Prefacio
Prefacio.
– ¡Duele! – grite desgarradoramente, mientras el padre Pablo mete esa cosa dentro de mí, haciendo que mis partes más íntimas, duelan –. ¡Duele! – grite una vez más, llorando y suplicando porque se detuviera.
El padre Pablo me toma por mi larga cabellera, haciendo que mi cabeza se haga hacia atrás, y ahora puedo oler ese olor a licor y saliva qué tanto me desagrada.
– Cállate – me gruñe el padre Pablo –. Silencio, sino quieres que tus amigos sufran algo peor de lo que te, estoy haciendo – me dijo en voz baja el padre Pablo, tapando mi boca con su enorme mano.
Yo solo mire hacia el frente, aterrada, adolorida y mirando como la madre de Jesús me miraba desde la posición en la qué se encontraba en el altar del orfanato.
Yo solo mire hacia la madre de Jesús, rogándole por piedad y para que él. Padre Pablo se detuviera, pero en lugar de hacer algo, solo se quedó ahí, mirando hacia a mí de ocho años, y sin hacer nada mientras el padre Pablo me violaba.