Prólogo
Rose una bella mujer de treinta y cinco años alta 1.70 m y una hermosa figura de reloj de arena, cabello castaño, piel blanca y ojos verdes como una esmeralda su mirada era profunda y firme, con una expresión siempre seca, como si todo le molestara, su inteligencia y determinación la llevaron a ser corredora de bolsa en Wall Street.
Se sentía ahogada en esa relación, constantemente se preguntaba si valía la pena mirar a Fred a los ojos y decirle “te amo” o besarlo, pero había algo que la impulsaba a hacerlo, sin embargo, entró en una crisis existencial sobre si era amor o costumbre. La sensación de que ya ni siquiera le caía bien la invadía a cada momento, el amor que la invadió cuando se casaron parecía haberse desvanecido.
Fred un hombre guapo, de 35 años, muy alto 1.98 m, atlético, piel blanca, cabello negro y espeso, ojos negros como la misma noche mirada firme, chispeante y decidida, sus manos perfectamente cuidadas invitaban a tocarlas, su rostro parecía haber sido esculpido por los dioses, inteligente, sagaz, persistente y divertido, siempre sonriente y bromista, CEO de una prestigiosa consultoría de software.
Estaba entre aburrido de su relación y luchar por el amor de su esposa. Todos los días le eran prácticamente iguales, salir muy de mañana a la empresa, resolver los asuntos que le competían y volver por las noches a casa, donde lo esperaban Rose y Mina la ama de llaves, a veces se tomaba cinco minutos en el auto antes de entrar a casa. Rose le seguía pareciendo una mujer bellísima y codiciable, pero le dolía mucho su continuo rechazo. La sonrisa que le iluminaba el día de a poco se había esfumado y en su lugar estaba una mujer amargada, ausente y workaholic.
La vida da muchas vueltas y a veces la pregunta ¿y sí? Se vuelve un parteaguas. Fred y Rose vivían ajenos que un terrible acontecimiento cambiaría radicalmente todo entre ellos y que su aburrida relación daría un giro de 180 grados.
Cuando todo parece perdido aparece una esperanza, una pequeña luz que aparece al final del túnel, que de a poco crece y se vuelve un alivio.
Los infortunios son parte de la vida, la fuerza para afrontarlos no es igual en todos, pero es necesario levantarse y seguir adelante para lograr los objetivos y cuidar de la persona amada, para Fred la idea de perder a Rose fue catastrófica, sin embargo, no se rindió y le dio un giro a su matrimonio y a su vida.