Licking in the middle...
Apenas Key bajó del auto y observó la lujosa mansión delante de ella, supo que haber aceptado ir esa noche había sido una mala idea.
Vista desde una prudente distancia, la mansión tenía cierto toque recatado; sin embargo, algunas luces extravagantes colándose por las rendijas de algunos ventanales dejaban ver que ese no era precisamente el mejor adjetivo para catalogar el ambiente en el interior.
Lo que sea que estuviera intentando demostrar, ya se estaba convenciendo de que no lo valía, incluso antes de entrar.
Estaba cumpliendo treinta y tres años, y estaba teniendo una crisis de edad; pero ¿esa era razón suficiente para aceptar una invitación a un lugar como ese? Ella simplemente no estaba hecha para esa clase de ambientes. Desde que su mejor amiga —Jess— había empezado a salir con el dueño de dicho lugar, un tal Jackson Cox, no había parado de hablar de las exclusivas fiestas y sus peculiaridades. De inmediato se había dicho a sí misma que era algo que ella no quería probar.
Por supuesto, no tenía la mente cerrada. No era el tabú detrás de todo ello lo que la frenaba, era simplemente que su forma de ser no se amoldaba a esa clase de locura, y sin embargo, ahí estaba.
—Por dios, Key, quita esa cara de pocos amigos. Ya estamos aquí, disfruta el momento. Si lo vivirás una sola vez, ¿por qué no vivirlo al máximo? —le dijo Jess, mientras intentaba arreglarle un poco el cortísimo vestido que le había prestado.
La mansión era conocida en la élite como una “casa de eventos”, algo que evidentemente era un concepto bastante corto para las experiencias que dentro de ella se ofrecían. Según lo que le contaba Jess, se daban fiestas exclusivas para gente exclusiva con gustos particulares en cuanto al sexo se refería. Muy seguramente había hombres y mujeres dando espectáculos de striptease o algo así. En la mente de Key no dejaba de rondar esta idea de una tarima con luces neón y un tubo de metal en el centro, un acto no tan artístico, algo un poco vulgar y predecible; pero apenas entraron, se dio cuenta que su idea había estado completamente fuera de la realidad.
Gente con ropa carísima y porte refinado estaba reunida en el vestíbulo, que además de ser enorme, era absurdamente elegante. Un candelabro hermoso colgaba del techo alto, alumbrando de forma exquisita el lugar. Las personas conversaban amenamente entre tragos costosos y canapés ultra decorados. Key los miró con la boca abierta, casi podía sentirse como una mujer callejera con aquel vestido, que aunque era fino, estaba demasiado corto; sin embargo, nadie la miró mal. Pese a que esa gente parecía estar reunida como para un evento de beneficencia, nadie la miró como si desencajara; de hecho, no la miraron en absoluto.
—Jess, cariño, que bueno que has llegado. Jackson me tiene mareada preguntando si ya estás aquí cada cinco minutos. Confiesa ahora mismo qué es lo que le das para tenerlo así en la palma de tu mano.
La cantarina risa de la mujer que las estaba recibiendo se escuchó por encima del murmullo de conversaciones en el lugar. Key podía empezar a percibir unboomen su pecho que indicaba que en algún lugar de la mansión había música estruendosa.
—Jenna, querida. Te diría mi secreto, pero ni yo misma lo tengo claro —contestó Jess igual de risueña—. Mira, ella es Key, la amiga que está celebrando su cumpleaños, espero Jack te lo haya mencionado.
Key se preguntó por qué tendría que ser comentado algo como eso. Seguramente un montón de gente iba ahí para celebrar cumpleaños y cosas así.
—¡Oh! Por supuesto, Jackson me lo dijo. Y no te preocupes, Key, está todo listo. Este cumpleaños estoy segura que no lo olvidarás nunca —le dijo la tal Jenna directamente a ella, con un tono de malicia y complicidad.
Eso solo ayudó a aumentar más sus nervios.
Tantas veces Jess le había casi rogado que fuera a ese lugar y todas las veces ella la había rechazado; pero había bastado un mal día en medio de su crisis de edad para al final terminar aceptando. Un impulso que ahora no sabía qué tan caro iba a costarle.
La mujer las guió enseguida más allá del vestíbulo, las hizo subir unas escaleras que parecían como de algún museo francés hasta llegar a un largo pasillo.
—Última puerta del fondo, lado derecho —dijo Jenna alegremente—. Espero que disfruten esta noche, y mucho gusto Key.
La mujer le lanzó un beso coqueto al aire antes de bajar nuevamente las escaleras y dejarlas solas.
—Me pone nerviosa que haya tantas puertas —pensó en voz alta.
Jess soltó una carcajada de buen humor.
—No serías tú si no te pusieras nerviosa con cualquier cosa desconocida, pero tranquila, he recorrido estos pasillos y abierto muchas de esas puertas, y nunca me ha pasado nada malo. De hecho, yo diría que todo lo que hay detrás de ellas es bastante bueno.
El tono sugerente de su amiga le dijo a Key que probablemente a ella no le iban a parecer tan buenas. Por supuesto, le gustaban las cosas eróticas, pero no estaba segura de qué clase de cosas habría ahí. De cualquier forma, no protestó cuando Jess la tomó de la mano y caminaron hasta la puerta que Jenna les había indicado.
Cereza...
Apenas su amiga había abierto la puerta indicada, el olor a cereza le llenó las fosas nasales deliciosamente. Ese era su aroma favorito, le recordaba a las velas aromáticas que su madre solía poner en toda su casa de infancia. Era reconfortante y la hacía sentir cómoda.
La luz en el interior era de una tonalidad violeta con algunos detalles rojos, lo que no era en sí la mejor combinación de colores, excepto que en ese lugar parecían combinar a la perfección por su distribución.
—Vaya, debo admitir que no esperaba este tipo de generosidad. Me encargaré de agradecerle a mi hombre por ti este detalle —dijo Jess, aspirando profundamente el dulce olor del ambiente.
Key no tenía ni la menor idea de a lo que su amiga se refería con eso de “ese tipo de generosidad”. Frente a ellas solo había un recibidor con un pequeño sillón rojo carmesí y una entrada a lo que parecía ser otro largo pasillo. Estuvo a punto de preguntar qué era ese lugar, cuando escuchó la puerta abrirse detrás de ellas. Era Jackson.
El hombre era realmente caliente; medía más de un metro ochenta de estatura, y lucía un cuerpo muy bien trabajado y varonil. Siempre que Key lo veía, le parecía que derrochaba estilo en su forma de vestir, como un modelo. Esa noche no había sido la excepción.
—Wow, realmente estaba curioso si finalmente accederías a venir a uno de mis eventos exclusivos, Key. Casi no le creo a Jess cuando me dijo que habías aceptado celebrar tu cumpleaños aquí.
Bueno, ya eran dos. Ni ella misma se creía todavía estar ahí.
—Lo importante es que está aquí, y por lo que veo, le espera un regalo de cumpleaños bastante prometedor —dijo Jess, mientras se enroscaba en el duro cuerpo desuhombre, como ella lo llamaba.
—Sí, es verdad. Preparé lo mejor de lo mejor para ti —Jackson se dirigió a ella, aunque toda la atención de su cuerpo estaba en Jess.
Había algo en verlos interactuar tan fogosamente bajo aquellas luces y ese delicioso aroma, que le hizo sentir un poco menos renuente a vivir alguna experiencia erótica esa noche. No se hacía ilusiones con el hecho de que le dieran otra clase de regalo que no fuera algo relacionado con el sexo.
—Pues, gracias, supongo —contestó un poco menos nerviosa— ¿Y ahora qué?
Jackson soltó una carcajada muy masculina.
—Ahora tú entras ahí —le dijo el hombre, señalando la entrada que ya había notado—, mientras yo llevo a mi chica a darle su propio regalo. Toma el tiempo que quieras, y feliz cumpleaños.
Ni siquiera tuvo tiempo de decir gracias o preguntar otra cosa porque de un momento a otro, él se había llevado a su amiga fuera del lugar.
Estaba bastante segura de que no habría nada que le diera miedo ahí, pero no pudo evitar que el corazón se le acelerara ante el nulo conocimiento de lo que le esperaba. Había una tenue música de fondo, nada escandaloso, música de hecho bastante sensual; pero más allá de las luces, esa música y el olor, no tenía la menor idea de lo que la rodeaba.
Respiró profundamente tratando de controlarse un poco y entonces se introdujo en el largo pasillo. Después de ese día quizá los pasillos serían algo que evitaría en su mayoría.
Justo cuando estaba a punto de llegar al final para topar con pared, se reveló la entrada a una habitación subyacente. El olor a cereza se intensificó y la luz que la envolvió fue puramente roja, un rojo nada estridente, algo suave. La música sonaba un poco más fuerte, pero seguía siendo agradable al oído.
Miró a su alrededor expectante, entonces lo vio.
A un costado de la enorme cama en el centro de la habitación, estaba el que a primera vista podía decir que era el hombre más sexy y atractivo que jamás había visto en su vida. Su piel lucía bronceada aún bajo la tonalidad rojiza de la luz, sus labios eran carnosos, su mirada era penetrante y tenía un torso que parecía esculpido por los dioses.
En cualquier otro momento ella no habría utilizado adjetivos tan clichés y burdos para describir la belleza de un hombre, aún si fuese para sí misma; pero ese hombre en particular le provocaba pensar en eso y en otras cosas más que le sorprendió pasaran por su mente una fracción de segundo después de verlo por primera vez.
—Hola —le dijo él, y Key por poco pierde el equilibrio al escuchar su voz.
Era como haber entrado a una fantasía prefabricada en la mente de una mujer que solo quería placer. Era demasiado perfecto para ser real, o al menos bajo ese ambiente así era como lucía.
—Hola —contestó tímidamente.
El hombre le sonrió de una forma que le erizó los vellos de la nuca. La humedad entre sus piernas nunca había sido algo de lo que hubiese estado tan consciente como en ese momento.
—Feliz cumpleaños.
Dios, iba a matar a Jess por dejar que su novio controlara su primera vez en ese lugar. Era ya obvio que le había regalado un acostón con uno de sus bailarines o acompañantes, ni siquiera sabía cómo referirse a él aunque fuese mentalmente.
¿Tan necesitada de sexo se veía? No era que no lo necesitara, pero la idea de que alguien ajeno a su círculo íntimo de personas la viera como alguien que necesitaba que le regalaran una noche de sexo era incómodo, aún si esa información la había sacado de una fuente cercana como lo era su amiga.
—Gracias, me llamo Key —dijo sin pensar.
Alguna vez había leído que cuando contratas los servicios sexuales de alguien es mejor no entrar en detalles personales e ir directo a la acción, el problema era que ella ni siquiera sabía cómo ir directo a la acción. La cama tenía que ser un indicio de que estaban ahí para tener sexo, ¿no? Lo mismo que la semi desnudez del hombre, pero se sentiría tan patética si eso era algo más como un baile privado y ella se lanzaba a todo lo demás.
Esperar a que él hiciera un movimiento era lo mejor, porque al final él tenía el contexto de esa noche más que ella.
—Soy Jay —le dijo él.
Jay.
—Así que... —titubeó Key— Jackson no me dijo exactamente cuál es el regalo que me preparó, por lo que no sé qué hacemos aquí.
El tal Jay soltó una carcajada demasiado sensual para ser burlona, mirando la cama y luego a ella. Esa mirada era como fuego lamiendo todo a su alrededor, incluida su piel, que se sentía más caliente que nunca. ¿Cómo se suponía que tendría sexo con un hombre tan apetecible como ese? Es decir, si le estaban pagando por ello, él lo haría con ella así Key fuera la persona que menos le gustara en el planeta, pero eso no quitaría el hecho de que estaría fuera de sus estándares reales.
—Haremos lo que tú quieras —dijo Jay al ver que ella no daba señales de comprender lo que se supone estaban haciendo ahí.
Lo que ella quisiera... ¿Qué era lo que ella quería?
Quitando la capa inmensa de filtros con la que iba por la vida, ella quería más que nada ser follada duramente por ese hombre tan espectacular. Sentir la cantidad de orgasmos que su cuerpo le permitiera, por el tiempo que se lo permitiera esa noche. Quería dejar de sobrepensarlo todo y dejar que el hombre le mostrara todas esas obscenidades que se había estado perdiendo por no atreverse nunca a nada fuera de su burbuja, de su pequeño mundo donde la diversión y el sexo son algo menos alcanzable que todo lo demás.
Eso quería.
Y aunque le sorprendió la forma sucia en la que estaba pensando, se atrevió a apagar el interruptor que le impedía siempre disfrutar de sus más profundos deseos, para convertirse por esa única ocasión en esa versión libertina que moría por salir a flote.
Que se jodieran los treintas y la familia preguntando acerca de una estabilidad preconcebida. Que se jodieran sus nervios y sus monstruos internos que le impedían sentirse sensual y deseada. Que se jodiera todo a su alrededor esa noche, y sobre todo, que la jodiera ese caliente hombre como si fuese la última noche de la humanidad existiendo.
Algo diferente a la timidez debió dibujarse en su expresión, porque la sonrisa que le dedicó Jay fue diferente a la anterior y mucho más parecida a la lava hirviente vertiéndose por toda la habitación. El hombre caminó hacia ella casi tan despacio que le dio el tiempo suficiente para sentir como su sangre comenzaba a calentarse, mientras la humedad entre sus piernas se hacía más evidente. Nunca en su vida se había sentido tan deseosa en tan solo unos segundos, con tan solo una sonrisa.
Su mente se puso completamente en blanco cuando Jay la alcanzó y deslizó de forma sensual la yema de sus dedos a lo largo de sus delgados brazos. El aire escapó de entre sus labios semi abiertos, listos para probar el cielo. Entonces el hombre la tomó posesivamente por la cintura con una mano y con la otra tomó su nuca, enterrando sus dedos entre las hebras de su cabello, hasta tocar su cuero cabelludo.
Ese gesto no debió ser ese nivel de erótico que hace que tus piernas se sientan derretir y no puedan sostenerte más, pero lo fue. Los labios de Jay se acercaron a los de ella, y mientras Key cerraba los ojos ante las abrumadoras sensaciones, él le susurró:
—Voy a darte el mejor regalo de cumpleaños de tu vida.
Arrogante...
Entonces la besó.
Jamás un beso había sido tan sucio y placentero como ese. Podía sentir la lengua de Jay acariciar obscenamente la suya y explorar el resto de su boca con demasiado entusiasmo. Ella se aferró a la cinturilla de su pantalón para evitar colapsar con tan brutal deseo, dejándose llevar por la caricia devotamente. Sus alientos mezclándose eran como nada que hubiese experimentado, y ya no importaba en realidad lo que había pasado en el medio, entre la existencia de sus años y su existencia con la lengua de Jay en su boca. Todo era irrelevante e indigno de dedicarle ningún pensamiento.
Estaba mucho más que dispuesta para ese punto —por primera vez— a no pensar en nada que le disparara las alarmas de su ansiedad o miedo, viviría esa noche de la forma en la que su cuerpo le demandara.
No había reglas.
En algún momento del beso que se sentía interminable, gimió audiblemente al sentir la mano que sostenía su cintura viajar hacia sus glúteos. Se sentía tan bien ser tocada con tanta urgencia, como si el hombre quisiera hacer desaparecer la tela entre su piel y la suya para poder apreciar mejor el tacto.
Los labios de Jay comenzaron a descender hacia su barbilla y después su cuello. Ella respiraba con la boca abierta, intentando llevar la suficiente cantidad de oxígeno a sus pulmones, disfrutando la humedad que esos labios estaban dejando a su paso.
—Tienes una piel deliciosa —le dijo él; y así, sin previo aviso, le arrancó el vestido.
Como si la tela no fuese más que papel. Eso tenía que ser algo que Key sintiera extraño, pero por el contrario, solo la encendió más. Debajo de la tela desgarrada estaban sus pechos al descubierto, listos para ser probados, rogando atención; más abajo, una fina pieza de lencería cubría su intimidad, lo suficiente como para lucir como un premio para el hombre que la devoraba con la mirada completamente ardiente.
Ese fue el momento en el que se sintió más extasiada por ser admirada como un objeto de completo deseo. Quería que el tal Jay la mirara de esa forma el resto de la noche, que la mirara así mientras la penetraba duramente y hasta el fondo.
—Fóllame —fue todo lo que dijo, y fue todo lo que Jay necesitó para tomarla de las nalgas y cargarla hasta la cama.
No fue tan delicado al dejarla ahí, pero tampoco lo suficientemente agresivo como para cortar la línea caliente que ya se había establecido entre ellos.
Key sintió el delicioso peso del hombre sobre su cuerpo, mientras éste volvía a tomar sus labios completamente ajeno a cualquier cosa que no fuera la dedicación que estaba poniendo en ello. Y no era suficiente, que Jay la besara como un demente no era suficiente, necesitaba tenerlo desnudo por completo rozando cada rincón de su piel sobre la suya.
Y como si sus deseos fueran absolutamente audibles, el hombre se incorporó y se deshizo de sus pantalones y ropa interior. Los ojos de Key casi salen de sus cuencas al ver la virilidad tan impresionante frente a ella. Grueso y largo, nada que pudiera resultarle doloroso y sí todo lo que se le antojaba saborear.
Lo quería en su boca y lo quería también dentro de ella.
Jay no apartó la vista de sus ojos en ningún momento, incluso cuando se agachó para sacarle la lencería, deslizándola sensualmente por sus piernas. Ella de verdad creyó que tendría un orgasmo solo con esa vista.
Por puro instinto, abrió las piernas cuando el pedazo de encaje quedó fuera de su cuerpo, y Jay le sonrió de nuevo con mucha más malicia, sacó la lengua y la deslizó por el costado de su pierna izquierda. Ella tembló al sentir esa humedad acercarse a ese lugar glorioso donde ya estaba fantaseando ser lamida.
Por lo visto ese hombre era un profesional y estaba decidido a hacer sus fantasías realidad, incluso si ella no se las decía audiblemente. Jay llegó hasta su intimidad y lamió una sola vez antes de succionar levemente donde su punto máximo estaba. El gemido que salió de los labios de Key fue sonoro y absolutamente real. La traviesa lengua volvió a lamer a lo largo para después empezar a juguetear desordenadamente.
Su primer orgasmo no tardó en llegar. No solo era la sensación de estar siendo devorada lo que la tenía al límite, también era ver a ese hombre tan increíblemente atractivo comérsela con deseo, disfrutando su sabor.
No tenía la menor idea de si a eso se dedicaba Jay como profesión, pero si ella fuera millonaria, le daría todo por tenerlo en la cama cada noche haciéndola sentir tan malditamente excitada como lo estaba en ese momento. Completamente mojada y seducida hasta la médula.
Su lengua continuó torturándola aún después de su orgasmo, prolongando la sensación de éxtasis un poco más. Definitivamente Key sentía que podía perder la cabeza con solo una ronda, no estaba segura si aguantaría mucho más de eso el resto de la noche, si es que eso duraban.
—¿Quieres probar tu sabor en mí? —le preguntó Jay cuando subió hasta sus labios, haciendo un camino con su aliento sobre su piel.
Nadie le había preguntado algo así nunca, porque tampoco nadie le había dado esa clase de placer con la lengua. Y pensar que el hombre tenía en su boca aún el sabor de su orgasmo, le hizo sentir frenética a pesar de estar saliendo del estupor. Solo pudo asentir en silencio, y entonces sus labios se unieron de nuevo. Jay los lamió primero, delineando con la punta de su lengua su carnosidad, después se introdujo en su boca de forma demandante. No habría en el futuro para ella forma de describir el sabor ni la sensación de realmente estarse probando a sí misma en la boca de un hombre.
Y qué hombre...
Ese beso duró tanto, que fue necesario aspirar fuertemente para recuperar un poco de aire para sus pulmones. La vista de Jay mirándola desde arriba como si fuera un pastelillo que quería seguir degustando, le dio unas ganas insanas de montarlo. Quería enterrarse a sí misma en esa perfecta longitud y saltar con entusiasmo hasta volver a perderse de placer.
Y como aquella noche era para hacer lo que quisiese sin filtro, entonces jaló al hombre hacia ella y luego rodó sobre él para quedar encima. Las fuertes manos tomaron su cintura, enterrando las yemas de los dedos en su carne sensible, eso la animó a frotarse de atrás hacia delante, arrancando un gruñido de satisfacción del pecho de Jay. La vista era aún más magnífica, y la sensación del calor de su vagina rozando con ese apetitoso pene estaba llevándola de nuevo a la locura; sin embargo, quería más.
Necesitaba que el hombre estuviera dentro de ella.
Esa fue otra cosa que Jay leyó en su expresión, porque la levantó sin ningún esfuerzo y se dejó entrar despacio en su interior. Key estaba siendo estirada hasta su punto máximo, pero no había dolor ni molestia, solo una descarga de electricidad excitante recorriendo todo su cuerpo. Se dejó caer hacia enfrente cuando se sintió llena por completo. Los labios de Jay buscaron de inmediato sus pezones, mientras la sostenía de la espalda y se dejaba llevar por el ritmo de una penetración apenas controlada. El hombre devoró sus pechos con esa lengua que ya parecía la cosa favorita en el mundo para Key.
No podía decir que el sexo estaba siendo suave, pero tampoco podía decir que estuviera siendo solo duro y desesperado. Nunca se había imaginado así misma refiriéndose a un acto sexual como algo equilibrado, pero esa era una muy buena palabra para describir lo que estaban haciendo. Ese hombre era perfecto en lo que hacía, porque se lo hacía justo como a ella la estaba volviendo completamente loca.
No quiso pensar en la lista de mujeres a las que seguramente les había dado una noche como aquella, se concentró más bien en disfrutar cada segundo mientras era llevada a un nuevo nivel de erotismo.
En algún punto de esa conexión sexual, ella se incorporó y dejó que Jay disfrutara mientras ella hacía el trabajo, y así como lo había fantaseado en su mente, saltó sobre esa polla con entusiasmo, extasiada con el roce en sus paredes estrechas y sintiendo que podría perder el ritmo solo porque su orgasmo bailaba en el borde, burlándose de ella cada vez que Jay lo adivinaba y la tomaba firmemente de las caderas para detenerla y así prolongar el momento.
No supo cuánto tiempo él estuvo jugando con ella de esa forma cuando dejó que el orgasmo la tomara, y casi pierde el conocimiento por el intenso placer. Supo que tenía de nuevo la boca de Jay pegada a sus pezones porque era imposible ignorar esa lengua ni siquiera en medio de un limbo. El hombre los rodó entre sus dientes, alternando entre uno y otro mientras se derramaba en un orgasmo épico también.
—Eres una mujer fascinante —le dijo cuando la bruma de excitación se estaba disipando y ambos se habían terminado recostando, uno al lado del otro sobre la cama.
Sus respiraciones aún buscaban regularse, y el sudor sobre sus pieles comenzaba a secarse. Key sonrió, pero fue incapaz de contestar nada, aún afectada por el impacto de ese último orgasmo.
Jay entonces se levantó un poco, apoyándose sobre su codo. Ella sintió la mirada fascinada del hombre sobre todo su cuerpo y su rostro, entonces se atrevió a mirarlo a los ojos y le sonrió. Se sentía feliz y satisfecha, y aunque en el fondo de su mente estaba esperando que Jay quisiera recuperarse un poco más para volverla a follar, no dijo nada en voz alta, decidiendo que si eso había sido todo por esa noche, jamás se quejaría. Y en medio de sus divagaciones, fue testigo de la expresión del hombre cambiando de la fascinación a la duda. Se preguntó si pasado el momento post orgásmico él se daría cuenta que no era la gran cosa, pero entonces se inclinó hacia ella y dejó un beso casi casto sobre sus labios.
El desconcierto que le siguió a recibir el gesto fue inevitable. Ese beso había sido como una caricia delicada después del ardiente sexo y todo lo que el hombre había hecho con esos mismos labios; pero ella seguía sin poder hilar un orden para sus palabras, por lo que solo lo miró en silencio, también con la duda cruzando en sus ojos.
—Cuando te vi aquella primera vez, supe que sería asombroso estar contigo.
Las palabras quedaron flotando en el aire con olor a sexo.
—¿Aquella primera vez? —preguntó con la voz algo distorsionada por la repentina ansiedad que ese comentario despertó en ella.
Jay le regaló una sonrisa torcida antes de volver a besar sus labios suavemente.
—Eres perfecta —le susurró él, ignorando su pregunta.
Key sintió su estómago apretarse. No tenía muy claro si era su ansiedad transformándose en miedo, o los estragos de una ronda asombrosa de sexo con un hombre como salido de un sueño erótico.
—¿Quién eres? —preguntó en un hilo de voz— ¿Dónde me viste por primera vez?
Jay pasó suavemente la yema de un dedo en uno de sus pezones aún sensibles, e hizo su camino hasta su ombligo en completo silencio. Su piel se erizó al instante y su cuerpo despertó de nuevo a la necesidad del placer. Y aunque Key estaba segura que lo más razonable era entrar en pánico e irse de ahí, no pudo evitar sentirse abrumada por el toque y el olor tan masculino que desprendía Jay; entonces dejó de pensar y se dejó llevar nuevamente por la terrible excitación que ese hombre le provocaba.
Follaron esa noche hasta que el cansancio los venció a ambos, sin preguntas de por medio. Sin espacio entre ellos para cuestionamientos o explicaciones.
Para cuando su celular sonó cerca de las ocho de la mañana, Key abrió los ojos dándose cuenta que la cama a su lado estaba vacía. Contestó la llamada, aunque el número aparecía como privado y esa nunca era una buena señal.
—¿Hola?
—Nos vemos en tu siguiente cumpleaños, preciosa.
Y entonces la llamada se cortó.