Amado Alfred

Sinopsis

Alfred fue flechado por una hermosa chica llamada Alice. El único problema es que jamás será correspondido. Él solo era un pobre diablillo al que las drogas habían acabado. Un desgraciado vagabundo que se ha enamorado de una princesa inalcanzable.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Usuk
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

A lo largo de su vida había cometido varios errores. Algunos más graves que otros pero sin duda alguna, cada uno lo había guiado hasta el lugar en  el que estaba.


Él se aferró tanto a sus ideas idiotas que tuvo durante la adolescencia sin pensar a dónde lo podría conducir. A pesar de que hubiera días en los que maldijera todo y a todos por haber hecho mierda su futuro. Sabía que él era el único culpable. No tomó las riendas de su vida adecuadamente.


En sus días malos se ponía a golpear cosas, o a gritar por las calles una sarta de groserías incongruentes. A veces a las personas que pasaban cerca de él salían corriendo cuando esté les agredía con palabras llenas de odio.


Otras veces lloraba sin control en una esquina, aún podía pensar. Todavía no era un zombie como otros compañeros.


Odiaba a sus padres, a su hermano y así mismo. Odiaba al mundo por ser tan ajeno a su sufrimiento.


Pero eso dejó de importar en cuanto la vió.


Aquella chica de cabello rubio, lacio, fino; parecía hilos, llevaba coletas y en sus ligas rojas había corazones. Era delgada, de piel blanca, ojos grandes y de color verde: ese color, antes, cuando tenía algo a lo que llamar vida, era su color favorito por representar la buena energía. O tal vez quiso a alguien que tenía el mismo color, solo que ahora ya no puede recordar a ese alguien.


¿Quién tenía unos ojos tan hermosos?


Por más esfuerzo que hacía, no lograba recordar el rostro. Así que lo dejaba pasar. Si lo olvidó fue por un buen motivo.


Bajó la vista un momento, sacando de su sacó café un pequeño sobre de plástico lleno de marihuana. Ese verde era todo lo contrario a la vida. Era su condena.


Buscó un lugar donde pudiera fumarlo sin ser visto. Seguía sin soportar las miradas desaprobatorias. Solo quería relajarse un poco, ya después vería como conseguir algo más fuerte.


Iba tambaleándose por una calle transitada. Se dirigía hacia el metro donde se pondría a pedir algo de dinero para poder comprar más. Y de paso podía verla. Esa chica tomaba siempre la misma ruta.


Podría decirse que había sido flechado. Se había enamorado de una princesa.


La primera vez que la vió. No le quitó los ojos de encima, ignoró las miradas molestas de los transeúntes.

Que un sucio vagabundo mirara así a una chica era despreciable. Pero que más daba. Ya había hecho cosas peores. Además no es como si buscara hacerle algo. Le gustaba verla. Su corazón latía al instante, tan fuerte que retumbaba en su oídos.


Incluso creyó escuchar a alguien diciendo: "Viejo repugnante".


Eso le dejó desconcertado. No tenía tanta edad como aperentaba, tenía veintiocho años. 

O al menos eso recordaba.


La chica usaba un uniforme pero eso no significara que fuera una niña. Le calculaba unos veinte o veintitrés. Lo suponía por el escudo en su suéter amarillo. Conocía esa marca, era de una universidad a la que su hermano gemelo había asistido.


Extrañaba a Matthew. 


Desde ese entonces durante las semanas se dedicaba a esperar para poder verla unos instantes.


En algún punto tuvo la suerte de toparsela. Ella pasó al lado de él, la chica llevaba prisa, al pasar desprendía un aroma fresas. Sintió pena de si mismo al suponer que su olor no sería igual de agradable para ella. Seguramente olía a mierda, miados y alcohol ...o todo junto.


Hubo otra ocasión en la que estaba tan intoxicado que se fue acercando a ella pensando que era un sueño. Lo normal sería que al verlo llegar gritara u huyera. Pero su mirada se clavó en la de él. Le acarició el sucio rostro, le sonrió y se fue tranquila.


Oh, su precioso ángel.


Hace mucho que no se sentía tan devastado. No sabía que había anhelado el contacto tierno de otra persona. Esa vez lloró, se deshizo en lágrimas por toda la vida que arruinó.


Su llanto evito que él no pudiera observar con claridad la mirada triste y cargada de impotencia de Alice.  Y tampoco se dió cuenta de que ella retiró la mano con brusquedad, como si le quemara tocarlo. La sonrisa fue como una despedida, no como tal, porque seguirían encontrándose, pero si referente a el acercamiento. Alice haría todo lo posible porque no volvieran a estar tan cerca. Era peligroso para ella. 


El empezar a desarrollar sentimientos por alguien que no podía ni valerse por si mismo era peligroso. Posiblemente acabaría con su vida y su corazón. Prefería evitarse el perder todo a causa de sentimientos tan estúpidos e imprudentes.


No podía sentir algo por aquel tipo. Era ilógico.


Por otro lado, el ojiazul se perdía por instantes en su mente. 


No sabía como organizar los recuerdos en su memoria. Era confuso, ¿Cómo diferenciar las alucinaciones de lo que había pasado en verdad?


Por más que lo intentara no podía explicar de una forma cronológica como sucedió lo de la chica.


Sólo que en algún punto se dio cuenta de que la amaba. Y se odiaba aún más por no poder ser alguien mejor. No estaba a su nivel, no podía trabajar ni mucho menos darle la buena vida que se merecía.


Prefería amarla a la distancia, donde ella pudiera estar segura de un monstruo como él.

Aunque nadie pudiera verlas, él tenía pesadas cadenas que lo mantenían en su sitio, estaba encadenado. Tristemente, no existía un llave que pudiera liberarlo.


Aunque le gustaba creer lo contrario, tenía fe en que en algún lado había una forma de llave mágica que lo sacaría del vicio.


Él soñaba demasiado: en su corazón albergaba la esperanza de que fuera un sueño, corrección: una pesadilla. Y que pronto sonaría la alarma, despertaría calientito y en su cómoda cama con olor a suavitel.


—Máma entraría para gritar que soy un holgazán, yo no le haría caso. Me metería en la sabana hasta que mamá volviera para jalarla.


Él no se daba cuenta de que hablaba. Al caminar se le doblaban los tobillos, tropezaba con grietas, de vez en vez empujaba a señoras, hombres, grupos de chicos que se atravesaban en su camino. 


Las personas gritaban con terror y salían disparadas lejos de él, otras lo empujaban con la suficiente fuerza como para hacerle perder el equilibrio. Tampoco faltaban las palabras vulgares y amenazantes que le lanzaban. Pero ni eso llegaba a afectarle. Lo de su alrededor le parecía ausente, sin importancia. Estaba atrapado en sueño estando despierto.


No supo cuando ni como. Pero ya sabía cual era el nombre de su amada: Alice Kirkland.


Desde entonces todo el día de la semana se la pasaba una y otra vez repitiéndolo para que no se le olvidara. Temía olvidarlo como pasó con otras cosas igual de importantes, por ejemplo: su casa, no sabía donde quedaba, mucho menos llegar a ella, tampoco sabía que había sido de su familia. Pocas veces podía acordarse de ellos. Incluso olvidaba su propio nombre, había meses en que no podía recordar quién era y qué fue lo llevó a su ruina total. Y cuando su mente no le fallaba, recurría a llorar lamentándose por todo aquello que quiso y que no pudo ser. Aunque claro, al final también se olvidaba de esos días angustiosos donde  las frías calles eran su única compañía.


Alfred Frederick Jones.


Ese era su nombre. El nombre de un pobre chico que no tenía futuro más allá de las calles.





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Aquí les traigo otra de mis extrañas historias.

Será algo corta y puede que resulte algo trágica(?

Espero que sea de su agrado.