DESTRUYEME (+18) L.1

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Sinopsis

La vida de Génesis cambia de un momento a otro cuando ella y sus amigos son secuestrados por tres hombres desconocidos. Todos parecen saber qué está pasando, menos ella. Durante el cautiverio, Génesis es víctima de torturas. Lo que esos hombres no saben es que tienen a la chica equivocada. ⚠️Nota⚠️ QUEDA ESTRICTAMENTE PROHIBIDO CUALQUIER ADAPTACIÓN, COPIA O INSPIRACIÓN DE ESTA HISTORIA. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
A.Y Silva
Estado:
Completado
Capítulos:
26
Rating
4.9 36 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1


Génesis

Lo primero que escucho al recobrar la conciencia son gemidos de dolor y respiraciones entrecortadas.

¿Qué carajos está pasando?

Lo último que puedo recordar es estar en el departamento de Ian, mi novio.

Estábamos con nuestros amigos, pasando un buen rato, hasta que un grupo de hombres con pasamontañas entraron a fuerza y el caos comenzó. Uno de los enmascarados se acercó a mí y golpeó mi cabeza. Es todo.

Sin entender exactamente qué está pasando, trato de moverme de la posición fetal en la que estoy y es ahí cuando noto que mis manos y pies están sujetos. Tampoco puedo ver nada, hay algo cubriendo mis ojos.

Me retuerzo y mi cabeza comienza a palpitar; el dolor es insoportable.

Dejo de moverme una vez que escucho pasos lejanos; están viniendo hacia mí. Brinco en mi lugar cuando algo es azotado y siento movimiento a mi alrededor.

—¿Son todos? — un sudor frío se desliza por mi espalda haciéndome estremecer, la voz del hombre es profunda—. Bien. Quítale las vendas.

Me sujetan de los brazos con brusquedad y me hacen poner de rodillas, el movimiento es tan brusco que produce una oleada de náuseas y las ganas de vomitar son insoportable.

La venda desaparece de mis ojos y tengo que parpadear un par de veces para poder acostumbrarme a la iluminación casi nula que hay, mis ojos se disparan por todo el lugar, parece que estoy en una bodega. El lugar está sucio y se percibir un olor a humedad y moho.

Mis ojos se detienen en las personas que están al lado, cuatro de mis amigos están arrodillados e igual de desorientados, sin embargo, Luis sigue en el piso sin moverse. El terror se apodera de cada uno de mis huesos al notar el gran charco de sangre a lado de su cabeza.

¿Es-Esta muerto?

Se me escapa un gemido.

—A estos idiotas se les pasó la mano con ese imbécil.

Me obligo a aparta mis ojos de Luis y los pongo frente a los tres hombres que están parados al frente. Todos ellos van vestidos de traje como si de unos empresarios se trataran y si estuviera en otra circunstancia de vida, admitiría que son devastadoramente atractivos.

Sin embargo, su belleza no me impide percibir el peligro que cada uno de ellos emana por sus poros.

Puedo oler el peligro, maldita sea, puedo sentirlo.

Los hombres parecen estar en posición de ataque, listos para lanzarse contra nosotros.

El tipo del medio, el que parece ser el más peligroso porque tiene una mirada de loco, da un paso al frente y se detiene a escasos centímetros de Ian, lo mira desde arriba y le patea las rodillas para que este lo vea a la cara.

—Dime, ¿sabes por qué están aquí? — Ian se encoge en su lugar, parece que está a punto de ponerse a llorar, niega—. Marco Polo. Malditos imbéciles, se metieron con el chico equivocado.

Jadeos de sorpresa salen de la boca de mis amigos.

Ian palidece aún más y comienza a temblar en su lugar. Lo miro sin entender de quién hablan.

—¿Qué está pasando? ¿Quiénes son ustedes? — mi boca parece tener voluntad propia porque antes de pensarlo estoy soltando pregunta tras preguntas —. ¿Por qué hacen esto? ¿Esto es un secuestro porque…

—¡Cierra la puta boca!

El hombre se aleja de Ian y antes de siquiera parpadear, su palma se estrella en mi mejilla. El golpe es tan fuerte que pierdo el equilibrio y caigo de lado, mi cabeza azota contra el piso y mi vista se nubla. Todo se está poniendo oscuro.

Empiezo a perder el conocimiento, pero unas manos sujetando mi cabello con fuerza me hace volver a la realidad, me poden de rodilla una vez más. Mis párpados comienzan a moverse tratando de enfocar mi vista y, a su vez, mis ojos se llenan de lágrimas.

—Perra idiota, no hablas a menos que yo te lo pida — acerca su cara a la mía y aprecio unos ojos azules, su rostro desborda rabia — ¿Entendiste? —. El agarre que aún tiene en mi cabello se aprieta más, siento cómo mechones de cabello se desprende desde la raíz, el ardor me hace derramar lágrimas.

—Sí —. Sollozo.

—Adriano, esas no son formas de tratar a una señorita — dice el tipo castaño con sorna, se acerca a nosotros, su mano toca la de Adriano y retira su agarre — Le has arrancado mechones de cabello, eso no se hace —comienza a burlarse, me mira con sus ojos verdes penetrante, vagan por todo mi rostro y niega con su cabeza —. Ya veo porque Marco Polo perdió la cabeza por ti.

¿Qué?

Me acaricia la mejilla con su pulgar unos segundos antes de alejarse.

— Es una pena, ¿no? — habla el tercer hombre, que hasta ahora solo se había quedado al margen — Tener esa belleza y usarla para dañar —. Chasquea la lengua.

Para este punto no estoy entendiendo absolutamente nada, aun así, no me atrevo a preguntar, no cuando ya se me advirtió y no quiero correr con la suerte de recibir otra bofetada y esta vez sí perder el conocimiento o, para mi mala suerte, perder un diente.

—Como sea, por favor, alguien dígame que ese que está tirado está vivo.

Adriano se acerca a Luis y le da una sacudida con su pie, sin obtener respuesta alguna. Parece que su paciencia se agota y en cuestión de segundos saca un arma detrás de su espalda y le dispara dos veces.

Esto no está pasando.

Esto es una pesadilla.

Estoy teniendo una maldita pesadilla.

—Algo me dice que vivo no está —. Se mofa y guarda su arma.

Estoy hiperventilando, trato de respirar, pero el aire se niega a llegar a mis pulmones, las paredes están cerrándose a mi alrededor, mi vista comienza a oscurecer y mi cuerpo no responde.

— Eres un imbécil, Adriano, asustaste a la señorita — el castaño se acerca a mí y me da unas palmaditas en la mejilla — Vamos, cariño, respira, no puedes darte el gusto de desmayarte si todavía no ha empezado el espectáculo — su rostro se acerca tanto al mío que puedo sentir su respiración golpeando mi boca —. ¡Maldición! ¡Marco Polo sí que tenía un gusto exquisito en sus mujeres, eres preciosa!

—Vamos, Ramiro, no es tan bonita. He estado con putas mejores. ¿Tú qué opinas, Dante?

— Hagamos lo que tenemos que hacer. Tengo una reunión con la Bratva en dos horas —. Dice Dante. Parece que toda la situación lo está aburriendo demasiado, mientras que Adriano y Ramiro parecen disfrutar.

¿La Bratva?

Ramiro me besa en la mejilla y se aleja. Tanto él como los dos hombres se quitan sus sacos, revelando que los tres están en forma. Sus camisetas se ciñen a sus pechos como una segunda piel.

Todo en estos hombres es enorme, sus músculos son tan grandes que parece que pasan horas en el jodido gimnasio.

Maldita sea, si ellos quisieran podrían romperme el cuello como si de una vil ramita se tratara.

Volteo a ver a Ian y me sorprendo verlo llorar, perece bastante aterrado.

—¿Qué está pasando? —. Susurré bajito tratando de llamar su atención, y al mismo tiempo rezando para que Adriano no me vuelva a abofetear.

Ian me mira con sus ojos oscuro y niega, sus lágrimas empapan todo su rostro.

—Lo siento —. Susurra tan bajito que solo atino a leer sus labios. Frunzo el ceño.

Miro al resto de los chicos, los tres están en peor estado que Ian. Están cagados de miedos, sin embargos, todos parecen saber qué está pasando menos yo.

¿Será que esto es un secuestro y estos sujetos pedirán un rescate? Casi dejo salir una risa amarga, se van a llevar la mayor decepción de su vida si ese es el caso, no tengo en qué caerme muerta y mi familia no daría ni un centavo por mi rescate. Estos imbéciles me secuestraron creyendo que era igual de rica que Ian y sus amigos, la realidad es que yo solo soy una pobre imbécil que se relaciona con estos estúpidos solo porque estoy con Ian.

Me van a matar cuando sepan la realidad.

Comienzo a llorar y esta vez es como si se abriera una compuerta y las lágrimas salen desbordadas.

—Deja de llorar —. Ladra Dante.

—No sé qué está pasando, pero si esto es un secuestro sepan que no tengo ni un centavo, seguro se equivocaron de persona, yo... — Dejo de hablar cuando la carcajada de Adriano me interrumpe.

—Creo que esta zorra aún no entiende dónde está parada — Adriano se me acerca y me encojo en mi lugar cuando hace el ademán de golpearme —. Actúas tan inocente, ¿así fue como sedujiste a Marco Polo? Esa pequeña mierda, siempre le advertí de las putitas como tú, pero echó todas mis palabras en saco roto.

—No sé de qué están hablando, lo juro.

Escucho un “cierra la boca” por parte de Ian, sin embargo, lo ignoro. En este punto estoy desesperada y de colapsando.

—¿Quién diablos es Marco Polo? ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué me tienen aquí?

—¿Pueden creer esto? – esta vez es Dante quien se ríe, su risa carece de humor —. Adriano, hay que refrescarle la memoria.

—Al fin algo de diversión.

La sonrisa siniestra que me regala me hace temblar y tengo claro que algo malo me va a pasar.