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-Mira mi dedo pronunció un médico,
pasando su mano por delante del rostro del
muchacho.
Quien siguió con su vista el movimiento de un lado hacia el otro.
Anotó unas cosas en su libreta y luego se
dirigió a su escritorio, buscando algo en los
cajones.
-Cómo te sientes el día de hoy 152?
-Es una pregunta bastante compleja de
responder doctor.
-¿Compleja? ¿Por qué?
-¿Cómo saber exactamente como me siento?
Realizo siempre las mismas actividades, mi
existencia se ha vuelto una monotonía, ¿Cuál es la razón de mi existir realmente? ¿Esto que creo sentir es real o no?
Se acercó a él y tomó su brazo izquierdo,
pasando por su antebrazo una especie
de bolígrafo, que emitió una luz violácea,
revelando un número, su número de
identificación, 152.
-Sentirse vacío, es un sentimiento.
-Quizás tenga razón, aunque yo no siento
nada doctor.
-Pronto tendrás nuevas experiencias.
Ladeó levemente la cabeza, mientras el
médico se acercaba con una jeringa.
-¿A qué se refiere?
-En una semana serás vendido.
-Comprendo. ¿Para qué es esa inyección?
-La mujer que te comprará, quiere un
muchacho de cabello oscuro, al igual que sus ojos.
-Eso servirá para cambiar mi color?
-Por ahora, en una semana tu cabello rubio
y ojos azules, serán negros. Tendrás que venir aquí cada cinco meses para colocarte otra dosis, a menos que ella cambie de opinión.
-¿Por qué una mujer compraría un
androide? —le inquirió mientras el médico le colocaba la inyección.
-No lo sé, yo solo recibo órdenes, como tú.
Ve a la balanza.
El joven asintió e hizo lo que le ordenaron.
―setenta y un kilo —murmuró escribiendo
―, bájate.
Observó cuanto media y lo anotó.
-¿Qué ocurre? —preguntó curioso.
Al ver la mueca no muy convencida del
médico.
-Que ella esperaba a alguien un poco más
bajo de estatura, pero unos centímetros de
más, dudo que le moleste realmente
Por otro lado...
—¡¿En serio?! ¡Eso es increíble! -exclamó
una mujer castaña, sorprendida—, no sabía
que ya estaban a la venta.
Sonrió de lado y le dio un sorbo a su cerveza
―Claro que sí, y mira que no son para nada
baratos, pero sí, ya conseguí el mío, en una
semana, lo tendré en casa.
-¡Esto es tan emocionante! -chilló riendo—.
Cuéntame, ¿Cómo lo pediste?
―Pues, un joven de cabello negro, ojos
oscuros, más de un metro setenta, cuerpo
atlético.
-¿Joven?
—Sí, viví los últimos siete años con un viejo
enfermo. Quiero disfrutar mi vida lisa, y
que mejor que un nuevo comienzo con un chico caliente.
-¡Hasta me emociona a mi!
—¿Y qué esperas entonces? Compra uno —le dijo con simpleza.
-No es tan fácil -suspiró-, yo aun estoy
casada.
-Tonterias -Exclamó haciendo un ademán
con su mano—. Además tu matrimonio lleva
muerto desde que se casaron, es simple,
proponle a Darren un trato, tú te compras un muchacho, y él una chica, simple.
-Quizás acepte, por cierto le dijo curiosa
observando las paredes, veo que quitaste
las fotografías de Jeon.
-Ah, sí, tiré todo.
Abrió los ojos, sorprendida.
—¿Por qué hiciste eso?
—No quería tener recuerdos de ese tipo en mi casa —pronunció con asco.
―Bueno, ese tipo te dio dos hijos y te dejó una gran herencia.
-Las únicas dos cosas buenas que hizo en
toda su vida.
-¿Saben Jungkook y jimin de este chico?
—Nop, y quiero que esto permanezca así, al
menos hasta que pasa un tiempo, su padre ha muerto hace un mes y sería muy pronto para una noticia así.
-Una semana después-
Quedó más que maravillada al ver a ese
joven y apuesto muchacho de cabello negro
y ojos del mismo color, alto y fornido, quizás
algunos centímetros más alto de lo que
hubiese querido, pero así no estaba nada mal.
Se mordió el labio inferior, deseosa por ya
probarlo.
-Taehyung.
El moreno se giró y al observar a aquella
mujer, su rostro permaneció igual de serio.
No se veía mal, era una mujer que aun siendo madura, se veía muy atractiva, pero... No le causaba ningún tipo de emoción.
―Señora Jeon, es un placer finalmente
conocerla.
―Nada de señora, y mucho menos llamarme por el apellido de mi ex esposo muerto, dime simplemente Jenny.
¿Jenny? ¿En serio? Si, finalmente descubría
que le hacía sentir esa mujer, incomodidad.
—Ven amor, ya quiero que conozcas nuestra
casa.
Sonrió levemente, y vaya que le había
costado hacerlo cuando ella lo tomó de la
mano, dirigiéndose ambos hacia el exterior
del edificio.
Observó la ropa sobre su cama y luego
suspiró, sentándose al apoyarse el celular
contra su oreja.
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"—Hola Cookie ¿Cómo estás?"
Sonrió con nostalgia al escuchar su voz, y
aquel apodo.
-Hola mochi -bromeó-, un poco...mejor,
no lo sé, aun es tan difícil.
"—Lo sé cariño, es algo que quizás no
superemos, pero debemos salir adelante, por papá, él lo hubiese querido así."
―Es que ―su voz se quebró en ese momento ―, lo extraño tanto jimin , no te imaginas, desolo pensar que no lo veré más... Me duele
pronunció comenzando a sollozar.
"-Ya, tranquilo kook, sé que duele, a mi
también me ocurre lo mismo, pero debemos
ser fuertes, mamá nos necesita también."
—Sí, lo sé, planeo viajar el próximo mes,
antes no puedo.
"—Yo no sé... Quizás también vaya el mes
próximo si tú vas."
—Sí, será bueno que los tres estemos juntos.
—¿Hablaste con ella ya?"
—Ésta mañana, dijo que estaba en la casa de
la tía lisa, y lo entiendo, para ella no debe
ser fácil estar en casa... Con los recuerdos de
papá.
"—Lo imagino, la llamaré luego de hablar
contigo, cuéntame de ti ahora, hace mucho que no nos veíamos..."
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Se observó en el gran espejo del baño,
sintiéndose ridículo con esos calzoncillos,
¿por qué no unos bóxer? Eran muchos
más cómodos que aquella prenda que
prácticamente le apretaba todo.
-Taehyung.
Escuchó la voz melosa de ella llamándolo y
dio una profunda respiración antes de salir
del baño.
―Ven cariño, quiero un masaje.
Se acercó hasta ella, que estaba acostada
boca abajo, cubierta solo con una toalla sobre su trasero.
—Es la primera vez que haré esto.
―Sé que lo harás bien.
Tomó una loción que estaba en una pequeña mesa y vertió un poco sobre la piel desnuda
de su espalda, causando un leve escalofrío
sobre ella.
Pasó lentamente sus manos, su piel era suave.
Pudo escucharla producir un bajo jadeo,
y continuó moviéndolas hacia arriba,
acariciando sus hombros, su cuello.
-Más abajo tae-le pidió con los ojos
cerrados, disfrutando de sus masajes, que
eran simplemente caricias.
Descendió levemente sus manos por sus
omóplatos, delineando suavemente la linea
media de su espalda.
Debía recordar su única función, cumplir
los deseos de su dueña.
Y sabía que aquellos no eran más que
sexuales...
Ejerció más presión sobre su piel al ir
bajando con ambas manos, delineado sus
caderas.
- taehyung -jadeó ronco.
-Solo pídame lo que quiera, y yo lo haré.