Deseos 1
Hace mucho, mucho tiempo, se contaba que el Dios de la vida y el Dios de la muerte se habían encontrado en un lucha por la paz y la destrucción de los seres humanos, si el Dios de la muerte ganaba, se llevaría a todos y cada uno de los humanos de esa época al infierno, y si el Dios de la vida ganaba, el Dios de la muerte se quedaría sin poder salir de su Santuario, y solo tendría el poder para conceder y escuchar las plegarias de los humanos a los que tanto odio tenía ¿Pero por qué? Los dioses son bondadosos, si pero cuando no son corrompidos por la maldad.
El Dios de la vida ganó, pero con trampas.
Dejó al dios de la muerte en ese santuario, privándolo de la libertad de ir y tomar venganza por las acciones de aquel Dios tan vulgar a los ojos del contrario.
Los años habían pasado, y su enojo cada vez era menos, y las plegarias de los humanos también.
- ¡Mira, mira! ¡Un monstruo! ¡Que asco!.
Siempre era perseguido, acorralado, maltratado, abusado por sus demás "compañeros" a los que tenía como supuestos amigos.
- ¡Que asco! ¡Si me toca me volveré como él! - Lo golpeaban.
- ¡Que color de cabello tan asqueroso! - Se burlaban.
- ¡Huérfano! Nadie necesita a alguien como tú, perdedor.- Lo odiaban.
- Tus padres ni siquiera te amaban.- siempre causando dolor.
- No importa si eres amable con todos, a nadie le importa.- lo decían con un tono de voz tan suave.
- Solo ve y muere, Yuuji~. - Deseaban su fin.
Era cansado para él, cada día era lo mismo, ¿Cómo sentías amor por alguien que siempre te maltrataba? ¿Era cariño y agradecimiento lo que se tenía que dar? ¿Eso era por qué era un huérfano?.
No tuvo la culpa de que sus padres desaparecieran, de que su abuelo con su mayoría de edad falleciera, de que nadie en la familia Itadori o en la familia de su madre lo quisieran. Solo su hermano Choso estaba para él, pero Choso ni siquiera se había presentado en todo ese tiempo.
Tan lamentable.
Sus rodillas dolían y sangraban, sus brazos tenían moretones y rasguños, vendas que se empapaban con las gotas de aquella lluvia que no habían pronosticado, en su rostro había más rasguños y una cicatriz en su mejilla izquierda, debajo de su párpado inferior caído, una cicatriz la cual le traía recuerdos amargos.
Había caminado sin mirar al frente, solo observando sus zapatos, mirando como las gotas de lluvia caían sobre el frío piso de la acera, escuchaba los autos pasar, los murmuros de las personas quienes escapaban de la lluvia... Y el sonidos de esas voces de los mismo niños que lo maltrataron horas antes.
- Abuelo... - Sollozó. Alzando su vista para poder correr con las únicas fuerzas que quedaba en su pequeño y maltratado cuerpo.
Era doloroso estar así, no quería, no lo deseaba, ¿Acaso había cometido algo en su vida anterior para recibir tal castigo? Si, Yuji pensaban que todo lo que estaba pasando era gracias a un castigo por haber hecho algo malo en su vida pasada.
Había corrido lo suficiente encontrando unas escaleras que llevaban al Santuario que siempre veía mientras se dirigía a la escuela y sin pensarlo dos veces comenzó a avanzar hacía ese lugar.
La lluvia seguía cayendo con la misma intensidad que hace unos minutos, no podía irse, ni siquiera quería irse pues pensaba que esos niños pudieran estar por ahí, esperándolo. Ni siquiera quería llegar a la casa de sus supuestos padres adoptivos.
Dio una mirada al Santuario del Dios de la muerte pues había escuchado las historias de su abuelo y también había leído historias en los libros que sus padres adoptivos habían comprado para él.
Entonces, entre el sonido de la lluvia, tuvo una idea. Si el Dios de la muerte escuchaba las plegarias de los humanos, tal vez, en su gran e imposible misericordia podría conceder su único deseo en esa pobre y patética vida.
- Deseo morir, y encontrarme con el abuelo, por favor, Ryomen Sukuna.- Junto sus manos, cerrando sus ojos e implorando que fuera escuchado, que ese dolor que sentía en su pequeño y frágil corazón dejara de existir y fiera reemplazado por felicidad, amor y cariño de su ya fallecido abuelo.
Ryomen Sukuna era un poderoso dios, uno que hacía temblar los cielos con solo pronunciar su nombre, los otros dioses temían al verlo, al saber que en cualquier momento el gran Sukuna desataría el mismo infierno si lo deseara.
"Una apuesta, si tú pierdes... Te quedarás en tu Santuario hasta que yo decidida cuándo quitarte ese castigo, si yo pierdo... Te dejare que hagas lo que tanto deseas, Sukuna"
Maldijo el día en que esa apuesta se llevo a cabo, no había día en que no maldijera al gran Dios de la vida ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser así? Era un juego limpio, uno donde nadie, ni siquiera el podía hacer trampa.
"Y como has perdido, te quedarás en tu Santuario por tiempo indefinido, Sukuna. ¡Oh! No tienes permitido matar a un humano si esa es la petición que se te es pedida, suerte"
Si no tenía derecho a matar ¿Qué podía hacer? Los años no pasaban para un dios, no envejecía, solo ganaba conocimiento, sabiduría y rencor por aquel que lo había encerrado en ese lugar.
Días, semanas, meses, años. Todo pasaba tan rápido, las plegarias de los humanos solo eran para si mismos, felicidad, amor, fortuna, etc, etc. Era aburrido, su fuerza y sed de venganza se fueron apagando, y Sukuna pensó en que tal vez dormir por varios años más no causaría un gran desequilibrio, y así fue.
Las lluvias eran comunes en esas temporadas, el sonido y el olor a tierra mojada que dejaba a su paso era algo de lo que ya estaba acostumbrado.
Y después de muchos siglos, lo escuchó.
"Deseo morir, y encontrarme con el abuelo, por favor, Ryomen Sukuna."
A un niño, uno muy frágil y solitario.
De un momento a otro ya se encontraba con el menor, se colocó a su lado, mirando atentamente cada pequeña una de sus facciones y también sus heridas.
- Mocoso
- Señor, yo llegue primero así que ¿Podría esperar un poco?- Frunció su entrecejo para bajar sus brazos a sus costados, abriendo sus ojos al notar la presencia que aún no se alejaba de él.- ¿Señor?
- ¿Señor? - Estaba bien que le dijera señor pero con ese rostro, era imposible.
- Lo siento, solo descansaré hasta que pase la lluvia.- se quitó su mochila, dejándola a un lado para tomar asiento lejos de la lluvia, quitándose con cuidado la sudadera que llevaba encima para sacarle la poca de agua que había acumulado, al terminar solo comenzó a jugar con sus dedos, esperando pacientemente.
Sukuna no dejaba de verlo, era increíble como un niño podía pedir tal cosa, como Yuji pedía eso.
Por un momento penso en asustarlo, lograr que el niño tuviera miedo de tal deseo pero en todos sus pensamientos, bueno o malo, ¿Por qué quería decirle eso al mocoso que estaba sentado como si nada?
- ¿Así que morír? ¿De qué forma quieres morir, Yuji? - Se acercó, y de igual forma tomo asiento al lado del menor quien a para sus sopresa no reaccionó como esperaba.
- Si usted es quien creo que es, se lo diré. Quiero morír de una buena forma. - contestó.
- ¿Qué fue lo que sucedio para que un niño viniera a pedir eso al dios de la muerte? Sabes que podría hacer lo que me pides pero el bastardo que me encerró aquí no me deja, a menos que no se de cuenta.- Soltó un risa, era un plan perfecto pero llevaría días para lograrlo.
- Mis padres murieron, mi abuelo también... Y... - Yuji comenzó a contarle cada detalla de su vida, comenzando con presentarse, su edad, a que clase asistía y que era lo que hacía en sus ratos libres.
Después de eso solo escucho como día a día el pequeño tenía que vivir un infierno, las peleas eran su pan de cada día con sus compañeros pero desde que ellos llamaron a niños más grandes para golpearlos, Yuji dejó de querer defenderse.
Las constantes burlas, su ropa llena de agua de dudosa procedencia, sus zapatos al basurero, incluso le contó a Sukuna como le habían encerrados en una caja y como le habían impedido liberarse de esta misma, no podía gritar, huir, pedir ayuda y lo único que hizo fue llorar y suplicar que alguien fuera por él.
- Extraño a mi abuelo....- Murmuró. Había terminando de contar su historia y lo único que hizo después fue expresar su único deseo.- y quiero ir con él, Sukuna-sama - Le miró, suplicando que le concediera eso.- por favor.
- Mocoso ¿Estás seguir de lo que estás pidiendo? ¿Tus padres no te extrañarán? ¿Las personas que aún te aman? Tal vez si buscas más a fondo... - No era preocupación por Yuji, no, era más bien evitar que ese jodido Dios de la vida se enterara que había cometido una falta, un deseo para matar y lo dejara ahí durando mucho más tiempo, y no quería eso... También deseaba ser libre y hacer y deshacer a su placer como en los viejos tiempos.
- Ellos no son mis verdaderos padres. - volvió a murmurar.
- Ya veo - No entendía a los humanos, unos eran felices con solo tener una familia, unos simplemente no querían y pasaban sus días en soledad pero... ¿El mocoso lo tenía todo y aún así sufría?- está bien, concederé tu deseo pero tardaré unos días en hacerlo realidad, tal vez semanas.
- ¿Por qué tanto? - alzó la mirada, encontrándose con la mirada rojiza brillante de Sukuna.- ¿Tengo que poner monedas acaso?
- No, mocoso tonto - Suspiró, es niño era imposible.- Hace tiempo el Dios de la vida y De la Creación me encerraron aquí, fui privado de conceder ese tipo de deseos y si lo hago, y ellos se dan cuenta, pasaré la eternidad en este lugar. - Y esa sensación de amargura invadió su ser, el recordar ese momento en que fue prisionero de toda una mentira, el día en que su libertad se vio sellada en ese Santuario, uno que se estaba cayendo y también siendo olvidando por los humanos.
Odio, rencor, venganza... Pensaban en esas cosas a diario y solo tenía una persona, un hombre, un Dios en mente; el Dios de la vida.
- ¿Más?
- ¿Eh? - fue sacado de sus pensamientos de venganza por esa vocecita.- Si, llevo siglos aquí pero mi castigo será levantando en quince años más, tal vez si mis cálculos no me fallan, en menos.
- Entiendo, entonces... - Se dio la vuelta para acomodar su mochila en aquel piso de madera y recostarse en esa misma- Esperaré por ese día, Sukuna-sama.
- Pero... No será gratis, niño.
- ¿Qué quiere a cambio?
- Que vengas a visitar mi santuario y de paso a limpiarlo. Tal vez me apiade de ti y haga más rápido mi trabajo.
- ... - Yuji soltó una risa, una pequeña y al darse cuenta lo único que hizo fue cubrir sus labios con su mano derecha, soltando un "Upss" para cerrar sus ojos y descansar de ese día tan malo, dormir le haría bien.
- "Así que puedes reír... - Pensó Sukuna. Al notar que Yuji estaba durmiendo solo suspiró.- mocoso"- quería tocarlo, saber si esa piel que estaba lastimada era tan suave como se lo había imaginado, tanto tiempo sin ver a una persona, un niño mejor dicho.- Mocoso... - Su mano se detuvo a solo unos centímetros de tocarlo, de saber si era tan cálido como pensaba.- ¿Qué mierda te pasa, Ryomen Sukuna? - Murmuro para si mismo, lo único que tenía que hacer era concederle a Yuji su deseo.
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