Capítulo 1
Deje una carta sobre la cama de Renzo y otra sobre el mueble de noche que estaba junto a la cama de mamá. No sabía si los leerían o no. Tampoco sabía si mi ausencia sería notoria, pero quería intentar... despedirme.
Cargue mi mochila y sujete mi maleta mientras dejaba mi habitación. Una lágrima rodó por mi mejilla mientras recuerdos rápidos cruzaban mi mente.
Cuando salí de casa dejé la llave en aquella maceta de plantas marchitas donde solíamos esconderlas, después de hoy ya no las necesitaría. Subí rápidamente en el taxi que me esperaba ya después de haber dejado mis cosas en la cajuela.
—¿A donde vamos señorita?
Le mencioné la dirección y él, dudoso, por si tenía la cantidad de dinero para pagarle asintió y arrancó el vehículo.
Un pueblo escondido y alejado deparaba mi destino o bueno eso me dijo la señorita de la agencia de viajes que nunca contraté. Un pueblito donde nadie me conozca, alejada de los problemas y los malos momentos. Un lugar donde pueda iniciar una nueva vida.
Después de horas largas de viaje y un chofer que intentaba romper el pacífico silencio, llegamos. Baje mis cosas y me detuve frente al pequeño edificio donde pude arrendar un departamento a un precio cómodo. Nada lujoso, pero con lo necesario. Pague por el viaje y el cansado taxista se despidió.
Entre saludando a todos los que se cruzarán por mi camino, no puedo mentir, quiero dar una buena impresión. Llegue hasta la puerta de mi departamento. Un poco de pintura y se verá perfecto, pensé mientras apreciaba la entrada.
—¡Buenos días! ¿Eres nueva? Debes ser nueva, ese apartamento a estado vacío por 5 años. No hará mal limpiarlo y sahumarlo.
Una joven como de mi edad, de tez blanca y cabellos cobrizos atados en un irregular moño se asomó del departamento de enfrente.
—Hola. Tienes razón. Pienso limpiarlo hoy. Soy Isis Williams ¿y tu?
—Ayla Robinson, un gusto— Salió, y me estiró su mano la cual enseguida estreche y ella sonrió.
—Llevémonos bien Ayla.
—Eso espero Isis.
Después de desempacar mis cosas en un viejo armario que vino con el departamento, claro limpiándolo antes, llego la hora de limpiar todo el lugar.
Primero tome algo de dinero y salí, cerrando antes a comprar lo necesario para la limpieza, guantes, detergente, limpiador de piso, etc. No tuve que caminar mucho para poder dar con la primera tienda, una agraciada casita con entrada corrediza y artículos organizados por pequeñas zonas.
Tome lo que necesitaba y camine a pagarlo, en el cajero una mujer pequeña de 40 y tantos años atendía. Ella tenía el cabello corto y rizos pegados, tenía algunas canas a los lados y ojos cafés oscuro.
—Oh, nunca te he visto por aquí, acaso, ¿Eres una turista interesada por la cultura o por el club nocturno que está a las afueras?. Pufff todo fuera muy bonito sin ese asqueroso club, aun que, muchas personas de fuera vienen por eso nunca se dan el tiempo de entrar aquí. Tal vez si lo hicieran incluso mi amiga Nelly vendería sus recuerdos...
—No. Yo acabo de mudarme. Compre un departamento en el edificio Dalia de la esquina.
—¿Enserio? Un edificio amigable, tuviste suerte. Pero ¿Qué te hizo tomar la decisión de venir aquí? ¿Algún novio?¿Familia?...
La señora parecía una persona callada y comprensiva, pero tenía una lengua muy filosa y una sed de generar un nuevo chisme, que incluso yo, sentía que rebuscaba en mi mente por información oficial y calientita.
—Bueno... No. Solo buscaba algo nuevo.
—Y ¿a que te dedicaras? o ¿Qué harás?
Uhmmm... bueno si ya va a hablar de mi por lo menos que lleguen hasta mi trabajo para conocerme.
—Me gradúe de cirujana general hace 2 años.
La señora abrió tanto su boca que aprecie la ausencia de una muela en su mandíbula.
—¿Eres doctora?
—Si... trabaje donde realice mi residencia en pregrado, no espere y realice especialización y si se lo pregunta me gradué de la escuela a los 17 años, y ¿Por que? Pues porque mis padres me adelantaron un año.
Tome rápidamente mis cosas dejando la cantidad de dinero que decía el mostrador y salí antes de que hayan más preguntas. Como doctora trabajaría en la clínica del lugar. No era un mal trabajo, ni ganaría lo mismo que en otros lugares pero sería lo suficiente para sobrevivir y atender a quien lo necesite.
Saque los objetos de sus fundas y hice una combinación del detergente con agua para limpiar las repisas de los viejos muebles. Algo tenía seguro ahorraría para remodelar todo el lugar.
Después de limpiar todo, echar a una familia de arañas afuera y fijarme que no haya ratones o huecos para taparlos. La noche llego, había dejado todo tipo de objeto que me conecte a mi familia. Únicamente traje mi iPad, una computadora y mi teléfono, obviando la parte de que arroje mi chip móvil por el retrete del baño antes de salir.
Hice una lista de todo lo que tenía que hacer mañana, primero ir a trabajar, segundo ir a contratar internet, tercero comprar una cama y cobijas, cuarto llenar un poco la despensa. Será un día agotador, pensé.
🌹
Y aquí me hallaba frente a una clínica algo antigua con ancianos sentados afuera y sus paredes blancas tomando ya un tono gris por la humedad. Entre evitando moverme mucho, dormir en el suelo me dejo como boxeador derrotado, mis músculos estaban entumecidos y mi cuello dolía.
—Buenos días. Bienvenida, mi nombre es Rachel y soy la secretaria de este lugar. ¿Qué necesita? —Una voz tranquila, producida por una joven de lentes grandes y cabello bien sujeto en una coleta alta.
Por lo menos el ambiente se sentía agradable.
—Soy Isis Williams. Fui contratada como nueva doctora y hoy es mi primer día.
—¿Tu eres Isis?, un gusto. Ven te presentaré a todos. —La chica se levantó y tomó mi mano contenta. Yo era unos centímetros más alta que ella.
—El viernes nos enteramos sobre la llegada de una nueva doctora y todos nos emocionamos. Normalmente no tenemos buena recepción de carpetas sobre profesionales médicos, ¿te especializas en algo?
—Ehm... apenas me gradué de cirujana general. Espero dar lo mejor de mi.
—No te preocupes normalmente nuestros pacientes son ancianos o niños. A excepción de los fines de semana, ahí si se llena un poco.
—¿Enserio? ¿Por qué?
—Pufff. Los hermanos Spagna y su club nocturno.
—Escuché algo del club ayer.
—Peleas, accidentes de personas o más bien jóvenes alcoholizados, mujeres pidiendo pastillas del día después, integrantes de pandillas con algún hueso roto, todo lo que te puedas imaginar. Presentamos un queja a la alcaldía pero nos rechazaron. Al parecer lo único que hace conocido este lugar es eso...
—Mentira, cuando busque donde mudarme no tenía entendido de ningún club.
—Es que en si el club no pertenece a este lugar, está a las afueras, en los límites.
—Pero no es peligroso... ¿Qué esas personas vengan en ese estado hasta aquí?
—Como profesionales de la salud y personas que los pueden ayudar, no nos hacen nada malo a excepción de cuando el doctor Elias no los quiere atender y Zack uno de los guardias se niegan a dejar entrar a algunas personas.
—¿Por qué no atenderlos?
—A veces solo vienen por sedantes y tratan mal a las enfermeras que se niegan a dárselos, ahí el límite de los chicos de esta clínica llega a su punto máximo.
Ni si quiera note cuando llegue a una habitación que decía “Solo personal autorizado”.
—Abrimos en 5 minutos así que no te preocupes. Entremos.
Al entrar pude ver a unas chicas con atuendo de enfermeras de color celeste pastel.
—Les presento a la nueva doctora.
Todas me vieron, de atrás de una cortina salió una doctora tenía traje quirúrgico de los mismos colores que de las enfermeras y una bata blanca encima, aquella mujer se veía de unos 30 años, tenía ojos verdes y cabello castaño.
—Bienvenida.
Dijo y después salió por un lado. No me dio ni una vista fugaz, solo salió después de saludar.
—Ella es la doctora Josef... —mencionó Rachel.
Apenas ella salió otra persona entró casi empujándonos. Haciendo que la doctora que salió antes se enfureciera.
—¡Llego tarde!
—¡Elias! Ten más cuidado.— Escuché que gritaron a mi espalda.
Cuando giré pude ver a un joven rubio de ojos azules intensos y altura de jugador de baloncesto.
—¡Lo siento!
—Ten es tu bata— Una de las enfermeras me extendió la bata blanca —No sabíamos tu talla para el uniforme quirúrgico así que cuando termines puedes ver si los que tenemos en ese armario —Señaló un armario blanco esquinero— te quedan.
—Gracias...
—¿Eres la nueva doctora? Woaaa soy Elias el jefe.
Todas las chicas rieron después de su comentario.
—Doctor Elias, el jefe es su padre.— Rachel lo encaro.
El chico se giró a mi.
—El sucesor del jefe— Sonrió.
Me quite mi suéter y me coloqué la bata que me habían entregado tenía el logo de un ave en el hombro y el nombre de la clínica. El corazón me latía con fuerza por la emoción. Salí a recepción, la doctora de la mañana se encontraba arrimada leyendo unas carpetas.
—Tienes que pedirle ayuda a los de limpieza y a las chicas enfermeras para que te ayuden a equipar tu consultorio con lo necesario. Mis pacientes son los adultos mayores, los de el doctor Elias son adultos y te dejaremos a los niños.
Eso sonó más como si me hubieran aventado a los pequeños pacientes que como si me los recomendaran, normalmente esos eran los pacientes que en mi residencia todos evitaban, los que lloran por su madre o los que se niegan a recibir un examen, pero bueno, no todo puede ser perfecto. Y jure atender a todo el que lo necesitara así que aquí vamos.
—Eso está bien...
—Por el momento no tenemos pacientes así que Karla y Sofía pueden ayudarte con tu consultorio, llamaré a Omi de limpieza.— Acotó Rachel haciendo menos incómodo el momento.
Las chicas me guiaron a mi nuevo consultorio, mientras conversaban sobre banalidades como que que almorzarían o que harían el viernes.
Al entrar con encontramos con camillas movidas, un escritorio antiguo y medicamentos tirados en el suelo. Sera un bonito lugar, pense.
—Buen día disculpen, la demora.
Un hombre de cabello blanco y columna encorvada entro.
—¿Es la nueva doctora?— Estiro su mano y me saludo —Un gusto mi nombre es Omar, la señorita Rachel me pidió que venga a ayudar.
—Buen día señor—respondí, con una amplia sonrisa. —Bueno espero trabajar bien con todos soy Isis y bueno necesito su ayuda para convertir este lugar lleno de... —Recogí una colilla de tabaco que se encontraba en el escritorio.— abundantes cosas innecesarias y convertirlo en un lugar para atender niños.
—Karla y Sofia por favor ayúdenme a ordenar este mueble de medicamentos y carpetas, Señor Omar por favor movamos este mueble para poder barrer.
Era un nuevo comienzo y nada es fácil al principio. Este seria mi nuevo hogar, debía tratarlo lo mejor posible. Solo espero que el universo se ponga a mi favor y decida brindarme un mano.