THE BILLIONAIRE'S ASSISTANT

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Sinopsis

"¿Qué tal si te inclino y te recuerdo lo bien que solía sentirme dentro de ti?" "Sí" "Buena chica," ****** Después de perderla por su descuido y orgullo, Luca Vincenzo está decidido a recuperar a Katherine Westbrook, una mujer que llegó a su vida y lo cambió todo; pero hay obstáculos en forma de un novio molesto y el enojo de ella. Pero a él no le importa, hará lo que sea para tenerla de vuelta, la pregunta es: ¿Podrá reavivarse de nuevo ese fuego entre ellos? ¿Sería Luca capaz de recuperarla? Descúbrelo.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Helen
Estado:
Completado
Capítulos:
111
Rating
4.8 99 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1- La Graduación



—Eddy levántate, ya es hora de despertar —le dije a Eddy. Él me tenía rodeada con sus brazos con fuerza y se negaba a salir de la cama.


—Solo un ratito más y me levanto, estás tan suavecita —gruñó él. Hundió la cabeza en mi pecho como si fuera un bebé.


—Siempre dices lo mismo. Hoy es tu graduación y tienes que levantarte —le dije mientras intentaba soltarme. Pero él solo me apretó más fuerte contra sí.


—Eddy.


—Está bien, está bien, ya voy —se sentó y me dio un beso en la cabeza antes de ir al baño. Al llegar a la puerta, se detuvo y me miró.


—Por cierto, estás hermosa.


—No vas a lograr que me meta a la ducha contigo. Así que, por tu propio bien, métete al baño y sal en diez minutos.


—Sí, mami —dijo antes de desaparecer en el baño.


Hoy era su graduación y aun así tuve que despertarlo. Teníamos como una hora antes de que empezara la ceremonia y yo sabía que él tarda mucho en arreglarse. Seguro van a decir algo como:

"Pensé que las mujeres eran las que tardaban más". Bueno, eso no pasa cuando el hombre se cambia de ropa mil veces solo para ver cómo reacciona su mujer.


Eddy era de ese tipo de hombres. Le encantaba que yo le dijera que se veía bien. Siempre quiere ser el centro de atención, pero no lo cambiaría por nada.


—¿Segura que no quieres bañarte conmigo? Mira que estoy bien hot —gritó Eddy desde el baño, pero yo no le hice caso.


Nueve minutos después, salió del baño.


—Sabes que las toallas existen por algo. No tienes que andar por ahí con tu juguetito colgando frente a mí.


—A ti te gusta, sobre todo cuando lo tienes adentro —dijo picándome un ojo antes de meterse al vestidor.


Negué con la cabeza por su actitud y me fui a duchar. No quise bañarme con él porque sabía lo que pasaría. Con Eddy no existen las duchas inocentes; habríamos llegado una hora tarde a su graduación.


Después de bañarme, me sequé la piel y me amarré la toalla. Salí del baño.


—¿Qué te parece esto? —me preguntó. Ya lo sabía.


—Pensé que ya habíamos decidido ayer qué te ibas a poner. ¿Por qué me sigues preguntando? —le dije mientras iba al tocador. Me quité la toalla y agarré mi crema para ponérmela en el cuerpo.


—¿Quieres que te ayude con eso? —preguntó Eddy. Mis ojos se encontraron con sus ojos verdes en el espejo. La intensidad de su mirada me dijo que era imposible no llegar tarde a la ceremonia.


—Eddy, quédate donde estás —le advertí. Él no me hizo caso y caminó hacia mí muy despacio.


—Sabes que no puedo resistirme. Cada día estás más hermosa y ¿no quieres que te toque?


—Eddy, vas a llegar tarde —susurré mientras intentaba apartarlo sin mucha fuerza.


—¿Crees que me importa? Solo voy a esa graduación para tomarme fotos contigo y enmarcarlas. Si no, preferiría pasar el tiempo adorando tu cuerpo —dijo mientras se acercaba a mi cuello y subía su nariz hasta mi oreja.


—Hueles tan rico, eres una tentación —susurró. Su mano empezó a bajar. Justo cuando llegó a esa zona que ya lo estaba esperando, su teléfono empezó a sonar.


El sonido del celular fue como un balde de agua fría. Me recordó que teníamos un compromiso.


—Esto no se queda así —dijo él. Me dio un pico en los labios y fue a buscar su teléfono.


Solté el aire que no sabía que estaba aguantando. Me llevé rápido mis cosas al vestidor para que no volviera a molestarme.


Ya estábamos los dos listos para salir. Yo me puse un vestido negro corto, tacones negros y una cartera rosa. Eddy, después de tanto rogarle, se puso pantalones negros y una camisa azul cielo. Decidió no usar el saco del traje.


—Vaya, qué caballero —bromeé cuando me abrió la puerta del carro. Me subí, él rodeó el coche hacia el asiento del conductor, lo encendió y nos fuimos.


Íbamos de camino a la universidad cuando noté que el celular de Eddy no paraba de sonar. Él se negaba a contestar.


—¿Y si es algo importante? —le pregunté. Él me miró un segundo y volvió a fijar la vista en el camino.


—¿Qué cosa? —preguntó.


—La persona que te está llamando tanto. ¿Qué tal si es importante y no contestas? —dije.


—No es nada importante —dijo con una sonrisa.


—Está bien.


La persona no dejaba de llamar. Eddy seguía sin contestar; agarró el teléfono y lo puso en silencio. Me dieron ganas de ver quién era, pero me aguanté.


Al llegar a la escuela, caminamos de la mano hacia el salón donde sería la ceremonia.


Pronto empezó la graduación. Iban llamando a los alumnos uno por uno para darles sus diplomas. A Eddy todavía no lo llamaban, pero él se veía tan tranquilo como siempre.


—Y ahora, para el mejor estudiante de la clase de este año, damas y caballeros, presentamos al Sr. Edward Arnold —¡¿Qué?! Miré a Eddy con la boca abierta. Salté a sus brazos y lo abracé fuerte.


—Estoy tan orgullosa de ti —le dije sonriendo.


—Eso significa que esta noche recibiré un buen premio por hacerte sentir orgullosa —me susurró al oído. Él siempre encontraba el momento para ser un atrevido.


Lo miré con mucho orgullo mientras subía al escenario a recoger el diploma por el que tanto se esforzó.


Yo estaba gritando y aplaudiendo cuando noté que su teléfono empezó a sonar otra vez. Miré la pantalla y era un número desconocido.


¿Debería contestar? No, mejor no. Ignoré la llamada y volví a prestar atención a la ceremonia. Eddy estaba dando un discurso muy gracioso. Luego volvió a su asiento, me puso su birrete y me entregó su diploma.


—Estoy orgullosa de ti.


—Gracias, mi amor. Ahora es momento de las fotos.


Nos levantamos de los asientos para ir a tomarnos fotos. Estábamos en eso cuando su teléfono volvió a sonar.


—Perdón, voy a contestar esto rápido —dijo antes de alejarse.


Lo estaba esperando cuando de repente oí una voz conocida que decía mi nombre. Me di la vuelta.