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Los amigos no te dicen te amo mientras sus ojos brillan al mirarte, no te ven como si fueras la persona más importante en su vida, los amigos no te abrazan por las noches y te susurran que eres lo más bonito que le ha pasado en su vida. Tal vez algunos tenemos una percepción diferente de lo que era ser "amigos" en esta vida.
Jimin podía ver la decepción en los ojos de su Madre que lo veía desde arriba, ceño fruncido, brazos en jarra, su voz seguía siendo igual de intimidante.
Ahora que tenía diecinueve años podía sentirse como el pequeño de catorce que era cuando su Madre lo negó como hijo y luego decidió abandonarlo.
ㅡ ¡Mamá! — estiró su mano tratando de agarrarla pero no pudo. Nunca podía.
Sus ojos se abrieron de golpe a medida que se despertó con el corazón golpeando furiosamente en su pecho y las manos temblorosas apretando la almohada entre sus dedos. Jadeó retorciéndose en las sábanas, encontrándose con la oscuridad a su alrededor que lo abrumó por completo haciendo a su cuerpo temblar mientras las lágrimas desbordaron por sus ojos. ㅡ Mamá, Mamá.ㅡ repetía y no eran más que balbuceos en su sueño.
ㅡ Jiminssi.
Sus pequeños dedos agarraron con un poco más de fuerza el material blando entre sus manos y jadeó por más aire. No veía nada, sólo sentía su corazón latiendo en su pecho tan fuerte que respirar era difícil. Estaba volviéndose pequeño y su corazón volviéndose enorme, tanto que quería salir de su pecho, no literalmente pero así se estaba sintiendo.
ㅡ Bebé, estoy aquí…
La dulce voz perforó sus oídos como un gancho sujetando un cuerpo en el vacío y trayéndolo a tierras firmes, donde estaba la luz y la paz. El llanto ahogado salió haciendo doler su garganta.
ㅡ ¿Kook…? ㅡ su voz quebrada no era más que un susurro ronco en la oscuridad que lo sofocaba. Jimin sudaba y temblaba. Respiró una vez más y el aroma llegó a su nariz para calmarlo.
Estaba a salvo.
Sintió unos brazos rodeandolo y se aferró con tanta fuerza que olvidó que podría lastimarlo.
El sudor se filtraba por su frente y su cuello.
Una vez más que aquellas malditas pesadillas volvían para atormentarlo y le interrumpian su noche de sueño.
Mientras su pecho subía y bajaba rápidamente su respiración comenzó a disminuir una vez que Jungkook comenzó a darle besos en su cuello y diferentes partes de su rostro mientras movía su cabello de lugar para despejar su frente sudorosa.
ㅡ Estoy aquí, tranquilo. Sólo es una pesadilla.
Jimin asintió cerrando los ojos unos segundos y mentalizando su voz.
Jungkook tenía ese no sé qué, que hacía a Jimin calmarse, tal vez eran sus brazos fuertes que envuelto en ellos se sentía a salvo de todo hasta de él mismo.
Era capaz de desordenar la estabilidad de Jimin y arreglarla en menos de un segundo. Siempre había sido así desde que tenía unos siete años, Jungkook siempre estuvo allí para él incluso cuando su vida se fue al carajo y cuando estas pesadillas comenzaron a atormentar su vida.
Jimin creía que no lo merecía, era muy bueno para él.
Definitivamente no lo merecía.
ㅡ ¿Estás mejor? ㅡ preguntó unos minutos después y Jimin negó aferrándose más a él entrelazando sus piernas decidido a que no lo quería dejar ir.
Jungkook volvió a besar su cuello pero esta vez se quedó allí. Con aquellos labios tibios contra su garganta que eran tal vez la medicina que calmaba todos sus problemas y no sólo los de Jimin.
Calmaba los de ambos porque en cierto modo ambos se ayudaban.
Con el paso del tiempo estar juntos se volvió algo necesario, se podría decir que la dependencia emocional que tenían uno con el otro era algo más grande que ellos.
Cualquiera desde afuera creería que eran algo más pero, aunque raro parezca ellos seguían siendo los mejores amigos, de hecho se conocían como la palma de sus manos, sabían los límites, hasta dónde uno podía empujar y tirar, por eso Jungkook nunca mencionaba las pesadillas, respetaba aquellos límites invisibles y conocía a Jimin, sabía que tarde o temprano lo contaría a su debido tiempo así que Jungkook simplemente estaba allí dando todo lo que podía dar y Jimin tomaba todo lo que Jungkook le daba, como una esponja absorbió cada migaja de afecto y silencio contenedor.
ㅡ Está amaneciendo ㅡ habló luego de unos cuantos minutos de estar en silencio acariciando la espalda de arriba abajo con las puntas de sus dedos por debajo de la remera hasta que el llanto se detuvo y el corazón dejó de golpear con tanta fuerza ㅡ creo que debo irme a casa antes de que Papá se despierte y no me vea allí.
Aquellas palabras dolorosas chocaron contra el costado de su cabeza.
El más bajo se aferró a Jungkook un poco más si eso fuese posible, prácticamente encima suyo. Una pierna de Jungkook se encontraba entre las de Jimin mientras que sus brazos lo aferraban y el rostro de Jimin se ocultaba entre su pecho
Desde afuera parecía una posición bastante incómoda para ambos pero eso importaba muy poco porque estaban acostumbrados a esto.
El que Jimin se aferrara a él más fuerte era como un "no te vayas", Jungkook lo conocía bien porque innumerables veces había pasado por eso, había visto al chico poner ojos de perro mojado y fruncir sus labios mientras rogaba que se quede un rato más.
Y como era de esperarse Jungkook hizo lo de siempre.
Quedarse.
Sosteniendo a Jimin con fuerza y oliendo su cabello aprovechando cada segundo que se quedaría porque nunca era suficiente.
Cerraron los ojos y durmieron por unos minutos más o al menos eso hizo Jungkook porque una vez que Jimin se encontró completamente dormido abrió los ojos y a regañadientes se deshizo de los pequeños brazos a su alrededor obteniendo un jadeo por parte del rubio quien ahora abrazaba una almohada contra su pecho con tanta fuerza que parecía que el relleno se saldría de ella.
Lo observó unos segundos y suspiró.
Jungkook salió por la ventana, escaló el tejado y terminó por dar un salto hasta tocar el suelo. Sacudió sus manos y luego caminó unos metros más hasta llegar a la casa junto, entró por la puerta trasera.
El ruido de la nevera se oía a lo lejos y la luz del amanecer se colaba por las cortinas de la cocina y el comedor dándole un color naranja con tonos amarillos a toda la casa. Jungkook subió las escaleras con cuidado y entró a su habitacion, se sacó su camisa blanca por encima de su cabeza y se deshizo de los pantalones negros para luego meterse a la cama y taparse con las sábanas frías mientras veía el techo.
Dormir solo era una puta mierda porque Jungkook estaba mal acostumbrado a dormir con él cada noche y estar solo en la cama era tal vez el desafío más grande para ambos porque se sentía vacío como si fuese que algo faltaba.
Le faltaba él.
Y en la mañana cuando el sol salió por completo no mucho después de que Jungkook tocó su cama, un nuevo día comenzaba para él al igual que para el chico rubio que vivía al lado quién se despertaba una vez más solo bajo las sábanas y con un sentimiento de vacío en su pecho.