Alexis
—¡Mueve el culo, Lexi! Tyler dice que se va sin nosotras si no te apuras, ¡niña! —gritó Charlie, mi mejor amiga, desde el pasillo.
Me eché un último vistazo al espejo. Me acomodé la chaqueta de cuero y me saqué los mechones pelirrojos del cuello. Salí del baño colgándome el bolsito de salir al hombro. Puedo con esto. No es para tanto. Solo es una noche de fiesta con las chicas.
—¿Por qué tardaste tanto, nena? Por un segundo pensé que te ibas a echar para atrás —dijo Charlie cuando entré a la cocina. —Qué graciosa, como si me dejaras hacerlo aunque quisiera —respondí. Me acerqué a la mesa donde ella terminaba de vaciar una botella de Jack en unos vasitos de shot. Me pasó uno.
—Ni lo pienses —contestó ella, hablando más fuerte de lo normal. Ya estaba entonada. Me pasó el brazo por los hombros y sacó el único tema que yo quería evitar toda la noche, y si fuera por mí, el resto de mi vida.
—Mira, Alexis, desde que ese idiota empezó a cambiarte supe que era un pedazo de mierda. Sabía que te darías cuenta tarde o temprano. Solo lamento que te tomara tanto maldito tiempo. Y todavía me encabrona que no me dijeras lo mal que estaban las cosas. Si lo hubiera sabido, lo habría buscado para darle una paliza y rescatarte yo misma.
Sentí que las mejillas me ardían. Sasha y Lily, las compañeras de trabajo que Charlie invitó, me miraban con curiosidad y lástima. Dios, mataría a Charlie y a su bocota de borracha. Casi todos los que me conocen saben que tuve una mala ruptura. Pero solo tuve el valor de contarle los detalles reales a Charlie. En este momento, me arrepentía de habérselo confiado.
—¿Nos vamos o qué? —preguntó Tyler, el hermano de Charlie, rompiendo la tensión. Se notaba que no quería estar ahí. Charlie me dijo que él le debía un favor, así que le tocó ser el conductor designado toda la noche.
—¡Fondo blanco, perras, y que empiece la fiesta! —gritó Charlie.
Nos tomamos los tragos y salimos. Miré por última vez nuestro pequeño apartamento al cerrar la puerta. Este lugar ha sido mi refugio los últimos seis meses mientras sanaba del trauma de mi relación. Puedo contar con una mano las veces que he salido desde que todo pasó. He dependido de Charlie para casi todo.
Pero ya basta. Es hora de un nuevo comienzo. Tal vez sea el efecto del alcohol, pero siento que puedo manejarlo.
Además, esta noche estamos celebrando. Después de semanas de insistencia de Charlie, armé mi portafolio. Pedí trabajo en varias tiendas de tatuajes locales. Para mi sorpresa, a partir del lunes tendré empleo. Es un lugar pequeño, pero es el comienzo. No podría estar más emocionada.
El sonido de una bocina me sacó de mis pensamientos. Vi a todas las chicas amontonadas en el coche de Tyler. Me metí atrás, junto a Sasha y Lily, justo cuando Charlie subía el volumen de la música. Una de nuestras canciones viejas favoritas empezó a sonar y no pude dejar de sonreír. Una de las chicas me pasó una bebida ya mezclada. Le di un sorbo y me puse a cantar a todo pulmón con ellas mientras íbamos hacia el centro de la ciudad.
Escuché el club antes de verlo. El sonido del heavy metal hacía vibrar el coche y me dio un escalofrío por la espalda. No me había dado cuenta de cuánto extrañaba esto: salir, bailar y conocer gente nueva. Ha pasado demasiado tiempo.
Tyler se detuvo junto a la acera. —Ya llegamos, bajen —gruñó—. Charlie, tú y Alexis tienen mi número. No me llamen a menos que sea una emergencia. Cuídense y todo eso. Ya te sabes el cuento, Charlie, lárguense ya.
Charlie se inclinó y le dio un beso en la mejilla a Tyler. —¡Gracias, hermanito, sabía que podía contar contigo!
Al bajar del coche, empecé a sentir los efectos de los tragos que nos tomamos en casa.
—Ojalá Jayden esté en la puerta. No tengo ganas de hacer fila hoy. Esta nena solo quiere entrar y mover el culo con sus amigas —dijo Char. Se puso a perrear contra mí mientras unos tipos en la fila silbaban y la animaban.
Caminó con paso firme hasta el frente de la fila con nosotras tres detrás. Ignoró las miradas de odio de la gente que esperaba. —Jayden, bombón, qué bueno que estés aquí. —Charlie se acercó al portero. Él tardó diez segundos en revisarla de pies a cabeza. Se quedó mirando un rato sus tetas, que apenas cabían en el vestido apretado. El tipo era guapo, lo admito. No es mi estilo, pero por cómo se hablaban, seguro que ya se lo había tirado un par de veces.
No es un secreto que a Charlie le gusta divertirse. Es guapísima y lo sabe; aprovecha su belleza siempre que puede. Tener una mejor amiga así a veces me hace sentir insegura, pero ella es muy leal. Es la única amiga que tengo en este mundo de mierda. La quiero como a una hermana. Mis padres murieron en una persecución por drogas cuando yo tenía diez años. No me quedaron parientes, así que la familia de Char me adoptó. Me criaron junto a ella y Tyler sin dudarlo. Siempre estaré agradecida por todo lo que hicieron y hacen por mí.
—¿Te vas a quedar ahí parada o vas a entrar? —me preguntó Char, sacándome de mis rollos otra vez. Se rio, me tomó de la mano y me arrastró hacia la puerta. Le lanzó un guiño seductor a Jayden al pasar. —Búscame cuando termines, nena —le dijo lanzándole un beso. En un segundo ya estábamos adentro.
Respiré profundo y miré el lugar. Estaba llenísimo. Una banda en vivo tocaba clásicos de heavy metal uno tras otro. En la pista, gente de todo tipo bailaba y sacudía la cabeza al ritmo de la música. La barra estaba al fondo. Había mujeres hermosas sirviendo tragos vestidas con lencería de encaje y cuero. Vaya uniforme, pensé con una sonrisa. Un guardaespaldas enorme cuidaba unas escaleras estrechas. Supuse que era la entrada al segundo piso o al área VIP. Miré hacia arriba y vi siluetas apoyadas en el balcón, pero entre el humo y las luces no se distinguía mucho más.
Me fijé dónde estaba el baño para más tarde y tiré de la mano de Char. —Vamos por un trago —sugerí. Ella soltó un grito de alegría. —¡Así se habla! Primero los tragos, y luego tú y yo les enseñaremos a estas perras cómo se baila —dijo riendo mientras me llevaba a la barra.
—Sé que estás fuera de práctica, así que sígueme la corriente. Recuerda una cosa: las nenas ricas como nosotras no pagamos por sus tragos —me dijo con una sonrisa pícara. Se acomodó las tetas en el sostén y se abrió paso hasta la barra. Nos metimos junto a un grupo de hombres. Se puso a platicar con un par de ellos. Menos de cinco minutos después, tras varias sonrisas y risitas, íbamos hacia la pista con un trago gratis cada una.
—¿Dónde están Lily y Sash? —le grité a Char por encima del ruido de la batería. No vi en qué momento desaparecieron. —Están por ahí. Sus novios tocan en la banda, así que no las veremos mucho —respondió a gritos—. ¡Solo somos tú y yo, nena! —dijo y me dio una nalgada. Al llegar al centro de la pista, empezó a sonar la intro de "People=Shit" de Slipknot. —¡Dios mío, es nuestra canción! —gritó Charlie. Empezamos a bailar y a sacudir la cabeza sin que nos importara nada.
Cuando terminó la canción y empezó la siguiente, me dolían las mejillas de tanto reír. Le di a Charlie el abrazo más fuerte que pude y le susurré al oído: —Gracias por esto, es justo lo que necesitaba. Ella me sonrió. —¿Para qué están las mejores amigas que son como hermanas? —contestó. Seguimos bailando, disfrutando el momento sin pensar en nada más.
Mierda, qué bien se siente volver a vivir de verdad.