Incluso si nos miran

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Sinopsis

Alexander, el heredero del reino, está comprometido en un matrimonio por conveniencia. Sin embargo, su corazón aún pertenece a su primer amor de la infancia, aunque esa relación esté prohibida. A pesar de sus obligaciones familiares, lucha internamente entre el deber y el amor. En medio de este dilema, busca la valentía para seguir los dictados de su corazón, enfrentando desafíos y obstáculos en su camino hacia la verdadera felicidad.

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
AA Ravera
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

El anuncio

En el majestuoso castillo de los Sinclair, el aire estaba cargado de anticipación mientras los sirvientes iban y venían, preparando la casa para la cena. Mientras me paseaba por los pasillos, perdido en mis pensamientos, ajeno al bullicio a mi alrededor. Había algo en el aire esa noche, algo que me ponía los nervios de punta y me hacía preguntarme cual sería la ocación especial para tal preparación.

Finalmente el sonido de las campanas anunciando la llegada de los invitados resonó en la mansión, el Rey James, mi padre hizo su entrada con la dignidad propia de su linaje aristocrático. Detrás de él, la Reina Eleanor, mi madre, irradiaba elegancia y calma, aunque los observadores más perspicaces podrían notar una chispa de emoción en sus ojos.

-Alexander, querido hijo-comenzó el Rey colocando una mano sobre mi hombro con solemnidad.-Ha llegado el momento de anunciar algo de gran importancia para nuestra familia-.

Levante una ceja, intrigado por la misteriosa declaración de mi padre.-¿Qué es lo que está pasando padre?-pregunte intentando ocultar mi curiosidad.

-Pronto lo descubrirás-respondió enigmáticamente antes de guiñarle un ojo con complicidad y dirigirse hacia la sala de estar seguido de cerca por mi madre, que era eso tan importante que hacia que mi padre estuviera de buen humor.

Una vez dentro de la sala de estar, se encontraron solo con los miembros más cercanos de la familia: sus abuelos, sus tías (Lady Margaret y Lady Beatrice), su hermana menor Khaterine y...Lady Charlotte, que hacia ella aqui? Creí que solo era una cena familiar el hecho de que ella estuviera aquí solo aumentaba mas mi curiosidad, mis pensamientos fueron interrumpidos cuando mi padre se puso de pie, captando la atención de todos los presentes. Con un gesto me llamo para pararme juto a el.

-Queridos familiares-comenzó el Rey, su voz resonando con fuerza en la habitación.-Hoy nos reunimos para anunciar un compromiso que traerá alegría y prosperidad a nuestra amada familia Sinclair-.

Los murmullos de sorpresa y emoción se extendieron entre los presentes mientras yo luchaba por contener la propia sorpresa. ¿Un compromiso? ¿Quién podría ser la afortunada?

-Es con gran placer que anunciamos el compromiso de nuestro amado hijo, Alexander, con la encantadora Lady Charlotte-proclamó mi padre mientras los aplausos y las felicitaciones llenaban la habitación.

Sentí como si el mundo se detuviera en ese momento. Lady Charlotte la misma mujer que había conocido en su infancia ahora sería su prometida. Mientras las felicitaciones seguían llegando, luchaba por procesar la magnitud de lo que acababa de suceder.

Mire a Lady Charlotte, cuyos ojos verdes brillaban con una mezcla de emoción y nerviosismo. En ese instante, supe que mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.

La noticia del compromiso resonó en el castillo de los Sinclair como un eco. Para mi el impacto de la noticia aún no se había asentado por completo. Me sentía abrumado por una mezcla de emociones que iban desde la sorpresa hasta la incertidumbre. Durante años, había imaginado el día en que se comprometería, pero nunca había pensado que sería con Charlotte mientras los invitados continuaban felicitándolos y la conversación fluía en la habitación, derrepente me encontre perdido en mis pensamientos. La verdad no es que me agradara mucho siempre me parecio como alguien presumida y ambiciosa.

Una parte de mi se sentía abrumado ante la perspectiva de pasar el resto de su vida al lado de Charlotte. Con su encanto y gracia innatos, sabía que sería una compañera excepcional. Sin embargo, el no la amaba. ¿Podría mantenerse fiel a sus propias aspiraciones y deseos dentro de las responsabilidades de su nuevo estado civil? ¿Estaría a la altura de las expectativas que la sociedad y su familia tenían para él como futuro esposo de Lady Charlotte?

Me sentía abrumado con un peso en el corazón. No podía negar lo atractiva y amable que era ella, pero en lo más profundo de mi ser sabía que mi corazón solo le pertenecía una persona a la cual nunca podría tener. Aún así, como hijo de su familia se enfrentaba al difícil dilema de sacrificar sus propios deseos por el bienestar y la estabilidad de su linaje. ¿Hasta qué punto estaría dispuesto a renunciar a su propia felicidad por el deber hacia su familia?

De repente, mi mirada se desvió hacia Charlotte, ¿por qué parecía tan tranquila, como si no le importara casarse con alguien a quien apenas conocía? En un instante nuestros ojos se encontraron y ella se volvió rápidamente, con un leve rubor tiñendo sus mejillas. “Qué extraña”, pensé para mí mismo.

Después de que todos los invitados se marcharon, me acerqué a mi padre con frustración-Padre, ¿por qué no me habías contando sobre esto? ¿Acaso mi opinión no cuenta?-cuestioné, con un nudo en la garganta no deseaba este compromiso, menos aún con alguien a quien no amaba.

-Alexander no me hables de esa manera, es hora de que cumplas con tu deber hacia nuestra familia, Debes comprometerte con Lady Charlotte y asegurar nuestra amistad con el reino de Francia-respondió mi padre con severidad.

-¿solo por eso me obligaras a casarme?-repliqué con amargura, sintiendo la tensión crecer entre nosotros.

-Te casarás y punto. Mañana vendrá Charlotte, y te exijó que te comportes como corresponde. puedes tan siquiera enorgullecer a nuestra familia?-expreso mi padre con una frustración ya evidente, antes de retirarse de la habitación con paso firme dejándome solo con mis pensamientos.

Con el corazón aún pesado por la conversación con mi padre, me dirigí hacia mi habitación. Una vez dentro de mi cuarto, dejé caer mi cuerpo sobre la cama, sintiendo el agotamiento físico y emocional pesar sobre mí. Aunque mi mente seguía inquieta, mis párpados finalmente cedieron al peso del sueño.