Prólogo ❄
El invierno llegaría en solo cuestión de días, la brisa gélida lo anunciaba, así como también los cielos nublados que se podían apreciar a pleno mediodía.
Los inmensos árboles le daban un aspecto más oscuro y tenebroso a aquel enorme lugar; donde sin un rumbo fijo caminaba mientras sus sollozos era lo único que se podía escuchar en la espesa oscuridad. Sus ojos estaban irritados de tanto llorar, la ropa que cubría su delgado cuerpo no lo protegía lo suficiente; Jimin sentía que se congelaba, sus huesos dolían y sus labios de un tono morado por las altas temperaturas le daban una imagen bastante preocupante.
Y aunque solo era cuestión de minutos para que el calor azotara su cuerpo de nuevo, aquel supresor no sería eterno y cuando su efecto pasará su sufrimiento continuaría.
"Resultaste ser un inútil omega, que decepcionante" fueron las palabras de su padre minutos antes de darle a beber aquel amargo supresor para después encerrarse un largo rato con su madre. Jimin se sentía muy confundido; pero sobre todo asustado, no sabía nada de esto, sus padres lo habían educado como un alfa, no como un omega; sin embargo para desgracia de todos resultó ser uno.
El cachorro oveja presenció el momento exacto cuando su padre abrió la puerta, le dijo que se abrigara lo suficiente y que lo siguiera.
No le dijo más otra palabra, caminaron un largo rato hasta abandonar el pueblo, en todo momento el omega lloro en silencio; pues su padre le había prohibido derramar una sola lágrima en su presencia, pero le fue imposible; sin embargo daba todo de su parte para que sus sollozos no fueran escuchados.
Caminaron por largas horas, al punto que sus pequeños pies dolieron y las ramas maltrataron su rostro el cual aún poseía algunos rasgos infantiles.
Dieciséis años de su vida creyendo que se presentaría como un alfa, un cordero alfa; sus padres incluso ya lo habían comprometido con Jihyo, una oveja omega cinco años mayor que él, obviamente todo por conveniencia.
Llegaron a un punto en el cual el frío era más intenso y los árboles más grandes, se les fué medio día en llegar ahí y ahora que se encontraba en el punto medio Jimin sintió un gran temor.
La crueldad de esas palabras aún duelen.
"Ya no nos sirves de nada, nos has decepcionado y decidimos expulsarte de nuestra casa; ahora estos árboles serán tu nuevo hogar, suerte en la vida e intenta que los lobos no te devoren"
Él no había elegido esto, se supone que eran sus padres, que debían amarlo y apoyarlo, ser omega no lo hacía menos hijo.
Se sentía tan cansado, sus pies ya no daban a más, el bosque parecía no tener un fin y parecía que solo se alargaba para su desgracia.
Vio aquel enorme árbol pero lo que llamó su atención fue el hueco en la parte baja; pensó que podía ser un buen lugar para descansar y protegerse del frío de la noche, tal vez al despertar se diera cuenta que solo se trata de una horrible pesadilla la cual no durará mucho tiempo y que al despertar un cálido día lo recibiría; con esa idea en la mente camino hacía el frondoso árbol. En esos momentos no pensaba con lógica, la mente inocente no veía el hecho de que aquel lugar pudiera ser la cueva de un animal salvaje; porque en estos momentos lo único que deseaba era dormir y cerrar los ojos un momento.
Su cuerpo pequeño fue ventaja para caber a la perfección en el estrecho espacio, de pronto la oscuridad lo recibió pues la luz de la Luna no era suficiente para iluminar el interior de aquel lugar, poco le importó.
Uso su capa para cubrirse a él mismo y protegerse del frío, no tardó nada para que sus cansados párpados se cerrarán producto del agotamiento tanto físico como emocional.
Los brazos del morfeo lo recibieron cariñosamente, su cuerpo se sintió muy liviano, parecía flotar en las nubes y por ese fugaz momento olvido que hace algunas horas había sido abandonado perdiéndolo todo en cuestión de minutos.
La paz que lo había recibido se vio interrumpida por un fuerte dolor en su vientre.
Despertó bruscamente en medio de quejidos y jadeos de dolor que provocó la extinción del efecto del supresor que había tomado esta mañana.
Su cuerpo comenzó a temblar y esta vez no necesariamente por el frío, sus piernas fueron atacadas por múltiples calambres, el lubricante tampoco se demoró en hacerse presente hasta manchar sus ropas.
─ Ugh… d-duele ─ en estos momentos extrañaba el aroma de su madre tranquilizandolo; pero para su desgracia se encontró a él sólo en un lugar oscuro y desconocido.
Las lágrimas no eran solamente por el dolor, era todo lo que le había pasado en tan solo un día. Jimin aún no asimilaba lo que le había ocurrido, todo había sido tan rápido y aunque era tonto aún conservaba la ilusión de que se tratara de una pesadilla, la cual ya se estaba tardando demasiado en acabar.
Se retorcía mientras apretaba sus dientes y las lágrimas salían como fuente, jamás imaginó que los celos fueran tan dolorosos.
El aroma de los pinos llegó de forma repentina, entre tanto sufrimiento Jimin dejó de prestar atención a su dolor para poner toda en lo que su olfato había captado, era un aroma suave; pero que le transmitía una tranquilidad enorme. El omega en su interior comenzó a emitir sonidos extraños, algo que la parte humana no comprendía; pero que no se detuvo a pensar.
Se arrastró queriendo salir de aquella cueva, pero incluso sus brazos lo traicionaron y cayó de bruces al suelo.
La fragancia de los pinos se volvía cada vez más cercana y conforme avanzaba la velocidad en la que iba tomando fuerza aumentaba.
Fue cuestión de segundos, algo que logró estremecerlo y perder toda esperanza de poder ver los rayos de la luz cuando el nuevo día llegara.
"Intenta que los lobos no te devoren"
Las palabras de su padre hicieron eco en su mente, se preguntó qué pensaría su progenitor si supiera en la situación en la que se encuentra, quizá agradecido; le había dejado claro que lo que le ocurra lo tiene sin cuidado y seguramente se estuviera riendo de él en estos momentos.
Un lobo, tenía frente a sus narices a un lobo, el mayor enemigo de una oveja, una presa fácil en las garras de un depredador.
Sus ojos reflejaban la resignación, quizá la muerte no sea tan mala después de todo, al fin y al cabo moriría de una u otra manera; quizá debería agradecer que sería rápido, lo libraría de mucho dolor liberándose del destino tan cruel que le tocó vivir.
─ ¿V-va a c-comerme? ─ se atrevió a hablar, incluso si la respuesta ya la tenía clara en su mente.
─ No pequeño, haré más que eso ─ porque la Luna lo había guiado hasta este lugar en específico y ahora entendía él motivo.
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Diferencia de edad entre el Yoonmin.
Jimin: 16 ---------- Omega (oveja)
Yoongi: 30 -------- Alfa (lobo)
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Espero que me
acompañen en esta
gélida aventura.