Corazón de Dóberman| JongSang

Sinopsis

Kang YeoSang es un Dóberman de corazón, atrapado en un cuerpo pequeño de patas cortas y que la mayoría describe como una “cosita bonita” por ser un cambiaformas Maltés. Si, Maltés. No, Dóberman. Choi JongHo en cambio, es un cambiaformas oso con corazón de…oso. A YeoSang le aterran los osos. ¿Podrá JongHo enamorar su corazón de Dóberman y ayudarlo a superar su terror? ATEEZ| JongSang SafeCreative 2408209174108

Genero:
Humor/Romance
Autor/a:
RebelKissa
Estado:
Completado
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1


Veloz, fuerte y…

¡Oh, mira que cosita más adorable!

Frenando en seco, Kang YeoSang miró aturdido a la chica que había gritado aquello. Indignado vio que estaba a unos metros de distancia y lo apuntaba sin pudor para que su amiga lo viera.

Entre ofendido y avergonzado, YeoSang tuvo la muy tentadora idea de morderle los tobillos.

¡Él no era una cosita adorable!

Era aterrador y feroz. Era…

- ¿Qué raza es? ¿Un caniche?

- No, los caniches son esponjosos. Es un Maltés

YeoSang gruñó.

Si era un orgulloso cambiaformas, atrapado en el miserable cuerpo de un Maltés. Una cosa peluda de patas cortas, pelaje blanco sedoso y ojos oscuros. La gente usualmente se confundía con su apariencia y pensaban que era una cosita preciosa que podían agregar a su colección de peluches, cuando la verdad era todo lo contrario. En el fondo - muy en el fondo- YeoSang era un Dóberman. Un perro grande, ágil y estilizado, con mandíbulas fuertes que infundían respeto.

Y eso mismo les iba a demostrar.

Cuadrándose, miró amenazante a ese dúo de féminas humanas y les gruñó. Luego, ladró. Un ladrido poderoso, desde su humilde opinión.

En cambio, ellas lo encontraron gracioso y adorable. Hicieron ese típico “Aww” antes de reírse.

¡Se rieron!

Que humillación.

Pero ya verán. Pronto dejaría esa forma tan denigrante, su forma humana seguramente siendo mucho más intimidante.

Si, hablaba en futuro, porque aún no sucedía. Como todo cambiaformas cachorro, mantenía su forma animal hasta los doce años, antes de eso no podía adoptar su forma humana. En parte se debía al crecimiento de su animal, a los doce ya casi finalizando. En parte también, a que esa edad iniciaba la pubertad humana, las hormonas propias de esa fase activando la otra mitad de sus genes, permitiendo cambiar de forma a voluntad.

A YeoSang todavía le faltaban dos años para ese suceso, así que solo le queda esperar. Esperar para adoptar su forma humana y dejar las burlas atrás; porque de algo estaba seguro es que como humano infundiría respeto.

Irguiendo su cabeza con todo el orgullo que su pequeño cuerpo de cachorro podía contener, YeoSang avanzó un paso a la vez en dirección al bosque que estaba cerca del pueblo. Hoy se encontraría con sus amigos ahí, para explorarlo.

Supuestamente era una Súper Aventura, pero YeoSang estaba seguro que lo único que ganaría era barro y un pase directo a un baño de tina.

De todas formas, estaba emocionado.

Corriendo nuevamente con la energía de todo cachorro de diez años, YeoSang avanzó a la zona que habían acordado en el bosque, su nariz percibiendo el aroma de sus amigos a la distancia.

YunHo y WooYoung ya estaban ahí.

- ¡YeoSang!

Tan pronto escuchó su nombre ser pronunciado fue brutalmente saludado por sus amigos, especialmente por YunHo.

YunHo era un cachorro Golden Retriever. Igual que él, tenía diez años, pero…no es lo mismo un cachorro Maltés que un cachorro de perro grande. Aun siendo cachorro, YunHo prácticamente había alcanzado el porte de un adulto; la única diferencia es que era bastante torpe.

Y…que seguía actuando como un cachorro, solo que con treinta kilos más que el Maltés.

- ¡YunHo! ¡Me aplastas! – se quejó YeoSang intentado sacar su cabeza entremedio de todo el frondoso pelaje de su amigo.

Apartándose, YunHo le dio una juguetona lamida dejando su pelaje en punta, igual que un cuerno; YeoSang pareciendo un unicornio.

Al verlo, WooYoung cayó rodando al piso de la risa. WooYoung era un Corgi, de pelaje rojizo y blanco en el pecho, ahora todo manchado de tierra.

YeoSang lo miró con mala cara y simplemente agitó su cabeza para desarmar el lío que YunHo provocó en su liso y bonito pelaje.

- Oh…¿por qué lo desarmas? Te veías muy bien – indicó WooYoung aún risueño.

- Jaja…muy gracioso. ¿Por qué no le pides a YunHo que te peine igual?

- Tengo el pelo muy corto, no sirvo para eso

- Seguro YunHo encuentra el modo – continuó YeoSang estrechando la mirada. WooYoung lo miró de igual modo y parecía que iban a comenzar a pelear, cuando YunHo se interpuso con su gran cuerpo y su cola loca.

- No peleen. Puedo lamerlos a ambos si eso quieren- bromeó lanzando lametazos a ambos, YeoSang y WooYoung quejándose, intentado escapar de su ataque.

- ¡Hey! No sabía que era la hora de acicalarse- escucharon maullar una voz desde lo alto.

De inmediato, los tres amigos pararon sus juegos y alzaron sus cabezas al unísono. Sus ojos se posaron en el pequeño gato negro que los miraba risueño desde la rama de un árbol.

- ¿Qué haces aquí? - gruñó WooYoung.

-YunHo me invitó

- ¿Invitaste al pulgoso ese? – se quejó WooYoung mirando a su amigo dorado, quien simplemente lo ignoró y en cambio se acercó hacia el árbol en el que estaba el felino.

- ¡San, viniste! – celebró agitando su cola y WooYoung rodó los ojos.

Típico de un Golden Retriever. Siempre moviendo la cola a todo el mundo.

Maullando a gusto, San asintió.

WooYoung lo miró con mala cara. No le gustaban los gatos. Punto.

- ¿No dirás nada? – increpó ahora a YeoSang en busca de apoyo, pero este simplemente se encogió de hombros- Traidor. Los dos son unos traidores. ¡No ven que es un gato!

- ¿Acaso tienes miedo de los gatos, perrito? – bromeó San desde lo alto, ya acostumbrado a sus desplantes. Sus palabras alteraron a WooYoung, quien ladró molesto.

- ¿Lo ven? ¿Ven por qué no hay que reunirse con él?

- WooYoung, ya deja de ser tan molesto – se quejó YeoSang y el otro lo miró ofendido.

- Bien, si soy molesto, me voy a explorar el bosque solo. Adiós

- WooYoung, no…

Pero antes que YunHo pudiera terminar la frase, WooYoung se zambulló entre unos matorrales y comenzó a correr a toda velocidad; sus amigos debiendo admitir que, para ser un perro paticorto, corría bastante rápido. No por nada los Corgi son una raza de pastoreo, su amigo dejándolo en claro con su huida.

- Lo siento, no quería que terminara así – se disculpó San, apenado.

YunHo negó con la cabeza.

- No te culpes. WooYoung es un cabezota

- Los ayudaré a buscarlo – ofreció, comenzando a bajar el tronco del árbol con sus garritas.

Intentando ayudarlo, YunHo apoyó sus patas delanteras en el tronco, San saltando y aterrizando sobre su cabeza para descender del todo. Con San muy acomodado en su cabeza, YunHo volvió apoyar sus patas en la tierra, desde ahí el felino brincando al suelo.

- Por esta dirección – señaló YeoSang, guiando a ese diverso grupo de búsqueda conformado por un Golden Retriever, un Maltés y un gato negro de raza desconocida.

Era bastante gracioso de ver a lo lejos, YeoSang siendo una bola de pelos, blanca y tierna, que olfateaba con esmero la tierra, seguido por un perro que era tres veces su tamaño y un gatito que mecía la cola alegremente.

Deteniéndose frente a un claro, YeoSang miró hacia los lados, confundido.

- Perdí su rastro – pronunció ofuscado, comenzando a recorrer el terreno.

Escuchándolo, los otros dos empezaron a ayudarlo. Sus colas se mecían mientras los tres cachorros daban vueltas por el pequeño claro hasta que sus cabezas se reunieron en el mismo sitio. Alzando sus cabezas al unísono, se miraron las caras.

- Es muy extraño, ¿Por qué su último rastro es aquí? – dijo San confundido.

- No lo sé - admitió YunHo antes de rascar un costado que le generaba comezón.

El Maltés bajó nuevamente la mirada, concentrado, como si ese montón de tierra con algunas piedritas y mechones de pasto, fuera a darle respuesta a todas sus incógnitas.

- Separémonos – dijo finalmente, alzando su esponjosa cabecita. – Yo iré por ese lado, San tu por ese y YunHo tu irás por allá. – señaló con la cabeza cada punto.

Los otros dos se miraron y luego volvieron la vista a esa cosita blanca toda decidida. YeoSang podía ser pequeño y un niño, pero era bien listillo y valiente como Dóberman cuando se lo proponía y la situación lo merecía.

- Bien – ladró YunHo en aceptación.

- Pero…¿si nos sucede algo? – consultó San aprensivo.

- Ladra – contestó simple YeoSang, hasta que vio la mirada que le dedicó San – Amm…¿maúlla?

San meció su cabeza sin estar convencido.

- Si quieres, puedes ir conmigo – ofreció YunHo al notar su indecisión.

- Puedo ir solo – aseguró orgulloso – Pero, no creo que logren escuchar mi maullido…

- Bien, ve con YunHo – decidió YeoSang, un poquitín impaciente. – Si encuentran a WooYoung…

- Ladro – finalizó YunHo con su cola batiente y todo sonriente, YeoSang asintiendo.

Fue así que el Maltés se dio media vuelta y con todo el valor que su pequeño cuerpo podía contener, atravesó unos matorrales con el estilo que su raza tenía, YunHo y San viéndolo partir desde atrás.

- Vamos – soltó YunHo tomando la dirección contraria a YeoSang, San siguiéndolo.



YeoSang avanzó por el bosque, intentando percibir algo con su olfato. También mantenía su audición alerta. Si por algo eran conocidos los Corgi, era por ser muy vocales y WooYoung de por sí era la definición de ruidoso. Estaba seguro que su amigo no mantendría su hocico cerrado por mucho tiempo, especialmente considerando lo enojado que estaba. En algún momento iba abrir su bocota, estallando toda su frustración y…

Un ladrido a lo lejos detuvo su caminata.

Parado en sus cuatro patas y con su audición a mil, YeoSang lo volvió a escuchar, reconociendo el ladrido.

¡Lo sabía! ¡Era imposible para WooYoung mantenerse callado mucho tiempo!

Entusiasmado, YeoSang corrió en la dirección que escuchó los ladridos, aguantándose de liberar los suyos. No quería alertar a WooYoung con su presencia y este decidiera escapar. Ya había sucedido antes y no quería repetir la experiencia.

Tan entusiasmado estaba, que apenas logró esquivar árboles y arbustos, su pelaje siendo tironeado entremedio, quedando con ramitas y hojas sobre él, YeoSang sin siquiera importarle. Escuchaba los ladridos cerca, el Maltés atravesando un arbusto de un brinco. Solo que no esperó encontrarse al otro lado con un tronco, su cabeza golpeando con este.

Lanzando un chillido de dolor, YeoSang cayó hacia atrás con las patas y la panza hacia arriba, su cabeza pulsando. Lágrimas de dolor se agolparon en sus ojos y apenas fue consciente de su alrededor. Su mirada estaba algo borrosa, pero logró apreciar que el tronco donde se pegó, se movía…

Esperen, ¿acaso está alucinando?

Porque los troncos no se mueven, ¿cierto?

¿Cierto?

Recomponiéndose, puso de nuevo sus cuatro patitas en el suelo. Sus ojitos negros aún lagrimeaban, pero vio al supuesto tronco movedizo detenerse frente a él. Alzando la mirada, confundido, YeoSang observó el momento exacto en que un rostro se agachó a su altura. Y a menos que los árboles tuvieran rostro – lo cual dudaba- lo que estaba viendo era decididamente un animal. Parpadeó un poco, hasta que sus ojos lo enfocaron y su mente pareció reconocerlo.

Un oso. Estaba frente a un temible y peligroso oso.

Tembló entero. Algo húmedo mojó sus patitas traseras, pero no supo reconocer qué era mientras temblaba igual que gelatina, sin capacidad de huir.

- ¡YeoSang! ¡YeoSang, corre! – escuchó a WooYoung gritar, pero no pudo.

Estaba demasiado asustado.

Mucho más cuando vio al oso abrir sus grandes fauces al frente de su nariz, sus afilados dientes siendo el preámbulo de lo siguiente. Escuchó los ladridos de WooYoung, lo último que escucharía antes de ser devorado en un solo bocado por el oso, porque era demasiado pequeño para necesitar dos.

YeoSang cerró los ojos con fuerza, cuando algo impactó contra él, moviéndolo de su sitio. El golpe lo atontó. Confundido, abrió los ojos para ver a su amigo Corgi sobre él.

- ¡No te quedes ahí quieto, corre! ¡corre! – chilló empujándolo con la nariz para que moviera sus patitas.

Pero YeoSang se sentía débil. Sus patitas tropezaron de tal forma, que al final WooYoung lo tomó con su hocico y empezó a correr con él a cuestas lo mejor que podía.

Igual que muñeco de trapo, YeoSang se dejó cargar, sus pequeños ojos viendo la silueta del oso alejarse y difuminarse entremedio del follaje.

- ¡WooYoung! ¡YeoSang!

Brincando desde unos matorrales apareció YunHo con San en la cabeza. Al verlo, WooYoung se detuvo de inmediato y dejó a YeoSang en el suelo.

- YunHo, carga a YeoSang, ¡rápido!

Sin esperar más explicación, el Golden Retriever obedeció, y aunque ya llevaba consigo a un felino, no tuvo problema en también cargar a YeoSang y salir de ahí siguiendo al pequeño Corgi. Como será la prisa de WooYoung que ni siquiera se quejó por su enemigo felino.

No fue hasta que corrieron una distancia considerable que decidieron parar.

- ¿Qué sucedió? – cuestionó San, bajándose de YunHo.

- Un oso. Había un oso y casi se come a Yeo – explicó WooYoung sin aire, su largo cuerpo yacía contra el pasto, sus patitas cortas sin dar más. – El pobre se meó del susto

- Yo no…- empezó YeoSang a defenderse mientras YunHo lo dejaba en el piso, hasta que lo notó. Todavía su pelaje estaba húmedo y el distintivo aroma golpeó sus fosas nasales. Miró hacía YunHo que agachó la cabeza apenado y San que lo miró con ojos redondos.

YeoSang se sintió terriblemente abochornado y antes de que algo más coherente saliera de su hocico, sus ojos se llenaron de lágrimas. Mezcla de vergüenza y el miedo vivido, se apoderaron de su felpudo cuerpo y lo siguiente que supo es que estaba llorando a todo pulmón, asustando a sus amigos por su exabrupto.

- Yeo no llores, yo también tuve accidentes cuando cachorro – intentó animarlo YunHo, preocupado.

- Todavía eres un cachorro – bufó WooYoung a su lado.

- Si quieres te acicalo – ofreció por su parte San.

WooYoung puso cara de asco al escucharlo.

- ¡Ugh! Nadie quiere eso de un gato

- Podríamos jugar en el riachuelo que está más allá – ofreció en cambio YunHo y viendo que YeoSang, aun lloroso, asentía con su cabecita, lo tomó con su hocico y lo cargó al susodicho riachuelo seguido por San y las amenazantes miradas de WooYoung.

YeoSang no sintió su vergüenza menguar, pero al menos obtuvo un baño que hizo el aroma a amoniaco irse, como también unos lengüetazos extras de YunHo que lo mantuvo entre sus patas para acicalarlo, igual que cachorro recién nacido. WooYoung por su parte se dedicó a incordiar y molestar al pobre de San con el agua, hasta que logró mojar al felino, este erizándose completo por las travesuras del Corgi.

Esa tarde de juegos quedó grabada a fuego en la memoria del joven Maltés.

Al igual que el temible oso.