Smoke & fly

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Sinopsis

¿Qué pasa si de un momento a otro dejas de diferenciar entre la realidad y un simple sueño? ¿Qué pasa si el dolor es tan fuerte que te sumerges en un daño psicológico y físico a tal punto de distorsionarte por la sensación de culpa?

Genero:
Thriller/Drama
Autor/a:
spicygirly
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1



SMOKE & FLY



Nuestros cuerpos reposaban en el húmedo puente, la brisa corría con fuerza tasajeando nuestros rostros, sentí mis pestañas revolverse sintiendo cosquilleos. Mi mano todo sus helados dedos y giré mi rostro para detallarla, su cabello negro intenso estaba alborotado haciendo que unos mechones cubrieran su perfil, lo único que alcanzaba a visualizar eran sus labios secos pero de un tono rojizo por la quemadura del clima frío. Tenía ese problema


Su cuerpo se incorporó con suavidad y lentitud, tuve que repetir la acción gracias a que los audífonos estaban puestos para cada uno, idfc sonaba en ese momento. Subió sus piernas doblándolas seguido de eso, el sonido retumbante de la canción hacia juego con sus movimientos, eran tan sencillos pero tan sorprendentes, encajaba con absolutamente todo.


Mis ojos fueron hacia abajo, el gran río que estaba bajo nosotros corría a toda fuerza, la corriente chocaba con las rocas y césped que se entrometía en el fondo, el ambiente era tan lúgubre pero calmado, húmedo, frío y solitario. Tal como a ella le gustaba.


Las gotas de lluvia resbalaban por su frente, algunos mechones se juntaban creando más peso, elevé mi mano y le ayude a despejarse, ella sonrió por ello, sus hoyuelos aparecieron levantando la cabeza como si hubiera terminado de pensar algo. Su brazo derecho se dobló hacia atrás, metió su mano en el bolsillo de sus tajenos y comenzó a hurgar con una leve desesperación, sabía de qué se trataba.


— ¿Otro más? — Espeté y ella se limitó a reír.


Comenzó a abrir su cajetilla de cigarros, sacó uno y lo prendió. Comenzó a fumar, es como si fueran sus dos mejores amigos, aspiró profundo y se mantuvo así por unos segundos para luego soltarlo lento, el humo salió y se esparció por todo el aire. Seguí este y cuando se perdió me di cuenta de la vista, di dos palmadas en su pierna y le señalé. Un camino con barro y pequeños estantes junto a la manada de árboles verdosos que se encontraban, sentí su sonrisa y vi de reojo cómo apoyaba su barbilla en sus rodillas.


— Es hermoso, ¿no? — Soltó ella.


— Claro que sí. —


Sus susurros se hicieron presentes, tarareaba la canción viendo todo como si fuera la maravilla del mundo. Su voz subía de tono más y más, tan melifluo que mi pecho se encogía de tan solo oírla. Reí bajo llamando su atención.


— Je Te Laisserai des mots


Asintió, aquella canción sonaba bastante bien mientras el ruido de la lluvia la acompañaba, con mis dos brazos apoyé todo mi cuerpo y me elevé tratando de acercarme a ella, me relaje de nuevo y quise buscar su mirada.


— ¿Que opinas? — pregunté suave y ella carraspeó su garganta lista para hablar.


— El ambiente es demasiado hermoso y ya te lo había comentado, es agradable platicar así ¿no es así? Siento como si estuviéramos en un apocalipsis y solo quedara esta belleza, un lugar seguro. Nuestro lugar seguro. El olor a tierra húmeda crea nostalgia en este sitio, es tan solo y con poco tacto que a veces camino sola y bailo con los árboles, los acaricio, siento que entro en elevación cuando las plantas y yo danzamos. Cuando yo me muevo ellas hacen lo mismo con ayuda de mi amigo el viento. Todo es tan verde, el bosque es un juego de mesa, lanzas dados y vas a donde toque, o simplemente te dejas llevar por la melodía y derramas un par de lagrimas para que viajen por las flores y ellas te digan el secreto.


— ¿Secreto?


— Si, ¿sabias que las lágrimas hablan? Al igual que las flores, si lloro sobre ellas van a platicar, es lindo cuando sabes que ellas pueden contarte toda la historia, tienen su idioma, cada palabra llega hasta sus pétalos y depende de la emoción que carga el líquido si siguen hermosas o no.


— Alice. — Llamé asombrado, siempre tenía que decir algo elocuente


— Es demasiado petricor. — El humo salía de sus labios al decir cada palabra.


— Salir de casa y correr a toda costa para atravesar este mundo sentir que vives otra vez, que vives diferente y algo extraño, algo muy etéreo. Te pierdes de todo y quedan tus balbuceos como un recorrido mezclándose por los tallos de los árboles susurrando poesía a las hadas y duendes, también son chismosos, eso es bueno.


— Basta. Alice, basta. — Poco a poco me di cuenta de que mis lágrimas caían por mis tajenos, revolviéndose con el agua que caía por el cielo y acompañaba mis lamentos esta vez, crucé mi mirada con ella y con su mano se dirigió hacia mi rostro.


Mi mandíbula era acariciada por ella, ladeé mi cabeza para hacerle las cosas más sencillas, sus ojos con tristeza y suspiros danzaban con los míos, tan cerca pero tan lejos. Cerré mis ojos con miedo y con mi mano derecha tome su muñeca para evitar que quisiera alejarse de mi piel, quería sentirla.


— Oh, Jaison. Por favor no.


— No, tú escúchame, por favor, llévate mi cuerpo si así lo deseas pero tienes que hacer algo al respecto, estás torturándome. — Hablé entre hipidos tratando de calmarme, era en vano.


— No puedes ir conmigo, no puedes ser egoísta contigo, quédate allá y vive por mi, sabes como encontrarme pero no es sano, Cariño. Para nada lo es.


Mis sollozos se tornaron más fuertes, Aprete mi rostro a la palma de su mano y me aferré a ella. Me aferré.


— No, no, no, no, no. — Sentí su cuerpo alivianarse. — ¡NO! ¡NO, POR FAVOR! — Grité en seco rodeando su pálida cintura con mis débiles brazos.


— Cielo.


— No vayas a dejarme. — Sentí un nuevo ataque de ansiedad.


— Ve a casa, llévame en tus recuerdos pero no abuses de eso, estaré siempre aquí. Siempre estaré levitando el amor que tanto mantengo cálido para ti.


— Una semana después de que te fuiste deje mi ventana abierta esperando tu absurdo regreso, siempre te metías sin consentimiento con tu aroma a nicotina mentolada impregnada en tu suave ropa, tu cuerpo aún seguía caliente y con palpitar, te sentabas en el marco y jugueteabas aún estando yo adormilado. Regresa, por favor regresa y hazlo de nuevo.


— Debes perdonarte.


— ¡NO!, ¡SI NO TE HUBIERA GRITADO PARA QUE TE FUERAS ESE AUTOMÓVIL NO TE HUBIERA HECHO NADA! SEGUIRÍAS SENTADA EN MI TECHO CON TU MALDITA SODA Y RISA SARCÁSTICA! VUELVE, MALDITA SEA, VUELVE.


— No fue tu culpa, amor mío, no lo fue.


— Quiero sentir tu pulso otra vez, quiero sentir tu respiración caliente chocar con mi cuello, tus manos acariciar mi abdomen, quiero sentir tu cuerpo sobre el mío una vez más. Solo pido una vez más.


— Seguiré visitando tu ventana irrespetuosamente, me verás de una forma distinta, pero me verás y sabrás que estoy allí sin que te lo mencione directamente, cariño. Porque las almas gemelas reconocen su escencia y coincidencia, conocen sus palabras en un pasado, de ello te guiarás.


— No me hagas esto.


— Ahora vuelve.


Sentí su mano abandonar el cigarro oprimiendo este contra la madera, levantó mi mentón con su otra disponible y me besó, besó mi frente para luego volver a mis labios y susurrar en ellos.


— Te amo.


Mi corazón se hundió, una punzada apareció y sentí mis extremidades rendirse, sentí el cansancio y una tristeza enorme me invadió por completo. Era un bajón.


De pronto, mi cabeza dio vueltas y visualicé con esfuerzo su silueta desvanecerse frente a mi, su rostro se decoloró y un negro tortuoso se entrometió con mi vista bloqueándome por completo, su hermosa sonrisa dejó de entregarse a mi, de nuevo.


Parpadeo seguido y mi cuerpo se tensó en la cama, con mis manos toqué el acolchado y aquí, aquí es donde hundí mi cabeza en la almohada y grité sin parar, grité seguido, grité con dolor, grité por pérdida, grité por culpa y grité por amor. Mis dedos se enfriaron y mi garganta ardió con intensidad, el frío y la penumbra volvió a mi habitación.


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Un sonido me despertó, había quedado dormido y sentía las grietas de mis lágrimas secas despegarse de mis mejillas, mi cuerpo se levantó por si solo a duras cuestas, truenos en mi espalda aparecieron y camine hacia mi ventana. Rápidamente eché un sollozo.


Una Preciosa mariposa blanca revoloteaba en mi vidrio goteante por la lluvia. Mi cuerpo volvió a fallar y me senté en el sillón pegado a la mediana ventana frente a mi, empalada por mis penas, abrí el vidrio y la dejé pasar.


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— Me encantan estas mariposas, míralas.


—¿Te gustan esas? Pensé que te gustaban las negras, todo en ti es oscuro y misterioso. — Me burlé


— Oh, vamos. — golpeó mi pecho — Es tan hermosa que en la noche sus alas brillan de tan intensa que es su energía y como emana de ella, es solitaria o siempre tiene otro compañero volando alto a su lado, resplandeciente y fina, ¿no? Quisiera ser una si reencarnara.


— ¿Reencarnar? No vas a morir, serás eterna. —


— Actúas como un niño que no quiere aceptar que su madre se ira en algún momento —


— ¿Quieres ser una mariposa?


— Si, y cuando muera, si es que lo hago primero que tú, verás lo blanco de sus alas y lo blanco de mi piel brillar en una sola aura esperando en tu ventana. —


Ahora, estás aquí brillando como aseguraste.