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Friends with a monster | 𝓘𝓽𝓪𝓭𝓸𝓻𝓲 𝓨𝓾𝓳𝓲

Sinopsis

En las bulliciosas calles de Tokio, donde la modernidad se entrelaza con la antigua magia, existe un poderoso clan de chamanes conocido como los Itō. Su legado se remonta a siglos atrás, y su habilidad para comunicarse con los espíritus y manipular las energías es temida y respetada por igual. Saori Itō, la heredera de este linaje ancestral, ha sido criada con una única misión: eliminar a Ryomen Sukuna, un demonio ancestral que amenaza la paz entre los mundos. Sukuna, atrapado en el cuerpo de un humano, es el objetivo de los Itō debido a su inmenso poder y su historia de destrucción. Saori se infiltra en la prestigiosa Escuela Metropolitana de Tokio, donde se rumorea que Sukuna se encuentra. Pero cuando se cruza con Itadori Yuuji, el aparente recipiente de Sukuna, todo cambia. Yuuji es un joven despreocupado, amante de la comida rápida y con una sonrisa que ilumina incluso los rincones más oscuros. A medida que Saori observa a Yuuji, se da cuenta de que hay más en él de lo que aparenta. Su bondad, su valentía y su deseo de proteger a los demás la conmueven profundamente. A medida que se sumerge en su mundo, empieza a cuestionar su misión original. ¿Es correcto matar a alguien tan humano, tan lleno de vida?

Genero:
Action/Romance
Autor/a:
Pandora
Estado:
Completado
Capítulos:
10
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

1 - La casa de las glicinas

La casa de las glicinas, que había servido de inspiración para varios mangakas en Japón, pertenecía a la gran dinastía Itõ. Esta familia, que en su momento fue numerosa, se había reducido a escasos veinticinco miembros, algunos de los cuales ni siquiera eran relevantes en el mundo de la hechicería. Aún más sorprendente era el hecho de que solo un par entre diez eran capaces de utilizar energía maldita. Ubicada en la prefectura de Niigata, la familia Itõ no se mezclaba mucho con los hechiceros de otras prefecturas, ya que se les consideraba inalcanzables por su “herencia”. Con ello se referían a un extraño don, el de desafiar cualquier ley física y desintegrar cualquier cosa al toque de un solo dedo.

Con el paso de los años, nadie se había tomado la molestia de perfeccionar aquella habilidad, ya que cada vez era más difícil para los herederos usarla. Muchos ni siquiera tenían el talento suficiente para ser hechiceros. Aún así, se mantenían gracias a las glorias pasadas de sus ancestros y su inflado ego. De no ser por ellos, Japón no tendría el libro Gazu Hyakki Yakō o “El desfile ilustrado de la noche de cientos de demonios” de Toriyama Sekien, íntimo amigo de la familia Itõ. Este libro estaba dedicado a ilustrar a todos los “demonios” o, mejor dicho, maldiciones primitivas que con astucia lograban exorcizar. Aunque ahora, no exorcizaban ni a una mosca.

Un sirviente se acercó a una mampara de papel arroz finamente decorada en la enorme mansión que databa del periodo de los shogunatos.

ーSeñorita Itõ ーdijo ー,llamada de la escuela de hechicería de Tokio.

Una muchacha de apariencia común, con cabello castaño largo, ojos marrones y ropa de civil del siglo XXI, era la heredera del clan Itõ. Hacía meses que la academia de Tokio había estado buscándola por una simple razón: la ejecución de Ryomen Sukuna. Ella era la única Itõ disponible en Japón, ya que los demás estaban en otros países intentando exorcizar maldiciones de bajo nivel. Saori Itõ, un prodigio que solo quería estudiar leyes y vivir una vida tranquila, maldijo el día en que su destino fue nacer en ese maldito clan y con ese maldito apellido.

Ella se levantó del tatami y agradeció al sirviente. Tomó el auricular del teléfono y lo llevó al lado derecho de su cabeza.

ーSaori Itõ, ¿quién habla? ーpreguntó. Todo eso le parecía un fastidio. No conformes con hacerla parecer un prodigio y llenar sus cabezas con expectativas imposibles sobre ella, tenía que soportar a los de la academia de hechicería de Tokio.

ーHolaaa~ ¿hablo con Saori-chan? ーse escuchó al otro lado de la línea. Esa voz era, por mucho, molesta. La infortunada joven rodó los ojos con desesperaciónー. Hazme el favor de llamarme Saori-San o por mi apellido simplemente, Gojo Satoru ーrespondió con irritación. Especialmente Gojo Satoru la ponía de muy mal humor.

ー¿Qué quieres? ー, preguntó.

Una leve risa se escuchó detrás de ella. Volteó y era el mismísimo Satoru detrás de ella. Debía mejorar la seguridad en aquel lugar o los inoportunos como el “increíble” Gojo Satoru seguirían apareciendo. Ella suspiró.

ーParece que hoy soy un imán de idiotas ーse quejó Saori, quien vio a Satoru bien acomodado boca arriba sobre el tatami ー. Te diría que te sintieras como en casa, pero veo que eres experto en eso, ¿no?

ーSolo me faltaría un poco de té y sería perfecto. ¿Puedes hacerlo tú… ummm… ¿Cómo te llamas? ーpreguntó Satoru al sirviente, quien miró a la chica algo confundido. Ella asintió.

ーMi nombre es Shuya, señor ーrespondió el sirviente.

ーSí, Shuya. ¿Puedes traer té y tal vez dangos? ーpidió Satoru. El sirviente asintió y salió de la habitación.

La joven chica miraba recelosa al mago de cabellos blancos. No se sentía en paz con la presencia de ese hombre ahí, mucho menos que hubiera entrado tan cómodo como si esa fuera su casa. Pero aún así, se sentó frente a él para escucharlo. Gojo sintió la curiosidad de la muchacha y, de manera solemne, se sentó de la manera tradicional apoyado sobre sus rodillas.

ー¿Qué necesitas, Satoru?ー preguntó nuevamente la joven castaña.

ーSolo vengo a pedirte un pequeño favorー respondió el hombre sin ser interrumpido por la chica, que se cruzó de brazos. ーNo sé si te habrás enterado, pero hace ya un buen tiempo apareció un recipiente de Ryomen Sukuna. Ya sabes cómo son los ancianos, se pusieron como locos. El chico incluso ayudó a derrotar a unos cuantos traidores y nunca usó su fuerza para dañar a nadie intencionalmente. Claro que algunos civiles murieron en el proceso, pero no es nada de lo que debamos preocuparnos.

ー¿Murieron civiles? Debes estar loco para tenerlo vivo aún. ¿Por qué no lo matas y ya?ー interrumpió la castaña de manera brusca.

ーPues mira, la cosa está así: Yuuji es mi estudiante directamente y forma parte de mi equipo. No puedo ejecutarlo yo mismo por mis principios como maestro. Sus compañeros definitivamente tampoco pueden, debido a todas esas extrañas leyes del jujutsu. Y bueno, los ancianos dicen que no quieren ensuciarse las manos con algo tan burdo como la ejecución de Sukuna.

ー¿Y por eso acuden a la familia Itõ? ¿No tienen a nadie más a quien molestar y acuden a los que no han exorcizado nada en décadas, probablemente?ー se quejó Saori. Shuya entró a la habitación con una actitud ceremoniosa y colocó entre ambos hechiceros una bandeja con té y dulces a base de arroz. Hizo una reverencia y salió nuevamente.

Gojo Satoru tomó su porción de dangos y té y comenzó a disfrutarlos sin preocupación alguna. Ella solo lo miró con el entrecejo fruncido, ni siquiera tocó su té.

ーVamos, no es tan difícil. Ni siquiera tienes que usar tu extensión de dominioー insistió el albino mientras comía sus dulces. ーHmm, estos dulces son maravillosos. ¿Son hechos aquí en la prefectura?

ーLos hace el mismo Shuya…ー la hostilidad en su voz era evidente. El maestro comenzó a tomarse en serio la situación. No lograría convencer a la hija de los Itõ a menos de que se le ocurriera algo inteligente.

ーTe ayudaré a que los ancianos consideren tu liberación si me ayudas con Sukunaー aclaró el mayor. Sus palabras atrajeron la atención de ella; Satoru sonrió. ーSí, puedo hacer incluso que sea automático y así podrás ir a hacer tu vida normal a Tokio, China, Francia, donde quieras, y no tendrás ninguna obligación con el mundo del Jujutsu. ¡Y! Podrás huir de Niigata en cuanto acabes con la ejecución.

Parecía un buen trato, pero ella necesitaba algo más para que valiera la pena escapar de la prefectura, su familia y la hechicería.

ーSi voy a huir de aquí, al menos necesito un lugar donde escondermeー insistió la castaña.

ー¿Qué sugieres?

ーTu apartamento en Shibuya y estaremos a mano.

Satoru no tuvo más remedio que aceptar. Por allí vivía Nanami y podría vigilarla, ya que quedarse en la academia como los demás no sería factible si su familia iba a buscarla. El hombre de cabello blanco le extendió la mano y sonrió, recibiendo una respuesta positiva ante su gesto.

ーTenemos un trato, señorita Itõ. Ahora vámonos de aquí antes de que llegue tu extraña familiaー insistió Gojo. No tuvo que repetirlo dos veces para ver a la chica correr de una habitación a otra para preparar un pequeño maletín lleno de ropa, zapatos y dinero. Se sorprendió de lo rápida que era para escoger sus pertenencias. Era increíblemente gracioso verla correr de un lado a otro.

Ningún sirviente estaba cerca. Shuya estaba en la cocina y los demás en diferentes áreas de la enorme casa. Así que cuando estuvo todo listo, ambos lograron salir sin ser vistos por una de las puertas laterales del jardín para subirse al auto que conducía Ijichi.

ー¡Señorita Itõ! Me honra su presenciaー saludó el consejero.

ー¿Qué honra podría provocar yo? Soy una hechicera mediocre que proviene de una petulante familia que no hace más que alardear de su pasado. Eso no es muy bueno. Además, ya te he dicho que me llames simplemente Saoriー aclaró la chica. Ijichi sonrió con incomodidad. Era cierto que ya se lo había repetido al menos un par de veces, pero no lo recordaba del todo. El hombre aceleró y salieron a toda velocidad en camino a Tokio, que no quedaba más que a un par de horas si tomaban la vía rápida.

ー¡Tengo una idea! Para hacer más ameno el camino, cantaremos algoー exclamó Satoru con entusiasmo a sus acompañantes. Ijichi evitó eso poniéndose unos auriculares y la chica simplemente se hizo la dormida, sin importarle si llevaban cinco o diez minutos de viaje.

Academia de Jujutsu, Tokio

Fushiguro, Nobara e Itadori esperaban como siempre a su profesor. Esta vez, los había citado en Sakura Dõri St., frente al FamilyMart. Los tres esperaban sentados en las escaleras de concreto que daban inicio a la entrada del lugar. Llevaban al menos tres horas esperando desde que el mayor les había hecho ir a esperarlo. No había señales de él y Nobara comenzaba a quedarse dormida. Eran aproximadamente las once de la mañana, lo que significaba que para estar ahí, tuvo que despertar desde las siete de la mañana para arreglarse y verse lo más producida que podía. Fushiguro sólo se había puesto a leer todos los anuncios del FamilyMart e incluso había tomado una revista cuponera para leer hasta las letras más pequeñas. Itadori era un caso aparte, se había puesto a contar aves y ya había perdido la cuenta tres veces al llegar al treinta. Fushiguro logró ver el auto conducido por Ijichi a lo lejos y soltó su revista para correr a reclamarle en cuanto bajara del automóvil.

ー¡Oiga!ー gritó Megumi, acercándose a la puerta que comenzaba a abrirse. ー¡Es usted un maldito…!

ー¿Irresponsable, necio, cobarde, impuntual?ー se escuchó una voz femenina al abrirse la puerta por completo. Era del otro lado donde se encontraba Satoru. Megumi se ruborizó debido a la vergüenza que le provocaba haber actuado de manera tan inoportuna.

La chica bajó del auto antes que Ijichi o Satoru. Se le veía agotada, pero había algo en ella que embelesó hasta a Nobara. Era esa gracia con la que se movía; el viento parecía seguir sus pasos. Si su energía maldita tuviera un color distinto, seguramente sería de un violeta claro. Al sol, su cabello se veía más rubio que castaño y sus mejillas se veían rosadas debido al caluroso interior del auto. Ella se cruzó ligeramente de brazos, no sonreía y parecía soñolienta. ¿Era ella a quien había mencionado su maestro?

ーSoy de todo menos mal hechiceroー interrumpió la escena el mayor, quien salió del auto después de ella por la puerta del lado contrario. Él llevaba el ligero equipaje de la chica, quien rápidamente tomó sus cosas. No le agradaba Satoru, pero no lo trataría como a un esclavo. ーLes presento a Itõ Saori. Nos acompañará un tiempo hasta que llegue el día de la ejecución.

Los chicos la miraron con cierto resentimiento, menos Yuji, quien simplemente sonrió con melancolía y saludó. Les era imposible creer que ella iba a tomar un papel importante en la ejecución de su amigo. La chica no les saludó de la manera más amistosa tampoco. Ella solo estaba ahí para cumplir su deber y huir, no para hacer amigos.

ーMe llamo Yuji Itadoriー se acercó el de cabello rosado, extendiendo su mano para saludarla. Ella contestó el gesto por cortesía, pero no mostraba la más mínima expresión. Esto hizo retroceder al ya triste muchacho, quien no dejó de sonreír.

ーMegumi Fushiguroー se presentó de igual manera el de cabellos negros.

ーKugisaki Nobaraー se presentó con hostilidad la de cabellos cortos, quien se acercó furiosa a la inmutable chica que no había hecho más que quedarse parada sin mostrar gesto alguno. ーMira, mocosa, sé que eres de la familia Itõ, pero eso no te da derecho a despreciarnos y tratarnos de manera indiferente. Eres una más entre todos, que te quede bien claro.

Megumi tuvo que alejarla. Saori la miró sin darle mayor importancia, suspiró resignada. No era su obligación sonreír, ¿o sí? No tenía ninguna obligación de hacerlos sentir cómodos con su presencia. Desvió la mirada. No estaba cómoda del todo a pesar de que estaba rodeada de gente de su misma edad. No iba a encariñarse con gente a la que vería como máximo un par de meses.

Satoru sugirió que lo acompañaran para instalar a la chica en Shibuya. Tomaron el tren subterráneo para evitar el tráfico de la superficie, llegaron en cuestión de un par de transbordos y, como mucho, un tiempo de quince minutos. La recién llegada no hablaba, ni parecía impresionada por Tokio.

ーSaori-Sanー llamó su atención Itadori. Su naturaleza amigable no le permitía no tener curiosidad por la chica. ーTú eres de Niigata, ¿cierto? ¿Es verdad que las nevadas allí son tan fuertes que la nieve llega hasta tu cintura?

Ella lo miró, sorprendida por el entusiasmo que él mostraba al hacerle esa pregunta. No mostró ninguna expresión, pero se dispuso a responder.

ーSí, en alguna ocasión la nieve ha sido tanta que los trenes no podían avanzar y todas las escuelas suspendieron actividades durante dos semanas enterasー. Esta respuesta pareció emocionar a Yuji, quien imaginó que debió ser una época divertida, con tanta nieve para jugar y, para hacerlo aún mejor, sin clases.

Llegaron a Shibuya y siguieron a Satoru hasta un apartamento escondido detrás de la calle principal. No era el más lujoso ni el más grande, pero era moderno, estaba limpio, bien equipado y tenía un balcón. Para la chica, esto era más que suficiente.

Los tres alumnos de Satoru y él mismo se quedaron a cenar en el apartamento. Era la primera vez que la joven Itõ cenaba en compañía de alguien y vaya grupo, todos eran tan animados. Parecía que se les había olvidado que Nobara estuvo a punto de golpearla. Todos reían.

¿Por qué estaban tan felices?

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