La Batalla del Lago Vörts.

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Sinopsis

Una guerra. Los pocos hombres que quedan deben defender el mundo de un enemigo implacable.

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Capítulo 1

“Gilgamesh ¿A dónde vagas tú?

la vida eterna que persigues no

hallarás…siempre se feliz noche y

día. Noche y día juega y danza.”

-La epopeya de Gilgamesh.


Los últimos reductos de la civilización humana se defendían como bestias acorraladas.

Supervivientes se reunían en Estonia, el único país libre de Europa. La primera oleada de hidrófilos

se había encargado de, en pocos meses, exterminar a todos los hombres en tierra. ¿Cómo ocurrió

todo esto? Un día cualquiera del 2025 tres enormes naves aparecieron en órbita terrestre. Sin

anunciar nada o mediar palabra alguna, lanzaron enormes conos de metal al mar, lagos y ríos. De

allí surgieron los hidrófilos, un ejército incalculable de seres repugnantes nacidos del contacto con

el agua. Las tropas de todo el mundo hicieron lo que pudieron para detener el ataque de los

invasores. Sin embargo ningún país pudo detener el avance de aquellos seres exterminadores.

Submarinos y destructores pudieron eliminar los conos de donde salían los hidrófilos, conos

que más tarde llamarían “panales”, pero había sido demasiado tarde, aunque los panales en costas

fueron hechos añicos, los de lagos y ríos seguían expulsando enemigos y no había soldados humanos

que pudieran seguir la batalla, solo podían sobrevivir.

Hasta que aparecieron los hidrófobos.

Husák viajaba en un APC junto con su pelotón comandado por el sargento primero Jaagup “El

Vikingo”. Había muchos motivos para estar preocupados ese día. Los Viajeros, las tres naves

enemigas, lanzaron panales al estrecho de Suur, justo donde los submarinos de La Resistencia no

podía entrar con libertad y rapidez. Miles de hidrófilos invadieron la costa oeste. Las tropas

enemigas también se movilizaban por el Golfo de Finlandia a nado. Pronto llegarían a su destino, el

Lago Vörts en el centro de Estonia. Un lago de no más de treinta kilómetros de largo y custodiado

por lanzamisiles tierra-aire.

La misión era reforzar el Lago por el norte y oeste con los pocos hombres que restaban en la

defensa de Tartu, único bastión humano en Estonia. Los rusos ya se encargarían al este del Lago

Peipus y Pskov con su envidiable fuerza numérica y armamentística. Sin embargo, a ellos también

les preocupaba el Vörts, pues si caía, sería el lugar ideal para que los Viajeros lanzaran dos o tres

panales y así poder tomar el control del Peipus. Por ello, el Bastión de San Petersburgo había enviado

una compañía de soldados para completar la defensa del lago estoniano.

¿Tienes miedo? preguntó Jaagup a Husák, algo no habitual en el sargento, pues rara vez

hablaba sino era para dar órdenes o arengar a su pelotón.

Del miedo se alimenta el valor sargentomasculló Husák. Al sargento le decían Vikingo, pero

jamás en su presencia.

No era su primera misión, ni su primer enfrentamiento con hidrófilos, de cualquier forma el

miedo siempre estaba presente. Los hidrófilos eran especialmente violentos y al contrario de los

humanos ellos no tenían ni un ápice de miedo. Su naturaleza salvaje los orillaba a sólo una cosa:

matar a toda costa y sin piedad.

Husák tomó con fuerza su escopeta Remington y le metió los últimos cartuchos que le hacían

falta para abastecerse por completo. Revisó sus otros pertrechos. Se retiró el casco y observó con

ternura la fotografía que ahí protegía. Se trataba de su hermana Isabel, quien ahora se refugiaba en

Tartu.

De pronto, el Cabo de transmisiones comenzó a presionar el auricular que llevaba. Escuchó

atentamente y luego pasó la información a Jaagup.

¡Tenemos que acelerar, los hidrófilos están a una hora de nuestra posición defensiva!  dijo

el Cabo gritando para hacerse escuchar en el ajetreo del APC.

No había necesidad de avisar al conductor que pisara más fuerte, pues toda la diligencia

comenzó a moverse más rápido por las planicies de Estonia.

En ese instante, unas motocicletas los rebasaron por la izquierda, al menos treinta. En ellas

iban montadas unas figuras vestidas de gris, con capuchas puestas y con las empuñaduras de sus

espadas saliéndoles de las espaldas. Nadie sabía quiénes eran ni de dónde habían salido, pero eran

diestros en el combate cuerpo a cuerpo. Y muy callados.

Ahí van los hidrófobos anunció el soldado Ernst, como si nadie los hubiera visto pasar.

Escuché que antes de que cayera Belfast cada uno de ellos mató medio millar al menos

compartió Pietro, un sobreviviente de Nápoles que se había escondido en el Vesubio y que por esa

razón le decían Espartaco.

Si eran tan buenos ¿Por qué cayó el Bastión de Belfast? opinó uno voz.

A Belfast lo invadió un ejército de cinco millones de hidrófilos. Los submarinos llegaron

demasiado tarde. Los que no huyeron de ahí murieron.

Alguien iba a decir un comentario más, pero el APC se frenó en seco y las voces de los soldados

bajando anunciaron el fin de la cháchara.

Husák tomó su preciada escopeta con más fuerza y esperó su turno para bajar del vehículo.

Una vez abajo observó la tan familiar organización militar de las tropas. Realmente Husák no era un

soldado, sino un simple abogado en Kriti, o como lo conocen el resto del mortales, la isla de Creta.

Vivía en Iráklion antes de la invasión, pero conforme los hidrófilos avanzaban, Husák y su

hermana emigraron al norte en busca de refugio. Fue hasta que llegaron a Estonia cuando en un

acto desesperado de la humanidad se vieron forzados a separarse, pues la última leva requería a

todo hombre capaz de sostener una escopeta y a toda mujer voluntaria.

Los hermanos negaban separarse hasta que se dieron cuenta de que no podían remediar la

situación, además, Husák consideró que era su deber como Hombre y como hermano, pues alejarse

de esa tarea sería como no proteger a su hermana, dejarla a merced de los hidrófilos.

El Vikingo, con su acostumbrado aire de mandamás comenzó a mover a su pelotón tal y como

estaba escrito en la mesa del coronel o el idiota que se sentía con la inteligencia de mover a uno de

los últimos ejércitos humanos.

Ernst, Pietro, Husák y Dawnnombró el sargento Jaagup, ustedes vienen conmigo,

defenderemos junto con el pelotón ruso uno de los lanzamisiles tierra-aire, el número quince, en

caso de que el frente caiga es nuestra misión defender con la vida si es necesario esa maldita batería

antiaérea ¿Quedó claro?

¡Si señor!  respondieron al unísono.

Justo en ese momento unas motocicletas se detuvieron junto al lanzamisíles designado por

Jaagup. Un hombre y una mujer, ambos casi tan altos como Husák. Se presentaron ante el capitán

encargado de coordinar la defensa de cinco lanzamisiles. Nadie podía oír el intercambio de palabras

y únicamente se le vio asentir un par de veces al capitán.

Inesperadamente una bocina con un ruido estridente comenzó a sonar. Era la señal, los

hidrófilos se acercaban. Todos los presentes tomaron sus posiciones y prepararon sus armas. A lo

lejos, podían oírse los disparos de los kalashnikov rusos, SA80 ingleses, los FAMAS franceses y las FN

F2000 belgas, armas que a pesar de los años no pasaban de moda. Arriba de una colina podía verse

a los francotiradores haciendo de las suyas y en las faldas de la misma a los obuseros haciendo llover

infierno sobre los malditos hidrófilos. Algunos helicópteros pasaron por encima de la infantería, con

sus panzas llenas de napalm, agente en desuso desde la guerra fría pero que ahora servía para freír

al invasor alienígena.

A todo esto se unía el griterío de los hidrófilos, un conjunto de ruidos guturales y gruñidos

que espantarían incluso al hombre más valiente sobre la tierra.

Husák volteó a ver a la hidrófoba que tenía cerca, una mujer tostada por el sol pero que se

adivinaba blanca por debajo de esa ropa gris ligera. No podía ver su cabello, pues la capucha lo

protegía, pero si observó unos ojos verdes preciosos pero que transmitían una ferocidad innata.

Husák, no sabía por qué, pero pensó en una planta carnívora. Entonces hizo una estupidez,

destruyendo todos los cánones y usándolos de papel higiénico. Rompió la línea formada por la

escuadra del Vikingo y dio tres pasos hacia atrás sólo para platicar con la hidrófoba, como si un

ejército de extraterrestres no estuviera a unos minutos de embestirlos.

Hola, soy Husák ¿A caso no tienes miedo?

La hidrófoba lo miro con cara de <<Queestupidoeres>> y luego rompiendo toda lógica pareció

sonreír y respondió.

Saludos Husák, yo soy Ielinai y si, si tengo miedo, pero el miedo alimenta el valor.

Husák volvió a su fila sorprendido por la declaración de Ielinai. Y, justo en ese segundo, los

hidrófilos aparecieron en lo alto de la colina rompiendo la vanguardia de La resistencia. Ahora era

su turno, su momento para defender el Lago Vörts y así defender Estonia y a la vez a Isabel, su

querida hermana.

Los rifles de asalto dejaron de sonar para dar paso a los subfusiles y escopetas. El último

bloque defensivo empezaba a entrar en combate. Frente a Husák la primera oleada hizo su

aparición.

¡Atención! gritó el Vikingo esperen a que estén lo suficientemente cerca, son escopetas

lo que tiene en sus manos maldita sea. ¡Pietro! lanzagranadas ahora.

Y Pietro lanzó tres descargas desde su fusil antes de que los tuvieran casi encima. Algunos

hidrófilos salieron volando en las explosiones.

Husák repudiaba a esos seres verduzcos de formas humanoides que no utilizaban otras armas

más que su fuerza, garras, dientes y otros huesos salientes.

Todo ocurrió muy rápido. Husák disparó luego de oír el << ¡Ahora!>> de Jaagup, luego, en

pocos segundos se quedó sin cartuchos y sin tiempo de recargar porque los bichos esos se le venían

encima. A su alrededor la escena era la misma, sus compañeros tampoco tenían que disparar y

algunos eran asesinados en ese momento. Vio a Pietro siendo atravesado por el aguijón de un

hidrófilo entre pecho y espalda. Ernst tenía a otro enemigo mordiéndole con brutalidad en el cuello.

Pero Jaagup se defendía ferozmente, dando patadas, culatazos y cuando podía disparaba. Husák, al

girar la cabeza vio a Ielinai, primero tranquila, después desenfundando su extraña espada, algo

parecido a un alfanje con una lado serrado. Sin más, saltó al ataque. Fue hábil, fuerte, grácil y hasta

cierto punto, invencible. El sable se movía con velocidad y los hidrófilos caían como moscas. Ella les

cortaba la cabeza, las articulaciones y se centraba en matar lo más rápido que podía.

Un grupo de rusos llegó en apoyo al lanzamisiles quince después de un rato de intensa batalla.

Ayudó a despejar la zona de hidrófilos dando un pequeño respiro a los cansados defensores. Pero

mientras esto ocurría vio a Ielinai tirar a un hidrófilo al suelo y antes de matarlo le dijo algo en una

extraña lengua a la cual la bestia respondió. Husák se dio cuenta que Ielinai, para su sorpresa no

era terrícola, quizá una Viajera desertora. Tenía mucho que preguntarle. Sin embargo Husák sentía

un extraño dolor, una sensación fría y que no parecía provenir de su cuerpo, como si se tratara de

algo <<que no es suyo>>. Luego de la batalla por el Vörts, se percató de que estaba herido por el

estómago. Tocó con su mano y al levantarla vio el espeso líquido rojo de la vida. Cayó en cámara

lenta y su casco rodó. La respiración se le hizo más lenta y, antes de cerrar los ojos apreció la foto

de su hermana en el mismo casco y logró mascullar dos nombres:

<<Isabel… Ielinai>>.