Invernadero San Roque

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Sinopsis

“Cuando lo desconocido se hace conocido, uno no sabe las consecuencias que traerá su descubrimiento"

Genero:
Scifi/Action
Autor/a:
Shaoran Xian
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prefacio

Mata atlántica, al este de Paraguay.



El zumbido de un mosquito fue amortiguado por una gran y gruesa mano, el propietario miró el imponente bosque alzándose sobre él y atisbó las perlas brillantes de las aguas del arroyo a unos metros frente suyo, siguió su camino siendo seguido por tres personas. Otras cinco estaban al frente tomando varias tomas de los árboles y de las aves exóticas que sobrevolaban las copas, el bosque en sí no se encontraba en silencio; sino era el crujir de las ramas al pisarse cubriendo el aire, eran el aullido de los monos que danzaban sobre sus cabezas y las variadas carcajadas de las personas que conformaban la expedición.



Desvió otra rama del camino y se paró al lado del extenso arroyo, a unos pocos pasos una leve cascada burbujeaba resplandeciente, las caudalosas aguas lograban salpicar sus botas al par que mancillaba el aire caluroso con las frescas gotas que conseguían desprenderse de su torrente y danzar con el viento. Llenaron las cantimploras mientras conversaban entre sí, una de las mujeres con el nombre de Lynda tallaba a diestra y siniestra en su libreto la figura de un anfibio que se encontraba reposando en una de las brechas que causaba las puntiagudas rocas, el agua salpicaba pero la brecha era lo suficientemente grande como para que el animal no sea arrastrado por el agua.



—Es una Brachycephalus pernix, es una especie de anfibio muy poco conocido, tenemos suerte de haberlo hallado; estamos lejos de su ubicación geográfica normal —comentó, mirando embelesada los vibrantes colores del anfibio resaltar ante el etéreo panorama de las aguas. El animal no tardó en darse cuenta de que ya no estaba solo, así que se perdió en las aguas—. Al menos ya he conseguido lo que quería.



La mujer se levantó y miró el ropaje embarrado que llevaba, el anfibio estaba un poco lejos de su visión artística, por lo que tuvo que meterse levemente en el agua para conseguir un buen ángulo, pero olvidó que la arena en su ropaje podía volverse tediosa una vez que estas tocaran el agua. Trató de mantener la libreta lejos de ella para evitar que se ensucie mientras caminaba hacia su mochila que había dejado recostado por un árbol, al dejarla observó más del lugar en donde se encontraba y al hombre que se paraba a pasos de ella.



—Ya hemos cubierto una hectárea, tenemos varias tomas y anotaciones, también encontramos varias especies que se creían extintas. Ha sido una expedición favorable y exitosa —declaró satisfecho, colocó sus manos tras su espalda y observó el cielo abierto.



—Así es, ahora solo queda encontrar al segundo grupo para recopilar todos los datos —asintió al ritmo de sus palabras, se levantó de su posición agazapada contra su mochila y posó sus manos en la cadera—. Lo que me inquieta es la trampilla que vimos a varios kilómetros, amenaza a los pocos mamíferos que habitan en esta zona.



—Ya colocamos las cámaras, tarde o temprano tendrán que aparecer y cuando eso pase, buscaremos sus rostros en la base de datos y lo detendremos —aseveró con la vista perdida en los cielos.



Media hora después se encontraban cerca de un tumulto de rocas cuya estructura daba forma a una cueva, allí acamparían y partirían al campamento base una vez que el sol gobernara de nuevo en el cielo, el mini campamento fue algo improvisado y dentro de dicha cueva, debido a que el clima comenzó a cambiar dando paso a leves chubascos que pronto se convertirían en un aguacero fuerte. Tres se encargaban de la repartición de suministros, cuatro de extender las tiendas y dos de revisar la cueva que para sorpresa de ellos, era bastante extensa. La única mujer que era parte y gobernante de la expedición; se hallaba dando anotaciones en su libreto en cuando Josef, el segundo al mando, intentaba contactarse con el segundo grupo.



Pasaron varios minutos en donde la radio no emitía ninguna señal del otro grupo, ninguna interferencia siquiera, así que con un suspiro Josef se alejó del material para acercarse a la improvisada fogata.



—¿No hay comunicación? —preguntó una voz suave a sus espaldas, Lynda dejó su libreta y aminoró su entrecejo arrugado por la concentración, uno que ahora se reflejaba levemente preocupado—. Ha de ser el clima.



La preocupación no era algo que se embargara fácil, no después de largos años viviendo en la cotidianidad que representaban las expediciones y los constantes cambios que estos conllevaban, solo tocaba asentir y esperar alguna señal que si no llegaba en tres días, enviarían un grupo de búsqueda. Nunca ha pasado y Josef sabía que esta vez no sería la excepción.



—¿Señora Lynda? Hemos encontrado algo —el intercomunicador que muchos tenían colgado en la cinturilla del pantalón, cobró vida ante la tonada jubilosa de uno de los exploradores encargados de revisar el terreno.



—¿Qué has encontrado, Berrat? —preguntó la susodicha, su mirada concentrada en el piso mientras su ceño se arrugaba con atención.



—Es una especie de planta, pero no está en el formulario que nos has dado antes de venir aquí —comunicó él, se escuchaba el sonido lejano de las paginas revolotear.



Eso llamó su atención, y la del hombre que miraba fijamente el aparato. No había mata, flor o planta arbórea del cual ella sea inconsciente; tal vez una o dos se escapaban de su sagaz mente pero una simple descripción bastaría para identificarlo. Así que habló:



—Describela.



—Corteza parda y escamosa, ramas erectas, hojas bizcosas y alternas—comenzó a explicar—, flores redondas y muy pequeñas, de color amarillento a rojo oscuro—paró un segundo antes de volver a hablar—. Hay una flor más grande que el resto en la punta, mismos colores salvo que tiene trazos de pigmentación por su circunferencia.



Lynda quedó mirando la arena rocosa bajo sus pies, mientras que su mente se sumía en las miles de imágenes que danzaban en él en un intento de hallar a la característica planta descrita, sus ojos se entrecerraron como si así pudiese acelerar el proceso y en un vano intento de recordarlo, pidió que lo describiera de nuevo. Pero luego de varios intentos y hojeadas a su libro de botánica, no pudo hallar a la dichosa planta, que se intercalaba entre un arbusto y una flor exótica, lo que hacía la búsqueda un tanto complicada pues no había muchas ilustraciones de una metafita como esa.



—Traela, tal vez nos sea útil.