Capítulo 1: Ares
Capítulo 1
Alpha Ares Timere
Estoy sentado solo en mi oficina. Las pesadas puertas de madera están cerradas a cal y canto detrás de mí. Desde el comedor, llegan risas y el tintineo de los platos por los pasillos. Mi manada se ha reunido para cenar y sus voces resuenan por todo el palacio. Normalmente, yo estaría con ellos. Como su Alfa, es mi deber convivir con mi gente. Pero esta noche, el estrés me tiene paralizado.
Tengo los ojos clavados en el brillo de mi portátil. Hago clic para abrir el primer artículo:
«Ataque planeado contra la manada Sanatores Adunt en marcha».
Sigo bajando. Los titulares se mezclan ante mis ojos:
«¡ROUGES sueltos!».
«Se acabaron los sanadores».
«Una manada perdida; un reino perdido».
Cierro el portátil de un portazo y hundo la cara en las manos. Mi pelo rizado y grueso se enreda entre mis dedos. Mi cuerpo vibra con una energía peligrosa. Los Sanatores son pacíficos, amables y sanadores mágicos. Son aliados de todas las manadas del Reino de Darkthane. No entiendo cómo alguien pudo planear su destrucción.
Los Sanatores siempre han sido más que aliados. Son el pilar de nuestra supervivencia en tiempos de guerra. Ellos curan a nuestros heridos y preparan medicinas. Gracias a ellos, nuestros guerreros viven para luchar un día más. Y ahora, están bajo amenaza.
Camino de un lado a otro. Mis garras se extienden y el vello se me eriza mientras mi lobo ruge en mi interior. Mi cuerpo me pide a gritos pasar a la acción. Lleno de frustración, pego un puñetazo a la pared y rompo el acolchado. Mi rabia arde más fuerte con cada latido. Mis guerreros están alerta desde los primeros rumores de este ataque. Todo está coordinado con mi beta, Marrock Lifebane. Él es mi amigo de toda la vida, un guerrero sin igual y mi segundo al mando.
Marrock encontró hace poco a su mate, Adela. Poco después, ella dio a luz a una niña. Es la primera hembra de sangre real en una generación. Mi manada lo celebró durante semanas.
Mientras tanto, mi propia mate, la Luna Lana, está de parto con nuestro quinto hijo. Pienso en ella mientras me paso la mano por la cara. Intento alejar la preocupación que me carcome por dentro. Mi familia, mi manada y ahora la amenaza contra los Sanatores; todo se me viene encima a la vez.
Unos golpes en la puerta me devuelven a la realidad.
—¡Alfa!
La urgencia en la voz del guardia me sobresalta. Recupero mi forma humana y tomo aire para calmarme.
—Puedes entrar, guerrero —digo con voz ronca, intentando ocultar mi inquietud.
La puerta se abre y entra una joven loba muerta de miedo. Tiene el pelo alborotado y mira nerviosa a todos lados. Se pone de rodillas y agacha la cabeza.
—Puedes hablar, querida —le digo con suavidad, bajando el tono para no asustarla.
—Alfa Ares... la Luna está de parto —susurra ella—. El bebé... el médico y las enfermeras están con ella en su suite.
Se me encoge el pecho. Lana está a punto de traer al mundo a nuestro quinto hijo y los Sanatores no están disponibles. Se han quedado atrapados en medio de una guerra. Mi mente va a mil por hora. Sus manos expertas siempre han cuidado de mis hijos y de mi mujer con una entrega total. ¿Cómo es posible que no estén aquí ahora?
La joven guerrera se mueve inquieta. —Alfa... ¿podemos... solicitar sus servicios para nuestra Luna? —Su voz tiembla.
Me arrodillo un poco y le pongo una mano en el hombro para tranquilizarla. —Todo saldrá bien —le digo en voz baja—. Tu Luna y el niño estarán bien. Los Sanatores no pueden venir, pero nos las apañaremos solos.
Ella se relaja un poco y yo me fuerzo a sonreír para darle ánimos. Luego salgo corriendo hacia las escaleras con mi lobo a flor de piel por la anticipación. Las suites reales están diez pisos más arriba. Son estancias reservadas para el Alfa, la Luna y la familia real. Solo pueden entrar quienes tienen un permiso especial.
Al llegar arriba, los guardias abren las enormes puertas con un gesto de respeto. Entro y me quedo sin aliento al ver la escena: mi mate, Lana, está radiante a pesar del parto. Está rodeada por el caos del nacimiento y el brillo de la vida que está a punto de llegar al mundo.