3.- Saga the ribbon: Every Day

Sinopsis

A pesar de que Jungkook y Taehyung disfrutaron de los noventa días más intensos y sensuales que ninguno de los dos pudiera recordar, Tae lo abandonó porque no se sentía capaz de darle lo que él tanto ansiaba. Sin embargo, la separación sólo ha servido para que ambos comprendan que se necesitan mucho más de lo que creen, por lo que deciden darse una nueva oportunidad. Pero un terrible accidente deja a Jungkook en estado de coma e impide el reencuentro. Cuando se despierta, el joven quiere averiguar quién ha intentado acabar con su vida, y pretende hacerlo sin la ayuda de nadie. Por su parte, Taehyung está dispuesto a recuperarlo, y si para convencerlo de que le pertenece tiene que dominarlo, atraparlo en su propio deseo y excitarlo hasta hacerle perder la razón, lo hará cueste lo que cueste. Sólo cuando consigan derribar todas las barreras que Jungkook ha levantado para separarlos, aprenderán lo que significa amarse. CONTENIDO PARA MAYOES DE EDAD / CONTENIDO ADULTO ADAPTACION TODO LOS DERECHOS A LA AUTORA. - KOOK / V M-PREG

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
WOL_74
Estado:
Completado
Capítulos:
23
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Tengo miedo de dormirme. Tengo miedo de abrir los ojos y descubrir que todo esto ha sido un sueño, que Jungkook sigue en coma y que yo sigo aterrorizado pensando que nunca se despertará. El cansancio amenaza con derrotarme y deslizo la mano por el brazo de él en un intento de calmar mi corazón.

Jungkook ya no está en coma, no ha muerto por culpa de aquel maldito accidente. Siento el tacto de su piel bajo la yema de los dedos, el vello de su antebrazo, que me hace cosquillas, y le noto el pulso latiendo bajo la cinta de cuero que lleva alrededor de la muñeca.

Cojo aire y lo suelto muy despacio. Cada vez me cuesta más recordar por qué discutimos, por qué nos separamos. Por qué lo dejé, me corrijo. Me tiembla la mandíbula y tengo que cerrar los ojos un segundo para contener las lágrimas.

He estado a punto de perderlo para siempre.

—¿Joven Kim?

Vuelvo la cabeza, sobresaltado al oír mi nombre. Llevo una semana en el hospital, metido en esa habitación, pero hay instantes en los que me engaño y sueño con que Jungkook y yo estamos en su apartamento.

En los noventa días que estuvimos juntos, él apenas vino a mi casa. El piso que comparto con Jimin, mi mejor amigo. Sonrío levemente al pensar en él y en Gyu, no sé qué habría hecho sin ellos.

Probablemente me habría derrumbado.

—¿Joven Kim? —repite el enfermero y mi cerebro por fin reacciona.

—Disculpe —digo tras carraspear y aparto un momento la vista de Jungkook para mirar al recién llegado.

No me importa demasiado lo que piense de mí, pero tampoco quiero quedar como un completo maleducado.

—El doctor Ji-sub me ha pedido que venga a buscarlo. Quiere hablar con usted en su despacho.

Empiezo a negar con la cabeza y el enfermero, Ivo según la placa que cuelga del bolsillo de su bata, vuelve a hablar:

—Mi compañero me esperará aquí y después nos llevaremos al señor Jeon para hacerle unas pruebas mientras usted no está.

Me doy cuenta de que Ivo no está solo y de que efectivamente hay otro enfermero a su lado. Han entrado en la habitación y se acercan a la cama, en la que yo sigo sentada al lado de Jungkook.

—¿Qué pruebas? —pregunto, sin soltar la mano de él, que sigue dormido, pero a diferencia de cuando estaba inconsciente, ahora noto cómo me aprieta ligeramente los dedos.

—Una resonancia magnética craneal y radiografías en el brazo y en la pierna, joven Kim. Estoy seguro de que el doctor Ji-sub se lo explicará —añade con cierta exasperación.

Supongo que me lo tengo merecido; todas y cada una de las veces que han tenido que llevarse a Jungkook para hacerle pruebas, he interrogado a los enfermeros, incluso he intentado acompañarlos. No me gusta separarme de él. No sé explicarlo, pero estoy convencido de que está mejor si estoy a su lado. Y quiero estar a su lado.

—El señor Jeon ha recuperado la conciencia después de un coma relativamente largo y es de vital importancia que monitoricemos las respuestas de su cerebro —me explica Ivo con absoluta seriedad y el muy cretino sabe que me ha convencido.

—De acuerdo —acepto entre dientes—. ¿Les importaría darme un minuto? —les pido, levantándome de la cama.

—Por supuesto, joven Kim. Esperaremos fuera.

Agacha ligeramente la cabeza con suma educación, o tal vez porque ha visto lo alterado que estoy, y gracias a la suela de goma de sus zapatillas, salen en silencio de la habitación.

Me aparto de la cama y me aliso el pantalón y la camisa. No sirve de nada, son las ocho de la mañana y creo que eran las seis cuando me he duchado y me he cambiado. Y después de vestirme he vuelto a tumbarme al lado de Jungkook con cuidado de no hacerle daño, pero asegurándome de que él notase que estaba allí.

Me pongo las mules negras, están tan usadas que parecen zapatillas de baile, y voy al baño para cerciorarme de que no estoy hecho un esperpento. No llevo maquillaje, lo único que me he atrevido a ponerme estos días son los pendientes que Jungkook me regaló cuando pasamos aquel fin de semana en su casa de campo y que hasta ahora me había negado a estrenar. Me peino, más o menos, y vuelvo al lado de la cama.

—Jungkook —susurro, acariciándole el pelo—, tengo que ir a hablar con el doctor Ji-sub —le explico y espero unos segundos. Nada me gustaría más que verlo abrir los ojos de nuevo, pero los médicos ya me han explicado que necesita dormir—. Volveré en seguida —añado, acercándome a sus labios—. No se te ocurra volver a asustarme.

Le doy un beso y salgo antes de echarme a llorar. Jungkook necesita que sea fuerte y no sólo para recuperarse del accidente y salir del hospital.

Niego con la cabeza —ahora no es momento de pensar en eso— y dejo la puerta abierta para que el acompañante de Ivo entre mientras éste me acompaña al despacho del médico que se ha ocupado de Jungkook estos días.

Oigo al otro enfermero desbloquear las ruedas de la cama y me vuelvo una vez más, pero lo único que veo es una espalda cubierta con una bata blanca.

—No se preocupe, joven Kim, el señor Jeon estará bien —me dice Ivo—. Son sólo unas pruebas. Seguro que volverá antes que usted.

Asiento y sigo caminando. En cualquier otra circunstancia le habría dado conversación a mi acompañante; soy un chico de pueblo con muy buenos modales, pero ahora no estoy de humor. Tengo un mal presentimiento atenazándome el estómago, igual que el día que me fui del apartamento de Jungkook. O igual que la madrugada en que me llamaron desde este mismo hospital para decirme que el señor Jeon, Jungkook, había sufrido un grave accidente y que lo estaban sometiendo a una operación de vida o muerte.

Me llamaron porque, si sucedía algún contratiempo, yo era la persona autorizada para tomar la decisión correspondiente.

Nunca olvidaré ese instante, el segundo exacto en que se me paró el corazón.

No han pasado demasiados días desde aquella horrible llamada, aunque sin duda han sido los más largos de toda mi vida. Y me han cambiado para siempre.

Ivo se detiene frente a una puerta y llama con los nudillos.

—Adelante.

Entramos, pero el enfermero se para en el umbral con la mano en el picaporte.

—Gracias, Ivo.

—De nada, doctor. Si me necesita, estaré en la sala de radiografías.

El doctor Ji-sub asiente y despide al enfermero antes de acercarse a mí para darme la bienvenida.

—Joven Kim, Taehyung —se corrige al recordar que le pedí que se dirigiese a mí por mi nombre —, parece cansado.

—¿Por qué me ha pedido que venga? —le pregunto, ignorando por completo su preocupación por mi persona—. ¿Le sucede algo a Jungkook?

—No, Taehyung. —Se detiene y frunce levemente el cejo—, el estado del señor Jeon sigue siendo crítico, pero tal como le comenté ayer, creemos que logrará recuperarse. Por supuesto, tenemos que seguir haciéndole pruebas, como las que le están practicando ahora. Y cuando le demos de alta, tendrá que hacer rehabilitación, pero ya hablaremos de eso cuando llegue el momento, ¿no le parece?

—Entonces, ¿por qué me ha hecho venir a su despacho? —No me esfuerzo en disimular mi mal humor.

El doctor Jis-sub es un hombre paciente y ha sido muy agradable conmigo desde el primer momento, pero ahora corre el riesgo de pasar a formar parte de mi lista de personas non gratas (una lista que ha aumentado drásticamente durante la última semana).

—En realidad, joven Kim, he organizado este encuentro a petición de otra persona. Espero que no le moleste.

¿Molestarme? Estoy a punto de decirle exactamente lo que pienso de sus triquiñuelas. ¿Cómo se atreve a manipularme de esta manera? ¿Y por qué? ¿Quién lo ha convencido para este montaje? ¿El tío de Jungkook?

—El detective Lee Wonho ha pensado que, teniendo en cuenta las circunstancias, de momento sería mejor así —me explica el médico tras una pausa y consigue dejarme perplejo.

—¿El detective Lee? ¿Qué circunstancias? —farfullo.

En ese preciso instante, alguien llama a la puerta y la abre sin esperar respuesta. El desconocido me mira un segundo antes de dirigirse al doctor Ji-sub. Es un hombre muy corpulento, de rostro duro y ojos del color del acero. Tendrá unos treinta y cinco años,con el pelo demasiado largo para su edad. Lo tiene rubio, pero no del rubio de los adolescentes, sino un rubio sucio, con mechas castañas y alguna un poco más clara que bien podría ser una cana.

Es muy atractivo, supongo que las mujeres se dan media vuelta a su paso para mirarlo y, sin embargo, a mí no me produce ninguna reacción.

Lleva un traje azul oscuro muy arrugado, igual que la camisa, y por un bolsillo aparece el extremo de la corbata que deduzco que se ha quitado horas atrás. Ese uniforme delata su identidad sin necesidad de que las circunstancias la confirmen.

—Gracias por su colaboración, doctor Ji-sub. —Le tiende la mano al médico y éste se la estrecha —. Le avisaré cuando terminemos.

—De nada, detective. Estaré en la cuarta planta. Buenos días, joven Kim, iré a verlo cuando tenga los resultados.

—De acuerdo, doctor —le digo, sin apartar la vista del detective—. Le estaré esperando.

El doctor Ji-sub abandona su despacho, dejándome a solas con el hombre. No me gusta, pero supongo que no tengo alternativa y me cruzo de brazos a la espera de que el desaliñado rubio me dé una explicación.

—Lee Wonho, puede llamarme Wonho. —Me tiende la mano y se la estrecho sin decir nada. Él me la suelta y sigue hablando—. ¿Quiere que nos sentemos, joven Kim?

Me señala el sofá de dos plazas que ocupa el lateral de la consulta del médico.

—Llámeme Taehyung.

—De acuerdo, ¿por qué no se sienta, Taehyung? —Ve que me resisto a la idea y enarca una ceja—. Mire, no he dormido en toda la noche y quiero sentarme, pero mi madre me obligó a aprender buenos modales y no podré hacerlo hasta que usted lo haga, así que —levanta las manos de nuevo y con una se frota la nuca—, si no le importa...

Accedo y me siento en un extremo del sofá, él ocupa el otro. Oigo crujir sus rodillas y cómo suelta el aliento.

—Gracias —masculla y acto seguido saca un cuaderno y un bolígrafo del bolsillo izquierdo de la chaqueta—. ¿Conoce usted a Jeon Suk-kyu?

—¿Al tío de Jungkook? —le pregunto confuso—. No, no personalmente. ¿Por qué?

Pasa una hoja del cuaderno y lee algo antes de volver a mirarme.

—¿Nunca ha hablado con él?

—No, nunca.

—¿Y con Dimitri Vzalo?

—Ni siquiera sé quién es. —Me cruzo de brazos—. ¿A qué viene todo esto?

—Hemos terminado de procesar las pruebas del Jaguar del señor Jeon —me explica, tras hojear de nuevo el cuaderno—, los frenos y el ordenador del coche estaban manipulados.

—Oh, Dios mío —balbuceo—. Gyu... Gyu me dijo...

—Sí, el señor Kim Mingyu vino a verme hace unos días —me interrumpe el detective, al ver que tartamudeo—. Me habló de las amenazas que recibió el señor Jeon hace unos años. Lo estamos investigando.

—¿Cree que el tío de Jungkook está detrás del accidente? —le pregunto yo de golpe, al atar cabos.

Él me contesta con otra pregunta.

—¿Cuánto hace que conoce al señor Jeon? A Jungkook, me refiero.

—Unos meses.

Enarca otra vez una ceja. Empiezo a odiar a este tipo.

—¿Y figura como persona de contacto de su póliza de seguro en caso de accidente?

—Yo no lo sabía. —Más o menos—. Y no me gusta lo que está insinuando.

—Yo no estoy insinuando nada, Taehyung. Sé que usted no está detrás del accidente del señor Jeon.

—O sea, que me ha investigado.

—Por supuesto —afirma desafiante—. Es mi trabajo. El señor Kim ya me dijo que el señor Jeon y usted tenían una relación muy especial; sin embargo, he comprobado que llevaban semanas sin verse antes del accidente.

—Habíamos discutido.

—Entiendo. ¿Qué puede contarme acerca de la relación entre el señor Jeon y su tío?

Me muerdo pensativo el labio inferior. No quiero traicionar la confianza de Jungkook, pero me moriría si por mi culpa no atrapan al culpable de su maldito accidente.

—No demasiado y sigo sin entender por qué me lo pregunta.

Wonho refunfuña y se pasa de nuevo la mano por la nuca.

—Llevamos años detrás de Vzalo y el coche del señor Jeon es la primera prueba fiable que encontramos que confirma su presencia en Corea.

—Lo siento, no le entiendo.

—La manipulación del Jaguar del señor Jeon lleva la firma de la organización de Vzalo. Además, hay un testigo que afirma que vio un todoterreno negro golpeando el coche del señor Jeon antes de que éste se estrellase.

—¿Quién diablos es Vzalo? ¿Y qué tiene que ver con Jungkook y conmigo?

Cierro los ojos un segundo para ahuyentar de mi mente la imagen de él chocando contra aquel muro de piedra. Es un milagro que sobreviviera.

—Para muchos, Dimitri Vzalo es un importante hombre de negocios. Para otros, un asesino y un terrorista que no duda en vender sus servicios al mejor postor. Nunca hemos podido imputarle nada. — Sonríe asqueado—. Ni siquiera una multa de tráfico. —Me mira durante un segundo—. En cuanto a qué tiene que ver con usted o con el señor Jeon, mi respuesta es que no lo sé exactamente. Lo único que puedo decirle es que una de las pocas fotografías que tenemos de Vzalo aparece junto a Jeon Suk-kyu y que, tal como le he comentado antes, hemos encontrado la firma de su trabajo en el Jaguar.

—Me temo —tengo que tragar saliva antes de continuar—, me temo que tendrá que hablar con Jungkook, detective. Yo no sé de qué va todo esto.

—Habría hablado con él —confiesa exasperado—, pero el bueno del doctor Ji-sub me lo ha impedido. Y he pensado que tal vez usted podría ayudarme.

—Lo siento.

Empiezo a levantarme para irme, pero las siguientes palabras de Wonho me detienen.

—El señor Jeon acudió a NIS (National Intelligence Service) cuando apenas era un niño. —Vuelvo a sentarme—. He encontrado el informe enterrado en un archivo; denunció a su tío por el asesinato de su hermana. El caso se archivó, porque se demostró que Jeon Somi se suicidó y que Jeon Jungkook tuvo que recibir varios meses de terapia para superarlo. El informe del psiquiatra establece que es incluso lógico que el chico se inventase lo del asesinato para justificar el suicido de la joven señorita Jeon.

«Pobre Jungkook.»

—Pero usted no lo cree —sugiero, tras mirarlo a los ojos.

—He leído el expediente y digamos que tengo mis dudas. Las circunstancias que rodearon el supuesto suicido de Jeon Somi no son claras. Además, el señor Jeon denunció a su tío de nuevo años más tarde, aunque esta vez por malversación de fondos de una de sus fundaciones. Es obvio que no son una familia bien avenida. En el hospital me han dicho que Jeon Suk-kyu no ha aparecido por aquí. Y el señor Mingyu me confirmó que usted mismo le había pedido que se ocupase de ello.

—A Jungkook no le habría gustado que viniese a verlo.

—Exacto.

—¿Qué es lo que quiere, detective?

Saca una tarjeta del bolsillo opuesto a aquel donde guardaba el cuaderno y me la entrega.

—Quiero que esté atento a cualquier cosa extraña que suceda en torno al señor Jeon. Y que llegado el caso me llame de inmediato.

—Tendrá que hablar con Jungkook —repito y me guardo la tarjeta en la mano.

—Por supuesto. La verdad es que llevaba meses planteándome la posibilidad de ir a ver al señor Jeon, lamento que las circunstancias que finalmente lo han propiciado sean así, pero voy a aprovecharlas.

—De acuerdo, le llamaré si sucede algo —acepto, deseando con todas mis fuerzas que no llegue nunca ese momento.

Lo único que quiero es salir de este hospital e intentar arreglar mi relación con Jungkook. Y que él se recupere.

—Una cosa más.

—Claro, usted dirá.

—El señor Jeon y usted habían discutido, habían roto su relación —me aclara como si hiciese falta —. Usted apenas sabe nada de su vida o de su familia.

—¿Qué quiere decir, detective? —Me pongo en pie para evitar gritarle.

—A pesar de eso, usted figura como la única persona autorizada para tomar una decisión médica en relación con él y todas las enfermeras y médicos del hospital me han dicho que no se ha apartado de su lado ni un segundo.

—¿Adónde quiere llegar?

—Cuando le den el alta, ¿se irá con él?

—Por supuesto.

El único que podría impedirlo sería el propio Jungkook y estoy dispuesto a hacer todo lo que esté en mi mano para que no sea así.

—Tenga cuidado, Vzalo es peligroso y no sé si vale la pena que se juegue la vida por alguien a quien apenas conoce.

Me detengo en seco frente a él.

—Noventa —le digo—. Ése es el número exacto de días que he estado con Jungkook, sin contar los que llevo en este condenado hospital. —Lo miro a los ojos—. ¿Y sabe una cosa? Me bastó con uno para saber que él y yo nos pertenecemos. Tal vez usted no lo entienda, detective, pero sí, vale la pena. Guardaré su tarjeta y estaré atento a lo que pase. Y cuando Jungkook esté mejor, le explicaré lo que me ha contado. ¿Algo más?

Me parece que nunca he estado tan furioso como ahora, ni me he sentido tan valiente y decidido a luchar por Jungkook, ni tan dispuesto a protegerlo.

Se abre la puerta y entra otro desconocido, que se apresura a cerrar de inmediato.

—Lo siento. Wonho, han llamado del laboratorio, tienen los resultados que les pediste.

—Disculpe a mi compañero, Taehyung, al parecer, ha olvidado sus modales en el coche —me dice el detective.

—Soy el agente Kim, joven Kim. — Sonríe seguro por la coincidencia.

—Encantado.

Wonho se levanta del sofá y se guarda el cuaderno en el bolsillo de la chaqueta. Se lo ve muy cansado, y no sólo porque no haya dormido, tal como me ha dicho.

—Gracias por su ayuda, Taehyung —me dice, tendiéndome la mano y mirándome de un modo distinto a antes, con respeto—. Llámeme si sucede algo.

—Por supuesto —respondo, sorprendido por su cambio de actitud.

—Lo entiendo, ¿sabe? —Enarco una ceja y me lo explica—. Sé a qué se refiere, sé lo que es pertenecer a otra persona, pero eso no significa que no sea peligroso. De hecho, lo es mucho más.

Me suelta la mano y tengo la sensación de que me está hablando de algo completamente distinto a la investigación.