The son of the Moon

Sinopsis

El mundo de Persephone "Percy" Jackson dio un giro de 180 grados cuando a sus quince años de edad descubrió que su desaparecido padre era en realidad un dios perteneciente al panteón griego y por defecto ella era una semidiosa. Ahora tratando de adaptarse a su nuevo estilo de vida, junto a su mejor amigo, Aristeo "Theo" Hunter, Percy deberá entrenarse a sí misma, si es que quiere sobrevivir a los constantes peligros que conlleva ser una semidiosa, con monstruos y titanes al acecho, una profecía del fin del mundo a la vuelta de la esquina y lidiar con problemas amorosos típicos de una adolescente entrando en la pubertad.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capitulo 1 : Persephone Jackson.

Mira, yo no quería ser una mestiza.


Si estás leyendo esto porque crees que podrías estar en la misma situación, mi consejo es éste: cierra el libro inmediatamente.


Créete la mentira que tu padre o tu madre te contaran sobre tu nacimiento, e intenta llevar una vida normal.


Ser mestizo es peligroso.


Asusta.


La mayor parte del tiempo sólo sirve para que te maten de manera horrible y dolorosa.


Si eres un niño normal, que está leyendo esto porque cree que es ficción, fantástico.


Sigue leyendo.


Te envidio por ser capaz de creer que nada de esto sucedió. Pero si te reconoces en estas páginas —si sientes que algo se remueve en tu interior—, deja de leer al instante. Podrías ser uno de nosotros.


Y en cuanto lo sepas, sólo es cuestión de tiempo que también ellos lo presientan, y entonces irán por ti. No digas que no estás avisado.


—¡Percy! ¡Date prisa o llegaremos tarde!— llamo la voz de un chico desde el otro lado de una puerta.


—¡Ya voy!— Percy le respondió mientras  terminaba de atar su largo cabello azabache en una coleta.


Persephone "Percy" Jackson admiro su reflejo una última vez. Cabello largo y oscuro normalmente atado en una cola de caballo, un rostro que ella calificaría como promedio con un poco de grasa de bebé haciéndola tener una mejillas ligeramente inchadas, lo único que realmente sabía que destacaba de su rostro eran sus ojos, con un inusual tono verde azulado, un cuerpo atlético que ella había trabajado desde los doce años cuando se inscribió en el equipo de natación de la academia, en el que hasta la fecha seguía siendo miembro.


Su ropa no fue nada del otro mundo, una simple camiseta azul marino la cual se aferraba muy bien a su figura, pantalón de jeans negros y unas simples zapatillas deportivas ligeramente gastadas debido al uso.


Asintiendo una cabeza una vez más, la chica sonrió, abrió la puerta y salió del baño, dónde su compañero de cuarto la esperaba de brazos cruzados mientras golpeteaba ligeramente el suelo con su pie.


—¡Por fin! Pensé que tendría que esperar una eternidad para que salieras— exclamó su compañero, alzando los brazos al aire en el momento que la vio.


Percy se rasco la cabeza mientras sonreía tímidamente.


—Lo siento mucho Theo, creo que perdí la noción del tiempo— se disculpo.


Aristeo Hunter o simplemente Theo, era un muchacho de diesiseis años, era un año mayor que ella, pese a que estudiaban en el mismo curso.


Tenía cabello negro azabache el cual tenía un aspecto ligeramente desgreñado, un rostro que si Percy tuviera que catalogar, diría que era atractivo, barbilla fuerte con un rostro con forma de diamante y una aguda mirada que resaltaba a un más debido al color de sus ojos. Gris plata, si de por si el color de sus propios ojos ya era insual, los ojos de Theo eran sumamente raros de ver hoy en dia, por no decir imposible.


Vestía una camiseta negra junto a una chaqueta del mismo de color, cuyas mangas estaban dobladas hasta la altura de los codos, una bufanda blanca alrededor de su cuello, vaqueros oscuros y un par de botas que normalmente se usaría en una expedición al bosque.


—Geez, ya no importa, mejor demonos prisa, lo último que quiero es que la Sra. Dodds nos de una detención por llegar tarde a su clase— suspirando, Theo tomo su mochila y se encamino hacia la puerta del dormitorio.


Percy hizo una mueca de disgusto mientras tomaba su propia mochila y seguía a su amigo.


—¡Ugh! Matemáticas, odio las matemáticas, no ayuda que sea disléxica y que los malditos números siempre salte ya sea de mi cuaderno o del pizarrón— se quejo como si fuera una niña pequeña.


Theo simplemente bufo ante las palabras de la chica de cabello negro.


—Estas exagerando, además luego de matemáticas tenemos clase de latín con el Sr. Brunner, así que, ¡anímate un poco!— la abrazo por el hombro con un solo brazo.


El respuesta Percy le dió un golpe juguetón en el brazo mientras se alejaba del pelinegro con una sonrisa.


—Tienes razón, además hoy por la tarde tenemos la excursión al museo Metropolitano de Arte, la verdad no me llama mucho la atención, pero es mejor que estar en Yancy todo el día.


—Si, solo esperemos que no termine con tus excursiones anteriores— Theo dijo en un tono burlón.


—¡Oye! Ya dije que ninguna de esas veces fue mi culpa, quiero decir, ¡¿quien demonios deja un maldito cañón cargado durante una excursión infantil?!— con total indignación, ella le espeto a su compañero de cuarto haciendo un puchero.


¿La respuesta de Theo?


Comenzar a reír a carcajadas, ¡Dios! Esa historia siempre lo hacía reír hasta que le doliera el estómago.


—¡Eres un idiota, Aristeo Hunter!— chillo Percy, mirando como su amigo simplemente se reía con más fuerza.


El dúo de adolescentes poco sabía que sus días de paz y tranquilidad, dónde sus únicas preocupaciones era asistir a clases y cumplir con sus tareas estaban por llegar a su fin.





—Lo dije antes y lo volvere a decir, ¡odió las jodidas matemáticas!— Percy se quejo mientras ella y Theo abandonaban el salón donde la Sra. Dodds impartía la clase antes mensionada.


Theo suspiro mientras se frotaba el puente de la nariz.


—Geez, tengo que estar de acuerdo contigo en esta ocasión Seph, es como si la Sra. Dodds disfrutara torturandonos obviando el hecho de que Yancy es un internado para ayudar a chicos y chicas con problemas como el TDAH o dislexia.


Theo hizo una ligera mueca cuando sintió sus músculos rígidos debido a estar sentado durante dos horas resolviendo ejercicios matemáticos, sin siquiera poder levantarse para ir al baño.


En momentos como este se preguntaba si la mujer era la encarnación del diablo o algo así.


—Al menos tú solo tienes que preocuparte por el TDAH, yo por otro lado, tengo problemas también con la dislexia— bufo la pelinegra.


—¡Oye! El hecho de que no padezca de dislexia, no quiere decir que mi TDAH no sea un dolor de trasero— Theo le envió una mirada fulminante.


Y así comenzó otra discusión entre Percy y Theo, con chica alegando que Theo lo tenía más fácil al no tener que lidiar con la dislexia, con el muchacho contrarrestado sus argumentos diciendo que todo no era miel sobre hojuelas para el ya que su TDAH era más fuerte que la del promedio, todo esto mientras se dirigian a su siguiente clases.


Solo otro día típico en la academia Yancy.





—Voy a suponer que volvieron a tener otra discusión, ¿o me equivoco?— preguntó un joven de cabello rizado y con una barba de chivo.


Su rostro presentaba ligeros indicios de acné y parecía no tener el mejor físico para realizar alguna actividad deportiva, algo que se solidifico aun más debido a que este usaba un par muletas para ayudarlo a caminar.


—Grover, ¿podrías decirle a este idiota que lo tiene mucho más fácil al no tener que lidiar con la dislexia como yo?— Percy le pidió al chico discapacitado mientras señalaba a Theo con un dedo acusador.


—G-man, ¿podrías aclararle a la señorita ignorante aquí presente que yo también tengo mis propios problemas debido a mi TDAH, por favor?— poniendo los ojos en blanco, Theo le preguntó a su amigo.


Grover Underwood, un amigo en común que Percy y Theo tenían desde los doce años, suspiro y se dejó caer en asiento del autobús que los llevaría a su excursión al museo ese mismo día.


—Es demasiado temprano para esta mierda— gimió Grover.


—Pero si ya son los dos de la tarde— Percy frunció en ceño.


—Como dije, es demasiado temprano para esta mierda— volvió a maldecir el chico de cabello rizado.


No lo malentiendas, Grover quería mucho a sus amigos, pero en ocasiones como estás siempre logran generarle una gran migraña con sus discusiones.





—¿Recuerdas lo que dije sobre preferir venir de excursión al estar todo el día en Yancy? Pues, me retracto enormemente de esa afirmación— Percy gimió contra la palma de su mano.


—Si, creo que mejor nos ubieramos quedado en el dormitorio— Theo estuvo de acuerdo con su amiga.


En retrospectiva, los alumnos de noveno curso se dirigían al museo Metropolitano de Arte para ver la exhibición grecorromana.


Y como más de uno podrá adivinar, tener a un grupo de veintiocho adolescentes, hormonales, imperativos, y muy molestos, junto con dos profesores en un autobús recorriendo la calles de Manhattan, solo puede traducirce en dos palabras:


Tortura absoluta.


La única razón por la que Percy accedió a venir a esta excursión fue por qué su profesor de latín, era quien dirigía la excursión.


Jack Brunner era un hombre de mediana edad que usaba una silla de ruedas motorizada para moverse. Tenía cabello castaño claro y una barba desteñida, generalmente vestía una chaqueta tweed raida, que como dato curioso: siempre olía a café.


En si, su aspecto no sería algo que un adolescente promedio encontraría genial, pero generalmente cautivaba a sus alumnos con historias y chistes, dejando que los estudiantes se relajen y jueguen un poco mientras aprenden.


Sin mencionar que tenía una colección alucinante de armaduras y armas romanas que a más de uno impresionó. En retrospectiva era el tipo de profesor con que nunca te dormías en su clase, ya que siempre hay algo nuevo y emocionante para ver.


Por lo cual, tanto Percy como Theo esperaban que este viaje valiera la pena, sin algún percance de por medio.


Desgraciadamente había un pequeño problema.


Porque ambos estaban haciendo un esfuerzo momunmetal para no arremeter contra la bullying/diva del salón: Nancy Bobofit.


Una pelirroja, que, si bien a regañadientes Percy tuvo que admitir que era un poco guapa, era una completa perra en todo sentido de la palabra con todo aquel que no le agradaba, o no estaba a su altura.


Cómo lo hacía en estos momentos con Grover, a quien descaradamente le lanzaba trocitos de sandwich de mantequilla de mani y jalea directamente en su cuero cabelludo.


Grover era, a falta de una palabra más suave, un blanco fácil, siendo canijo, un poco llorón cuando se frustraba, y a juzgar por su apariencia era unos años mayor que el resto de noveno, por la cual debió de repetir curso en más de un año. Eso sin mencionar que estaba lisiado. Teniendo un justificante médico para saltarse la clase de Educación Física por el resto de su vida, ya que padecía de una enfermedad muscular en las piernas.


Generalmente caminaba raro, como si cada paso que daba de doliera; no obstante, parecía una persona completamente diferente durante el día de enchiladas en la cafetería de Yancy, ya que se movía como todo un atleta olímpico en su apogeo.


Volviendo al tema principal, Nancy Bobofit estaba tirándole trocitos de sandwich a Gover, los cuales se habían adherido a su cabello, Percy maldijo internamente ya que debido a que se acercaba el campeonato de natación el director le había dicho explícitamente qué se mantuviera alejada de los problemas, y que no hiciera nada que afectase su participación en el campeonato, y Bobofit la sabía y no desaprovechó la oportunidad de hacerle la vida imposible, sabiendo que tenia la manos atadas.


—La voy a matar— murmuró Percy, con los dientes apretados.


Grover a apresuró a calmala, sabiendo de primera mano como era el temperamento su amiga una vez que llegaba al limite.


—No pasa nada Perce. Me gusta la mantequilla de maní— dijo suavemente.


—Dudo que tu cabello opine lo mismo G-Man— Theo argumento.


Grover abrió la boca para decir algo, más no obstante se vio obligado a esquivar otro pedazo del almuerzo de Nancy.


—Esta bien, eso todo. Trabaja un especial de sandwich de nudillos estilo Percy— la chica empezó a ponerse de pie, lamentablemente para ella, sus amigos volvieron a sentarla.


—Por mucho que disfrutaría verte golpear a Bobofit en la cara, recuerda lo que dijo el director. El campeonato de natación está a la vuelta de la esquina, y tú eres el as estrella de la escuela— Theo le espeto a pelinegra.


Mirando hacia atrás, Percy hubiera deseado haber molido a golpes a Nancy Bobofit, la explusión y ser descalificada del torneo no eran nada comparándolo con los problemas que les aguardaba a ella y a sus amigos.





El Sr. Brunner conducía la visita al museo.


El iba delante, en su silla de ruedas, guiando a los estudiantes por las enormes y resonantes galerías, a través de estatuas de mármol y vitrinas de cristal llenas de cerámica roja y negra de gran antigüedad.


Percy no pudo evitar sorprenderse de que todo lo que se exhibía en el museo haya sobrevivido más de dos mil o tres mil años.


El profesor Jack Brunner reunió a todo el alumnado alrededor de una columna de piedra de casi cuatro metros de altura con una gran esfinge encima, y comenzó a relatar sobre como había sido un monumento mortuorio, una estela, de una chica unos años menor que los alumnos. Jack hablo de los relieves de sus costados.


Percy hizo un esfuerzo momunmetal por prestar atención, ya que le parecía realmente interesante, pero la mayoría de sus compañeros de clase hablaban sin parar, y cuando ella les decía que se callarán, la otra profesora acompañante, la Sra. Dodds, la miraba mal, como si ella fuera la alborotadora.


Dorothy Dodds era una profesora de matemáticas procedente de Georgia que siempre llevaba una cazadora de cuero, aunque era menuda y rondaba los cincuenta años. Tenía un aspecto tan fiero que parecía dispuesta a plantarle la Harley en la taquilla.


Había llegado a Yancy a mitad de curso, cuando su anterior profesora de matemáticas sufrió un ataque de nervios.


Desde el primer día, la Sra. Dodds adoró a Nancy Bobofit y a Percy y Theo los clasificó como una par de enjendros del demonio. Generalmente los señalaba con un dedo retorcido y decía: "Y ahora cariño", superdulce, y tanto Percy como Theo sabían que había encontrado una excusa para castigarlos y dejarlos en detención después de clase.


Una vez, la muy bruja los había obligado a borrar respuestas de viejos libros de ejercicios de matemáticas hasta la maldita media noche. Percy recordó brevemente el como ella y Theo habían llorado de felicidad cuando llegaron a su dormitorio y se dejaron caer en sus camas.


Al día siguiente después de eso, Percy le había dicho a Grover que no creía que la Sra. Dodds fuera humana. Se había quedado mirándola seriamente, y le había respondido: "Tienes toda la maldita razón".


Esa había sido una situación realmente extraña.


El profesor Brunner seguía hablando sobre el arte funerario griego.


Al final, Nancy Bobofit se burló de una figura desnuda cincelada en la estela, la paciente de Percy llegó a su límite y finalmente le espetó:


—¿Podrias cerrar la maldita boca de una buena vez?— la chica hizo una mueca cuando noto que su voz había salido más alto de lo que originalmente pretendía.


La mayoría del grupo soltó risitas mientras Theo se palmeaba el rostro y sofocaba un gemido.


—Señorita Jackson, ¿tiene alguna comentario que hacer?— Brunner pregunto tras haber sido interrumpido.


El rostro de Percy se tornó rojo como un tomate por la vergüenza, aún así la chica pudo contestar:


—No, señor— su voz no fue más que un suave murmullo, no obstante el profesor pudo escucharla claramente.


El profesor de latín señaló una de las imágenes de la estela.


—A lo mejor puede decirnos qué representa esa imagen— sugirió Brunner.


La chica internamente suspiro de alivio, ya que, de hecho reconoció la imagen.


—Ése es Kronos devorando a sus hijos, ¿no?— Percy respondió un tanto insegura.


—Si. ¿E hizo tal cosa por...?— Brunner dejo la pregunta al aire.


El rostro de Percy se desfiguró en una mueca de concentración, rebuscando en su cerebro todo lo que sabía sobre el tema.


—Bueno... Kronos era el rey dios y...


—¿Dios?— cuestionó Jack Brunner, interrumpiendo a su alumna.


—Titán— se corrigió la chica —. Y...y no confiaba en sus hijos, los dioses originales del Olimpo, debido a alguna especie de profecía, o algo así. Así que Kronos... eh... se los comió, ¿no? Pero su esposa, la titanide Reah escondió a su hijo menor, Zeus, y en cambió le dió una piedra. Y después, cuando Zeus creció, engaño a su padre para que vomitara a sus hermanos y hermanas...


—¡Ugh!— dijo una de las compañeras de clase de Percy.


—... así que hubo una gran lucha entre dioses y titánes, llamada la Titanomaquia— continuó relatando Percy —. Y luego de diez años los dioses ganaron— finalizó, esperando haber respondido correctamente.


Ya se había puesto en vergüenza lo suficiente.


Detrás de ella, Nancy Bobofit cuchicheó con una de sus amigas:


—Que pérdida de tiempo. ¿Para que va a servirnos esto en la vida real? Ni que en nuestras solicitudes de empleo fueran a poner: "Por favor, explique por qué Kronos se comió a sus hijos"— se burló la pelirroja.


—¿Y para que, señorita Jackson?, tomando en cuenta la excelente pregunta de la señorita Bobofit, ¿hay que saber esto en la vida real?— Brunner pregunto, moviendo una mano con desden.


—¡Uy, ahora sí te atraparon!— Grover murmuró con un leve atismo de burla.


Muy probablemente en compensación al infierno que le hizo pasar en el autobús.


—¡Callate!— siseó Nancy, su rostro se tornó escarlata como su cabello.


Percy ocultó una sonrisa, al menos Nancy también había sido pillada. El Sr. Brunner era el único que la sorprendía diciendo maldades. Como si tuviera radares en lugar de orejas.


La joven meditó la pregunta hecha por su profesor por unos minutos, solo para encogerse de hombros.


—No lo se, señor— respondió con sinceridad.


—Ya veo— el profesor pareció decepcionado por eso, no obstante rápidamente centro su vista en Theo —. ¿Y que me dice usted, señor Hunter, creé que hay que saber esto en la vida real?


Theo parpadeo unas cuantas veces, estába ligeramente sorprendido de que Brunner lo haya señalado para responder.


—Mmm, si tuviera que dar mi humilde opinión— tarareó levemente acunando su barbilla —. Alguien me dijo una vez... que los que no conocen su historia están destinados a repetirla, así como como Uranos fue derrocado por sus hijos, la historia se repitió con Kronos y sus hijos, francamente estoy sorprendido de que no se haya vuelto a repetir con Zeus y sus hijos, ya que si bien, es conocido como uno de los dioses más poderoso de la antigua Grecia, el también tuvo sus momentos oscuros, junto con el resto de los dioses que cuentan en la mitología. Los dioses a menudo tendían a actuar como simples niños los cuales gozaban de un inigualable poder y podían hacer lo que quisieran con el, dejándose llevar por emociones muy humanas, como el odio, el rencor, egoísmo, lujuria, avaricia, envidia, etcétera, pero creó que me estoy desviando del tema principal— tomó una bocanada de aire, mientras a la distancia se escuchó el sonido de un furioso trueno —. Al final del día, creó que lo que la mitología griega nos quiere dar a entender es que nadie es perfecto en este mundo, ni siquiera los dioses mismos y que lo que verdaderamente importa es que tratemos de ser la mejor versión de nosotros mismos.


Toda la clase se sumergió en un profundo silencio luego de las palabras de Theo.


Los ojos de Brunner se oscurecieron ligeramente, y por alguna razón, miro al cielo con cierta cautela, como si temiese que este fuese a caer en cualquier momento.


—Esa... es una manera muy curiosa de ver la cosas, señor Hunter— murmuró el profesor, carraspeó su garganta y regreso su atención al resto de sus alumnos —. Bueno, las respuesta de la señorita Jackson y el señor Hunter han salido medio airosas. Es cierto que Zeus le dió a Kronos una mezcla de mostaza y vino que le hizo expulsar a sus otros cinco hijos, que al ser dioses inmortales habían estado viviendo y creciendo sin ser digeridos en el estómago del titán. Los dioses derrotaron a su padre, lo cortaron en pedazos con su propia guadaña y esparcieron los restos por el Tártaro, la parte más oscura del Inframundo. Bien, ya es la hora del almuerzo. Sra. Dodds, ¿podría conducirnos a la salida?


La clase empezó a salir, las chicas conteniendo sus estómagos, y los chicos a empujones y actuando como merluzos. Percy, Theo y Grover se disponían a seguirlos cuando Brunner exclamó:


—¡Señorita Jackson!


"¡Mierda!"— la chica maldijo mentalmente.


Soltando un suspiro, se volvió a sus amigos.


—Ustedes adelántense chicos— les dijo Percy —. Los alcanzaré luego.


—¿Estás segura?— pregunto Theo —. Si quieres, podemos esperarte.


Percy le sonrió a su amigo.


—No es necesario Theo, estaré bien, lo prometo.


Theo pareció inseguro, pero al final se resignó e hizo caso a las palabras de su amiga y compañera de cuarto en compañía de Grover.


Cuando Percy notó que sus dos amigos se habían ido centro su atención en el profesor.


—¿Señor?— pregunto la chica, extrañada por la mirada de Brunner.


Una mirada que no te dejaba escapar: ojos castaño intenso que podrían tener mil años y haber visto todo.


—Debes aprender la respuesta a mi pregunta— finalmente, el profesor le dijo.


La pelinegra inclino la cabeza.


—¿La de los titanes?


—La de la vida real— le aclaró —. Si bien el señor Hunter dió una respuesta interesante, debes encontrar tu propia respuesta. Y también como se aplican a ella en tus estudios.


—Ah.


—Lo que vas a aprender de mí es de vital importancia. Espero que lo trates como se merece— Brunner le dedicó una mirada de total seriedad —. Solo voy a aceptar lo mejor ti, Percy Jackson.


Percy apretó los dientes, quería enfadarse como nunca, pues aquel tipo en verdad sabía cómo presionar sus botones. A ella le encantaban los días de competición, ésos en que se disfrazaba con una armadura romana y gritaba "¡Al ataque mis valientes!", y desafiaba a sus alumnos, espada contra tiza, a que recorrieran la pizarra y nombrarán todas las personas griegas y romanas que vivieron alguna vez, a sus madres, y a los dioses que adoraban.


Pero el profesor Jack Brunner esperaba que Percy lo hiciera tan bien como los demás, a pesar de que era disléxica y poseer trastorno por déficit de atención y jamás ha pasado de un aprobado... No; Brunner no esperaba que Percy fuera tan buena como los demás: esperaba que ella fuera la mejor. Y ella simplemente no podía saber el porque su profesor la presionaba tanto.


Percy murmuró algo acerca de esforzarse más mientras Brunner miraba la estela con tristeza, como si hubiera estado en el funeral de la chica. El profesor le dijo a su alumna que saliera y tomará su almuerzo.





La clase se reunió en la escalinata de la fachada, desde donde se podía contemplar el tráfico de la Quinta Avenida.


Se avecinaba una enorme tormenta, con las nubes más negras que Percy había visto nunca sobre la ciudad. La joven supuso que sería efecto del calentamiento global o algo así, porque el tiempo en Nueva York había sido más bien rarito desde Navidad.


Habían sufrido brutales tormentas de nieve, inundaciones e incendios provocados por rayos. A Percy no le habría sorprendido que fuese un huracán.


Nadie más pareció reparar en ello.


Algunos chicos apedreaban palomas con trocitos de cookies. Nancy Bobofit intentaba robar algo del monedero de una mujer y, evidentemente, la señora Dodds hacía la vista gorda.


Grover, Theo y Percy estaban sentados en el borde de una fuente, alejados de los demás. Preferían tener un almuerzo tranquilo, además que casi no hablaban con el resto de estudiantes de Yancy.


—¿Castigada? —le preguntó Grover a su amiga.


Percy hizo una ligera mueca de incomodidad.


—Qué va. Brunner no me castiga. Pero me gustaría que aflojara de vez en cuando. Quiero decir… no soy ninguna genio.


—Brunner puede ser un poco estricto pero es un buen profesor, el solo busca lo mejor para sus alumnos— la consoló Theo —. Ya verás que al final todo tu esfuerzo habrá valido la pena Perce.


Grover guardó silencio. Entonces, cuando Percy pensó que iba a soltarme algún reconfortante comentario filosófico, le preguntó:


—¿Puedo comerme tu manzana?


Theo se golpeó el rostro y suspiro.


—Realmente apestas en las charlas motivacionales, G-man.


—¡Pero tengo hambre Theo!


—Eres un maldito pozo sin fondo— el bufó —. De lo contrario, ¿dónde pondrías todas esas enchiladas que te comes?


Grover le gruño, por una extraña razón dicho gruñido se escuchó como el sonido de una cabra enojada.


Percy suspiro, le tendió su manzana a su amigo, de todos modos ella no tenía nada de apetito.


La chica observó la corriente de taxis que bajaban por la Quinta Avenida y pensó en el apartamento de su madre, a sólo unas calles de allí.


No la veía desde Navidad. A Percy le entraron ganas de subir a un taxi que la llevará a casa, pensó en como reaccionaría su madre ante sus acciones.


La abrazaría y se alegraría de verla, pero también se sentiría decepcionada y la miraría de aquella manera.


Percy sabía que ella la devolvería directamente a Yancy, le recordaría que tenía que esforzarse más, aunque aquélla era su sexta escuela en seis años y la única donde había permanecido más tiempo, habiendo durado tres años seguidos.


Percy era incapaz de volver a soportar esa mirada.


Jack Brunner aparcó su vehículo al final de la rampa para paralíticos. Masticaba apio mientras leía una novela en rústica. En la parte trasera de la silla tenía encajada una sombrilla roja, lo que la hacía parecer una mesita de terraza motorizada.


La joven nadadora se disponía a abrir su sándwich cuando Nancy Bobofit apareció con sus desagradables amigas.


"Supongo que se ha cansado de desplumar a los turistas"— penso para si misma.


Entonces, la insufrible pelirroja, tiró la mitad de su almuerzo a medio comer sobre el regazo de Grover.


—Vaya, mira quién está aquí.— Ella sonrió con los dientes tan blancos, que la pelinegra no pudo evitar cuestionarse cuánto blanqueador utilizaba.


Sus ojos de un tono verde musgo se enfocaron en Theo, una sonrisa encantadora se instalo en su rostro.


—Hey Theo~, ¿que cuentas guapo?— ronroneo la pelirroja.


Theo exhaló un suspiro.


—Nancy— dijo con voz cansada —, ¿cuántas veces tengo que decirte que no estoy interesado?


—Hasta que por fin abras los ojos y te des cuenta que somos el uno para el otro, querido~.


Percy sintió su ojo derecho moverse con un tic de irritación, si había algo que odiba más que ver a Nancy molestar a Grover, era ver a esa maldita pelirroja coquetear con Theo.


Intentó mantener la calma. Recordando lo que el consejero de la escuela le había dicho más de una vez en su primer año en Yancy:


“Cuenta hasta diez, controla tu mal genio”.


Generalmente funcionaba la mayoría de las veces, pero en esta ocasión, Percy estaba tan cabreada que su mente se quedó en blanco.


Lo siguiente que supo a continuación fue el sonido de un revuelo y estrépito de agua. Percy recordaba haberla tocado, pero lo siguiente que notó fue a Nancy sentada de culo en medio de la fuente, gritando:


—¡Percy me ha empujado! ¡Ha sido ella!


La señora Dodds prácticamente se materializó a su lado.


Algunos chicos cerca de ellos cuchicheaban:


—¿Has visto…?


—… el agua…


—…la ha arrastrado…


Theo tenía una expresión de sorpresa absoluta, su mirada se había dilatado, parpadeando unas cuantas veces, el joven pelinegro miró a su amiga fijamente.


Percy no tenía idea de qué hablaban esos chicos, o que tenía a Theo tan sorprendido, y no pudo evitar sentir sus mejillas arder al estar a merced de la intensa mirada plateada de su amigo.


No obstante Percy si sabía algo en concreto; se había vuelto a meter en problemas.


"Carajo"— maldijo mentalmente.


En cuanto la profesora se aseguró de que la pobrecita Nancy estaba bien y haberle prometido una camiseta nueva en la tienda del museo, se centró en ella.


Había un resplandor triunfal en sus ojos, como si por fin la nadadora hubiese hecho algo que ella llevaba esperando todo el semestre.

 

—Y ahora, cariño…


—Lo sé— musitó —. Un mes borrando libros de ejercicios.


Recuperando la compostura, Theo sofocó gruñido.


—Percy, ¿cuántas veces tengo que decirte que no adivines tus castigos?— preguntó su amigo —. Sabes muy bien que eso solo hará que te pongan uno peor.


Él chico de cabello azabache tenía un punto, no obstante, la chica no había acertado en primer lugar.


La profesora Dorothy Dodds la miró con una enfermisa sonrisa.


—Ven conmigo— ordenó la mujer.


—¡Espere!— intervino Grover —. He sido yo. Yo la he empujado.


Percy se quedó mirando a su amigo, perpleja. No podía creer que intentara encubrirla. A Grover la señora Dodds le daba un miedo de muerte.


Dicha mujer lo miró con tanto desdén que a Grover le tembló la barbilla.


—Me parece que no, señor Underwood—replicó.


—Pero…


—Usted-se-queda-aquí.


Grover miró a su amiga con desesperación.


—No te preocupes— le dijo Percy —. Gracias por intentarlo.


—Fue un buen intento, G-man— Theo estuvo de acuerdo.


—Bien, cariño— ladró la profesora —. ¡En marcha!


Nancy Bobofit dejó escapar una risita, encantada de ver cómo la nadadora sería reprendida.


La pelinegra le lanzó su mirada de “luego-te-asesino” y se volvió dispuesta a enfrentarse a aquella bruja, pero dicha bruja ya no estaba allí. Se hallaba en la entrada del museo, en lo alto de la escalinata, dandole prisas con gestos de impaciencia.


¿Cómo había llegado allí tan rápido?


Percy suele tener momentos como ése, cuando su cerebro parece quedarse dormido, y lo siguiente que ocurre es que se ha perdido algo, como si una pieza de puzzle se hubiera caído del universo y la dejará mirando el vacío detrás.


El consejero del colegio le dijo años atrás que era una consecuencia del THDA, Trastorno Hiperactivo del Déficit de Atención: era su cerebro malinterpretando las cosas.


Percy no está tan segura de esa afirmación.




Al final Percy se dirigió hacia la señora Dodds.


A mitad de camino se volvió para mirar a Grover. Estaba pálido, dejándose los ojos entre el señor Brunner y ella, como si quisiera que éste reparara en lo que estaba sucediendo, pero Brunner seguía absorto en su novela.


Por el rabillo del ojo, notó que Theo le dirigió una mirada preocupada. Ella tuvo que reprimir una sonrisa, no importa cuántas veces este se quejara, pero para Percy, Theo ciertamente tenía la actitud de un "Caballero Blanco".


Percy miró de nuevo hacia arriba. La muy bruja había vuelto a desaparecer. Ya estaba dentro del edificio, al final del vestíbulo.


"Vale"— pensó —. "Me obligará a comprarle a Nancy una camiseta nueva en la tienda de regalos."


Pero al parecer no era ése el plan.


Ambas se adentraron en el museo. Cuando por fin la chica más joven alcanzó a su profesora, estában de nuevo en la sección grecorromana.


Salvo por ellas, la galería estaba desierta. Dorothy Dodds permanecía de brazos cruzados frente a un enorme friso de mármol de los dioses griegos. Hacía un ruido muy raro con la garganta, como si gruñera. Pero incluso sin ese ruido Percy estaba un poco nerviosa.


Ya era bastante malo quedarse a solas con un profesor, ni que decir de estar a solas con la señora Dodds. Había algo en la manera en que miraba el friso, como si quisiera pulverizarlo…


—Has estado dándonos problemas, cariño— dijo.


La joven nadadora optó por la opción segura y respondió:


—Sí, señora.


Dodds se estiró los puños de la cazadora de cuero.


—¿Creías realmente que te saldrías con la tuya?— Su mirada iba más allá del enfado.


Era perversa.


"Es una profesora"— pensó nerviosa —, "así que no puede hacerme daño."


—Me… me esforzaré más, señora— dijo Percy en un murmullo.


Un trueno sacudió el edificio.


—No somos idiotas, Percy Jackson— prosiguió ella —. Descubrirte sólo era cuestión de tiempo. Confiesa, y sufrirás menos dolor.


¿De qué estaba hablando está bruja loca?


Quizá los profesores habían encontrado el alijo ilegal de caramelos que ella vendía en su dormitorio.


Percy realmente esperaba que ese no fuera el caso, lo último que necesitaba era ver esa molesta sonrisa de “Te lo dije” de Theo, cuando esté le dijo que tuviera cuidado y fuera cautelosa sobre como vendió dichos caramelos.


O quizá se habían dado cuenta de que había sacado la redacción sobre Tom Sawyer de internet sin leer siquiera el libro y ahora iban a quitarle su nota.


O peor aún, la harían leer el estúpido libro.


—¿Y bien?— insistió Dorothy.


—Señora, yo no…


—Se te ha acabado el tiempo— siseó entre dientes.


Y entonces, ante los ojos de Percy ocurrió la cosa más rara del mundo: los ojos de le profesora empezaron a brillarle como carbones en una barbacoa, se le alargaron los dedos y se transformaron en garras, su cazadora se derritió hasta convertirse en enormes alas coriáceas…


El cuerpo de Percy se congelo por completo. Aquella mujer no era humana. Era una criatura horripilante con alas de murciélago, zarpas y la boca llena de colmillos amarillentos, y dicha criatura quería hacerla trizas.


Afortunadamente para la joven, su cuerpo parece haber actuado por si solo ante, lo que claramente era, una clara señal de peligro.


Antes de que Percy pudiera darse cuenta ya estaba corriendo a todo lo que sus piernas le permitían, —en este momento agradecía enormemente la resistencia que obtuvo gracias a sus entrenamientos como nadadora—, no tenía rumbo fijo, pero ella sabía que si se detenía por un solo segundo le esperaba una muerte segura.