Prólogo
La voz provenía de lo más profundo, una oscuridad absoluta, un vacío inmenso... escuchaba a alguien hablándome, pero su voz estaba distorsionada, mi mente no podía comprender sus palabras. Dirigí mis ojos hacia la ubicación de esa voz, intenté enfocar mi mirada en esa inmensa oscuridad.
No logré ver nada.
La voz seguía hablándome, pero su tono se volvió más fuerte como si quisiera que realmente lo escuchara, sin embargo, mí mente no quería escucharla hasta que, lo ví.
Ví esos ojos amarillos, tan brillantes como una estrella en el cielo, tenía pupilas de gato, de hecho sus ojos eran bastante extraños pero muy cautivadores, no podía dejar de mirarlos.
Sentí como su presencia se acercaba a mí, a pesar de que quería verlo con más detalle, la inmensa oscuridad alrededor no me lo permitía, de repente ví como ese ser estaba delante de mí, mirándome fijamente hacia abajo. La verdad sentí algo de escalofríos y vergüenza, pues se notaba que ese ser era bastante alto, cómo de unos 1,90 de altura, así que me sentí avergonzado por parecer tan pequeño al lado suyo.
—¿Quién eres?— Pregunté de una forma nerviosa, obviamente todo lo que estaba pasando era extraño.
No obtuve respuesta de aquel ser que estaba delante mío, sus palabras ya no salían de su boca, se había quedado callado una vez que estaba cerca mío.
—¿Quién eres? Responde— Volví a repetir la pregunta, está vez con más fuerza y firmeza, no quería que ese ser viera que realmente me estaba cagando de miedo.
—Tienes el destino en tus manos— Respondió de forma inesperada, su voz era gruesa y grave, pero en su tono no se le notaba ninguna pizca de malicia, más bien, era preocupación...una inmensa preocupación.
—¿Qué?— Respondí muy confundido, veía como acercaba a mí rostro algo negro, queriendo agarrar mi cabeza, lo hacía lentamente y de repente agarró bruscamente mi cabeza mientras escuchaba sus palabras.
—Obedece las reglas del destino y te destruirás a ti mismo, desobedece las reglas y te salvarás.