Capítulo 1
Yoongi nació libre.
Era el único hijo de una de las consejeras más queridas y respetadas por el rey, lo que le dio siempre una posición privilegiada dentro de la sociedad. Su madre lo trató con amor y le dio una educación completa, incluso después de presentarse como omega, ya que las costumbres dictaban que sus obligaciones estaban reducidas a casarse y formar una familia, pero aquella alfa respetó la decisión de su hijo sobre no contraer matrimonio para continuar con sus estudios y además le permitió conocer su pequeño mundo.
Yoongi no pudo viajar fuera del reino, pero sí tuvo la oportunidad de ir a muchos pueblos. Siempre acompañado de sus mejores amigos y guardaespaldas, Namjoon y Hoseok, dos alfas.
Su estilo de vida lo convirtió en blanco de críticas y más de una vez intentaron detenerlo, pero nadie fue capaz de hacerlo.
Tenía como sueño convertirse en profesor de omegas en situaciones desfavorecedoras o entrar al consejo del rey para promover leyes de igualdad, enamorarse no estaba en sus planes.
Hasta que conoció a Seokjin, el príncipe heredero del reino.
Muchos pensaban que al estar dentro del mismo círculo sería fácil que se conocieran, pero no fue así. Tan libre como era, Yoongi no pisaba el palacio nunca, y jamás lo habría hecho si no fuera por él.
Lo conoció una tarde de verano, cuando decidió esconderse de sus amigos para tomar un baño refrescante en el río. Era una costumbre de muchos omegas hacerlo, pero siempre procuraban ir acompañados para evitar cualquier altercado. Él normalmente iba con sus amigos omegas, Jimin y su guardaespaldas, Jungkook, así que pasaban un rato agradable los tres mientras los alfas cuidaban que nadie se acercara.
Yoongi decidió ir solo aquella ocasión.
Se quitó toda la ropa,ya que no había ojos curiosos por ahí se permitió disfrutar de su desnudez, y se metió al agua clara para refrescarse. Estuvo tranquilo por unos minutos, hasta que escuchó el sonido de las hojas moviéndose y se dio cuenta de que alguien iba hacia el río.
El pánico se apoderó de él y se apresuró a nadar tan rápido como pudiera, pero no pudo llegar a la orilla cuando la figura de un hombre se alzó frente a él. Alzó la mirada y se encontró con los ojos del otro, que también se quedó estático al verlo, completamente desnudo. Se quedaron así simplemente unos segundos, pero fue más que suficiente para sentir que todo su mundo cambiaba.
Los ojos cafés de ese hombre parecieron perforar hasta lo más profundo de su alma para desnudarla y exponerla frente a él, dándole permiso de hacer con ella lo que quisiera; Yoongi experimentó un extraño anhelo y necesidad.
En aquel momento no conocía su nombre, su voz o su toque, era un completo extraño; pero aún así logró hacerlo sentir tan indefenso. Lo primero que notó fue que era un alfa, porque sus feromonas se liberaron enloquecidas al estar frente a él, por instinto su propio lobo se presentó como omega para él.
Más tarde descubriría que el nombre de ese hermoso hombre era Seokjin.
Pero el bonito momento fue interrumpido por otro muchacho que gritó al verlo y tomó a Seokjin con fuerza por la cintura para tirarlo lejos de ahí, tratándolo igual que a un saco de arroz que debía ser desechado.
Yoongi se cubrió la boca por la escena y Seokjin gritó adolorido, pero el otro no lo dejó en paz, se le subió encima para evitar que se levantara y viera la desnudez del omega.
La situación fue divertida y entrañable. Aquel joven, que enloqueció al percatarse de que estaban frente a un desnudo Yoongi, se llamaba Taehyung, el hermano menor de Seokjin y su compañero de aventuras, un alfa también.
Yoongi salió del agua y se puso la ropa, usó toda su fuerza de voluntad para no echarse a reír al ver como Seokjin estaba apresado bajo el cuerpo de Taehyung, gritaba por piedad y suplicaba que se le dejase respirar, pero el más joven se negó rotundamente.
Yoongi anunció que estaba vestido y por fin Seokjin se vio libre. Tosió con ganas y luego le dio un golpe a su hermano, pero este no se inmutó, al contrario, giró hacia Yoongi y se arrodilló a sus pies.
—Lamentamos mucho haberlo incomodado, joven —dijo en medio del llanto—. No teníamos ninguna intención de acosarlo.
Seokjin detrás de él rodó los ojos, luego comenzó a sobarse un hombro.
—Está bien, no se preocupe, joven —respondió Yoongi con amabilidad—. Sin embargo, no debería hablar por ambos cuando usted es el único que luce arrepentido.
Miró a Seokjin, que se sonrojó ante su comentario.
—Los dos estamos avergonzados por lo sucedido —informó Seokjin con firmeza—, de verdad, si hubiéramos sabido que usted se encontraba aquí, en tal estado, jamás habríamos venido.
—Bien, les creo. Yo también lamento haberlos puesto en una situación tan… incómoda.
—No es culpa —dijo Seokjin mientras sacudía la tierra de su cuerpo y se abrochaba el hanbok—. En estos tiempos el calor se vuelve insoportable, nosotros fuimos muy imprudentes al no preguntar si había alguien aquí, pues el lugar es público.
Yoongi lo miró con los ojos bien abiertos, sorprendido por su respuesta. Esperaba que lo regañaran por estar solo y desnudo, eso es lo que normalmente le dirían. En su cultura era tan común que los alfas se creyeran autoridades para los omegas, los trataban con más severidad que a un niño. Por un momento se sintió feliz ante la idea de que ellos fueran diferentes, pero el ánimo se le fue de repente cuando se dio cuenta de la realidad.
—No soy un alfa —escupió al creer que lo habían confundido.
Seokjin se detuvo de repente, Yoongi creyó que estaba asombrado por la información, pero vio una pequeña sonrisa en su rostro.
—Lo sé —contestó y fingió que aún había tierra por sacudir de su ropa—, los alfas no somos así de hermosos.
Yoongi se sonrojó y sintió que su corazón se aceleraba. Seokjin levantó el rostro y lo miró a los ojos, de nuevo el interior de Yoongi estalló.
—¡Hyung, no seas irrespetuoso! —se quejó Taehyung y golpeó el brazo de su hermano mayor.
Pero ninguno hizo caso, cuando sus ojos se encontraron y sus almas se reconocieron no hubo nada más, sólo ellos dos para siempre.
A partir de ese día se encontraron en aquel río, a veces en compañía de sus amigos, varias veces se escapaban para estar a solas.
Poco a poco se fueron conociendo, dejaron que la atracción que los unió desde el primer instante se fortaleciera.
Seokjin le habló sobre lo que era la vida de un príncipe, siempre estudiaba y vivía bajo mucha presión. Su padre alfa era terrible, esperaba cosas de sus hijos que ninguno estaba dispuesto a hacer y era el villano de sus lindas historias, aunque los dos hermanos Kim intentaban todos los días luchar contra él.
Era un alfa amable y simpático. Aunque era tímido resultó ser muy hablador, además de bromista, así que jamás se quedaban en silencio al estar juntos. Cuidaba de Taehyung con amor, trataba a todos con cariño e incluso dejaba que los menores fueran un poquito irrespetuosos con él.
Yoongi se enamoró de Seokjin tan pronto que hasta se sintió estúpido por lo fácil que fue caer ante él.
Pero la situación fue la misma para el alfa, y era un alivio que nunca lo ocultara.
Cada vez que Yoongi hablaba Seokjin lo escuchaba con atención, mostraba su admiración ante sus pensamientos e incluso lo animaba a hablarle más. Compartió muchas de sus ideas y dejó que Yoongi le mostrara la realidad de ser un omega en una sociedad como la suya, además se comprometió a ser un mejor alfa para el mundo. Un rey justo con los omegas de su reino.
Un alfa perfecto para Yoongi.
Ninguno dijo sus sentimientos en voz alta nunca y aseguraban ser solo amigos, pero sus acciones y miradas los dejaban en evidencia.
Al pasar los meses comenzaron a tomarse de las manos, con regularidad Yoongi apoyaba la cabeza en el hombro de Seokjin y este le rodeaba la cintura con el brazo; escalaron a tirarse en la yerba, con Yoongi recostado en el pecho de Seokjin, a veces hablaban y otras solo disfrutaban de estar juntos.
Se esforzaban mucho por zafarse de sus amigos y tener un momento para ellos dos, sin nadie más, y así se permitieron ser más descarados.
En un día de primavera Seokjin lo besó, mientras el aire fresco soplaba suavemente y un montón de florecillas volaban a su alrededor. La escena fue hermosa.
Sus labios juntos, sus corazones a un mismo ritmo y el aliento del otro en su boca fue simplemente perfecto.
Estaban hechos el uno para el otro.
Los besos se volvieron constantes, pero Yoongi comenzó a sentirse muy necesitado de algo que no podía describir con palabras. Animó a Seokjin para que entraran juntos al agua, con el pretexto de que necesitaban refrescarse, lo que les permitió conocer sus cuerpos medio desnudos. Cualquiera se habría escandalizado por su falta de pudor, y aunque ellos mismos se avergonzaron, poco a poco lo volvieron también una rutina.
Una tarde de otoño decidieron reunirse, Yoongi recién salía de un celo, así que sus instintos estaban a flote. Al pensar en Seokjin su piel se erizaba, su corazón se aceleraba y la parte más íntima de su cuerpo se humedecía vergonzosamente.
Durante varios celos Yoongi chillaba por Seokjin, anidaba con su imagen en la cabeza y buscaba alivio con su nombre en los labios.
Lo necesitaba de una forma que no podía explicar.
Seokjin llegó, pero al principio mantuvo la distancia.
—Yoongi —llamó con voz profunda.
Cuando Yoongi se giró para enfrentarlo lo vio… destrozado. Sus manos estaban hechas puños, su pecho subía y bajaba con dificultad, y sus ojos…
Sus ojos cafés que no sólo veían su cuerpo, sino también su alma.
Yoongi podía perderse en ellos y quedarse ahí por siempre. Se sintió desnudo bajo su mirada, pero fue maravilloso.
—Hola —saludó en voz baja.
—Hueles… a celo —dijo Seokjin.
—Está bien, no pasa nada.
—Yo… —Seokjin cerró los ojos y respiró hondo—. Yoongi, no sé si sea buena idea que estemos juntos ahora, no quiero lastimarte.
—Confío en ti.
Seokjin abrió los ojos de golpe y lo miró.
—Pero yo no confío en mí.
—Bien.
Yoongi usó todas sus fuerzas para no llorar, aunque sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente.
Seokjin no pudo resistirse y fue hasta él para consolarlo, besó su rostro con devoción y lo apresó entre sus brazos protectoramente. Yoongi estuvo feliz, pero no del todo.
Días después estaban juntos de nuevo, ambos lúcidos y conscientes.
—Lo que siempre odiaré es como nos valoran a través de los alfas, no de nosotros mismos —se quejó Yoongi, sentado en la hierba con los pies en el río.
Seokjin estaba a su lado, también con los pies hundidos en el agua, y acariciaba su cabello con ternura. Prestaba atención a lo que decía, pero estaba demasiado encantado por la belleza del omega. Tenía los ojos clavados en lo bonitas que se veían sus pestañas al estar de perfil, su nariz de botón y en sus labios rosas que se movían rápidamente cuando hablaba y formaban un puchero al decir algo que le desagradaba.
—¿A qué te refieres exactamente? —preguntó Seokjin y bajó la mano hasta su mejilla.
—Ya sabes, toda esa obsesión con mantenerte puro. Si yo fuera un alfa ni una sola persona me habría dicho nada por viajar alrededor del reino, pero como soy un omega todos hablan a mis espaldas, sobre que seguramente me acuesto con mis guardaespaldas y que he tenido muchos abortos o cosas así. Siempre los escucho murmurar que nadie nunca querrá a un omega como yo, porque no estoy “limpio”.
—Tampoco entiendo el problema, no creo que haya uno.
—¿Tú estaría con un omega que ya se acostó con otros alfas?
Yoongi giró el rostro hacia Seokjin y lo atrapó con los ojos en su boca, el alfa sonrió, luego subió la mirada para encontrarse con la suya.
—Lo preferiría —confesó—, porque yo nunca he estado con nadie y un poco de experiencia sería buena.
Yoongi se sonrojó y tragó saliva.
—¿Y estarías con uno que es virgen? —preguntó en un murmullo.
—No me importa si no ha estado con nadie o si ha estado con mil, eso es lo de menos.
—¿De verdad no te importa?
Seokjin negó.
—Si yo me casara —susurró Yoongi, su voz perdió fuerza al estar tan cerca de Seokjin—, quisiera que mi alfa me amara sin importar nada de eso, que adorara mi cuerpo a pesar de que no es el primero en mi vida.
—Tu cuerpo merece ser adorado —declaró Seokjin—, si tu pareja no se inclina ante ti y te muestra la misma devoción que un creyente a su dios no es digno ni de mirarte.
Yoongi sintió que su corazón se detenía y todo su ser colapsaba.
—Tal vez… tal vez debería probarlo —murmuró sin aliento—, y acostarme con alguien fuera del matrimonio. Así… Así alejaré alfas estúpidos.
—Tal vez —concedió Seokjin.
—Seokjin —llamó con voz débil—, ¿podrías ser tú el primero en mi vida?
Cerró los ojos al hacer la solicitud, poco dispuesto a ver la reacción del alfa.
—Yoongi…
—Confío en ti y… no quiero que sea nadie más. No quiero casarme con nadie, me harías un favor.
Seokjin no respondió por unos segundos, lo que puso a Yoongi nervioso y lo obligó a abrir los ojos.
Se encontró con la profunda mirada del alfa, si no estuviera sentado habría caído al perder la fuerza en las piernas.
Quería ser de Seokjin, suyo, del mismo modo que el alma pertenece al cuerpo y las ramas a los árboles, tan suyo que nadie pudiera separarlos.
Seokjin pareció querer decir algo, pero Yoongi lo silenció con un beso. Sus labios se unieron de la forma que ya sabían y poco a poco se permitieron más.
Sus pies salieron del agua, Seokjin tomó su cuerpo tiernamente y lo recostó en la hierba, que estaba llena de hojas secas. Se detuvo unos segundos para mirarlo a los ojos y pedirle su aprobación, Yoongi asintió lentamente.
Seokjin primero quitó su propio hanbok, ante los ojos curiosos de Yoongi. Ya se habían visto en ropa interior antes, pero aquella ocasión era diferente porque no sería lo único que podría admirar del alfa.
Las manos de Seokjin temblaron cuando tomó el listón de su camisa, suspiró y miró a Yoongi.
—Me da vergüenza —confesó antes de deshacer el nudo y quitársela.
Ver su piel levemente morena y sus anchos hombros fue alucinante. Sus clavículas se notaban y, aunque no era muy musculoso, estaba tonificado. Además, tenía una cintura estrecha y bien definida.
—No quiero quitarme los calzones —le dijo mientras se levantaba para quitarse los zapatos.
Yoongi se sentó y llevó sus propias manos al dobladillo de la prenda ajena para empezar a quitarla.
—Yoongi, no mires —pidió Seokjin con vergüenza y lo tomó de las muñecas.
Yoongi lo miró y rio suavemente, asintió con la cabeza y luego se recostó de nuevo, con la vista fija en el cielo.
Pronto atardecería.
—Qué vergüenza —exclamó Seokjin—, te toca.
Yoongi aguantó la respiración cuando Seokjin se acercó a su rostro, cerró los ojos y sintió el aliento contrario cerca de su mejilla.
—Dije que es tu turno —susurró.
—Hazlo tú —respondió Yoongi—, quítame tú la ropa... Desnúdame.
Seokjin no hizo o dijo nada durante unos momentos, pero tampoco dudó mucho antes de levantarse y llevar las manos de su hanbok.
Deshizo el nudo del listón y abrió la prenda, pasó el brazo por debajo de su cintura y le instó a sentarse. Yoongi se dejó hacer, aflojó el cuerpo como si fuera un muñeco a entera disposición de ese hombre.
Al abrir los ojos se encontró con el rostro de Seokjin, sus narices se rozaban y sus respiraciones chocaban. Ni siquiera se dio cuenta de que la tela se deslizó por su cuerpo hasta que Seokjin ya estaba quitándole la camisa interior y el aire le acarició la piel.
Se quedaron frente a frente por unos segundos, solo mirándose a los ojos, hasta que Yoongi acabó con la distancia y lo besó.
No apresuraron nada, el contacto fue lento y suave, las manos frías de Seokjin acariciaron su espalda y viajaron hasta su cintura, para quedarse ahí, lo juntó un poco más a su cuerpo. Sus pechos se rozaron, por primera vez, piel contra piel sin nada más.
Fue Seokjin quien se alejó primero, besó su frente y se levantó, al principio Yoongi no entendió porque, hasta que se percató de que acomodaba su ropa para crear una especie de camita. Se permitió admirar el cuerpo de Seokjin mientras este estaba distraído.
Era delgado, pero tan hermoso. Y sus piernas eran bonitas, además de sus nalgas. Era la primera vez que Yoongi veía unas y las de Seokjin le parecían adorables, sonrió ante su pensamiento, pero la sonrisa se borró de su rostro cuando bajó la mirada y vio algo más, algo en su entrepierna, que se veía tan diferente al suyo…
—¡Yoongi! —llamó Seokjin al percatarse de donde tenía los ojos—. ¡No mires!
Se cubrió con las dos manos y chilló, Yoongi giró el rostro sonrojado.
—Lo siento, hyung —murmuró.
—No me llames así —pidió Seokjin con voz temblorosa.
—¿Por qué no?
—Porque no.
Se giró lentamente hacia él y lo miró con las mejillas rojas.
—¿No te gusta? —inquirió Yoongi en voz baja.
—Me gusta… quizá demasiado —admitió Seokjin.
—Hyung.
Y Seokjin cerró los ojos, su piel se enchinó y aguantó la respiración.
—Eres insufrible —dijo.
Yoongi rio quedito, pero dejó de hacerlo cuando Seokjin lo tomó de la cintura y lo levantó con facilidad para pegarlo a su cuerpo. Lo tomó de la nuca y lo besó, con un poco más de fuerza. Yoongi jadeó contra sus labios y puso las manos en sus hombros, en busca de un apoyo para no caer. Una de las manos de Seokjin se aventuró dentro de sus calzones, pero fue imposible avanzar demasiado porque estaban atados; gruñó con frustración y comenzó a desatarlos.
Yoongi se quedó con la vista fija en la cabeza de Seokjin, pues este se apartó del beso y agachó el rostro para mirar atentamente la prenda. Antes de que pudiera reaccionar por lo que hacía el otro, sintió los calzones deslizarse por sus piernas y caer en un montón a sus pies.
Seokjin se quedó quieto, en la misma posición, y Yoongi se dio cuenta de que lo veía.
—Tú… ¿Por qué…? Oh… —tartamudeó—. Tú no… no quisiste que yo te viera.
—Eres tan bonito aquí abajo —dijo Seokjin en cambio—. Yoongi, eres tan hermoso por todas partes.
—No dejaste que yo te viera —se quejó con la cara roja—, no es justo que tú me veas a mí.
—No me dijiste que querías mirar —respondió y levantó la cara para enfrentarlo.
—Tú…
—Pero tampoco me has dicho que no mire —interrumpió Seokjin—. Dime y pídeme lo que quieras, Yoongi, jamás te negaré nada.
Yoongi no pudo formular palabras, nada salió de su boca, Seokjin sonrió y lo tomó de la cintura.
—¿Qué quieres, Yoongi? —cuestionó con los labios cerca de los suyos—. ¿Quieres mirarme? ¿Quieres que te mire y te toque?
—Sí —confesó con la garganta seca.
—¿Quieres que te haga mío, Yoongi? —La voz de Seokjin se escuchó profundamente.
—Sí.
Seokjin volvió a besarlo con pasión, sus respiraciones se agitaron y sus pieles ardieron al rozarse. Una de las manos de Seokjin comenzó a viajar por su espalda, su cintura y se detuvo en su trasero, le dio un apretón suave que le robó un gemido.
—Que precioso eres —murmuró separándose del beso y llevó los labios a su cuello—. Mi Yoongi, eres tan hermoso.
Yoongi quiso responder, pero no pudo, no con los labios y la lengua del alfa sobre su piel, con su aliento caliente contra su cuerpo.
Seokjin apretó sus nalgas y comenzó a bajar las manos por sus piernas mientras se arrodillaba. Dejó la cara a la altura de su vientre, no perdió el tiempo para empezar a besarlo y lamer. Yoongi lo tomó del cabello en busca de un soporte, pero las manos del alfa subieron hasta su espalda baja y lo sostuvieron. Perdió el aliento cuando el alfa bajó más el rostro y llegó hasta el montón de vellos que protegían su pene, el cual ya estaba duro para ese punto.
—Hyung —jadeó cuando sintió la lengua ajena ir más abajo.
Seokjin gruñó y lo tomó con más fuerza.
—Que excitante eres —dijo.
Despegó la cara de su cuerpo y lo miró desde abajo con una sonrisa extraña.
—Yoongi, eres tan perfecto que quisiera hablar mil idiomas para decirte de mil maneras diferente lo bello que eres —Seokjin volvió a besar su vientre—. Mis ojos jamás habían sido bendecidos con una vista tan preciosa. Oh, Yoongi, Min Yoongi, eres el ser más hermoso y bello que existe en el universo entero.
—Seokjin, eres tan cursi —intentó burlarse Yoongi.
Pero este rio contra su vientre.
—Ojalá pudiera tener las palabras para expresar todo lo que quisiera, pero no puedo.
Se levantó de golpe y tomó la cara de Yoongi entre sus manos, sus ojos se encontraron.
—Sólo me queda repetir que eres hermoso hasta que mi voz se acabe —dijo y lo besó.
Yoongi enredó las manos en su nuca y se besaron por un buen rato, hasta que Seokjin lo recostó en el montón de ropa. Le separó las rodillas y se metió entre sus piernas, Yoongi lo recibió gustoso y tomó su cara para besarlo.
Seokjin tuvo que sostenerse en sus codos para no aplastarlo, pero eso no le impidió pasear los labios por donde pudo. El cuello de Yoongi terminó llenó de saliva porque el alfa se volvió sucio de pronto y lo lamió del mismo modo que a un dulce. Sus caderas comenzaron a mecerse instintivamente, cuando sus penes se rozaron ambos que quedaron quietos por la sensación. Pero no tardaron en repetir el movimiento, les bastó muy poco para estar excitados y necesitados. Yoongi buscó los labios de Seokjin y gimieron juntos, en la boca del otro mientras el placer se apoderaba de sus cuerpos. Yoongi sintió que se humedecía, tanto que en poco tiempo sus fluidos comenzaron a resbalar por sus nalgas, afortunadamente estaba en una situación que no le permitió avergonzarse. El pene de Seokjin lo rozaba de vez en cuando, estaba duro y caliente, su entrada comenzó a palpitar en necesidad.
Era tan bueno que Yoongi se sintió desfallecer, listo para terminar, pero Seokjin se detuvo. Él gimió frustrado sin entender la razón de aquellas acciones, se estaba sintiendo tan bien. Su duda fue resuelta pronto, cuando Seokjin movió todo su peso a un solo brazo y llevó la otra mano a su entrepierna.
Seokjin tomó su pene y respiró profundo, lo miró a los ojos.
—Creo que… es momento —jadeó con dificultad.
Yoongi asintió, con un poco de miedo.
Nunca había hecho eso antes. Sabía un poco en qué consistía, porque era demasiado curioso para desaprovechar la oportunidad de ver los libros prohibidos, pero jamás había estado en una situación parecida. Al masturbarse no buscaba alivio metiéndose nada, ni siquiera en sus celos.
Seokjin inhaló y guió su miembro hasta el trasero de Yoongi. Presionó contra él varias veces, sin atinarle al lugar correcto. Gruñó en frustración y se levantó para quedar arrodillado. Abrió las piernas de Yoongi tanto como pudo, dejándolo totalmente expuesto a su vista.
Yoongi se sonrojó al ver que lo analizaba detalladamente, sus ojos clavados en su lugar más íntimo de su cuerpo, que nadie nunca había visto antes.
—No es posible —susurró—, Yoongi, creo que no tienes hoyo.
—¡Claro que tengo! —gritó Yoongi—. ¡Ahí está!
—No lo veo.
—Eres un tonto.
Yoongi llevó las manos a su entrepierna con vergüenza y puso dos dedos en su entrada, que goteaba por la excitación. El roce le envió un escalofrío que lo estremeció.
—No… no puede ser ese —dijo Seokjin con preocupación—, es… pequeño.
—Pues lamento no ser tan grande como esperabas.
Seokjin negó varias veces con la cabeza, tomó una de sus piernas y la puso en su hombro para besarle el interior del muslo.
—Eres perfecto, mi Yoongi —susurró—. Es que… me da miedo lastimarte. Mi Yoongi, jamás he hecho esto, no entiendo cómo debo hacerlo.
—Sólo mételo y ya, no es como si tuvieras una cosa enorme ahí.
—No, no, pero…
—Vamos, está bien. Si lo estiras todos sabrán que no soy virgen y mi futuro alfa…
Seokjin mordió su muslo y Yoongi se interrumpió por el dolor.
—¡Oye! —chilló.
—No hables de otros —exigió Seokjin—, no ahora. Estoy a punto de hacerte mío y piensas en otro. No quiero… no quiero que nadie te vea así.
Volvió a besar su piel y suspiró, absorbió su dulce aroma. Yoongi se relajó por sus atenciones.
—Espero hacerlo bien —susurró Seokjin.
Le soltó la pierna y tomó otra vez su miembro, se acercó más a él y Yoongi sintió que presionaba su entrada. Sólo un poco, luego comenzó a moverlo alrededor, las caricias se sintieron bien y Yoongi se permitió jadear. Se humedeció de nuevo por los juegos de Seokjin, con la cabeza de su pene acariciando su entrada sin penetrarlo.
—Eres tan bonito en cada centímetro —gimió Seokjin.
Fue suficiente para el alfa, ya no aguantaba, así que tomó su pene con más firmeza y lo posicionó en el ano de Yoongi.
Tuvo que empujar con un poco de fuerza para que la entrada cediera, pero se detuvo cuando la punta logró meterse porque Yoongi se tensó.
—¿Duele? —preguntó con preocupación.
—Se siente raro —admitió Yoongi—, pero mételo todo.
Seokjin se recostó de nuevo encima de él, apoyado en la palma de una mano y la otra todavía en la misión de entrar.
Fueron varios segundos los que le tomó, pero ni siquiera pudo hacerlo por completo porque sintió una resistencia a mitad de camino. Miró fijamente a Yoongi debajo de él, serio y con los labios apretados. Decidió no forzalo más, se quedó ahí.
—¿Ya? —inquirió Yoongi en voz baja.
—Ya —respondió sin aliento—. Pero quiero… moverme.
Yoongi sólo asintió y cerró los ojos. Seokjin se deslizó fuera, sólo un poco, y volvió a entrar con lentitud. No pasó mucho antes de que estuviera embistiéndolo de forma constante, deslizándose cada vez un poco más adentro, pero no demasiado. Cerró los ojos también y se apoyó en sus manos, pero de todos modos no tuvo la suficiente fuerza para sostenerse y se dejó caer suavemente encima de él, sin aplastarlo.
Seokjin hundió la cara en su cuello mientras se movía desesperadamente dentro de él, Yoongi lo sintió temblar y escuchó sus gemidos en la oreja. Se obligó a sí mismo a resistir el leve dolor en su cuerpo, porque en realidad todo lo demás era bueno. Con un poco de duda llevó una de sus manos a su miembro para masturbarse, porque todavía estaba un poco frustrado por su orgasmo interrumpido.
—Oh, Yoongi, que bien se siente —gimió Seokjin con la voz ronca—. Tienes el paraíso entre las piernas, mi amor.
Seokjin se tensó de repente y dejó salir un gemido más largo, había terminado. Se corrió dentro de Yoongi y tembló cuando el orgasmo lo golpeó, se quedó con la cara en su cuello mientras el placer lo abandonaba poco a poco. Yoongi también detuvo sus movimientos. Sentir a Seokjin tener un orgasmo fue extrañamente placentero. Una de las manos de Seokjin fue hasta su pene, todavía duro, y lo masturbó. Yoongi quitó la suya y lo dejó hacer, simplemente desesperado por terminar. Movió las caderas cuando el placer se formó dentro de él y apretó las prendas debajo de su cuerpo, cerró los ojos con fuerza. Seokjin lo besó en los labios mientras movía con más rapidez la mano y paseó la lengua por su boca.
Yoongi terminó en pocos segundos, se estremeció mientras el delicioso calor del orgasmo lo recorría de pies a cabeza, su semen le manchó el estómago y pecho, pero no le importó. Una vez que se estabilizó se dejó caer satisfecho en la ropa, Seokjin besaba su cara con devoción y cuando abrió los ojos lo miró.
Se sonrieron en complicidad y compartieron un beso dulce.
La primera vez de ambos, una entrega de amor y deseo movida por la excusa de evitar un matrimonio.
Aquella maravillosa unión cambió toda la dinámica de su relación, Yoongi creyó que todo quedaría como un favor o incluso un desliz, pero no fue así.
Siguieron reuniéndose en el río, a veces con los demás, a veces solos, pero no volvieron a hacerlo.
—Yoongi —llamó Seokjin una tarde—, tengo que ser sincero contigo.
—¿Qué pasa?
—No puedo seguir así —confesó—, lo que hicimos hace unos días… no podemos dejarlo así, debo hacerme responsable.
—Seokjin, está bien —respondió Yoongi con suavidad—. Yo te lo pedí.
—Pero quiero…
—No debes sentir culpa —interrumpió porque se sentía incapaz de escucharlo hablar sobre su honor o cosas así—, te expliqué porque lo hice. Cuando me case el alfa que me despose será el mejor porque no le importara no haber sido el primero en mi vida.
—No quiero que haya otro —confesó Seokjin—. Fui el primero, pero quiero ser el único. Yoongi, no puedo fingir que para mí no significó nada.
Se acercó a él y le tomó la cara entre las manos. Yoongi lo miró con anhelo, sus ojos se encontraron expectantes, ambos corazones estaban acelerados y la sangre corría con frenesí por sus venas.
Sus almas estaban unidas de una forma inexplicable, sus lobos se reconocieron desde hacía mucho tiempo, sólo faltaba que ellos cedieran.
—Permíteme ser tu esposo, tu alfa —murmuró Seokjin y pegó su frente a la de él—. Yoongi, ¿me dejarías ser quien te acompañe en tu camino?
Yoongi sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, no pudo hablar, pero asintió.
Ambos lloraron, Seokjin lo abrazó con todas sus fuerzas y lo besó, le agradeció una y otra vez la oportunidad.
Se casaron en invierno, con todo el reino de testigo. Se hicieron promesas, juraron amor eterno y compartieron la felicidad de dos enamorados.
Tendrían que haber sido muy felices juntos, pero los humanos eran seres cambiantes.
¿Cómo pudieron jurarse amor eterno cuando la eternidad era aterradora? Lo que les gustaba ayer puede ser lo que más odien mañana.