo. —¿Qué?
—No eres el primero —repitió, el castaño miró tras de él asegurándose que nadie más los estaba escuchando. Namjoon soltó un suspiro frustrado —. Varias chicas y chicos han renunciado sin aparente razón justificable, se rumorea que es debido al acoso sexual de Mark.
—No es un rumor —bufando retomó su trabajo, desarmó la caja dejándola a un lado —. Es un acosador de mierda.
—¿Por qué no intentas grabar lo que te dice? —JiMin detuvo sus acciones girando a ver a Namjoon, el moreno estaba cruzado de brazos mirando en otra dirección —. Así tendrías pruebas contra el gerente.
JiMin en ningún momento había pensado en eso, de todos modos, su teléfono era lo suficientemente viejo para que la aplicación de grabadora funcionara. Tendría que conseguir algún aparato que pudiera guardarse en su bolsillo para poder grabar cualquier conversación que terminara teniendo con Mark.
Estaba seguro de que el hombre no se detendría.
—Es una buena idea —dijo después de varios segundos en silencio, Namjoon sonrió de hoyuelos asintiendo —. Espero que esto quede entre nosotros, Kim.
—Claro, Park —palmeando su hombro de forma amistosa recogió sus cajas continuando con su camino —. Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.
—Bien.
Observó al moreno alejarse de él, soltando un suspiro agotado miró fijamente las cajas que todavía le quedaban por desempacar pensando en sus opciones. Haría el esfuerzo por conseguir un nuevo teléfono esperando obtener pruebas en contra de Mark, así tal vez no tendría por qué renunciar a su trabajo y buen sueldo.
El pensamiento le hizo sonreír hasta que finalizó su turno y pudo recoger su maleta en su casillero con toda la intención de irse a casa. Se despidió de los chicos de turno saliendo del establecimiento con la brisa fría de la noche acompañándolo, su mirada se dirigió al cielo notándolo nublado.
—Lloverá toda la noche —murmuró en un suspiro comenzando a caminar por la oscura acera.
Las farolas de la calle en esa zona no tenían energía, por lo que, JiMin tendía a cargar una navaja de bolsillo rezando para nunca tener que utilizarla. Por supuesto, durante su tiempo de trabajo cuando era más joven, hubo momentos en los que tuvo que dormir en parques o en parqueaderos. Incluso, en alguna ocasión llegó a esconderse en callejones entre la basura deseando escampar de un mal clima o de personas que parecían peligrosas.
Él sabía que el barrio donde vivía no era el mejor, pero al menos tenía un techo sobre su cabeza y una cama en la cual dormir abrigado lejos de las tormentas de lluvia como la de esa noche.
Con su paso sereno y confiado, mantuvo su ritmo hasta lograr llegar a su vecindario sintiendo las gotas de lluvia empezar a caer sobre la acera. Lo bueno es que estaba cerca y no se mojaría demasiado, aceleró su paso cuando las gotas comenzaron a intensificarse deteniéndose de golpe al notar un cuerpo tirado sobre las escaleras de la entrada de su casa.
Su mirada inmediatamente se dirigió a la casa de al lado, la luz de la sala estaba apagada más el reflejo de la luz del televisor podía ser un indicativo de que el señor Jeon estaba en casa esa noche. Soltando una exhalación temblorosa caminó a paso lento, esta vez ignorando el hecho de que sus ropas se estaban empapando. El cuerpo se movió soltando pequeñas quejas hasta que levantó la cabeza en su dirección; JiMin contuvo la respiración al darse cuenta que se trataba de Jungkook, el pelinegro sonrió en su dirección.
—Hey, Park, perdona que esté estorbando tu entrada —musitó con la intención de moverse, su cuerpo cayó de golpe sobre el suelo —. Mierda.
JiMin se movió por inercia acercándose hasta el pelinegro para ayudarle a ponerse de pie, en ese instante lo detalló de mejor forma dándose cuenta que, tenía el labio roto, el ojo inflamado y el pómulo violáceo.
—¿Qué…?
—Creo que tengo una costilla rota, ¿podrías revisarme? —le interrumpió.
JiMin asintió abriendo la puerta de su casa dejando a Jungkook apoyado en el umbral para ingresar rápidamente dejando sus cosas a un lado, ambos completamente empapados por la fuerte lluvia que ahora caía.
—Ven —JiMin caminó hasta el pelinegro ayudándole a ingresar a la sala dejándolo caer en el sillón —. Cuidado con el resorte.
—Ya lo sentí en mi espalda —murmuró, JiMin sonrió —. Mira eso, puedes sonreír Park.
JiMin se encogió de hombros alejándose del magullado chico, se sacó su chaqueta caminando por el pasillo en búsqueda de una toalla; tenía la ligera sospecha de que el señor Jeon había cumplido con la promesa que había hecho aquella mañana.
El sólo pensamiento le revolvió el estómago.
—¡Sácate la ropa! —gritó esculcando el closet buscando ropa seca para ambos.
—Joder Park, ¿de verdad vamos a coger así? No me quejo, pero mi costilla duele —JiMin blanqueó los ojos —. Es más no creo que pueda quitarme yo sólo la ropa.
Suspirando tomó un par de toallas dejándolas sobre la ropa elegida caminando de regreso a la sala, las dejó caer en la mesita de centro cruzándose de brazos viendo la sonrisa divertida alumbrar el rostro herido del guapo chico. Negó con la cabeza.
—Es porque estás empapado, Jeon —murmuró sacándose su propia camiseta, Jungkook le miraba fijamente —. ¿Puedes sentarte como mínimo?
—Si —con cuidado y un par de quejas, Jungkook se sentó —. Mierda —silbó entre dientes respirando agitado —. Seguro como la maldita mierda que me rompió una puta costilla.
JiMin no dijo nada al respecto, ayudó a Jungkook a sacarse la camiseta notando los múltiples golpes que había en su torso, ignorando aquello, tomó una de las toallas ofreciéndosela al pelinegro para que se secara.
Jungkook sonrió tomándola aprovechando la situación para rozar la piel del castaño. JiMin se estremeció dándole una mirada curiosa dejando ir la tela para tomar su propia toalla comenzando a secarse el torso y el cabello. Tomó una de las camisetas que trajo consigo pasándola sobre su cabeza.
—Deberíamos ducharnos, tomaremos un resfriado si no —comentó en tono ligero, Jungkook.
JiMin le miró unos instantes a los ojos antes de bajar la mirada por el cuerpo contrario, el estómago de Jungkook se contrajo bajo su escrutinio como si estuviese aguantando la respiración en espera de su respuesta, JiMin sacudió la cabeza soltando una exhalación exasperante.
—Bien, si voy a curar tus heridas deberías al menos estar limpio —murmuró, la sonrisa de Jungkook se amplió sobre su magullado rostro haciendo que en los laterales de sus ojos se formaran pliegues, aquella acción le hacía ver un poco más joven y atractivo. JiMin apartó la mirada —. Creo que puedes sacarte el pantalón, iré a preparar el agua, tú espera en toalla aquí.
—Genial.
JiMin se dio media vuelta, la mano de Jungkook detuvo su paso. El castaño arqueó una ceja, inquisitivo, en su dirección mirando sus manos unidas.
—Vas a ducharte conmigo, ¿verdad? No puedo moverme mucho —le recordó.
JiMin apretó los labios. —Sí, claro.
—Genial —repitió, guiñándole un ojo soltándole la mano.
JiMin rodó los ojos caminando por el pasillo hacía el baño, encendió la luz sintiéndose incómodo con los pantalones húmedos pegados a su piel; soltó un suspiro profundo buscando el tapón de la tina dejándolo caer en su sitio abriendo la llave esperando a que se llenara de agua. Buscó entre su pequeño cajón una bomba de jabón, era la última que le quedaba y la utilizaría con el pelinegro.
Mordió su labio inferior sacudiendo el nerviosismo de la situación; en cuanto la tina estuvo lo suficientemente llena dejó caer la bomba de jabón observando cómo se deshacía dejando prontamente toda el agua llena de burbujas. Caminó de regreso a la sala viendo a Jungkook sentado con la cabeza inclinada hacia atrás en su dirección, el pelinegro sonrió ladeado.
—Sácate la ropa, Park —indicó señalando con el mentón la toalla, JiMin mantuvo su rostro sereno sacándose con cuidado el pantalón —. Me gusta tu culo.
—Gracias —dijo, Jungkook se echó a reír —. No eres al único al que le gusta.
—Oh —la mirada de Jungkook adquirió un tono oscuro que le hizo sentir acalorado —. Pero es seguro como la mierda que seré el único que podrá tenerlo.
—¿Eso crees? —preguntó consciente de que su voz había sonado ligeramente chillona. Carraspeó ignorando la sonrisa burlona del pelinegro —. ¿Siempre eres así de coqueto?
—Sí y no —JiMin frunció el ceño —. Si lo creo, y no, no soy así de coqueto. Pero tú eres diferente.
—Esa es la frase más barata de coqueteo, Jeon.
Jungkook rio entre dientes. —Honestamente, no quería que sonara de ese modo. Pero es la verdad.
JiMin negó con la cabeza sonriendo cortamente por ello. En realidad, no dudaba de las palabras del pelinegro, sabía que el hombre en el instituto no le quitaba la mirada de encima, estaba acostumbrado a que los ojos de Jungkook lo siguieran a todo lado y —si era honesto consigo mismo— no le molestaba en lo absoluto la acción, por el contrario, se sentía de algún modo enfermizo, protegido por el mayor.
Tomó la toalla enrollándola en su cintura cuando terminó de quitarse el pantalón, Jungkook hizo un puchero que le hizo soltar un sonido burlón. Ayudó al pelinegro a ponerse de pie dirigiéndolos al baño, Jungkook dejó caer sin pena alguna la toalla al suelo dejándose guiar por JiMin dentro de la tina tomando asiento siendo cobijado por la calidez del agua, soltó un suspiro de satisfacción observando el rostro sonrojado de JiMin mirando en otra dirección mientras recogía la toalla y la dejaba sobre la tapa del váter.
—Venga, entra.
JiMin se sacó la camiseta que con anterioridad se había puesto dejándola sobre el váter también para proseguir con la toalla, el bóxer azul enmarcaba su cintura y piernas de una forma obscena; Jungkook lo apreció en silencio. JiMin caminó a la tina con la intención de ingresar así, Jungkook levantó las manos deteniendo su acción.
—Bóxer fuera, Park.
JiMin gruñó. —Jódete, Jeon.
—No, culo hermoso, yo te follo. Ahora, bóxer fuera, JiMin.
JiMin se estremeció, era la primera vez que Jungkook lo llamaba por su nombre. Aquello le hizo cosas extrañas a su cuerpo, se encogió sobre su sitio maldiciendo entre dientes al pelinegro guiando sus manos hasta su bóxer para retirarlo. Dejándolo caer sobre el suelo, entró rápidamente a la tina entre las piernas de Jungkook quién sonreía socarrón en su dirección, el castaño blanqueó los ojos ignorando la risa burlona del otro.
—Relájate, Park, es sólo un baño —Jungkook ladeó la cabeza. JiMin se veía tímido sobre su lugar —. ¿Nunca te has duchado acompañado?
—No —frunció el ceño —. ¿Tú sí?
—No —se encogió de hombros —. Las duchas del gimnasio tienen separaciones, así que no cuenta.
JiMin sonrió relajándose un poco. —Imaginaba que debías hacer algún tipo de entrenamiento.
—Antes de tu llegada pertenecía al equipo de baloncesto —aclaró con tono monótono, JiMin ladeó la cabeza —. Es una historia larga.
—Creo que tenemos tiempo —JiMin se levantó ligeramente de su lugar para acomodarse mejor entre las piernas de Jungkook, terminaron sentados con las piernas del castaño sobre las del pelinegro ubicados en el centro de la tina —. ¿Qué sucedió?
—Me expulsaron —comentó en tono casual deslizando sus manos por las piernas ajenas, JiMin se estremeció ante el sutil toque —. En ese entonces Hana dejó al bastardo de HaJoon, así fue como los problemas en casa comenzaron.
—¿Por culpa de… Hana? —Jungkook negó —. Si ella se fue, ¿por qué no te llevó con ella?
—Hana y HaJoon eran complicados, uno peor que el otro —musitó con un ligero encogimiento de hombros —. Además, Hana se iba con su nuevo esposo. Yoo es buen tipo, pero no me siento cómodo con ellos, sin contar a los dos hijos que Yoo tiene.
—Hermanastros —Jungkook hizo una mueca asintiendo —. Si conoces tanto al nuevo esposo de tu madre eso quiere decir que la has visto.
—Algo así —fue su vaga respuesta, JiMin no insistió en eso —. Tengo el número de Yoo como contacto de emergencia, en realidad era el de Hana, no quiero ni saber por qué terminó cambiándolo.
JiMin parpadeó. —¿Contacto de emergencia?
—Cuando termino en la comisaria —aclaró, JiMin asintió —. El punto es… —carraspeó dándose cuenta de que se habían desviado del tema —. Que HaJoon empezó a desquitar su mierda conmigo, así que, para desquitarme de la mía, iba a los entrenamientos y tenía peleas seguidas con los miembros del equipo. El entrenador decidió que lo más sensato era sacarme.
JiMin hizo una mueca. —¿Te gustaba jugar?
—Supongo —obtuvo otro encogimiento de hombros —. Me quitaba bastante tiempo, así que no lo extraño si es lo que preguntas.
—Qué interesante, no creí que el problemático Jeon hubiese sido una estrella del baloncesto —Jungkook resopló —. Eres popular por las razones equívocas.
—Nunca he sido popular en lo absoluto —renegó —. Estaba en el equipo por petición de Hana, tarde o temprano me expulsarían de el; no iba a los partidos y menos a los entrenamientos, por eso muy pocos supieron que fui parte del equipo.
—Claro —JiMin sonrió de lado —. Tengo una pregunta para ti.
Jungkook lo apreció por varios segundos arqueando una de sus cejas con curiosidad, el gesto se veía atractivo a pesar de que su rostro estaba lleno de heridas y moretones.
—¿Quieres saber por qué te miro tanto? —JiMin asintió lentamente, tal vez había sido muy evidente con respecto a su curiosidad —. Eres… fascinante, JiMin.
—¿Fascinante? —murmuró sintiendo la piel de sus mejillas calentarse debido al sonrojo —. ¿Qué significa eso?
Jungkook ladeó la cabeza estudiando su rostro con ojos atentos, JiMin mordió su labio inferior manteniendo su mirada fija sobre el pelinegro.
—Llamativo, hermoso, interesante, eres muy apartado de todos, pareces ajeno al resto, me intrigas —aclaró, JiMin abrió la boca —. Tan fascinante de ese modo…
—¿Quieres cogerme o quieres descifrarme? —preguntó sin tono, Jungkook sonrió.
—Ambas, quiero cogerte mientras te descifro. Creo que tengo una idea de lo que eres.
—¿Lo que soy? —Jungkook asintió —. ¿Y qué soy? Según tú.
—Apuesto a que creciste en algún orfanato o casas de acogida —JiMin se tensó —. Haz vivido toda tu vida solo, ¿no es así?
—¿Cómo…?
—No te gusta la gente por lo mismo, probablemente llegaste a tener alguna experiencia muy mala en alguna de tus casas de acogida —Jungkook tarareó manteniendo su sonrisa en su rostro, JiMin parpadeó perplejo.
—¿Viste mi expediente? —preguntó, era lo único que podía explicar cómo Jungkook se había enterado —. ¿Lo hiciste?
—No —negó con la cabeza echándose hacia atrás arrastrándolo para hacerlo sentarse sobre sus muslos, JiMin se sonrojó al sentir el pene del pelinegro rozar el propio —. No voy a negar que quise hacerlo, pero quería descifrarte por mí mismo.
—Entonces, ¿dices que dedujiste eso únicamente observándome? —Jungkook asintió —. No te creo.
Jungkook se echó a reír. —Confía en mí, JiMin, paso mucho tiempo observándote —declaró.
Sus palabras deberían ser escalofriantes si JiMin no fuera consciente de ese hecho, suspiró dejándose mojar por Jungkook quién comenzó a lavarlo con manos suaves; hizo lo mismo con el pelinegro saliendo prontamente de la tina después de quitarse los restos de jabón, se secaron en silencio.
JiMin volvió a ponerse la camiseta enrollando la toalla en su cintura ayudando a Jungkook a caminar de regreso al sillón, allí le ofreció ropa interior limpia junto a una pantaloneta y camiseta. Jungkook tomó todo excepto la camiseta dejando su pecho descubierto, JiMin resopló vistiéndose en breve para buscar el botiquín de emergencia que tenía, al encontrarlo volvió hacia el sillón viendo al pelinegro recostado con los ojos cerrados.
Su pecho se movía de forma irregular indicando que le costaba respirar, JiMin peinó con suavidad sus cabellos negros llamando la atención del mayor quién abrió los ojos enfocando su mirada sobre su esbelto cuerpo.
—Voy a limpiarte esas heridas, creo que tengo una pomada para los golpes —Jungkook sonrió.
—Gracias, culo hermoso.
JiMin blanqueó los ojos, poniéndose manos a la obra mantuvieron una conversación bastante casual sobre música, hobbies y trabajos del instituto. En algunas ocasiones, les había tocado trabajar juntos en las pocas clases que compartían; no es como si se hubiesen reunido fuera del instituto, a pesar de que eran vecinos esa era la primera vez que Jungkook entraba a su casa, él ni siquiera conocía el interior de la del pelinegro.
Eran completos desconocidos.
—Listo —JiMin frotó con la suficiente presión el costado de Jungkook viéndolo apretar la mandíbula con un brazo cubriendo sus ojos —. ¿Quieres que te vende?
—Sí, creo que así podré respirar mejor. ¿Sabes hacerlo?
—Claro —JiMin sacó el paquete de vendas del botiquín —. Tú mismo lo dijiste, siempre he estado solo. Aprendí de primeros auxilios después de que una pandilla me diera una paliza de mierda hace tres años atrás.
—Guau —murmuró, JiMin sonrió tímido permitiendo que Jungkook se sentara para poder vendarlo —. Normalmente, sólo dejo que las heridas se curen solas. Nunca he pensado en aprender a curarlas.
—Te he visto andar con curitas en el rostro —acusó, Jungkook rio entre dientes.
—Sí, el novio de Tae de vez en cuando limpia mis heridas —blanqueó los ojos —. Él también sabe mucho de esto.
—Así que Min y Kim si son novios, ¿eh?
—Ellos lo niegan, pero todos lo saben —JiMin no pudo evitar reír por ello. En cuanto terminó regresó todo al botiquín ofreciéndole unas pastillas a Jungkook, el pelinegro le miró confundido —. ¿Qué?
—Para el dolor, no podrás dormir si no las tomas —Jungkook asintió recibiendo las pastillas —. Ya te traigo agua.
—Gracias, culo hermoso.
—Joder, llámame JiMin, imbécil pervertido.
Escuchando la risa de Jungkook de fondo, dejó el botiquín en su lugar caminando hacía la cocina para sacar una botella con agua. Agradecía que la tienda de conveniencia les diera a los trabajadores un pequeño bono para poder hacer compras, de otro modo, le quedaría bastante difícil comprar lo necesario para sobrevivir el mes.
—Ten —Jungkook tomó la botella tragando las dos pastillas dándole un largo sorbo —. Seguro con eso bastará.
Jungkook dejó la botella a un lado mirándole fijamente, esta vez, con rostro serio. JiMin se sintió extraño ante el cambio de ambiente.
—¿Qué?
—Gracias, JiMin, por tu ayuda —murmuró, JiMin negó con la cabeza —. Me salvaste.
Algo en el tono de Jungkook le hizo sentir extraño; sus heridas no eran tan graves, sin embargo, había una profundidad inquietante en sus palabras. JiMin decidió ignorar aquello dándole una sonrisa amistosa al mayor.
—No es nada, Jeon, de verdad —Jungkook hizo una mueca —. ¿Qué sucede?
—Dime Jungkook, si yo te diré JiMin sería lo justo, ¿no crees? —la sonrisa socarrona de Jungkook regresó a su rostro, JiMin se cruzó de brazos alejando su mirada del pelinegro para asentir —. Anda, dime Jungkook.
JiMin gruñó. —No es nada… Jungkook.
El pelinegro silbó, tomando su mano lo haló hasta hacerlo caer sobre el sillón sentado encima de él. Tuvo cuidado de no apoyarse demasiado viendo a Jungkook apretar la mandíbula seguramente por el dolor.
—¡Idiota! —regañó golpeando su hombro, Jungkook sonrió —. Pude lastimarte peor.
—No importa, culo hermoso. ¿Puedo quedarme aquí?
JiMin asintió, no pretendía empujar al chico fuera de su casa con la torrencial lluvia que aún caía junto a las heridas frescas que recién le había curado. Aunque no le había preguntado qué demonios le había sucedido, podía imaginarse que tenía que ver con el señor Jeon.
—Será mejor que vayamos a dormir.
—Joder, dudo mucho que pueda dormir en esta mierda de sillón, sin ofender JiMin.
JiMin rodó los ojos, levantándose de las piernas ajenas estiró su mano esperando que el pelinegro la tomara. Jungkook lo hizo dejándose arrastrar por el castaño hacía el pasillo en dirección a la habitación principal.
—Dormirás conmigo, en mi cama. No tengo habitación de invitados —Jungkook le dio una mirada interrogante —. Porque no tengo amigos, nadie viene así que no tengo por qué invertir dinero en tener una.
—Cierto —Jungkook rio entre dientes —. Así que, ¿dormirás entre mis brazos, culo hermoso?
JiMin bufó. —Dije que dormirías en mi cama, no que dormiríamos acurrucados.
—Oh venga, hace un frío infernal por la lluvia —se quejó como niño pequeño, JiMin sacudió la cabeza —. Anda JiMin, déjame apretarte entre mis brazos.
—Bien, joder, pero mantén tus manos quietas.
—No prometo nada.
JiMin lo ignoró ayudándolo a recostarse, regresó al pasillo apagando las luces después de asegurarse que la puerta estaba cerrada con pestillo. Caminó hacía la habitación observando a Jungkook acostado cómodamente con sus manos tras su cabeza, su mirada cayó sobre él sonriéndole de forma sugerente; apartó la mirada apagando la luz para caminar hasta la cama y ubicarse a un lado del pelinegro.
Jungkook inmediatamente rodó en su dirección abrazándolo por la cintura, acomodándolo a su gusto en la posición de cucharita. JiMin resopló sintiendo los labios del pelinegro en su nuca.
—Jungkook… —advirtió soltando un jadeo cuando recibió un pequeño mordisco en la zona —. Te patearé fuera de la cama.
—No harías eso, estoy herido —susurró sobre su oreja, JiMin se estremeció —. Buenas noches, JiMin.
—Descansa, Jungkook.
Cerró los ojos sintiendo las manos del pelinegro pasear por debajo de su camiseta apretándolo más cerca del pecho ajeno. Suspiró complacido por sentir por primera vez en años el calor de alguien más cobijándolo del frío clima.
Jungkook observó con admiración y fascinación el rostro sereno de JiMin quién cayó rendido entre sus brazos. Su mano se paseaba suave por la zona de su abdomen y la tierna piel de sus piernas, era tan dulce, la sensación bajo sus yemas se sentía adictiva y deliciosa.
—Me salvarás de una enorme, JiMin —susurró sobre su oreja dejando un beso allí, JiMin soltó un suspiro de placer haciéndolo sonreír —. Te lo recompensaré, lo prometo.
Con aquellas palabras escondió su rostro en la nuca del castaño respirando su tierno aroma dispuesto a dormir ignorando los problemas que vendrían prontamente a él.
[…]
JiMin soltó una queja cuando los golpes sobre su puerta comenzaron a ser más intensos.
—Policía de Seúl, ¿hay alguien ahí? —la profunda voz de un hombre hizo que JiMin parpadeara un par de veces levantando la cabeza hacía el pasillo —. ¿Hola? —los golpes siguieron resonando sobre su puerta de manera constante —. Policía de Seúl, por favor, abra la puerta.
—Tal vez no hay nadie —una voz femenina se dirigió hacia el hombre —. ¿Y si preguntamos en otra casa?
—El vecino de en frente juró ver al chico entrar aquí, deben estar dormidos —dijo el hombre retomando sus golpes —. Policía de Seúl, abra la puerta.
—Joder —JiMin giró su cabeza, aturdido, viendo a Jungkook abrazado con fuerza sobre él —. ¿Quién mierda aporrea la puerta de ese modo?
—La policía —respondió.
Su mirada se paseó sobre ellos percatándose de la extraña posición, Jungkook estaba casi acostado sobre él mientras sus brazos rodeaban la espalda del pelinegro. Carraspeó empujando a Jungkook escuchando sus quejas, JiMin resopló.
—Tengo que abrir, Jungkook, déjame ir.
—Bien —gruñó malhumorado —. Pero cuando termines, regresa a la cama, todavía es temprano.
JiMin blanqueó los ojos saliendo de la cama en cuanto Jungkook giró en su sitio acostándose boca abajo dispuesto a seguir durmiendo; caminó con paso perezoso por el pasillo en dirección a la sala soltando un bostezo ignorando el constante golpeteo en la puerta.
Qué policía más intenso. Pensó.
Respirando hondo, abrió sólo un poco la puerta asomando la cabeza notando la patrulla estacionada en la carretera y los dos policías de pie en la entrada de su casa. El hombre alto y delgado le miró con ojos acusadores mientras la chica estaba a unos pasos más allá cerca de los escalones con su mirada aburrida paseándose por el barrio.
—¿Si?
—¿Acaso estás sordo? Llevo veinte minutos golpeando la puerta —se quejó el oficial, JiMin arqueó una ceja.
—Lo lamento oficial, estaba plácidamente dormido sobre mi cama cuando escuché los golpes —dijo no sin sarcasmo.
El oficial rodó los ojos. —Soy el oficial Kim Seokjin de la policía estatal de Seúl —sacó la placa de su bolsillo mostrándosela de forma breve, JiMin estrechó los ojos —. Ella es mi compañera Kim Yongsun —señaló a la rubia quién ni siquiera giró a verlo —. ¿Es usted el propietario de la vivienda?
—Arriendo esta casa, si, ¿qué sucede? —recostándose sobre el muro de la entrada mantuvo la puerta cerrada con su pie —. ¿Algún problema, oficial?
—Preguntas de rutina —declaró vagamente, JiMin volvió a arquear su ceja, interrogante —. ¿Conoce a los vecinos? —su movimiento de cabeza hizo que JiMin dirigiera su mirada en aquella dirección.
La casa Jeon.
Asintió. —Si.
—¿Tiene idea de dónde se encuentra el joven?
JiMin frunció el ceño. —Me temo que debe ser más específico para poder responderle, oficial.
JiMin no era amigo de la policía. Jungkook había tenido razón sobre el difícil momento que había tenido en una de sus tantas casas de acogida, en aquella ocasión había acudido a la policía y al final, eso había sido para peor. No sólo no le creyeron, sino que, lo obligaron a regresar a aquella maldita casa recibiendo un castigo peor por haber escapado y sobre todo por haber intentado acusarlos. Desde entonces, tenía un gran rencor por las autoridades.
La oficial giró en su dirección. —Hubo un asesinato.
El ceño de JiMin se profundizo, sus brazos cruzados sobre su pecho se apretaron de manera inconsciente ladeando la cabeza con evidente confusión.
¿Asesinato? ¿a quién asesinaron?
—Asesinato —repitió.
—Sí, así es. El señor de la casa fue asesinado en horas de la noche —mencionó señalando la casa, JiMin contuvo la respiración por unos segundos —. Su hijo está desaparecido, pero el vecino de enfrente dijo que los vio juntos anoche.
JiMin relamió sus labios resecos.
Una mano en su cintura lo sobresaltó, girando en su sitio observó a Jungkook a los ojos quién le sonrió inclinándose sobre él para plantarle un beso en los labios. JiMin —que estaba completamente aturdido por la extraña sitaución— se dejó hacer sin problema sintiendo como la mano del pelinegro le rodeaba acercándolo a él.
—Te estás tardando mucho, culo hermoso, ¿quién es? —alzando la mirada observó con curiosidad a los dos oficiales que habían apartado la mirada del acto cariñoso —. Oh, buen día oficiales, ¿sucede algo?
JiMin sacudió la cabeza poniendo sus manos sobre el pecho —cubierto por la camiseta que le ofreció anoche— de Jungkook. El pelinegro bajó la mirada hacía él, sus ojos se veían opacos con algún mensaje oculto en ellos que el castaño supo interpretar rápidamente.
—Sí, buen día —el hombre carraspeó —. Soy el oficial Kim Seokjin, ella es mi compañera Kim Yongsun. Hemos recibido una llamada de emergencias, uno de los vecinos encontró un cuerpo esta madrugada.
Jungkook frunció el ceño apretando a JiMin más cerca de él, JiMin le regresó el abrazo escondiendo su rostro en el pecho del pelinegro. Su corazón latía acelerado, sin embargo, sus acciones parecían ligeras y casuales.
—¿Un cuerpo? ¿aquí en el maldito barrio pobre y marginado? —se burló, los dos oficiales compartieron una mirada —. ¿No hubo uno la semana pasada?
—Así es —la mujer sonrió de manera tensa —. En esta ocasión, es alguien conocido, joven…
—Jeon, Jeon Jungkook —Jungkook blanqueó los ojos —. La mayoría son conocidos, oficial, es un barrio pequeño.
—Jeon Jungkook —repitió el hombre, Jungkook lo miró —. Pasas mucho tiempo en la comisaria, ¿no es así, muchacho?
—¿Viene a darme un sermón, hombre de la ley? —su tono fue presumiblemente tosco, el oficial gruñó —. ¿Puede decirnos qué necesita de mi chico? Quisiera volver a la cama.
—¿Dónde estaba usted anoche entre las diecisiete y las veinte? —Jungkook ladeó la cabeza.
—Aquí, como puede suponer pasé la noche con mi novio —JiMin trató de que su cuerpo no tuviera ningún tipo de reacción por las palabras del pelinegro —. ¿Por qué?
—¿No ha estado en su casa? —preguntó la mujer de forma suspicaz, Jungkook asintió de forma vaga —. ¿A qué hora fue eso?
—Después del instituto —Jungkook suspiró soltando un bostezo, perezoso —. HaJoon estaba borracho, es lo usual en él, tuvimos una discusión y me largué a dar una vuelta con mis amigos hasta que JiMin regresara del trabajo.
—¿Una discusión? —Jungkook asintió alternando su mirada entre ambos oficiales —. ¿Qué clase de discusión? ¿cuál fue el motivo?
—¿Por qué demonios me están interrogando sobre HaJoon? ¿qué tiene que ver mi mierda familiar con el maldito cuerpo? —gruñó malhumorado.
JiMin alejó la cabeza del pecho de Jungkook para observarlo, el pelinegro le regresó la mirada.
—HaJoon es la víctima, Jungkook —Jungkook tensó su cuerpo levantando la mirada hacia los oficiales, JiMin le apretó entre sus brazos volviendo a esconder su rostro en el pecho del pelinegro.
—¿Qué? —preguntó.
Los dos oficiales se dieron otra breve mirada antes de regresarla a la joven pareja asintiendo.
—Lamentamos decirle que es a su padre a quién ha reportado uno de los vecinos en horas de la mañana. Lo han encontrado en el patio de su casa —informó, Jungkook sonrió —. ¿Le parece gracioso?
—No —negó soltando una risa involuntaria, cubrió su boca —. No, joder, es mi puto padre. ¿Cómo cree que me parece gracioso, imbécil?
—¿Disculpe? —gruñó el oficial.
—Jin, déjalo, algunas personas reaccionan así ante noticias fuertes e inesperadas —susurró la oficial, el hombre apretó los labios mirando en otra dirección. Ella suspiró regalándole una sonrisa sutil —. Lamentamos su pérdida, joven Jeon.
—Da igual, HaJoon y yo no teníamos una buena relación —respondió con voz ronca, ella asintió comprensiva —. Respondiendo a su pregunta, tuvimos una discusión por el mismo tema de siempre. HaJoon odia saber que Hana, mi madre, se contacte conmigo; él creía que, al haberlo abandonado a él también debió abandonarme a mí, por lo tanto, no debería querer llamarme —relató sin tono, los dos oficiales se removieron incómodos —. Usualmente terminamos en golpes, cuando eso sucede me quedo aquí con mi novio.
—¿Por eso tiene el rostro de ese modo? —preguntó la oficial, Jungkook se encogió de hombros como respuesta —. Entiendo —ella carraspeó —. El cuerpo ha sido recogido, tememos que, debido a la lluvia sea imposible conseguir prueba alguna sobre el responsable del asesinato.
—¿Cómo saben que es asesinato? Digo, cuando me fui de casa HaJoon estaba muy borracho —declaró apretando a JiMin más cerca —. ¿Qué les hace pensar en eso?
—Bueno… —el oficial llevó su mirada al patio —. Estamos tratando de reconstruir la escena, no se preocupe, averiguaremos qué sucedió. Por lo pronto, tendrá que quedarse en otro sitio, la casa es la escena dónde ocurrieron los hechos.
Jungkook asintió. —¿Puedo sacar mis cosas?
—Claro —la oficial sonrió —. Te haremos el acompañamiento mientras recoges lo necesario.
Jungkook empujó a JiMin suavemente para separarlo de su pecho, el castaño le miró a los ojos notando la oscuridad en su mirar.
—Ahora vuelvo, culo hermoso, traeré mis cosas. ¿Estás bien con eso? —JiMin asintió, sin poder encontrar su voz, Jungkook sonrió tomándolo de las mejillas para volver a besarlo —. Gracias, JiMin.
JiMin en ese momento entendió la profundidad de ese agradecimiento, las palabras de la noche anterior regresaron a su mente teniendo total sentido.
Jungkook tomó sus zapatillas poniéndoselas para ir con los oficiales hacía su casa. JiMin los observó de pie en la entrada de su propio hogar dirigiendo su mirada al patio notando al par de oficiales que cercaban el área donde seguramente el cadáver del señor Jeon había sido encontrado.
Unos veinticinco minutos después, Jungkook regresó con dos maletas y unas cuantas cajas siendo ayudado por los dos oficiales, JiMin ni siquiera había mirado la sala, pero se percató que la ropa húmeda de ambos ya no estaba en el lugar en el que la había dejado la noche anterior. Ignoró aquello vigilando a los dos oficiales que dejaron las cajas, Jungkook caminaba con normalidad, no obstante, podía ver la ligera tensión en su mandíbula y sus pasos.
Debía dolerle como la mierda actuar como si nada.
—¿Tiene algún número al que podamos comunicarnos? Le haremos saber lo que averigüemos sobre el fallecimiento de su padre.
—Claro —Jungkook dictó su número siendo anotado por el hombre —. Cualquier cosa que necesite, no dude en decirme oficial.
—Bien, realmente lamentamos su perdida joven Jeon —Jungkook se encogió de hombros, indiferente —. Era una muy mala relación, ¿no es así?
Jungkook sonrió de forma amarga. —Como no tiene idea.
El oficial asintió en su dirección caminando hacía la puerta, JiMin la cerró despidiéndose de la pareja. En el momento en que se giró la habitación estaba inundada en un tenso silencio.
—JiMin… —Jungkook levantó las manos en su dirección con una sonrisa sutil —. Ven.
—Jungkook —JiMin caminó hasta el pelinegro tomándolo de las manos, el mayor los hizo caer sobre el sillón —. ¿Qué demonios hiciste? —susurró.
—Lo que tuve que hacer —masculló mirándolo fijamente —. Si no lo hubiese matado, él me hubiese matado.
JiMin se estremeció. —Acabamos de mentirle horrible a la policía.
—Sé lo que hice, tengo coartadas perfectas y el cuerpo está limpio. No te preocupes JiMin, no sabrán nada —aseguró inclinándose para besarlo en los labios, JiMin se dejó hacer —. Joder, que bien se siente besarte, culo hermoso.
—Les dijiste que soy tu novio —murmuró, Jungkook asintió pasando a dejar besos sutiles sobre su cuello. JiMin suspiró —. ¿Por qué? Pudiste decirles que somos amigos.
—Yo no beso a mis amigos, que asco —JiMin no pudo evitar reír por ello. Jungkook se alejó estudiando su rostro —. Porque quiero que lo seas, que seas mío, mi novio.
JiMin se sonrojó. —Hablas enserio cuando dices que te fascino.
—Por supuesto —Jungkook acarició su mejilla —. Te prometo que, si me das la oportunidad no tendrás que estar más solo, JiMin. Yo te cuidaré, estaré contigo, te mimaré, te amaré, te joderé de la mejor manera; sólo tú y yo, así como me cuidaste, me protegiste, yo haré lo mismo por ti.
JiMin lo miró fijamente, paseando con lentitud sus ojos sobre el rostro ajeno. Por supuesto, los golpes estaban allí pero no le quitaban en lo absoluto el atractivo al pelinegro. Sonrió ampliamente, Jungkook le gustaba, no iba a negarlo más; negarse a la posibilidad de por fin tener a alguien por quién preocuparse y que se preocupe por él era algo que JiMin llevaba haciendo desde que su madre falleció. Por más que intentó ignorar el anhelante sentimiento de compañía que su sensible corazón gritaba con fuerza, no pudo. El vacío que sentía en su pecho era inmenso, tal vez, era el momento de sucumbir a el y permitirle a Jungkook ingresar a su vida, adueñarse de sus días.
Después de todo, el pelinegro tenía toda la intención de invadirlo por completo.
—Si es así… —murmuró después de meditarlo en silencio, Jungkook le miraba con atención —. Necesito decirte algo.
—Cualquier cosa.
—Hay alguien…
—Lo asesinaré —gruñó, JiMin lo golpeó en la frente —. Auch, culo hermoso. ¿Qué demonios?
—Déjame terminar, idiota —Jungkook puchereó, JiMin dejó un beso sobre el puchero viendo su sonrisa crecer —. Como decía, hay alguien en el trabajo que me acosa.
—El gerente —JiMin parpadeó —. Siempre te observo, JiMin.
JiMin no iba a discutir por ello. —Sí, Mark, el gerente.
—¿Quieres que lo asesine? —JiMin rodó los ojos —. ¿Qué le dé un susto?
—Quiero mostrarle que tengo novio, no vas a asesinar a nadie teniendo un asesinato reciente que está en investigación, Gukk —Jungkook arqueó una ceja sonriendo amplio por sus palabras —. ¿Qué?
—Me gusta Gukk —JiMin se sonrojó escuchando la risa ligera de Jungkook —. Mmh, entonces, quieres que vaya contigo y le demuestre que eres mío.
JiMin regresó la mirada a él. —Sí, ya si con eso no me deja en paz, veremos otras opciones menos… pasivas.
—Está bien, haremos las cosas como quieres, culo hermoso —Jungkook volvió a besarlo. JiMin gimió sobre su boca cuando las manos del pelinegro pasearon por sus piernas hasta llegar a su culo apretándolo —. Qué hermoso culo, joder.
—Gukk —susurró, Jungkook gruñó —. ¿Te quedarás conmigo?
—Por supuesto, amor —besó su comisura —. Quiero desempacar mis cosas, ¿me ayudas?
JiMin se echó a reír. —¿De verdad vas a vivir aquí?
—Obviamente —Jungkook resopló como si su pregunta hubiese sido estúpida —. Ahora que somos novios, que no tengo casa sería mejor vivir juntos. Puedo ayudarte con los gastos, de ese modo, equilibraremos el dinero. ¿No crees?
—¿En qué trabajas? —preguntó curioso, dejando suaves caricias en los bíceps del pelinegro.
—Tatuador —sonrió —. Pero no tatúo a cualquiera, tampoco tomo cualquier diseño o estilo. Igual y me va bien.
—Interesante —JiMin tarareó soltando un suspiro por los besos que el pelinegro siguió dejando por su cuello —. Aún más interesante que no estés tatuado.
—Por ahora, no he encontrado un tatuador con el que me sienta conforme —mordió la clavícula del castaño sacándole una queja —. Vamos culo hermoso, organicemos la casa.
—Bien —Jungkook dejó caer un beso sobre sus labios levantándose con cuidado de encima de él —. ¿Cómo te sientes?
—Duele, pero estoy vivo —sonrió amplio, JiMin le regresó la sonrisa —. Y contigo, es lo que me importa.
Podría acostumbrarse a eso.
—Ya me voy —JiMin sacudió la mano en dirección a Soobin, el rubio sonrió de hoyuelos —. Buena suerte, Choi.
—Igual, Park.
Ajustando la correa de su maleta se dirigió por el pasillo hacía la salida del establecimiento con ganas de irse pronto a casa. Hacía un frío de los mil demonios y él sinceramente había tenido un día muy largo, quería llegar, tomar una ducha caliente, comer algo delicioso y acostarse a dormir.
Todo en compañía de su sexy novio.
—Oye, Park —detuvo sus pasos girando en dirección al gerente, JiMin le miró, inquisitivo —. Necesito hablar contigo, ven a mi oficina.
—Voy de salida, gerente, puede esperar a mañana —JiMin tuvo la intención de retomar su paso, la voz de Mark lo detuvo.
—Tiene que ser ahora —soltando un suspiro, volvió a mirarlo de forma desapasionada —. Es urgente.
—¿Tiene que ver con mi contrato? —Mark frunció el ceño.
—Uh, no.
—¿Alguna queja de un cliente? —el hombre se removió en su sitio incómodo dándole otra negativa —. ¿El dueño?
—¿Qué? No —Mark despeinó sus cabellos soltando un sonido exasperado —. Sólo ven a mi oficina, Park.
—Si no es nada de eso, entonces puede esperar a mañana, gerente. Buenas noches —JiMin giró siguiendo su camino en dirección a la salida, Jungkook estaba allí en la acera recostado sobre su moto con un cigarrillo entre sus labios. El castaño sonrió trotando hasta él para saltar sobre el pelinegro siendo bien recibido entre los brazos ajenos —. Hola, Gukk.
—Culo hermoso —Jungkook retiró el cigarrillo de sus labios tirándolo al piso para pisarlo, inclinándose sobre su rostro lo besó con fuerza importándole muy poco que alguien los viera —. Vi lo que pasó… —su cabeza señaló en dirección al local cuando se separaron, JiMin parpadeó —. Es más, está de pie en la entrada.
Girando la cabeza notó al hombre con las manos en los bolsillos mirándolos desde el umbral del local. JiMin se encogió de hombros regresando la mirada a Jungkook, el pelinegro mantuvo la mirada fija sobre el tipo frunciendo el ceño; enderezándose en su sitio, tomó a JiMin de la cintura para moverlo tras él, el castaño no entendió que sucedía hasta que vio a Mark de pie frente a Jungkook con mirada asesina.
—¿Qué demonios? —exigió llevando su mirada hasta él —. ¿Quién es este tipo, JiMin?
—Gerente, le he dicho cientos de veces que no me llame por mi nombre; no somos amigos. Segundo, no es asunto suyo mi vida privada, pero para que sepa es mi novio —respondió con voz tranquila rodeando con sus brazos el torso de Jungkook desde su espalda —. Gukk, te presento al gerente temporal del local.
—No es en lo absoluto un gusto, acosador de mierda —gruñó Jungkook dándole un firme empujón al hombre obligándolo a retroceder un par de pasos —. ¿Tiene algún problema?
—¡Si! —los empleados que todavía estaban de turno salieron con sus teléfonos en mano comenzando a grabar la situación —. Los trabajadores tienen prohibido montar esta clase de espectáculos en los establecimientos. Park, tendrás que entregar tu uniforme, quedas despedido.
JiMin se echó a reír. —¿Y usted quién se cree para despedirme?
—Soy el gerente —gruñó.
—¿Y su absurdo motivo para despedirme es que tengo pareja? —se burló, Mark apretó la mandíbula —. No puede despedirme sin que el dueño lo apruebe después de estudiar las aparentes razones, gerente.
—Está dando un espectáculo en el…
—JiMin ya terminó su turno y no estamos dentro del establecimiento —interrumpió Jungkook —. Estamos en vía pública, además, no trae el uniforme puesto. Así que, su acusación no tiene lugar, imbécil.
—Llamaré a la policía por…
—¿Por qué? ¿por decirle imbécil? Es lo que es —volvió a interrumpirlo, el hombre apretó los puños a los costados de su tenso cuerpo —. ¿Cree que no sé lo que ha intentado hacerle a mi novio? Acosándolo en toda oportunidad que tiene, haciéndole propuestas fuera de contexto y de norma laboral. Incluso, intentó sobornarlo con un aumento si se acostaba con usted hace un año atrás, ¿acaso no puede conseguir a una persona que tenga deseos de cogérselo? Patético.
—Yo no…
—Venga, hombre —Mark se estremeció, la molestia reflejada en su expresión debido a las constantes interrupciones —. Aléjese de mi novio o tendremos problemas.
—¿Es una amenaza?
—Es una promesa —Jungkook sonrió burlón —. Yo de usted tendría cuidado —cabeceando hacía los trabajadores, Mark giró en su lugar notando las diferentes cámaras apuntando hacia ellos —. El que está haciendo un espectáculo con el uniforme del trabajo en el establecimiento, es otro.
—Eres un…
—Soy muchas cosas —Mark gruñó —. Puedo mostrarle que ninguna de ellas es buena.
Apretando las manos de JiMin sobre su cintura, giró la cabeza para sonreírle al castaño quién le regresó la sonrisa de forma adorable.
—Es hora de irnos, amor.
—Sí, Gukk —soltando al hombre, tomó el casco que descansaba sobre el asiento viendo a Jungkook ponerse el propio, antes de ayudarle a abrocharse el suyo —. Estoy listo.
—Vamos —el pelinegro subió a la moto, estirando su mano esperó a que JiMin se apoyara en él para subirse —. ¿Estás bien?
—Si.
La moto arrancó a toda velocidad dejando a Mark completamente congelado sobre su sitio, estupefacto de la situación y con el resto de trabajadores listos para darle un escarmiento. A ambos podía importarles poco lo que sucediera con el hombre, cualquier cosa que le hicieran, él la merecía.
Llegaron prontamente a casa, después de un largo año juntos; JiMin y Jungkook se habían mudado de la pequeña casa a un apartamento un poco más pequeño, pero ubicado en una mejor zona para ellos dos. Estaban en su último año escolar, a meses de graduarse finalmente del horripilante instituto.
Por supuesto, para todos fue una total sorpresa ver a los dos chicos llegar como una pareja de la noche a la mañana. Para todos excepto para los dos amigos de Jungkook, quiénes siempre habían tenido en cuenta el enamoramiento que el pelinegro había tenido por el castaño desde que éste había ingresado al instituto. Ninguno de ellos sabía la profundidad de su conexión o de su relación, claramente, habían estado impactados; creían que los dos chicos no convivían en lo absoluto, pero esto sólo se debía a que Jungkook nunca los había invitado a ir a su casa, ellos nunca supieron donde vivía con anterioridad el pelinegro, por lo tanto, nunca supieron que eran vecinos.
El caso de su padre —como había esperado— terminó siendo archivado como caso cerrado, sin pruebas irrefutables de que hubiese sido un asesinato y con el cuerpo limpio gracias a la torrencial lluvia que había caído aquella noche, no había ninguna pista que contradijera un posible accidente por estado de embriaguez. Jungkook había contado con que así fuera, les había tomado no más de un mes cerrar el caso; Jungkook había terminado vendiendo la casa cuando supo que HaJoon había dejado las escrituras de la propiedad a su nombre.
No quería nada del bastardo, si había hecho eso para intentar redimirse con él por todo el tormento que le había hecho pasar, no le interesaba. Había sido difícil conseguir un comprador, por lo que finalmente la entregó al banco; aquel dinero lo tenían destinado para otras cosas, tenían planes de irse de Seúl en cuanto se graduaran del instituto.
—¿Qué quieres de cenar? —preguntó Jungkook en cuanto ingresaron al apartamento retirándose los zapatos —. Dejé la carne descongelándose.
—Uh, ¿qué te parece ramen con carne? No tengo muchas ganas de cocinar, Gukk —Jungkook asintió con una sonrisa —. Gracias por lo de hace un rato.
—Debimos haber hecho eso hace mucho tiempo atrás, culo hermoso —JiMin hizo una mueca —. Sabes a lo que me refiero.
Cuando decidieron mudarse de zona, JiMin pidió una transferencia de local alegando que el trabajo le quedaba un poco lejos de su nueva residencia. El jefe aceptó por lo que, JiMin había sido movido de establecimiento, con ello, pudo despedirse de Mark por una larga temporada; no obstante, hasta hace un mes atrás, el gerente del local había tenido un accidente automovilístico terminando con una licencia de tres meses.
Para la mala suerte de JiMin, Mark había sido elegido como el reemplazo temporal de Baekhyun. Los acosos del hombre habían regresado y con mayor intensidad, parecía contento de haber vuelto a ver a JiMin lo cuál definitivamente, había sido un dolor de culo para el castaño; había evitado a toda costa que Jungkook interviniera debido a que, sabía el pelinegro decidiría tomar medidas más drásticas queriendo cortar de raíz el problema.
Justo como con el señor Jeon.
—No es necesario, Gukk, creo que con lo que sucedió hace un rato seguro que el señor Han lo despedirá —comentó, restándole importancia. Jungkook frunció el ceño —. No vas a meterte de nuevo en problemas, Gukk.
—Hemos salido ilesos de muchas, amor, desde la primera vez —Jungkook caminó hasta él tomándolo de la cintura para besarle los labios, JiMin suspiró con gusto dejándose hacer —. No es el primero y no será el último.
—Hace poco tuvimos el problema con el tipo del restaurante, es muy encima, Gukk —Jungkook suspiró —. Pasaste dos noches en la comisaria.
—El tipo no me demandó —JiMin bufó.
—¡Porque lo mataste antes de que lo hiciera! —Jungkook se encogió de hombros, indiferente —. No, está muy encima el suceso; su hermana hizo que nos interrogaran, Jungkook.
—Pero pasé el polígrafo —el pelinegro sonrió socarrón —. He colaborado con la investigación y estamos cubiertos, no te preocupes amor.
JiMin suspiró. —Eres lo único que tengo, no me pidas que no me preocupe —susurró.
La sonrisa de Jungkook se borró, alzándolo en brazos JiMin enredó sus piernas en la cintura ajena dejándose llevar por el hombre hasta el sillón. Jungkook se sentó dándole suaves caricias a su espalda por debajo de la camiseta mientras besaba su rostro con dulzura, JiMin se apretó contra él.
—No vas a perderme, culo hermoso, estamos juntos en esto. ¿Lo recuerdas? —JiMin se separó del pelinegro para verlo a los ojos, el tono oscuro resplandecía con la promesa de amor en ellos —. Eres mío, mi novio.
—Tuyo —afirmó besando la comisura de Jungkook —. Prometiste hacerlo como yo quisiera.
—Siempre lo hago —se quejó, JiMin golpeó al mayor en el brazo cuando entendió el doble sentido. Jungkook rio —. No me pegues, amor.
—Sé serio —Jungkook asintió como todo un niño bueno —. Esperaremos, si Mark vuelve, entonces…
—¿Me dejarás torturarlo? —JiMin suspiró rendido, asintió —. ¡Genial! Te amo, culo hermoso.
El castaño sonrió. —Te amo, Gukk.
Todo lo que rodeaba a Jungkook era una completa locura; desde aquella noche de lluvia en el que el pelinegro pidió su ayuda, no creyó posible que terminaría en una relación con él. Jungkook no sólo era su novio, era la persona más importante para él, no concebía sus días sin la presencia del mayor, tan así que, ya había dejado atrás en el pasado lo que significaba la asfixiante soledad. La gente estaba acostumbrada a ver que donde JiMin estaba Jungkook siempre lo acompañaba y viceversa, probablemente pensarían que era hostigante no tener un respiro de la pareja, pero para ellos no era así. Se complementaban por completo, eran el confidente del otro, eran mejores amigos, eran familia, eran todo en uno.
A JiMin no le importaba lo que Jungkook hiciera, sabía que todas sus acciones tenían una razón de ser; Jungkook lo amaba y lo cuidaba, lo protegía como prometió aquella vez en la sala de su antigua casa.
El pelinegro pasó de ser su vecino, un personaje cualquiera. A ser su otra mitad, la pieza faltante de su rompecabezas y el dueño de su corazón. Ellos eran todo lo que el otro necesitaba y sólo bastó un asesinato para saberlo.
Bendita suerte la que tuvieron al haber sido… vecinos.
Hola!
¿Cómo están?
Este es el segundo Os de la semana, cumpliendo de ese modo con la promesa que hice. Espero les guste, creo que hasta el momento es uno de los one shot más extensos que he escrito, para su deleite.
Así que, ojalá lo apoyen como hacen con todos mis escritos.
Eso es todo, ¡gracias por leerme!
Hee♡.