Nuevo comienzo, viejos amigos
Hoy, al fin, tras tantos meses de espera comenzaba mi vida como estudiante universitaria en la prestigiosa Universidad de Phoenix, como bien indica su nombre, situada en la ciudad Phoenix, capital del estado de Arizona, en EE.UU.
En mi caso, había conseguido matricularme en la carrera de artes gráficas, pero la universidad también tiene carreras de letras y ciencias.
Estaba un poco ansiosa por la idea de hacer amigos. Me considero muy amable y relativamente extrovertida, pero en primaria y secundaria siempre estuve con la misma gente… nunca me separaba de Axel o Matthew, aunque también estaba mucho con Melody y Rodrick. ¿Quiénes son? Axel es mi hermano mayor, Matthew mi mejor amigo y a la vez el de Axel, Rodrick el hermano menor de Matthew y Melody mi mejor amiga. Sin lugar a duda, las amistades más cercanas y únicas que nunca tuve, de las que desgraciadamente no sé nada a día de hoy. Pero, basta de ponerse nostálgicos, ¡hoy será un gran día!
Tras mirar varias veces el gps del teléfono y coger algún que otro autobús, conseguí llegar a la imponente entrada del lugar. Estaba parada frente a una desgastada verja negra de aproximadamente 2 metros de alto y probablemente otros 2 de ancho. La entrada estaba abierta de par en par. Una vez cruzas la verja, un camino de tierra te lleva hasta la puerta principal de la edificación, pero preferí dar una vuelta por los amplios jardines, que tenían varios bancos de piedra blanca y papeleras decorando la zona. También tenían árboles, específicamente cerezos, y varios arbustos con flores blancas, rosa pálido y violetas.
A pesar de que llegaba temprano, ya había decenas de estudiantes explorando el lugar con curiosidad y hablando entre ellos.
El cúmulo de emociones que llevaba reprimiendo toda la mañana comenzó a florecer como un tímido cosquilleo en mi vientre. Hacía tiempo que no me sentía tan feliz como hoy.
Después de dar algunas vueltas maravillada por el lugar, decidí ir a secretaría a por las llaves de mi habitación para poder acomodar mis cosas de una vez. Al parecer, esta institución era de las primeras en el país en tratar de remover los estereotipos de habitaciones compartidas y hacerlas mixtas, también es este uno de los motivos por los que son tan cautelosos al aceptar a los alumnos, piden todos los expedientes y amonestaciones de todos tus años escolares para decidir si eres apto o no, cosa que me parece bastante bien. Tienen que saber a qué clase de personas dejan entrar.
Me acerqué a la secretaria, quien inmediatamente me preguntó si iba a por las llaves de mi habitación, a lo que respondí con un rotundo sí. Tras cubrir varios de mis datos personales en un papel, me dió las llaves. Con una fuerte emoción bombeando en mi pecho, fui hacia el cuarto que me había sido asignado. Puerta 113. Respiré hondo antes de meter la llave en la cerradura y abrir.
Cuando pude asomarme al interior de la habitación, cumplía exactamente todas mis expectativas. Eran cuartos con baño propio. Había dos camas individuales, una pegada una pared con una gran ventana desde la que se podía ver el campus y otra colocada más en el medio. Estaban separadas por una mesita de noche, la mesa de la cama lejos de la ventana estaba a unos centímetros de un gran armario; y tras la pared sobre la que estaba apoyado el armario de roble, se encontraba el baño. Un precioso y espacioso baño con una gran bañera y un espejo con decoraciones doradas sobre el lavamanos. Todo era absolutamente adorable. Se sentía como estar en un gran hotel de lujo.
Acomodé todas mis cosas cuidadosamente en el cuarto y salí a los jardines delanteros del campus de nuevo. La atmósfera me parecía ideal para ponerme a dibujar sentada a los pies de alguno de los robustos cerezos que había mientras escuchaba alguna de mis relajadas playlist's.
Pasada aproximadamente media hora, estando ya completamente absorta en los detalles del paisaje que trataba de plasmar en mi cuaderno, noté como unos musculosos y sudorosos brazos me rodeaban con cierta fuerza. Mi primer impulso fue tensar mi cuerpo con cierto pánico, para después mirar a la persona que estaba junto a mi. Cuando lo miré, se me cortó la respiración. No podía creerlo. Me impactó tanto que mi corazón empezó a latir más rápido, haciendo que hiperventilara levemente y mi cuerpo temblase. Tenía demasiadas emociones encontradas en ese momento; felicidad, euforia, nervios, miedo, nostalgia, ansiedad.
No pude abrir la boca hasta que él lo hizo. Alejó despacio su rostro oculto en el espacio entre mi cuello y mi hombro y levantó el rostro, haciendo contacto visual directo conmigo. Mi cuerpo se congeló todavía más cuando volví a mirar esos ojos castaños, ¿hacía cuánto que no veía esos ojos? Tanto que pensé que no volvería a verlos. A diferencia de la suya, mi mirada comenzó a nublarse y volverse temblorosa a causa de las lágrimas que se acumulaban en mis párpados inferiores.
– Nat, no tienes idea de lo mucho que te extrañé estos años. No has cambiado ni un poco –me dijo el moreno, con su característica preciosa sonrisa, mostrándome sus dientes blancos y brillantes.
– ¡Matthew…! ¡Dios mío! ¿¡Qué haces aquí!? Pensé que no volvería a verte, ¡imbécil! –lo apreté con fuerza contra mi mientras rompía a llorar al pronunciar aquellas palabras.
– Ey, ey, no llores princesa. ¿Por qué no vamos a la cafetería a ponernos al día?
Asentí como pude. Me ayudó a levantarme y como propuso, fuimos a la cafetería. No me había dado cuenta, pero ya tenía puesta una equipación del equipo de rugby de la universidad. Desde luego, ese chico no pierde el tiempo.
Cuando terminé de ponerme al día con Matthew, se estaba poniendo el sol. No lo solté ni un solo minuto. Me contó que en Miami le ofrecieron cientos de becas por lo bueno que era al rugby para irse a otros países a estudiar y jugar, pero rechazó todas las ofertas para poder volver y estar conmigo. Apenas podía creer que esto fuera real y no otro de mis miles de sueños deseando que volviera. Al parecer, lo primero que hizo nada más regresar a Arizona fue visitar la mansión de mi madre y preguntarle por mi. Llegó hace 2 semanas, pero quería sorprenderme entrando a la misma universidad que yo, por lo que no fue a visitarme antes.
Estar con él hablando como si nada… me hace sentir como en los viejos tiempos. Aún recuerdo el día que lo conocí con apenas 5 años de edad. Ese fue el día que todo cambió, mi destino, mi vida, todo, sin que yo fuera consciente de ello.
A éste fenómeno se le podría llamar "huracán Roberts", cualquier miembro de esa peculiar familia tiene la capacidad de destrozar y remodelar a su antojo todo lo que se les cruce, dejando una imborrable e irreversible huella.
Axel y Matt ya se conocían en aquel entonces, eran mejores amigos incluso a tan temprana edad. Que coincidieran en primaria y congeniaran tan bien hizo que nuestras familias se conocieran oficialmente, pues habían escuchado de la otra por noticias o periódicos.
A Matthew y a mi nos presentaron formalmente un año después, a pesar de que yo ya lo había visto jugando con mi hermano, pero nunca habíamos hablado. El motivo de presentarnos formalmente a tal edad me fue revelado en mi decimotercer cumpleaños. Como ambas familias tenían sumas importantes de dinero, querían asegurar la fortuna de ambas familias y evitar que nadie externo se aprovechase de esta riqueza, por lo que no vieron mejor opción que comprometernos. Si veían que nos llevábamos mal desde pequeños, aún estaban a tiempo de buscar otras opciones seguras para ambas familias.
No voy a negarlo, cuando me lo dijeron, fui probablemente la niña más feliz de Arizona. A mi me encantaba Matthew por ese entonces, solo que a él no le hizo demasiada gracia, pues mis sentimientos no eran recíprocos.
A pesar de eso, siempre fue mi mejor amigo y siempre me trató como a nadie. Poco a poco, se fue haciendo a la idea de que casarse con su mejor amiga no era tan malo, hasta que comenzaron a gustarle la idea y yo; por desgracia, a mi me pasó justo al contrario y empecé a tener sentimientos por su hermano menor, Rodrick, quien me correspondía románticamente. "Nuestras familias entenderán si salgo con él en vez de Matt, al fin y al cabo son hermanos, es prácticamente lo mismo", pensaba.
Matthew se fue quedando más como el típico mejor amigo guapo con el que no te importaría tener algo pero no piensas en nada serio. Cruzar ese límite podría ser peligroso y no me apetecía perder a Matt.
Sus primeras señales de celos empezaron a mis 17, lo que llevó a varias peleas con su hermano. Rodrick y yo llevábamos saliendo desde que tenía 16 años, pero tuvimos que romper a mis 18, cuando la familia de Matt se fue 2 años a vivir a Miami por temas de trabajo de su padre. Casi al mismo tiempo, Axel desapareció sin decir absolutamente nada, y mis padres peleaban constantemente.
Sin duda, fueron los 2 años más duros de mi vida, lo pasé tan mal que no quería salir de casa, lo que obligó a mis padres a buscar una forma de que pudiera hacer bachillerato desde casa. Incluso me cambié de domicilio para irme a vivir al campo con mi tío y alejarme de esa casa llena de recuerdos. Pasé de estar acompañada siempre a completamente sola. Muchas veces llegué a pensar que ninguno volvería, y que me quedaría sola lo que me quedaba de vida. Al terminar bachiller, quise hacer la universidad en mi ciudad natal, dispuesta a comenzar de 0, motivo por el que estoy aquí ahora mismo.
Durante esos 2 años tuve mucho tiempo para pensar, y empecé a darme cuenta de que quizá no me había dejado de gustar del todo Matthew. Quizá sólo me conformaba con Rodrick porque no era correspondida, y ciertamente se parecen bastante entre ellos. ¿Qué se supone que haga con estos sentimientos ahora? Lo mejor será esperar a ver como se desarrolla nuestra relación a partir de ahora. No quiero preocuparme por esto, prefiero simplemente disfrutar de Matt ahora que está aquí, conmigo.