Chapter 1
Se había encerrado en su habitación.
Gritó con tanta fuerza que tuvo la sensación de que su garganta se desgarraría. Lloraba con rabia, con temor, con frustración. El pecho le quemaba incesantemente.
En la garganta le quedó un hormigueo, lo que le avisaba que no tardaría mucho en enfermarse.
Alice lamentaba tanto su pérdida. Le costaba trabajo aceptar que todo había llegado a su fin.
Desde hace semanas que tenía un mal presentimiento. Pues Emily se comportaba extraña, daba a entender que la evitaba cada vez que podía. Huía de Alice como si se tratase de un monstruo.
Esto por supuesto que la hería. Le destrozaba querer estar a su lado y que la otra hiciera todo lo posible por alejarla.
Lo peor es que cada vez que le pedía una explicación Emily actuaba como si ella estuviera loca, le decía que no pasaba nada raro, que solo eran ideas suyas. Y en esos instantes se comportaba cariñosa haciéndole creer que todavía la amaba. Aquellos bellos labios seguían prometiendole un futuro juntas. La seguía ilusionando con falsas promesas.
Era claro que se trataban de puras mentiras. En el fondo Alice lo sabía. Pero cada noche mientras se desahogaba rezaba porque fuera todo sólo un mal entendido. Le rogaba al cielo, a Dios, al destino... ¡quién fuera! Que todo fuera una mentira, que no estuviera pasando. Deseaba despertar y que todo fuera como antes. Sin embargo debía aprender que el tiempo no vuelve, que hay cosas que no importa cuanto duelan: deben pasar.
Ahora mismo su mente la transportaba a un bello recuerdo. Uno que atesoraba y atesoraría por mucho tiempo, puede que hasta el final de sus días.
Cuando hizo ese viaje a la playa con Emily.
El día no fue esplendoroso ni soleado como planeaban. De hecho estuvo nublado pero caluroso. El lugar al que fueron no destaco por ser muy visitado. Se podían contar las personas de sus alrededores. Además, sin que ellos pudieran enterarse, sólo podían permanecer un día en aquella playa, pues se aproximaba una tormenta.
Pero ni siquiera las malas condiciones les impidieron disfrutar de su viaje.
—Emily
Hasta pronunciar su nombre la quemaba por dentro.
—Vuelve, vuelve, vuelve, vuelve, vuelve. Te lo pido, por favor vuelve.
Sollozó mientras hundía la cara en su almohada. Tenía el corazón hecho trizas.
Siguió en su mente el recuerdo de la playa.
Cuando Emily se lanzó de inmediato a las suaves olas que se aproximaban. Los ojos le brillaron, se soltó a reír de manera escandalosa.
—Que loca estas —fue lo único que kirkland dijo en ese momento. Pues se sentía satisfecha y tan feliz de vivir que no tuvo la necesidad de molestar a Emily, como normalmente lo hacía.
Alice desde la arena la contempló, la miraba con ternura: era ese tipo de amor inocente. Donde la lujuria se daba rara vez.
Verla destacar y disfrutar le hacía sonreír, querer ir a abrazarla con fuerza para no soltarla nunca, fundir sus almas en un abrazo.
—¡No te quedes ahí! ¡Ven, hacia acá! ¡Ven, Alice!
La americana le hacía señas de que se acercara, movía los brazos de un lado a otro mientras daba saltitos. Parecía una niña pequeña.
Su pequeña.
A paso lento se acercó. La calma que sentía en momento así le llenaba el alma.
—Tranquilizate, estas a punto de estallar.
Emily se lanzó sobre ella.
—¡No seas tan amargada! ¡Vive, vive, Alice, tienes que vivir!
El corazón se le aceleró. El sonido del mar, la risa de Emily, la cercanía de la rubia de cabello rizado. Tenerla entre sus brazos queriendo fundirse ahí por la eternidad. Oh como anhelaba que fuera para siempre así.
—Te amo.
Esa palabra se le escapó.
En cuanto dijo eso intentó darle un beso. Pero la americana la rechazó, empujándola levemente por los hombros a la vez que apartaba la cara.
No pudo hacer más que quedarse paralizada. Su preciosa niña jamás había hecho eso antes. Emily siempre aceptaba gustosa un beso, siempre se lo devolvía con la misma pasión y dulzura que ella le profesaba.
Normalmente no expresaba sus sentimientos. Le avergonzaba que otros se dieran cuenta de su estado de ánimo. Pero en ese instante no pudo disimular ni un poco la tristeza que aquel acto le provocó.
Esperaba que Emily se diera cuenta. Quería una explicación del porqué había actuado así.
Pero no la obtuvo.
Emily se dió media vuelta ignorandola. Llamó a los demás para hacer una fogata.
Cómo si nada hubiera sucedido. Actuaba de nuevo como una chica alegre.
Se quedó ahí, sintiendo la arena en sus pies. Viendo a lo lejos como la chica de sus sueños se divertía con los chicos.
Ella reía a carcajadas a la vez que intentaba contar anécdotas divertidas.
Nadie se había dado cuenta de su ausencia. A nadie le interesaba su sola existencia. Parecían haberse olvidado de ella.
Al poco rato comenzó a llover.
Era obvio que no podía esperar nada bueno en ese día.
Terminaron durmiendo en el coche. Alice pensó en hablar con ella sobre lo que había sucedido. Pero no fue capaz. Solo atino a decirle un "buenas noches".
Sus pensamientos llegaban a ser cursis y algo empalagosos. Por eso prefería quedarse callada. No importaba cuantas palabras románticas le dedicara a Emily, simplemente la ojiazul no lo entendería. Porque nadie podía entender lo que Alice sentía. Era una mezcla de dolor y amor.
Emily la había lastimado mucho. De principio a fin. Aunque nada fue intencional.
La hirió cuando Emily le había presentado a su novio. En ese entonces solo eran amigas, pero quemó como agua hirviente. Porque ella ya la adoraba. Desde que se conocieron se había sentido atraída hacia ella.
La relación no duró mucho. Alice lo sabía. Nadie conocía el desastre que era la ojiazul. Y cuando lo hacían pocos se quedaban.
No la odiaba, no le guardaba rencor. Alice desde que la conoció sabía la crueldad con la que Emily trataba a sus parejas, bueno, en realidad no es como si las atormentara. Pero les era indiferente y la indiferencia es de las peores cosas que pueden pasarte. No hay peor sensación que saber que no vales nada para alguien que te importa mucho. Emily de alguna forma parecía disfrutar de ese sufrimiento ajeno.
Le hacía pensar que en el pasado alguien le hizo algo parecido, así que ahora ella se desquitaba con los demás.
No podía entender como ese rayo de luz podía actuar de una forma tan contraria a su personalidad. No podía entender que alguien en el pasado la dañara tanto para convertirla en una insensible.
Alice la amó desde el primer momento. Desde el momento en que ella le habló. Miles de mariposas habían revoloteado en su estómago.
Emily le habló el primer día de entrar a la universidad. La británica se había resignado a estar sola en su estadía en los Estados Unidos, pero Emily con una adorable sonrisa lo cambió todo. Desarmó sus planes de mantenerse leyendo un libro en cada receso.
Y es que era imposible resistirse a esos brillantes ojos azul cielo. Era hermosa, simpática y coqueta. Tenía encantó como pocas chicas lo tienen.
Y siempre era amable con ella. Nunca la dejó sola.
Ser su amiga le permitió enamorarse hasta del más mínimo defecto. La conoció a fondo e ingenuamente había pensado que la podría cambiar. Pero la gente no cambia tan fácilmente y menos porque tú se lo pidas. La gente cambia cuando debe de hacerlo. No cuando tú lo necesites. Eso lo aprendió mucho después, cuándo era demasiado tarde y ya no se podía salvar nada.
Conforme la fue tratando se dió cuenta de que algo había mal. Algo no encajaba con la chica perfecta que se lucía ante todos. Esa chica agradable que hacer reír a los grupos actuaba de manera extraña con los temas sobre el amor.
Alice tarde o temprano se dió cuenta de la manera tan cruel que podía adoptar la chica de sus sueños. Pero cuando uno se enamora no ve las cosas como son, decidió colocarse una venda en los ojos. Se repitió miles de veces que Emily cambiaría, Emily le había dicho que la amaba, por lo tanto debía ser verdad. Se dijo así misma: "Aunque no lo demuestre se que me ama, ella me lo dijo, no puede ser mentira".
Ella nunca miente. ¿Verdad?
Y aunque solo hubiera jugado con ella. Al final la culpa era suya. Por ilusionarse sabiendo que se dirigía a una fracasada relación.
Quería creer que Emily le amaba. Quería que la ojiazul solo fuera suya, quería que su corazón le perteneciera para siempre.
Pero la verdad es que nadie es tuyo, no te pueden pertenecer las personas porque no son objetos. Solo es tu turno. A su vida llegarán más de mil amores y cada uno será único e irremplazable.
Odiaba ser tan posesiva, se odiaba por entregarle el corazón a quien no debía. Se odiaba por ser tan patética de estar llorando por una mujer que de seguro ya la había olvidado.
—Ella no volverá.
Aún no podía creer que esa fuera su realidad.
Emily por fin le había dicho que ya no la amaba.
Emily le dijo que lo mejor era terminar.
Emily seguramente se fue con un chico o una chica mejor.
Emily se aburrió de ella.
Emily de seguro nunca la amó.
Pasó noches enteras llorando. Se sentía muy cansada cada vez que le tocaba ir a clases. Se topaba de vez en cuando con la ojiazul, la cual no parecía afectada. Mientras que Alice se rompía a cada paso que daba.
Pasadas tres semanas dejó de verla por la escuela. Se le hizo extraño, (siempre buscaba verla a lo lejos, no iba a dejar de quererla de la noche a la mañana) y se preguntó si había enfermado. Caminó distraída hasta que cayó en la cuenta de algo importante, una foto pegada en los pasillos.
Abrió la boca consternada. Se talló los ojos pensado que podría tratarse de una alucinación.
No lo era.
Había cientas de fotos pegadas a lo largo del pasillo.
No eran fotos cualquieras.
Se trataba de Emily.
La garganta se le cerró de pronto. Sus ojos se cristalizaron. No podía ser verdad.
El corazón se le disparó amenazando con salirse de su pecho.
Se detuvo a examinarlas. Sin duda se trataba de su niña.
Su amada y querida niña.
Lágrimas escaparon de sus ojos, se cruzó de brazos sin poder creerlo.
Alguien había esparcido fotos de Emily desnuda.
Fue como si una enorme piedra cayera sobre sus estómago.
Cuando conoció a Emily está aseguraba ya no ser virgen. Y que solo había estado con un chico. Cada vez que hablaba de él se ponía de mal humor, su efusiva alegra desaparecía por completo, dejando a una chica vacía.
¿Era posible qué se tratara de una venganza del exnovio?
Su cabeza se puso a trabajar. Al comenzar su relación su niña había estado bien. Duraron meses sin problema alguno.
Llevó su dedo pulgar hasta la altura de su boca. Comenzó a morderse con ansiedad.
Entonces recordó un pequeño detalle.
Emily tenía esa mala costumbre de tener en todo momento su celular en la mano. Y de un día para otro dejó de hacerlo.
Ella puede recordar el día. Estaban sentadas en una mesa de piedra comiendo unos sandwiches. Jones como de costumbre comía mientras veía el celular sin importarle mancharse toda la cara de moronas y mayonesa. Alice por su parte se dedicaba a quitarle el desperdicio con una servilleta. Pero se detuvo al ver cómo la americana cambiaba su expresión por la de una de pánico total.
Parecía que el ambiente se había cargado de miedo.
Desde ese día no tomaba mucho su celular. Por lo cual ya no sé comunicaban tanto por mensajes.
Desde entonces empezó su comportamiento extraño.
Debía ir con ella cuánto antes. Lo que le habían hecho era terrible. ¡Necesitaba de su apoyo ahora más que nunca!
Su amada Emily sufrió todo este tiempo en silencio. Su querida nena había sido pisoteada de la peor manera.
~*~*~∆~*~*~
"¿Por qué ya no vienes a verme? Solo una vez más mi pequeña. Sabes que nunca he dejado de quererte."
Pero yo ya no te quiero a ti.
"Deja de hacer tanto drama. Un revolcón nos vendría bien".
Te he dicho que no. Te lo he dicho un montón de veces. Ya no quiero verme involucrada contigo. Estoy con alguien, una persona que me quiere de verdad. Por favor, déjame en paz. Quiero estar con esta persona.
Envío el mensaje.
"¿Y esa persona sabe que te acostabas conmigo? ¿Crees que le guste ver el tipo de fotos de me mandabas?"
Golpeó su frente. Aquí iban de nuevo.
Él le envío una foto donde posaba desnuda con los pechos al aire mientras intentaba cubrir su vagina.
Deja ya de chantajearme. Me dijiste que habías borrado la foto. Me lo prometiste. Yo ya he hecho todo lo que me has pedido. ¡Déjame en paz de un puta vez!
Guardó el celular, sintiendo como una gran presión caía sobre sus hombros. ¿Qué podía hacer para que ese se imbécil no difundiera las fotos como tantas veces había amenazado hacerlo?
Estaba cansada.
Cansada de lo mismo. De que ese error de su pasado la persiguiera hasta su presente.
A ese imbécil lo había adorado de una forma que sobrepasa la razón. Había sido algo así como su primer amor; lo que vivió a su lado fue intenso, una experiencia inigualable. Se había entregado a él en cuerpo y alma. Había depositado toda su confianza en ese muchacho. Lo había querido muchísimo. No era justo que él le estuviera haciendo eso.
No de nuevo.
Otra maldita vez no.
Podía seguir cagandole la vida de esa manera.
Tantas de sus relaciones habían quedado hechas pedazos por culpa de ese ingrato.
Ese idiota. Ese hombre tan asqueroso y despreciable.
Siempre, siempre le pedía lo mismo.
Y ella estaba harta de ceder. Ya no le daría lo que quería a ese cerdo. Ya no se doblegaría. Era hora de ponerle un alto a ese cretino.
Miró a Alice. Parecía que había notado su cambio de humor. No quería perderla.
La amaba con toda el alma.
Ella la amó a pesar de estar tan rota y caerse en pedazos. Alice se quedó el tiempo necesario para volver a construirla. Le sanó las heridas. La hizo un poco más libre. La ayudó a vivir. Le devolvió todo lo que en algún momento perdió; las ganas de sonreír.
No podía involucrarla en sus problemas. Alice era una buena chica. Se merecía algo mejor que la basura que era ella.
La vez de la playa, cuando escuchó aquel "te amo", se había sentido agradecida. Agradecida con Alice, con el destino. Estaba agradecida de que alguien así la amara. Era un amor demasiado bueno para ella. Y se había sentido tan miserable cuando tuvo que apartarla. Fue como una puñalada.
Alice merecía a alguien que pudiera amarla infinitamente. Alguien que sin miedo alguno le diera todo.
Ojalá y que su preciada Alice encontrara la felicidad en otro lugar. Con una persona libre de cadenas.
Todavía es capaz de recordar todas las ocasiones en que tuvo que acostarse con él. Para que la dejara tranquila de una vez por todas. El chico siempre le decía lo mismo: "está es la última vez, te juro que las he borrado todas, no volverás a saber nada de mí."
Y ella rezaba que así fuera. De verdad quería creer que todo su infierno había llegado a su fin.
Aunque nunca resultaba ser así.
Tal vez si lo ignoraba él se cansaría y al final no haría nada.
Pero se equivocó. Aquel chico no se dió por vencido. Tuvo que hacer a un lado a la ojiverde. Ya sabía que él tarde o temprano publicaría sus fotos. Debía ser fuerte.
Pero no pudo.
Cuando su sentencia llegó, el golpe fue más allá de lo que esperaba.
Unas chicas se reían de ella cuando salía de la universidad. Era de noche y se había quedado por un trabajo de equipo. Al voltear a verlas, las chicas estallaron en carcajadas señalandola. Con el ceño fruncido caminó hacia ellas con la intención de confrontarlas y quién sabe, también romperles la nariz o arrancarles esas feas extensiones.
Se quedó helada al llegar hasta las tipas quienes le señalaron la pared.
Se tapó la boca horrorizada. Él no las había publicado en internet. El muy hijo de puta las imprimió pegandolas por toda la escuela.
Alice lo sabría.
Toda la escuela lo haría.
Trato de ser fuerte pero era imposible. Las risas de aquellas chicas pasaron a segundo plano.
Su vida estaba acabada.
Y es por eso que había conducido en el carro de su madre a la misma playa donde tuvo que decidir si seguía con su novia o la dejaba.
La noche calurosa la recibió cuando bajo del vehículo.
Revisó por última vez su celular.
"Ahí está lo que mereces, zorra. Espero y disfrutes tu regalo como lo hiciste con mi verga".
Se fue a sentar en la arena. Ni siquiera pudo maldecirlo. Ya no lo valía. Después vió las llamadas perdidas de su mamá. No era normal que ella llegara tan tarde. No era común que ella tardara más de lo habitual.
Abrazó con fuerza sus piernas. Y en el hueco hundió la cara.
« ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué toda esta mierda tiene que ocurrirme ahora? »
Lloró con amargura. Con fuerza. Se partía en pedazos.
Los recuerdos volvieron a asaltar su mente.
Recuerda el cabello negro de aquel monstruo. Recuerda su enorme sonrisa mientras la penetra desesperado. Ella no podía sentir más que asco. Sentía rabia contra si misma por dejarse tratar como un objeto.
Él solo quería tener una vagina en la que venirse. Solo quería penetrarla como una muñeca inflable hasta saciarse.
Solo quería utilizarla para después desecharla como su fuera basura.
La embestía con fuerza. Sin misericordia. Las estocadas eran cada vez más rápidas hasta que él llegaba al clímax.
"Mierda Emily, sigues siendo increíble en la cama. No hay mejor mujer para follar que tú"
Esas palabras le había provocado unas tremendas náuseas.
Era repugnante.
Se sentía sucia. Y sobretodo asqueada.
Su cuerpo no era más que un simple objeto sexual.
Soltó un grito agudo de dolor. Su cara se empapó de gruesas lágrimas. Él era un puto imbécil, un maldito hijo de puta. Y ella se lo había ganado por idiota. Por estúpida.
Encajó con fuerza sus uñas sobre la piel de sus piernas.
Sentía asco hacia si misma.
Se dió todo el tiempo del mundo para pensar en su miserable existencia. Hasta que las olas llamaron su atención.
Ellas iban y venían a voluntad.
No sabía ya cuánto tiempo había pasado. Pero podía ver las estrellas brillando en el oscuro cielo.
Casi con un suspiro resignado se fue quitando la ropa doblandola cuidadosamente para dejarla dentro del auto.
No quería que la vieran desnuda. No quería que nadie se burlara de su físico.
No quería ver el desprecio reflejado en aquellos ojos que tanto amaba. No soportaría el rechazo de su querida Alice.
No quería tener que hacerle frente a eso.
Caminó descalza hasta donde las olas se mecían suavemente. La fría agua le tocó la punta de los dedos.
Un alivio le recorrió el cuerpo. Dio tres pasos hacia el frente. Las olas seguían invitandola a entrar. Siguió caminando.
Esto era lo que se ganaba por ser tan idiota. Nunca pararía de reprocharselo. No existía el perdón para ella.
Un risa salió de su boca cuando el mar le cubrió hasta la cintura. Le hacía cosquillas de lo helada que estaba, las olas la jalaron invitandola a ir más adentro.
No quería volver con sus compañeros. Todos se burlarían. Le dirían cosas hirientes y ella posiblemente se rompería enfrente de ellos. Se mostraría tan frágil como es.
Dejó de sentir la arena. Nadó despacio. Se sentía muy bien, era increíble. Se estaba separando de su mundo. Era como estar en un lugar nuevo, como volver a nacer. Quería estar más adentro. Ver hasta donde podía llegar. Nadó y nadó hasta alejarse de la orilla. Nadó hasta cansarse.
Nadó hasta que no pudo hacerlo más.
Al final cerró los ojos dejando que su cuerpo se lo llevará el mar. Ahí no sentía avergonzada de sus lonjas, ahí no había nadie amenazandola o riéndose de ella.
Todo este tiempo solo necesitaba una probada de mar.
Fue la mejor solución para sus problemas.
Fin.
~*~*~∆~*~*~
Gracias por leer. Pobre de mí Alice, cuando sepa todo va a pasarla fatal.
Aclaraciones: lo que intentó mostrar aquí es que no deben confiarse mucho de nadie, ni siquiera de su pareja en el sentido de mandar fotos de ese tipo. La verdad no puedo ni imaginarme la angustia de aquellas mujeres que han sido víctimas de un hijo de puta cobarde. Y otra cosa más, el suicidio no es la solución para nada. Siempre pidan ayuda a quien sea. Debe haber alguien que pueda ayudarte, siempre hay otras maneras de solucionarlo. Así que preciosuras cuidense mucho. Las amó y gracias por su atención.