El contrato obsesivo del CEO

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Sinopsis

Ella está en la ruina y lo ha perdido todo; solo le quedan deudas y responsabilidades. Él es rico y lo tiene todo, heredero de una compañía multimillonaria. Dos personas opuestas, unidas por la necesidad… ¿o será el destino? Amelia Bell tenía solo 22 años cuando sus padres, su hermano y su cuñada murieron en un accidente automovilístico. Ahora, los hijos heridos de su hermano están bajo su cuidado. Ha vendido todo lo que posee, está profundamente endeudada y lo único que puede hacer es llorar desconsoladamente. Entonces, la respuesta a su pregunta le llegó de repente… ¿de dónde sacará el dinero para la operación? Cierto… aún no lo ha intentado todo; todavía no ha probado a venderse a sí misma. Fue un movimiento desesperado, pero no le quedaban otras soluciones. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el hombre gritó: «Esto es una locura, sus exigencias son simplemente imposibles… Ahora me pide que le encuentre a alguien pura e inocente… Aunque firmen un contrato de 6 meses para ser suyas, esas mujeres terminan enamorándose de él, a pesar de saber que, al finalizar el plazo, serán expulsadas de su vida… … Nunca podré encontrar a esa mujer pura e inocente que busca, ni aunque les ofrezca 5 millones por adelantado». Sin dudarlo, Amy corrió tras el hombre, subiendo las escaleras tan rápido como pudo. «Quiero el trabajo… El contrato de 6 meses, puedo hacerlo». ***Solo capítulos gratuitos. Novela completa en Webnovel***

Genero:
Romance
Autor/a:
Shiroi_Nami
Estado:
Completado
Capítulos:
35
Rating
4.6 64 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Amelia Bell

—¿Qué me pasa? ¿Por qué no me sale bien? —gruñó Amy con ganas de golpear el teclado por la frustración. Apoyó el codo izquierdo en la mesa y se masajeó la sien. Le estaba costando mucho escribir una historia que le gustara a sus jefes.

El ascenso que tanto desea está al alcance de su mano. Solo tiene que terminar esta última tarea. Esto será la prueba de que está lista para dejar de ser asistente y convertirse en escritora de tiempo completo.

Tiene que escribir una novela romántica, pero está fallando por completo. Su editor jefe rechazó su trabajo varias veces. Dice que le faltan los detalles reales de la emoción y el misterio del amor, que se supone es el tema principal de su libro.

Pero, ¿cómo puede escribir sobre algo que ella misma nunca ha vivido? Se rascó la cabeza con desesperación al pensarlo.

Estaba perdida en sus pensamientos, tratando de armar un cuento en su laptop, cuando de repente alguien le bajó la pantalla de golpe.

Frunció el ceño y miró al culpable. —Señorita Amelia Bell, si no va a escribir nada y solo va a mirar al vacío, dele su asiento a otro y ayúdeme aquí.

Su mejor amiga, Mary, le reclamaba mientras la miraba desde arriba con las manos en la cintura, esperando una respuesta.

Era un día de mucho trabajo en el Bellory Cafe. Amy estaba en su lugar de siempre, en el rincón junto a la ventana que da a la calle. Le encanta ese sitio porque puede ver todo el local y también lo que pasa afuera.

Cuando el papá de Amy nombró a Mary gerente de la cafetería, la remodelaron. Pasó de ser una tienda vieja y aburrida a un café de estilo industrial para atraer a gente joven. Antes, su mamá vendía sus pasteles, que eran el par perfecto para el café. Cuando ella murió, la mamá de Mary se encargó del puesto.

Amy solía ayudar a Mary en días así, incluso antes de heredar el café. Pero ahora mismo su prioridad era el manuscrito.

—Lo siento, Mary. Sé que hay mucha gente, pero tengo una fecha de entrega. Mi jefe necesita esto para fin de mes y no tengo nada que entregar —respondió Amy cabizbaja, claramente decepcionada de sí misma.

Mary sintió lástima al verla tan desanimada. —Si pudiera ayudarte, lo haría. Pero te he dicho mil veces que sigas mi consejo; quizás así se solucionaría tu problema con la escritura.

Amy levantó una ceja al escucharla. Deseaba que su amiga dejara de sugerirle cosas que no tenía ninguna intención de hacer.

Amy suspiró con fastidio, ya que Mary sacaba el tema cada que podía. —Sabes que juré nunca enamorarme. E incluso si rompiera ese juramento ahora, me quedaría sin trabajo antes de conseguir a un hombre.

Después de que sus padres, su hermano y su cuñada murieron, se sintió muy culpable de estar viva mientras ellos no. Ella debía estar con ellos en la ceremonia escolar de su sobrino. Pero mintió diciendo que tenía trabajo cuando en realidad estaba con sus amigos.

Aquello la destrozó. Los perdió a todos en un solo día.

Para lidiar con esa culpa, juró ante sus tumbas que no se casaría. Se dedicó por completo a mantener a los hijos de su hermano, que sobrevivieron al accidente de coche.

—¡Eso no es cierto! Las dos sabemos que hay un hombre esperando a que seas suya —Mary le guiñó un ojo con entusiasmo.

Amy sonrió un poco pensando en el hombre del que hablaba Mary. —Lo sé, él siempre está ahí. Pero sabes lo que siento por él y no quiero lastimarlo. Él es... —Antes de terminar de hablar, escuchó la campana de la puerta al entrar alguien al café.

Un hombre alto, de cabello rubio oscuro, ojos verdes y cuerpo atlético entró al local. Ambas sonrieron al verlo.

—¡Amy! ¡Estás aquí! Vaya, es mi día de suerte —exclamó el recién llegado.

—Hablando del rey de Roma... o mejor dicho, del Príncipe Azul —susurró Mary dándole un toquecito en el hombro antes de volver a su puesto.

—¡Ash! Qué bueno verte, ¿qué haces por aquí? —dijo Amy dándole un abrazo ligero.

—¡A comprar café y pan, por supuesto! Sabes que no puedo vivir sin el café de Bellory ni los pasteles de tu tía. Además, aproveché la oportunidad de encontrarte —Ash casi susurró lo último, sonrojado y con ojos brillantes.

—Casi no te veo últimamente; de verdad te extraño, Amy. —Estaba a punto de acariciarle la cara cuando el teléfono de ella sonó, deteniéndolo.

—¿Hola? —contestó ella de inmediato al ver quién llamaba.

—Voy para allá, doctor. —Guardó rápido su laptop y se volvió hacia Ash.

—Lo siento, Ash. Es el doctor Correy. Dice que tenemos que hablar sobre los resultados de las radiografías de Jayson.

Ash aprovechó la oportunidad para pasar más tiempo con ella y se ofreció a llevarla al hospital. Amy aceptó con un movimiento de cabeza.

Ya estaba acostumbrada. Ash siempre se ofrece a llevarla cuando están juntos, desde que ella vendió su coche para pagar las facturas médicas de sus sobrinos, Jayson y Jena.

Amy, Mary y Ash crecieron juntos. Mary es hija de los que fueron la cocinera y el chofer de la familia. Mientras que el padre de Ash y el de Amy eran socios de negocios.

Ash intentó cortejar a Amy, pero no tuvo éxito. Ella lo rechazó varias veces, pero él no se rinde; es muy persistente.

Ella iba callada en el coche, ansiosa por los resultados de Jayson. Ash solo podía apretarle la mano suavemente, pues sabía lo preocupada que estaba. Si pudiera quitarle el dolor, lo habría hecho hace mucho tiempo.

Llegaron al hospital enseguida. —Ash, déjame cerca de la entrada. No hace falta que entres conmigo. Me quedaré a dormir aquí para que el tío Robert descanse en casa, e intentaré escribir esta noche.

Cuando Amy tiene tiempo, suele quedarse a cuidar a su sobrino, ya que los suegros de su hermano también cuidan de su sobrina Jena. Los ancianos se ofrecieron para que ella pudiera enfocarse en su trabajo y sus negocios.

Incluso le dieron una habitación en su casa para que no tuviera que alquilar un departamento en la ciudad. Todos se ayudan para asegurar que los niños tengan lo necesario mientras crecen.

—Está bien, llámame si necesitas algo. Recuerda que puedes marcarme a cualquier hora. No importa si estoy durmiendo o trabajando, vendré por ti. Siempre estoy para ti —afirmó él mientras la miraba de reojo.

Amy le sonrió con dulzura. Podía sentir la sinceridad de sus palabras. Al mismo tiempo, sintió una punzada de dolor en el corazón al saber que no podía corresponder a su amor.

Ash es alguien muy especial para ella, pero solo como su mejor amigo. Ha intentado amarlo, pero su corazón simplemente no responde.

En cuanto Ash la dejó, ella corrió a la oficina del médico para escuchar lo que tenía que decir.

—Toma asiento, Amy —le indicó el doctor cuando la vio asomarse por la puerta.

—Me temo que tengo malas noticias. —Amy apretó su bolso con fuerza, preparándose para lo peor mientras contenía el aliento sin darse cuenta.

Trataba de aguantar las lágrimas. Se decía a sí misma que ya debería estar acostumbrada, pues no ha parado de recibir malas noticias desde el accidente.

Con el corazón pesado, el doctor suspiró profundamente y le entregó la radiografía a Amy.

—Jayson necesita la siguiente serie de cirugías lo antes posible. Si nos demoramos más, su crecimiento se verá afectado y algunos nervios podrían dejar de funcionar. Conozco tu situación económica, pero como médico de Jayson, lamento ser quien te dé esta noticia.

Amy se quedó mirando la placa mientras su vista se nublaba. Sabía que no había forma de que pudiera pagar esa operación.

Si su sobrino no se opera, los médicos pronto tendrán que amputarle las piernas. Ella está haciendo todo lo posible para que eso no pase. Pudieron salvarle los brazos, pero el dinero no le alcanzó para arreglarle las piernas.

Su sobrino tiene solo 9 años y ella quiere que tenga una buena vida. Perdió a sus padres siendo muy chico y no puede permitir que también pierda las piernas.

Amy solo tenía 22 años cuando todo ocurrió. Han pasado casi tres años y Jayson aún no mejora.

Los rescatistas dijeron que, por cómo estaban los cuerpos, parecía que su hermano protegió a la pequeña con su propio cuerpo. Por eso ella solo tuvo heridas leves. Tenía solo 4 años en ese entonces.

Sin embargo, Jayson salió despedido del coche por el impacto del choque, lo que le causó múltiples heridas que pusieron en riesgo su vida.

Tuvo una lesión cerebral, traumatismos en varios órganos y huesos rotos. Fue un milagro que sobreviviera. Estuvo en coma seis meses y necesitó muchas operaciones para seguir vivo.

Tras hablar de otros temas importantes con el doctor, Amy salió de la oficina sintiendo que las lágrimas estaban por brotar.

Sabiendo que no podría contenerse, corrió hacia las escaleras de emergencia para desahogarse sin que nadie la viera.

Solo de imaginar a Jayson sin sus piernas, se sentía desesperada y hundida. Las pocas propiedades que les quedaban ya estaban hipotecadas por el banco.

Vendió todo lo que tenía, está llena de deudas y lo único que puede hacer ahora es llorar con toda su alma.

Recordaba que antes su familia era feliz y no les faltaba nada. Su padre levantó su empresa desde cero y trabajó muy duro para que creciera y les diera una buena vida.

Pero tras su muerte, descubrió que había deudas sin pagar y el seguro no fue suficiente para cubrirlas.

Que su sobrino haya sobrevivido es lo único que la mantiene cuerda. Pensó que lucharía mientras él siguiera luchando. No se rendirá jamás; tiene que hallar la forma de pagar la cirugía. Hará lo que sea necesario por lo que queda de su familia.

Quizás no sean sus hijos, pero son su familia, el tesoro más grande de su hermano y la alegría de sus padres. Está dispuesta a sacrificarse por ellos.

Pero, ¿qué más puede hacer si ya no tiene nada que vender? Pero, ¿de verdad no hay nada que pueda hacer?


Se subirá aquí solo hasta el capítulo 35, ya que este libro ahora es exclusivo de Webnovel.